Artículos en Categoría

Maternidad

Aunque parezca difícil de creer, el nacimiento de un hij@, por muy desead@ y buscad@ que haya sido, es una de las principales causas de crisis, e incluso de ruptura, de la pareja. El mayor porcentaje de separaciones matrimoniales se produce cuando alguna de las criaturas no llega aún a los 3 años de edad. ¿Porqué?

Habitualmente cuando esperamos a nuestro primer hij@, fantaseamos sobre cómo va a ser nuestra vida cuando seamos m(p)adres. Las expectativas empiezan a aparecer desde el mismo momento que tenemos la confirmación médica de que todo marcha bien. Seguidamente, vienen los miedos y las inseguridades de si podremos o no ser buenos p(m)adres, de si estaremos a la altura de lo que la tarea requiere, etc. Sin embargo, poco pensamos y conversamos sobre cómo se va a transformar nuestra relación de pareja ni sobre el estilo de crianza que queremos llevar, cosa que en cierta media es comprensible, ya que en cierto grado no podemos ni imaginar qué transformaciones se van a dar ni cuál es la implicación y dedicación que tendremos con nuestra criatura.

La pareja no es un elemento estático ni inmóvil, bien al contrario, se va transformando en la medida en que van cambiando nuestra vida, nuestras circunstancias laborales, económicas, sociales y familiares; y en la medida en que se va profundizando y fortaleciendo el vínculo, a su vez, la pareja tampoco es inmune a la cultura y las modas sociales que puedan aparecer en un momento determinado. Del mismo modo, las dinámicas y las prioridades dentro de la pareja cambian con la llegada del primer hijo, y vuelven a cambiar con la llegada de un segundo y así sucesivamente y, mientras los niñ@s se encuentran en la primera infancia (período que va de los 0 a los 3 años), los espacios para compartir en pareja son sino limitados, al menos diferentes y, la mayoría de las veces esto nos toma completamente por sorpresa, tanto a hombres como a mujeres.

Con frecuencia me encuentro en la consulta a muchas parejas que tras haber tenido un hij@ pasan un período en el que casi no se reconocen; hay distancia emocional y muchas quejas de parte de ambos, pocos espacios para conversar pausadamente y en cambio muchas discusiones por situaciones que antes eran más o menos irrelevantes, hay cansancio sostenido por el cuidado constante de un bebé o de uno o más niñ@s pequeñ@s, por la presión del peso del hogar y de lo económico, por las dificultades de conciliar, y descontento por los roles que asume cada uno dentro de la crianza. Cada familia lleva su “pack” especial dependiendo de su idiosincrasia particular, pero todas entran de una u otra manera dentro de esa nueva dinámica.

¿Y que es lo que ha pasado?

Cada familia tiene su historia particular que hará que la problemática se centre más en uno u otro aspecto, pero en general se pueden enumerar brevemente algunos elementos comunes:

  • La vivencia del embarazo y el parto. Algunas veces ya desde el mismo momento del embarazo pueden empezar a aparecer síntomas de que la pareja no marcha bien, en muchos casos expresado en el área de la sexualidad: cierto descontento porque a uno de los miembros de la pareja no le apetece tener relaciones sexuales por temores, por aprehensiones o por falta de deseo. Otra área en el que se expresa es que el hombre puede tomar cierta distancia de los preparativos de la llegada del bebé, o no vive el embarazo con la misma ilusión que la mujer, lo cual suele generar en ella inseguridades de su futura vinculación como padre, además de sentirse herida o sola. El parto, por otro lado, su vivencia, si ha sido un parto respetado o no, con muchas o pocas secuelas físicas o psíquicas, si la mujer se ha visto vulnerable o empoderada, son elementos que la marcarán para toda la vida y esta experiencia teñirá de alguna manera su relación con la sexualidad y con su pareja.
  • El período del postparto. Ese momento físico y emocionalmente intenso que comienza cuando nace nuestra criatura y que acaba… ¿con la cuarentena? ¿a los 3 meses, a los 6, a los 9, a los 2 años? El postparto tiene implicaciones físicas importantes, muchas de las cuales conllevan secuelas directas en la instauración exitosa de la lactancia y, más adelante en la recuperación de una vida sexual satisfactoria. Está directamente relacionado con el tipo de parto que se haya tenido y que va a generar, psicológicamente hablando, un estado diferente en la mujer, con lo cual, un “estar” con el bebé y con la pareja, que estará tocado por esa experiencia. (Si quieres leer más sobre los Aspectos Emocionales del Postparto pincha aquí). Y aquí ya entramos en el mundo de lo emocional. Ni los hombres ni las mujeres tenemos idea de todo esto hasta que estamos en el meollo. Los hombres que cuentan con una madurez emocional, que saben hacerse cargo de sí mismos y que están conectados con su pareja, suelen saber apoyar, acompañar y sostener las necesidades de la nueva madre durante este período tan importante. Los hombres inmaduros, dependientes y egocéntricos tienen muchas dificultades para entender el cuidado que su pareja necesita.
  • Las necesidades de cuidado continuo del bebé. Muchas veces es algo que no nos esperamos, nos hemos creído el cuento de que el bebé no hace más que “comer y dormir” y nada más alejado de la realidad. Los bebés requieren de mucho soporte físico y, sobretodo, emocional. Cada etapa tiene su distinción particular, pero hasta los 3 años, sus m(p)adres constituyen el referente emocional principal a partir del cual la personalidad de la criatura va a ser construida. ¡Gran tarea, sin duda! pero ¿qué pasa cuando no hemos hablado con la pareja sobre cómo les queremos criar? ¿dónde queremos que duerma? ¿cómo queremos que coma? ¿cómo se instauran los límites y la disciplina? ¿en quién confiamos para que le cuiden? ¿a qué edad queremos que vayan a la escuela? ¿Qué tipo de educación queremos que reciba?… Temas que pueden generar, sin duda, grandes batallas campales y desencuentros importantes en la pareja.
  • El peso de la rutina y de las tareas del hogar. Cuando los hij@s son pequeñ@s las rutinas pueden ser bastante monótonas y desgastantes, sobretodo los dos primeros años en los que las necesidades de la criatura no dan tregua y algunas cosas tienen muy poco margen de variabilidad. Esto puede representar una sombra importante para la relación de pareja, no nos olvidemos que tan sólo 1 año antes podíamos improvisar una cena, una quedada con amigos o ir a pasar un día a la playa, lo único que se necesitaba era un poco de disposición para ello. Por otro lado, las tareas de las casa se hacen interminables y agotadoras, antes quizás no importaba tanto quien tiraba la basura, hacia la colada u ordenaba la cocina, a eso se le ha de sumar la presencia del bebé y sus cuidados. A menudo encuentro en la consulta que las mujeres se quejan de llevar ellas todo el peso de las tareas domésticas y de tener poca colaboración por parte de sus compañeros con lo cual una prenda de ropa olvidada accidentalmente en el suelo del lavabo se puede convertir en una discusión de horas.
  • El cambio en la relación sexual. Y no me refiero sólo al cambio en las relaciones sexuales (frecuencia, calidad, duración, etc.) sino al cambio en la relación erótica en la pareja. Si quieres leer a profundidad sobre este tema en específico, puedes clicar este post pero, de manera resumida, la sexualidad en la pareja también ha de resituarse. Ambos miembros tienen que aprender a relacionarse con un nuevo cuerpo (¡y no sólo el de la mujer, que ahora es madre, que quizás amamanta, etc.!) y a establecer nuevas dinámicas, al menos durante el primer año de postparto, en donde el juego, las muestras de afecto y el erotismo quizás necesitan de un protagonismo especial, más que la relación sexual en sí, y este es un chip que a algunos hombres les cuesta cambiar (parece que cada vez menos). Con lo cual muchas veces las mujeres rechazan las expresiones de afecto de sus compañeros pensando que si son receptivas a ellas quizás él reciba el mensaje de que están dispuestas/deseosas a tener relaciones, también se pueden dar casos de mujeres con muchas ganas de tener intimidad y hombres inhibidos o sospechosamente inapetentes. Todas estas cosas deben hablarse entre la pareja: mucho y sin tabúes… Pero de esto hablaré en otra entrada.
