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Lactancia

Se acerca la Navidad, los días de fiesta, las primeras vacaciones escolares de l@s niñ@s. Las calles comienzan a llenarse de luces de colores y el ambiente huele a turrón y villancicos. A medida que se acerca y avanza el mes de diciembre los hij@s comienzan a saltar de entusiasmo, cada día que pasa les es más difícil contener la emoción de la víspera de la llegada de los deseados regalos: la carta a Papa Noel, las comidas del Tió, ir a entregar la carta a algún paje de los Reyes, en fin… toda una magia colectiva que se agolpa y se alimenta durante el último mes del año. Para ell@s es una etapa absolutamente especial… ¿y para sus pa/madres? Pues depende. Hay quienes se suben a la ola del consumismo sin planteárselo dos veces y “tiran la casa por la ventana” en lo que a compra de juguetes se refiere, hay otros tantos que intentan generar conciencia y ser coherentes con un consumo más responsable y sostenible, tanto por el bienestar medioambiental, pero, principalmente, por el bienestar psicológico de sus criaturas puesto que han entendido que tener en exceso, paradójicamente, acaba generando vacío, hartazgo, insatisfacción y poca valoración de lo que se tiene; siguiendo estos principios es que ha aparecido recientemente la “regla de los cuatro regalos”.

¿Y qué problema hay con esto? –podríamos preguntar–, pues principalmente que nadie quiere perder su trozo de protagonismo a la hora de entregar un regalo a algún niñ@ de la familia. Es decir, que muchas veces estos pa/madres se encuentran en medio de situaciones incómodas en donde deben negociar con los abuelos y/o tíos, la cantidad y/o la calidad de los objetos regalados. Para muchos abuelos/as no vale regalar dinero (que a lo mejor los padres precisan para pagar algunas de las actividades del niñ@), tampoco ropa (de estas cosas ya se encargaran sus padres). No. En Navidad se han de regalar juguetes, y muchos!

Pero no seamos injustos, hay abuelos y abuelas fantástic@s que consultan con sus hij@s y sólo compran aquello que los pa/madres han considerado que el pequeñ@ necesita o le hace ilusión. Hay otros abuel@s con los que la negociación es un poco más complicada: hacen oídos sordos, hacen trampas colando juguetes que no estaban previstos, desvalorizan, ridiculizan o hacen chantaje emocional ante el enfado o la sorpresa de los ma/padres, entregan a los nietos “a escondidas”… En una palabra, no respetan el límite impuesto y/o acordado por la pareja de ma/padres.

El problema de este tipo de dinámicas reiteradas año tras año no es el exceso de trastos en sí (que también son un problema) sino, por un lado, las consecuencias perniciosas que conlleva la avalancha de objetos recibidos en Navidad para las criaturas, y por otro, -y es hacia donde deseo colocar el foco de atención de este post-, la tensión, el malestar y la desconfianza que se genera entre los pa/madres y los abuel@s. Malestar que es mucho mayor si los abuel@s transgresores son los suegr@s y no los propios ma/padres. A los propios pa/madres se les puede marcar más tajantemente, se puede discutir abiertamente con ell@s, ya que se tiene la certeza de que, de alguna manera, se arribará a un entendimiento. En cambio, cuando se trata de los suegr@s el conflicto toma otras dimensiones, se convierte en un doble conflicto: por un lado está la molestia para con ell@s, y por otro el reclamo hacia la pareja de que “le pare los pies a sus padres”.

Si la pareja está de acuerdo y van “a una” en los criterios de crianza, entonces cada quien se encargará de limitar, de la manera que sea necesaria, a sus propios pa/madres. Si la pareja no está de acuerdo (que suele ser lo más habitual), o a alguno de ellos le cuesta encarar a sus propios ma/padres, por no querer desilusionarlos, por temor a enfrentarse a ell@s, porque no está acostumbrado a hablar abiertamente de situaciones tensas, porque siente que sería desafiar su autoridad o por cualquier otra razón, el conflicto estará servido. Los regalos de Navidad se convertirán en un tema de disputa dentro de la pareja.

Este año la Nochebuena en mi casa, el año que viene en la tuya…

 Antes de ser ma/padres quizás no era tan importante dónde se pasaban las fiestas navideñas. Muchas parejas optaban por separarse esos días (sobretodo si alguno de ellos tenía a su familia en otra ciudad) y cada quien pasaba las fiestas con los suyos, otros se montaban su propio plan e iban a “su aire”, aprovechando los días de fiesta para viajar, y algunos otros, ya desde un inicio tomaban la decisión salomónica de repartirse los días de fiesta, pero si algún año cambiaban de plan, tampoco pasaba nada…

¡Con niñ@s de por medio esta flexibilidad es imposible! Priva más el compromiso familiar que no la flexibilidad y el deseo que tengan los pa/madres sobre lo que hacer en estas fechas. Hay que intentar hacer una repartición equitativa, no sea que alguna parte de la familia se sienta ofendida. Si tenemos en cuenta que muchas familias de origen se han separado y vuelto a juntar, las combinaciones e itinerarios a veces son una locura.

Y nuevamente, ¿qué problema hay? Más allá de los asuntos logísticos, que cada quien los arregla como puede, si la relación con las familias de origen de ambos miembros de la pareja son lo suficientemente cordiales, durante esos días se irá arriba y abajo pero los encuentros serán placenteros y distendidos, el objetivo de reunir a toda la familia alrededor de la mesa y compartir momentos bonitos será más o menos cumplido. El problema aparece cuando con alguna de las dos familias “hay tema”, sobretodo si ese tema está relacionado con algo que tenga que ver con el estilo de crianza de l@s niñ@s.

Cuando una pareja de ma/padres decide asumir un modelo de crianza distinto del que asumieron sus propios pa/madres no es inusual que del lado de los abuel@s (sobre todo de las abuelas) aparezca cierto descrédito, reproche, cuestionamiento, duda, e incluso en casos más extremos, saboteo. Las abuelas que colaboran con un estilo de crianza diferente, que perciben sus bondades, se maravillan y apoyan las decisiones que su hija/nuera ha decidido asumir con su criatura, suelen ser una minoría. En general, al asumir un camino diferente las abuelas sienten un cuestionamiento a la propia manera de criar que utilizaron en su día, como si se les estuviera diciendo que lo que ellas hicieron estuvo mal o no fue suficiente, y el asunto es llevado al terreno de lo personal y de “quien tiene la razón”, no importa cuantos artículos con evidencia científica sobre tal método de alimentación/dormir/educar, etc. le invites a leer; tú decisión de “hacerlo diferente” siempre tendrá un punto cuestionador que será vivido con mayor o menor incomodidad dependiendo de la madurez emocional, las vivencias que haya tenido, y los rasgos de personalidad de la otra persona.

Si este es un conflicto presente en la familia, cada reunión familiar se convertirá en una suerte de campo de batalla: las ma/padres dirán alguna cosas que l@s abuel@s puede desdecir, las abuelas pueden intentar sabotear la crianza ofreciendo objetos y/o actividades que sabe que a los pa/madres no les agradan, o diciendo alguna cosa a su niet@ con un mensaje de fondo para su hija o nuera (sobre todo si se trata de un bebé o un niñ@ muy pequeñ@), criticando o cuestionando las decisiones que en algún momento específico puedan tomar con comentarios aparentemente inocuos como “¿otra vez le vas a dar el pecho?”, dando consejos u opiniones no pedidos, etc. Y ante un panorama así ¿a quién le apetece ir a pasar la nochebuena, el día de navidad, San Esteban, fin de año, o Reyes?

¿Y qué se puede hacer? Principalmente conversar con la propia pareja. Si no lo habéis hecho ya, puede que para este año vayáis tarde. Las parejas han de ser un equipo real, en donde tanto el padre como la madre jueguen en el mismo bando de cara a los otr@s. Todas las parejas tienen mayores o menores discrepancias en lo que respecta a la crianza y la educación de los hij@s, pero se trata de cuestiones que deben ser conversadas en la intimidad de la pareja, trascenderlas al espacio de la familia extensa es permitir que otras personas opinen en áreas de vuestra vida que no sólo no son de su incumbencia, sino que además no genera ningún bien en la pareja, al contrario, la debilita y la separa.

Las mujeres, sobre todo cuando se encuentran en el postparto inmediato o en la crianza de criaturas que se encuentran en la primera infancia (de 0 a 3 años) necesitan sentir no sólo que sus parejas les apoyan, sino también que no les dejan solas delante de la intromisión de algún miembro de la familia extensa en asuntos referentes a la crianza de los hij@s, necesitan que sean sus hombres los que pongan límites claros y protejan la relación o el vínculo madre-bebé, en caso de tener un niño menor de 2 años, o que sea él quien plantee, con voz fuerte y clara, que las decisiones de crianza de los hij@s no son un tema a debatir, en caso de niñ@s más mayores.