  • La transformación de la maternidad. Es innegable que la maternidad es una revolución que se genera dentro de nosotras y que nos pone la vida, las prioridades, los planes de futuro y las expectativas completamente patas arriba. Nos tomará un tiempo recolocarlo todo, encontrar un nuevo orden y alguna vez pasará que cuando creemos haberlo encontrado, alguna necesidad de nuestra criatura nos hace cuestionarlo todo de nuevo. Esto sobretodo se expresa a nivel emocional. Dice Laura Gutman que “cada bebé es una oportunidad para su madre para rectificar el camino del conocimiento personal, para sacar a la luz viejas heridas y realizar las sanaciones adecuadas”[1]. No teníamos ni idea de que el amor fuera algo así de potente, de que un ser tan pequeñito tuviera un protagonismo tan fundamental en nuestras vidas. Algunos hombres también viven la paternidad de una manera parecida, otros se relacionan con sus hij@s desde un lugar menos “intenso” (esto no quiere decir que no les quieran, sino que son uno más de los elementos importantes de su vida). Sea como sea, los hombres suelen encontrarse perplejos ante esta nueva mujer capaz de revolucionarlo todo y de poner cualquier cosa en jaque por su criatura; al principio puede pensar que es consecuencia de lo “hormonada” que está su mujer, del cansancio, de la instauración de lactancia, etc. Quizás alberguen la esperanza de que pasada la cuarentena (que en realidad no es para nada el fin del puerperio) reencontrarán a su mujer normal y corriente, la de siempre. Pero resulta que este reencuentro no llega nunca, al menos no durante los primeros dos años; y si hablamos de un hombre con algunos elementos inmaduros, dependientes o infantiles, empezarán a surgir desencuentros y discusiones, sobre todo, porque la mujer-madre no podrá sostener emocionalmente a su marido-niño, sólo tendrá espacio para maternar a su hijo. Esto muchas veces puede hacer que el hombre se sienta rechazado, desplazado, excluido, pues ya no hay nadie que cuide de él.
  • El tiempo de ocio. Algo muy preciado y sostenedor dentro de la pareja que, momentáneamente, se ha perdido. Con un bebé en casa hay pocos momentos disponibles, de hecho, la mujer tiene todo su espacio psíquico ocupado, y cuando el bebé le da una tregua, lo que realmente quiere es tiempo para sí misma. Por el contrario, el hombre se encuentra con su espacio psíquico disponible (cuenta con el trabajo y la vida “en la calle”), por lo que demanda a su mujer más tiempo de pareja. Aquí nuevamente se produce el desencuentro. Cada uno necesita algo diferente con lo cual, se hace necesario conversarlo y llegar a acuerdos que sean convenientes para ambos.
  • Los estilos de comunicación. En medio de las discusiones, sobre todo cuando se arrastra cansancio y sueño acumulado, la manera como se comunica una pareja puede mejorar o, por el contrario, empeorar el problema. Debemos preguntarnos si sabemos hacer demandas de la manera adecuada, expresando realmente lo que estamos sintiendo sin caer en acusar o culpabilizar al otro de la situación, si realmente escuchamos al otro cuando hablamos o sólo usamos sus argumentos para contraargumentar, si somos capaces de ver y entender las necesidades que pueda tener el otro y tener disposición para ayudarle, etc.
  • La familia extensa. Algunas veces contamos con abuelas (madres y suegras) maravillosas, que nos apoyan en la crianza que hemos decidido tener sin cuestionarla, nos echan un cable, y nos ayudan a recuperar un poquito los espacios de intimidad tan escasos entre la pareja. Otras veces, menos afortunadas, tenemos madres o suegras intrusivas, que critican, ponen en duda y nos infantilizan, si te interesa leer más sobre este tipo de abuelas, picha aquí. La manera en la que una pareja afronta y limita a la familia extensa, puede fortalecer o debilitar el vínculo entre ellos.
  • La existencia de problemas anteriores no resueltos.  Así lo expresa Gutman: “La aparición del recién nacido, la ruptura emocional que esto produce en la madre, la travesía por el puerperio, la pérdida de referencias de identidad y sobre todo el cansancio, ponen en evidencia ciertos funcionamientos dentro de la pareja que repentinamente se vuelven intolerables cuando antes no generaban conflicto”[2]. Es así como, en muchísimos casos, no es la presencia de l@s niñ@s pequeñ@s lo que desorganiza a la pareja, sino que dicha presencia pone en evidencia el funcionamiento original de la misma, el cual, dada las circunstancias actuales se hace insostenible.