Pero esto es algo que también se ha de aprender a hacer, al principio no suele ser fácil, principalmente porque todos son novatos y están aprendiendo a ser madres, padres o abuel@s. La pareja ha de conversar, sin presuponer, sin dar cosas por sentado, y han de poder llegar a acuerdos explícitos y concretos que ambos deben respetar de cara a los encuentros familiares. No se trata de ceder para que “ella (o él) esté content@” o para “no tener que escuchar las quejas de mi suegra”, sino realmente de llegar a acuerdos honestos con los que los dos podáis estar satisfechos. Esto implica muchos momentos de conversación, de retomar el tema, de intentar verlo desde los zapatos del compañer@, de entender como son las dinámicas familiares de cada una de nuestras familias de origen, las tradiciones que tienen y porqué se mantienen, la manera en que en cada una de las familia se expresa el afecto o la emotividad de estas fechas, etc. Si lo conseguís os aseguro que negociar los encuentros familiares y/o la cantidad y calidad de los obsequios para los hij@s será mucho más llevadero y no traerá tanto malestar de fondo.

 

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Cuando estamos embarazadas es usual enfocar todas nuestras energías en la preparación para el parto, es comprensible. El parto es un momento, más o menos largo, muy, muy importante que cambia nuestras vidas para siempre, en el que no sólo nace nuestro bebé sino que también nacemos nosotras como madres. Las suecuelas de un buen o un mal parto nos generarán satisfacción o insatisfacción durante muchos años.

Prepararnos para el parto no es algo superfluo que se haga en ocho sesiones de clases de preparto, en realidad es un proceso psicológico (además de fisiológico) mucho más complejo en el que vamos trabajando de manera consciente, pero también inconscientemente, desde el momento en que sabemos que nuestro bebé es viable, y en muchos casos desde antes.

Sin embargo, por mucha o poca preparación que hayamos tenido para ese momento, no con poca frecuencia me encuentro con madres que, al llegar a casa con su bebé, se sienten completamente perplejas y confundidas en el postparto inmediato; incluso, muchas hacen comentarios como “no sabía que esto era así”, “me habían dicho que dormiría poco pero no me imaginaba este cansancio”, “nadie me explicó que los primeros días fueran tan duros”, etc. El posparto, para muchas, es el gran ignorado y desconocido… Pasamos dos o tres días en el hospital, llegamos a casa y nos preguntamos: “¿y ahora, qué?”

¿Ahora que hago con esta criatura tan pequeñita en los brazos?¿Y ahora, porqué llora? ¿Y ahora, porqué no se coge al pecho?¿Y ahora, porqué no se duerme? ¿tendrá frío, tendrá calor? ¿Y ahora, porqué las cacas son de este color? ¿Y ahora, y ahora?

Si a estos interrogantes le sumamos el cansancio, la falta de sueño, el hambre de leona que nos entra, el marido que a veces (cada vez menos, por fortuna) no acaba de ubicarse, el desorden que se va acumulando en la casa, las visitas eternas y sus opiniones “bien intencionadas”, el caos está servido.

Me gustaría plantearte algunas recomendaciones básicas para sobrevivir a estos primeros días, o semanas, de caos:

1. Lo primero y principal, lo más importante: necesitas tranquilidad, silencio e intimidad. Es el momento de re-conocerte, nunca mejor dicho, con tu bebé, para lo cual es vital la mayor cantidad de intimidad posible. Hay visitas que pueden esperarse unos días y no pasa nada. Ten esto como una prioridad.

2. Si has decidido dar el pecho resalta con rotulador el punto número 1, pero además: dar el pecho no duele, lo repito, no duele, no te tienes porqué acostumbrar, no se te tiene que hacer cayo, no te tienes que aguantar, no es normal que se haga grieta. No. Si estás sintiendo molestias al dar de mamar debes buscar asesoría para identificar qué está sucediendo, muchas veces es sólo una cuestión de postura, otras veces no. Pero recuerda: una simple molestia puede convertirse en pocas horas en grietas y heridas. Hay asociaciones, como Alba Lactancia Materna y La Liga de la Leche, que tienen grupos para atender a madres lactantes. Hay muchos otros grupos que también funcionan en espacios de crianza o en centros cívicos, y también hay asesoras de lactancia que pueden visitarte en tu casa. Si estas teniendo dificultades con el pecho, busca ayuda lo antes posible. 

3. Si estas leyendo esto y aún no has dado a luz: equipa tu despensa y, si es posible, cocina varias comidas y guárdalas en el congelador. Si ya tienes a tu bebé y esto no lo hiciste pero tienes alrededor alguna abuela entusiasta, delégale todo lo relacionado con la cocina y los alimentos, explicando lo importante que es que tú puedas tener esto cubierto para sólo encargarte de tu criatura y de descansar. Si no tienes a tu madre o a tu suegra cerca, piensa en alguna buena amiga y pídeselo, seguro que alguien podrá echarte una mano. 

4. Relacionado con el punto anterior: procura tener siempre a mano comida y bebida disponible. Dar el pecho da mucha hambre y mucha sed, y es vital hidratarse adecuadamente pero eso sí, siempre haciendo caso de las señales que te de el cuerpo.

5. Aprovecha todas las horas de descanso posible. Cada vez que el bebé duerma, duerme.Olvídate de las lavadoras, de lavar platos, de recoger, de atender visitas, de responder correos, etc., esas cosas las puede hacer tu marido o compañero (o algún otr@ entusiasta que quiera venir a casa). 

6. Si es posible, habla con tu pareja antes de que nazca la criatura sobre el tipo de apoyo que quieres de él o ella, sobre lo que necesitas que te aporte, no sólo a nivel logístico, sino también y sobretodo, a nivel emocional.

7. Si te encuentras agobiada con las visitas, o sientes que el apoyo de las abuelas no está resultando o no te están sabiendo dar lo que tu necesitas, no te metas en esa batalla ahora. Tu bebé necesita que todas tus energías estén enfocadas hacia él o ella, pídele a tu pareja que gestione estas situaciones por ti y que salga a la defensa de la recién nacida familia. Por si acaso, también puedes leer este post.

8. Es posible que experimentes cambios bruscos de humor que te puedan dejar sorprendida. Puedes pasar de estar tranquila a estar furiosa, o de estar alegre a querer llorar en un segundo. Estos arrebatos emocionales son consecuencia de la revolución hormonal que está ocurriendo dentro de ti. No te preocupes, pasará.

9. Si te sientes un poco triste, melancólica, si alguna vez te levantas pensando que la maternidad quizás no era lo que te imaginabas o tienes muchas ganas de llorar, esto también es normal, se llama babyblues. Date el permiso de sentirlo y de llorar si es lo que necesitas. Los primeros días del posparto son de mucha exigencia emocional para nosotras, y aunque tener un bebé es una gran dicha, no siempre tenemos que estar alegres.[1]De todas maneras, si estás así es posible que no estés recibiendo todo el apoyo que necesites, este post puede ayudarte si necesitas saber más sobre el babyblues.
 

10.Es posible que la maternidad remueva algunos recuerdos, valores y creencias de nuestra propia infancia o del modelo de crianza en el que crecimos, bien para reforzarlos o para cuestionarlos. Cada vez que puedas habla de estas cosas con tu pareja y plantéate el modelo de crianza que queréis seguir, eso os ayudará a tener las cosas más claras.

11.Si te lo puedes permitir, contrata a alguien que se encargue de la limpieza de la casa por una temporada, así no te tendrás que preocupar por eso. Si no te lo puedes permitir, pídelo de regalo. Créeme, tu bebé necesita menos ropita, mantas y peluches, y más de su mamá y su papá descansados.

12.Si te apetece recibir visitas pídeles que, cuando vengan, traigan una botella de agua de 5 litros a casa, o cualquier otra cosa que te haga falta en ese momento. Lo agradecerás.

13.Si empiezas a ver a tu marido como “el hombre ése que duerme a mi lado y que no hace nada como a mí me gusta”, no te preocupes, esto también pasará. Pero si estaís discutiendo más de lo usual, habla con él o ella al respecto. Muchas veces el cansancio nos hace estar más irritables, busca estrategias para vuestra comunicación sea más efectiva, planteando directamente lo que se necesita y evitando caer en discusiones estériles.

14.Es probable que después del parto sientas que te ha quedado una barriga de 6 meses de embarazo. No es el momento para preocuparse por el cuerpo, ya habrá tiempo y sin que te des cuenta mucho de lo que ahora “te sobra” se irá por sí solo.