Establecer acuerdos previos al nacimiento de los hij@s es primordial, evaluar lo que esperamos el uno del otro y conversar sobre si el otro está en capacidad de ofrecer eso o no, ver como son nuestros roles y redefinirlos si hace falta, estudiar juntos la historia personal de cada uno, los patrones de crianza vividos, los valores dentro de los cuales se ha crecido, negociar qué hacer con las diferencias. Se hace necesario revisar y repactar todos los acuerdos tácitos de la pareja, leer la letra pequeña ya que las condiciones cambian con el nacimiento de l@s hij@s, se pasa de ser pareja a ser familia y si se quiere sobrevivir en el intento, necesariamente hay cláusulas que revisar y modificar, pero esto sólo es posible si estamos acostumbrad@s a comunicarnos entre nosotr@s, a contarnos lo que nos pasa y a respetarnos y tenernos confianza. Y si ya ha nacido el primer hij@ y nos encontram@s con que esta tarea no ha sido hecha, se ha de tomar como una oportunidad para el crecimiento y el fortalecimiento de la pareja, y si es necesario, buscar a un profesional de escucha atenta y receptiva que nos pueda ayudar y acompañar en este proceso.

 

[1] Laura Gutman (2003). La Maternidad y el Encuentro con la Propia Sombra

[2] Laura Gutman (2009). La Familia nace con el primer hijo. Historias de parejas con niños pequeños.

La Salud Mental Materna Importa

“La Salud Mental Materna Importa” (#maternalMHmatters) es el mensaje con el que se desea llamar la atención hacia el tema en la Semana Mundial de la Salud Mental Materna, pero ¿qué quiere decir que la salud mental materna importa?, parece obvio, ¿no? Sorprendentemente a veces no lo es tanto.

Un vínculo sano entre una madre y un bebé comienza con una buena salud mental por parte de la madre. Esto es algo que los psicoanalistas John Bowlby y Donald Winnicott ya habían estudiado, observado y descrito desde 1950; sin embargo, sigue siendo algo que nos resistimos a aceptar, tanto a nivel social, como sanitario, por ejemplo en la atención que reciben las mujeres gestantes durante sus controles de embarazo, así como también en las consultas de pediatría. Comentarios del tipo “es normal”, “son las hormonas”, “con el tiempo pasará”, “te preocupas demasiado”, “deberías relajarte un poco”, etc., suelen ser habituales cuando una mujer embarazada, o en postparto inmediato, expresa algo del orden de su malestar psicológico.

“Dos de cada diez mujeres padecen algún problema mental durante el embarazo o el primer año tras haber dado a luz. El 75% de éstas no son diagnósticas ni reciben el tratamiento y soporte adecuado.” Éstas son cifras a nivel mundial.

De entre los distintos trastornos, el padecer más común es la depresión postparto (que muchas veces comienza durante el embarazo) y puede afectar a mujeres de cualquier procedencia, cultura o nivel socioeconómico y educativo, generando consecuencias importantes a largo plazo tanto en la madre como en la criatura y en el vínculo que entre ellos se genera.