15.Haz oído sordo a todos aquellos comentarios, opiniones, consejos, directrices, etc., que pongan en duda tus decisiones como madre. Confía en que eres y serás una buena madre para tu hij@, y en que nadie conoce a tu bebé más que tú, con lo cual nadie mejor que tú para saber lo que tu bebé necesita. Escucha a tu instinto. Y si estas hasta las narices de ese tipo de comentarios, siempre puedes mandarlos a hacer puñetas y quedarte tan ancha. No tienes porque escuchar cosas que te irriten o te hagan sentir cuestionada o insegura.

16.Busca apoyo. La maternidad es un momento muy intenso, en el que solemos estar muy vulnerables. Es vital que busquemos apoyos efectivos, personas que puedan acompañarnos, escucharnos, ayudarnos sin juzgarnos, dejándonos tomar nuestras propias decisiones. Para esto están las doulas.

17.Si sientes que el parto ha sido duro o traumático, busca alguien con quien hablar de eso. Puedes acudir a una doula o a algún grupo de posparto o de crianza. 

18.Hazte con una tribu. Es muy importante que durante los primeros meses de la crianza te rodees de otras madres que están viviendo lo mismo.Busca grupos de crianza, grupos de apoyo a la crianza, grupos de lactancia, lo que sea que te permita sentirte acompañada y apoyada por otras madres. En Barcelona hay lugares a los que las madres pueden ir con sus bebés a hacer actividades de lo más variopintas pero recuerda, mucho más importante que la actividad en sí es el encuentro y el compartir con otras madres, esto te brindará apoyo y seguridad. También hay muchas tribus 2.0 que son excelentes donde las madres se apoyan, se dan información y se miman entre ellas y aunque no es igual que tenerlas en carne y hueso, al ser una tribu virtual siempre habrá alguien disponible en el momento en el que tu lo necesites.

19.Déjate sorprender. Por mucho que te prepares, el posparto es, sobretodo, una sorpresa.No sabemos cómo seremos como mamá hasta que tenemos a nuestro bebé entre los brazos. Dale cabida a lo inesperado y deja que tu bebé te enseñe el camino. Los bebés son grandes maestros, sólo necesitan que se les escuche, respete y confíe en ellos! 
20.Finalmente solo me queda decirte ¡enhorabuena! Estas comenzando un camino lleno de emociones y plenitudes. Fluye con él y disfrútalo al máximo que aunque hoy las tomas se te hagan eternas, el tiempo se pasa volando y dentro de poco todo esto serán recuerdos que no dejarás de mirar con un suspiro entre los labios.
¿Se te ocurre alguna otra recomendación para añadir a la lista? ¡

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[1] Si transcurren algunos meses y sigues sintiendo tristeza, melancolía o ganas de llorar, consúltalo con algún psicólog@ que tenga conocimientos sobre temas de maternidad.

Llega el momento tan esperado de nuestro parto y el nacimiento de nuestro bebé… Lo celebramos con la alegría de tener a nuestra criatura en brazos. Pasan los primeros días que muchas veces se viven en una nube de confusión, maravilla y asombro procesando un montón de información y de aprendizaje a la velocidad de la luz, conociendo a ese ser tan pequeñ@ que depende enteramente de nosotras, y con  un saco de dudas sobre lo que estamos haciendo. Y, como si fuera poco, se nos instala una montaña rusa en el medio del cuerpo: las emociones del postparto.

Hablar de las emociones en el posparto no es partir de un punto cero. El posparto es la continuidad de cómo hemos vivido nuestro embarazo y, sobre todo, como fue la experiencia del parto. Si este último fue difícil, doloroso, no ha salido como esperábamos, o nos ha dejado alguna secuela física y/o psicológica, el esfuerzo a nivel emocional durante el postparto se multiplica en comparación a si el parto fue fácil y sin complicaciones y pudimos sentirnos respetadas, cuidadas y escuchadas. La razón es evidente: además de lidiar con  aprender a conocer las señales y necesidades del bebé y acostumbrarnos a una nueva dinámica, y con la instauración de la lactancia, si se ha escogido la lactancia materna, también tendremos que hacer algo al respecto de las heridas emocionales o los traumas que el parto haya podido dejar a su paso.
Muchas mujeres optan por poner a un lado todas estas vivencias, guardarlas en un cajón para hacerse cargo de ellas más adelante, otras están en tal estado de shock que se les dificulta mucho conectar con su bebé durante los primeros días y entre medio, hay toda una gama de posibilidades. Una cosa si es segura: el postparto es un profundo período de descubrimiento de nosotras mismas. La presencia del bebé y las dinámicas que se establecen en este período (que no son cuarenta días sino más bien 2 años, aproximadamente) nos muestran facetas de nosotras que ni siquiera sabíamos que existían.
El caos llega con el bebé
De forma más o menos general (porque cada díada madre-bebé vivirá un postparto único y diferente), las primeras semanas después del nacimiento del bebé son un caos, y no lo digo de forma peyorativa sino más bien literal: el orden anterior que llevábamos en nuestras vidas desaparece por completo y pasan unos cuantos días de reajuste antes de que aparezca un nuevo orden.
A menudo las mujeres tienen la sensación de que el puerperio las vuelve “un poco tontas”, “despistadas”, “distraídas”, etc. Esta sensación tiene su origen en algunos cambios que se dan a nivel cerebral: como lo que está en juego es la supervivencia de la criatura, nuestro organismo le da más relevancia a las funciones hormonales (oxitocina y prolactina) y del cerebelo (lo emocional), así todo lo que es del orden de lo racional queda disminuido, la actividad cerebral se orienta a crear vínculo afectivo, cuidado y protección. Es posible que durante los primeros días nos invadan sentimientos de tristeza o sensación de vacío, de que “esto” no era como nos lo imaginamos. Si quieres saber más sobre este aspecto del postparto, el babyblues, te recomiendo que leas este artículo.
Otro aspecto a tener en cuenta es que la llegada de un bebé provoca muchos sentimientos encontrados en la mujer: alegría, felicidad, miedo, tristeza, cansancio, necesidad de tener tiempo para cosas vitales como comer o ir al baño, sorpresa, dudas y un largo etcétera. Esto no se va con el postparto, siempre tendremos sentimientos ambivalentes para con nuestr@s hij@s, estos sentimientos forman parte de la intimidad de la relación. Nada es tan próximo como un hij@, por lo tanto, nada hay tan controvertido. Lo que ocurre es que cuando recién nos hacemos madres, no tenemos ni idea de que vamos a vivir tantas emociones intensas y encontradas a la vez, y esto nos toma por sorpresa, pero además, el bebé no suele dar tregua. Nuestro hij@ necesita atención y cuidado continuo y es lógico que nos preguntemos, ¡y más de una vez!, si siempre va a ser así y si seremos capaces de poder con esa responsabilidad.
Y es que el bebé impone a la madre la necesidad de saciar tres tipos de hambre: hambre de alimento, hambre de estímulos y hambre de afecto, con lo cual las madres nos encontramos ante la tarea de reducir las tensiones instrapsíquicas propias y de mantener cierta armonía sobre nosotras mismas, para poder mantener la armonía de la criatura. Esta es una tarea difícil y agotadora que requiere anteponer constantemente los deseos amorosos por encima de las necesidades propias.
La llegada del orden
Un nuevo orden llega más o menos alrededor de la cuarentena (ojo, éste tampoco será definitivo). Nos han dado el alta ginecológica, el bebé engorda con normalidad, le hemos pillado el tranquillo a la lactancia, a las noches, a los cambios de pañal, también hemos establecido una nueva dinámica con nuestra pareja y, algunas veces, con los demás familiares y ¿entonces qué? Es el momento de estar atentas porque podemos vivir una de las experiencias más comunes y difíciles de las madres actuales: la soledad. Muchas veces las madres tienen la sensación de encontrarse prisioneras en casa con el bebé. Salir es caótico, hay ruido, hace frío, hace calor, el humo, la ciudad en obras, las tomas prolongadas, las visitas que ayudan poco (y las que no ayudan nada), las amistades que están ocupadas en su vida (parecida a nuestra vida anterior que recordamos vagamente).  