“El estado psíquico de la madre afecta enormemente al bebé desde la gestación. Si sufre ansiedad, estrés o depresión el embarazo se complica, puede producirse un parto prematuro, hemorragias, infecciones… Además, su estado de ánimo afecta, de diversas maneras, al desarrollo cerebral de su bebé, condicionándola, incluso a muy largo plazo”, comenta la psiquiatra Ibone Olza en una entrevista para El País.  “Si la madre no está bien, si no se detecta su sufrimiento y no se le ayuda o se trata, además de al bebé, se verá afectada también la relación de pareja y la crianza de los otros hijos”.Con lo cual, si estás embarazada y sientes que algo no “marcha bien”, te sientes angustiada, estresada, con muchos miedos o/y temores, con cambios de ánimo bruscos e inesperados, ganas de llorar, sensación de soledad.., busca ayuda. Si ya ha nacido tu bebé y te sientes triste, desanimada, irritable, con angustias o miedos, sola, con mucha presión encima, con temor a estar a solas con tu bebé por no saberlo atender adecuadamente o poderlo dañar, con fantasías o temores de que te pase algo a tí o a tu bebé, no son las hormonas, no es normal, no se irá solo, pero sobretodo, no es tu culpa y no es algo por lo que debas ocultarte o avergonzarte. ¡Habla de ello! ¡Expresa tu malestar! ¡Busca ayuda!

 

CrianzaMaternidadUncategorizedVida Personal

Hello again, Music Together.

posted by Iliana Paris julio 5, 2016 0 comentarios

La maternidad está llena de segundas oportunidades, de eso no me cabe la menor duda. He sido testigo y he vivido por mi misma como nuestros/as hijos/as nos colocan, una y otra vez, ante la posibilidad de rectificar, de hacerlo mejor y, por supuesto, de vivir nuevas-viejas experiencias.

Este es un post poco usual en mi blog, no pretendo hablar directamente sobre algún aspecto psicológico de la maternidad o de la crianza, sino contar nuestra experiencia con un programa de educación musical para la primera infancia (de 0 a 5 años) llamado Music Together.

Todos los niños son musicales. Y los adultos también! Es una frase del Music Together que me encanta, no sólo porque es cierta, sino porque además los adultos tenemos la tendencia a desconectarnos de nuestra musicalidad y, de una cierta manera, a perder parte de nuestra alegría. Pues bien, Music Together invita –a través del acompañamiento a nuestros hijos/as–, a reconectarnos con esa alegría.

¿Y qué tiene que ver Music Together conmigo?

En septiembre del 2012, una madre con la que coincidía en diversas actividades y grupos de crianza me habló de una sesión de prueba gratuita para unas clases de música para niños que se hacían en el Teatre Porta4, al lado de la plaza de la Virreina, en Gracia. Había que llamar al teléfono de un tal Piero y reservar plaza. Yo, madre primeriza que en ese momento, no trabajaba y que quería ofrecer a mi hijo de 9 meses todo un abanico de experiencias enriquecedoras en las que, además, estuviera en contacto con otros/as niños/as sin dejar de tener la seguridad de mi compañía, me apunté al carro enseguida. Jamás sospeché que el Music Together iba a estar tan presente en la crianza de mis hijos.

Al llegar a Porta4 nos recibió Piero, un italiano peculiar, casi siempre despeinado y bastante despistado que despertaba una cierta sospecha. Nos dio un conjunto de instrucciones y nos hizo pasar a un “cuadrilátero” de moqueta donde se realizaba la actividad. Nos sentamos en círculo en el suelo, cada madre o padre con su hijo/a y Piero con su guitarra, y entonces dijo “lo más importante del Music Together es la participación de los adultos” y ahí ya pensé que esto era bastante raro pero, un instante después, Piero empezó a cantar la canción de bienvenida “Hello, everybody” y fue como si empezara a hacer magia: todos los niños/as se quedaron absolutamente maravillados, no sólo porque la canción es bonita y molona, sino porque además Piero conduce las sesiones desde el más absoluto cariño y como si fuera un niño más, sin serlo. Sus habilidades con los niños/as son simplemente envidiables, a lo largo de 4 años he visto a Piero deshacer peleas o tensiones entre niños/as, suavizar pataletas de algún nene que estaba teniendo un mal día, transformar lágrimas en risas, e integrar al niño/a más tímido/a del grupo haciéndole participar… todo esto de la manera más desenfadada e improvisando.