Las mujeres puérperas no deben estar solas, preferiblemente han de estar con otras mujeres madres. Es mucho más duro asumir la crianza sin referentes que cuando se está en tribu. Afortunadamente cada vez más hay grupos de crianza a donde las madres pueden acudir con sus bebés y encontrarse con otras madres. Si estás viviendo esta situación, te recomiendo que busques un grupo cerca de casa. También hay muchísimos grupos virtuales, que aunque son de una gran utilidad por la inmediatez del mismo, tienen como negativo lo diluido e impersonal, casi anónimo, de las relaciones virtuales. Sin embargo, he visto con asombro espacios virtuales en los que las mujeres comparten preocupaciones tan íntimas, dignas de un confesionario y, al mismo tiempo he podido observar con alegría la solidaridad, apoyo y confesión a coro de las otras madres.
Sin duda, la falta de palabras que describan la labor de maternar, la poca valoración social que tiene la crianza, la rutina con el bebé, la sensación de que el tiempo se nos va y no hemos hecho “nada” en todo el día, sentir que la responsabilidad recae principalmente sobre ti (por mucho apoyo que tengas de tu pareja), el darte cuenta de que nada nos prepara para “esto”, el poco apoyo que a veces tenemos en nuestro entorno más próximo, o la presión o críticas por parte de algunos familiares por nuestro estilo de crianza, son elementos del postparto difíciles de manejar, mucha más si no tenemos alrededor otras mujeres que estén pasando por la misma situación vital que nos hagan de referente y nos den apoyo.
Lo psicológico en el postparto
Tal y como lo expresa Laura Gutman[1], el puerperio es un encuentro brutal e inevitable con las partes desconocidas de una misma. Cada una decide si asume ese encuentro o le da la espalda, ambas tienen sus consecuencias. Hay tres aspectos básicos en los que este encuentro se puedo entrever:
  • La fusión emocional madre-bebé: tras el nacimiento la madre y el bebé sufren una separación física, más no emocional. La madre se completa a sí misma en la medida en que permanece unida y fusionada a su hijo recién nacido, y el bebé necesita de esta unión llamada exterogestación, para seguir desarrollándose. En esta fusión emocional madre e hijo comparten el mismo campo emocional. Con lo cual todo lo que acontece en una, repercute en el otro. Toda vivencia vivida por la madre, feliz o traumática, el niño la vive como propia. Toda experiencia concreta, sutil, armónica o atemorizante del bebé, la madre la vive como propia, sin tener la capacidad de discernir quien es el causante original de dicha vivencia. Para que esta fusión se de necesitamos contacto: bebé en brazos, teta. Bebé en contacto corporal y emocional permanente con la madre. El principal enemigo de esta fusión es la creencia de que una debe volver a ser la antes cuanto antes!
  • La madre interior que nos habita: en la maternidad se actualiza la vivencia del momento pasado en el que vivimos la fusión del otro lado: nos fusionamos con la vivencia del bebé que hemos sido. Esta vivencia absolutamente sorprendente y desconcertante genera muchas movidas que requieren de todo un proceso de reflexión y elaboración y que pasa por reconocer nuestras heridas y carencias infantiles, proceso que muchas veces puede ser difícil.
  • La depresión postparto: aquí hay que hacer distinciones. Hay muchas mujeres a las que se les diagnostica depresión postparto, se las medica, se corta la lactancia y en realidad se ha hecho un diagnóstico erróneo. Tener un bajón emocional, sentirse triste o incluso desesperada, tener algún pensamiento de que no se está haciendo la cosa bien o algún sentimiento ambivalente hacia el bebé, sentirse desconcertada y un poco “estafada”, querer llorar o estar de mal humor no es una depresión postparto. Es parte del transito de los primeros días. Tampoco quiere decir que sea normal, quizás es un indicador de que contamos con pocos apoyos y requiere replantearse algunas cosas y buscar las ayudas necesarias antes de que el asunto vaya a más.
  • Para que se de una depresión postparto real se necesita una fragilidad emocional durante el embarazo, la vivencia de un parto maltratado y desprotección emocional después del parto. Pero sobretodo, necesita que sea bien diagnosticada (por un psiquiatra o psicólogo clínico competente) y tratada. Sus síntomas son: llanto, irritabilidad, sentimientos excesivos de culpa, trastornos de sueño y apetito, problemas de concentración y aislamiento social. Conlleva una pérdida de interés o indiferencia hacia el bebé, o actitudes intrusivas u hostiles hacia éste. También puede ir acompañada de síntomas hipocondríacos, somatizaciones, temores y fantasías de dañarse a sí misma o al bebé. Estos síntomas han de estar presentes durante un mínimo de 3 meses para hacer un diagnóstico seguro. Por otro lado, si es necesario medicación para aliviar los síntomas, es importante tener en cuenta que LOS ANTIDEPRESIVOS SON COMPATIBLES CON LA LACTANCIA. La depresión postparto es una oportunidad que nos da nuestra psique cuando necesita sanar experiencias y vivencias anteriores al nacimiento de nuestro bebé y que no necesariamente están ligadas a la maternidad, requiere de psicoterapia y un trabajo de indagación interior.

 


[1] La Maternidad y el encuentro con la propia sombra.

“Vivimos en una sociedad tolerante que nos
permite elegir. Sin embargo las madres se suelen sentir clasificadas por sus
elecciones y alejadas de otras madres
que han elegido algo diferente.”
Naomi Stadlen.

Existe muchísima información sobre las ventajas de la leche materna para el desarrollo físico, inmunológico, emocional y cognitivo del bebé. También cada vez más encontramos información científica sobre las ventajas acumulativas para la salud física y emocional del niño de la lactancia prolongada. La OMS y la UNICEF plantean algunas recomendaciones o lineamientos sobre la duración de la lactancia, sin embargo la respuesta a la pregunta de cuánto tiempo debería durar la lactancia materna no se encuentra en ninguna de estas publicaciones o lineamientos. La lactancia materna debe durar el tiempo que la madre (y más adelante) el niño quieran o pueda.

Es muy tentador, y a menudo es algo que encuentro en algunos de los blogs sobre maternidad que sigo, “medir” la calidad de la maternidad a partir del tiempo que se amamanta a l@s hij@s. Pareciera que “a más teta, mejor madre” y esto no sólo no es cierto en todos los casos sino que contribuye a juzgar, comparar y dividir a las madres entre las que se posicionan de un lado y las que se encuentran en el otro.

Si una madre sólo amamantó a su hijo durante un mes y luego, por las razones que sea, no pudo o no quiso hacerlo más, debemos celebrar los días que esa lactancia se mantuvo en lugar de señalar los que faltaron. Si por razones de índole personal (no debemos olvidar que no estamos por saber las vicisitudes de la vida de cada una) una madre decidió dar el biberón desde el inicio, esto es algo que no debe ser cuestionado ni juzgado. La voz de la mujer como individuo también ha de tener peso, aunque la alimentación del bebé no vaya a ser de la misma calidad. Si una madre decide que no quiere depender del sacaleches y que su lactancia durará el tiempo que dure su permiso de maternidad, esta decisión también es válida y respetable. De la misma manera, si una madre decide prolongar su lactancia con sus hij@s hasta que se produzca un destete natural –que suele darse en algún momento entre los 2 años y medio y los 7 años– tampoco es justo tacharla de “talibana de la teta” o criticarla diciendo cosas como que está generando dependencia en sus hij@s, mucho menos insinuar algún elemento sexual/erótico de por medio.

No olvidemos que, por lo general, estas críticas suelen venir del entorno más cercano de la madre, familiares y amigos con la suficiente confianza como para opinar al respecto y cuyos comentarios, querámoslo o no, afectan y resuenan en la madre al punto que, si son cosas que ella prefiere no escuchar, debe invertir una cantidad importante de energía para lograr no sentirse afectada.

La lactancia es un territorio que le compete a la díada madre-bebé, o madre-niñ@ y secundariamente al padre de esa criatura. Y es un tema en el que nadie más debe meterse. Nadie más.

Al punto al que quiero llegar con todo esto es que las madres nos sentimos más tranquilas y, por tanto, somos mejores madres, en la medida en que percibimos que nuestras decisiones con respecto a la maternidad son respetadas y valoradas. Las madres nos sentimos en mejores condiciones de criar y conectar con nuestros hij@s en la medida en que no nos sentimos cuestionadas, ni juzgadas, en la medida en que no se generan dudas con respecto a nuestra capacidad de maternar. Y en esa misma medida, si sentimos que hemos sido respetadas y escuchadas, seremos capaces de buscar ayuda o apoyo si nos topamos con algún problema que nos está siendo difícil de manejar.

Todas las madres quieren hacerlo bien, den el pecho o den el biberón. No es adecuado hacerlas sentir “menos mamá” o “demasiado mamá” por la decisión que hayan tomado con respecto a cómo alimentar a sus hij@s.

“La maternidad no es una competición. Es un espacio inmenso en donde cabemos todas. Ninguna puede abarcar todas sus posibilidades ni tomar siempre las mejores decisiones (…) La maternidad se centra en el amor que una madre da a su hijo de múltiples maneras. Su estilo es único, pero la experiencia común de ese amor nos conecta a todas”.[1]

[1] Naomi Stadlen (2005). Lo que hacen las madres. Barcelona: Urano. Pag. 17