Empecé a asistir al Music Together cuando mi hijo I. tenía 9 meses, asistimos durante 3 años consecutivos (que es el tiempo que dura todo el programa ya que está dividido en 9 trimestres con 9 libros y cds con canciones diferentes; las únicas canciones que se repiten en todos los cds son las de inicio y final). I. creció (y sigue creciendo) literalmente cantando las canciones de Music Together, y a medida que se iba desarrollando y sus habilidades iban madurando, pude vivenciar las bondades del programa. De todas las actividades que he realizado con mis hijos, si tuviera que recomendar sólo una, sin duda sería ésta.

Aquí estamos I. y yo en su segundo curso

Cuando tenía alrededor de dos añitos comenzó a jugar en casa a que él era Piero, tocando una guitarra que tenemos por casa, nos sentábamos en el suelo y reproducíamos la escena de la canción inicial; además hasta aproximadamente los 3 años y medio fue muy fan de los trenes, cosa muy usual en niños pequeños y de lo cual Music Together es muy conciente pues en cada cd hay una o dos canciones que van de trenes. De más está decir que éstas casi siempre eran las preferidas.

El último curso lo hicimos en la primavera del 2015, I. ya tenía 3 años y medio y a veces me daba la sensación de que prefería estar haciendo otras cosas pero bueno, yo estaba embaraza de G. y me despedí del programa con la convicción de que volvería cuando G. tuviera la edad adecuada; sin embargo, me dio un poquito de pena acabar esa etapa con I., era como si con el cierre del Music Together quedara atrás su infancia más tierna, su etapa de bebé y todos esos momentos compartidos.

Este verano, un año después, creí que era el momento de que G. comenzara el Music Together, al estar I. de vacaciones decidí que viniera con nosotros, por un lado pensé que a lo mejor se aburriría un poquillo porque habrían sólo niños pequeños, pero a la vez pensé que le haría ilusión volver a ver a Piero.

Durante la semana íbamos conversando de que volveríamos al Music Together y para mi sorpresa, a pesar de que no ha olvidado las canciones, no recordaba mucho de qué iba la cosa. Nada más llegar a Porta4, escondiéndose detrás de mi brazo, me dijo casi como si fuera un secreto: “mama, no me acuerdo de Piero”, En ese momento sentí una mezcla entre ternura y desconcierto; hoy, escribiendo estas líneas, lo puedo entender perfectamente: ha sido un año muy intenso para nuestra familia, el año en el que nació su hermano con todas las transformaciones que eso ha implicado a nivel familiar, pero también él como individuo ha tenido un año muy enriquecedor y lleno de experiencias que le han hecho crecer mucho.

En fin, escuchamos las instrucciones que Piero daba a los nuevos padres, entramos al cuadrilátero en el que ya I. comenzaba a sentirse cómodo, y poco después Piero empezaba con su mágico “Hello, everybody” y yo allí, viendo las caras de mis dos hijos, viviendo esta segunda oportunidad a través de mi segunda maternidad, viendo a mi bebé boquiabierto y lleno de sorpresa, y a mi niño boquiabierto y lleno de recuerdos… No sé quien de los tres disfrutó más de nuestra primera clase de verano, pero desde que hemos vuelto al Music Together su música vuelve a sonar en mi casa cada día y tengo a un niño que baila y canta lleno de alegría y a un bebé que se ríe y abre mucho los ojos con cada melodía, con cada gesto, con cada movimiento.

Gracias Music Together por darme la excusa para conectarme de nuevo con la música que hay en mí, gracias por su excelente programa. Gracias Piero por tu toque particular con los/as niños/as. Y, sobretodo, ¡gracias I. y G. por permitirme ser testigo, nuevamente, de las maravillas que se suceden cuando los niños/as aprenden jugando y pasándoselo muy, pero que muy bien!

Me he topado con esta entrevista y me parece que merece la pena compartirla. Realmente se conoce muy poco sobre la depresión postparto y cómo ésta puede afectar la salud de la mamá y el bebé, la tendencia general es a minimizar o negar este problema. También me pareció interesante lo que planteaban los especialistas sobre los factores de riesgo.

En fin, aquí os dejo el link

Hace algunos días me topé con este precioso artículo de Denise Stirk y me gustó tanto que me he tomado la libertad de hacer una traducción libre y comentada del mismo.

Denise comienza su reflexión comentando que una de sus mejores amigas perdió, de forma inesperada, a su hijita de 21 meses. Cuando fue a visitarla se encontraba hecha un manojo de nervios pues no sabía qué decirles ni a ella ni a su marido sobre tan terrible pérdida. ¿Qué palabras utilizar para calmar su dolor? ¿Cómo evitar hacer comentarios equivocados? Quería encontrar las palabras perfectas… pero se encontraba completamente turbada ante la pérdida. Tenía a dos niños completamente sanos en casa, con lo cual sentía que realmente no podía entender el dolor de su amiga, ¿cómo la iba a consolar en una situación de la que ella no tenía ninguna experiencia?
¡Denise no pudo ni sospechar las palabras tan poderosas que se dijeron en ese encuentro, y muchos menos que estas palabras vinieran de su amiga, no de ella! Fueron palabras de la amiga para ella.

Esta amiga, en su dolor, dijo algo que tocó profundamente el corazón de Denise (y el mío). Una frase simple pero contundente. Mientras le describía los eventos sucedidos durante la muerte de su hija e intentaba expresar el profundo dolor que sintió mientras sostenía su cuerpecito durante los minutos y horas después de su muerte, describiendo ese instante como la peor pesadilla que una puede tener, le dijo a Denise con lágrimas en los ojos: “tú eres mamá, tú sabes”.

Tú eres mamá, tú sabes.

Esta frase dejó a Denise sin aliento, y fue en ese momento, con esa frase, que ella pudo comenzar a entender la magnitud de su dolor. Hasta entonces había estado buscando las palabras perfectas para consolarla y se dio cuenta de que, en su lugar, debía tirar del simple vínculo que las unía: la maternidad. Y aunque no había tenido la dolorosa experiencia de perder un hij@, si que conocía la alegría que su amiga alguna vez vivió cuando cargaba a su hija y… ¡¿Perder eso?! No hay palabras que puedan describirlo.

Perder a un hij@ es la mayor angustia de una madre –sin importar quién seas o el tipo de maternidad que hayas escogido. Todas tenemos diferentes maneras de maternar y de criar a nuestra familia, pero también todas tenemos una cosa en común: nuestros corazones están directamente conectados con nuestros hijos. Darnos cuenta de esto hace que todo el tema de las “guerras de mamás” y los tipos de crianzas parezcan algo ridículo.

Tú eres mamá, tú sabes.

Desde este lugar es imposible no poder conectar con el dolor de cualquier madre ante el sufrimiento que pueda estar teniendo su criatura, por muy alejada que ésta pueda estar de nosotras, por muy desconocida que esa madre pueda ser. Porque somos madres. Es un hilo que nos une a todas: Mamás helicópteros; Mamás gallinas; Mamás que amamantan; Mamás que dan fórmula. Mamás ricas; Mamás pobres; Mamás de niñ@s enferm@s; Mamás de niñ@s san@s. Mamás.

El amor absolutamente loco y desmedido que sentimos por nuestr@s hij@s corre profundamente dentro de cada una de nosotras. Y este conocimiento a veces es doloroso. Es la razón por la cual algunas no podemos ver las noticias. Es la razón por la cual algunas lloramos al salir del colegio cuando los dejamos el primer día. Es la razón por la cual nuestro corazón se parte cuando oímos que alguien ha tenido una pérdida o tiene problemas de fertilidad. Es la razón por la que estamos despiertas por la noche, preocupadas por nuestr@s adolescentes. Es la razón por la cual la idea de que nuestr@s hij@s algún día dejen el nido nos hace llorar en el café. Es la razón por la cual la muerte del hij@ de otra madre se nos hace amargamente desgarradora…

Pero también es la razón por la que debemos proveernos de una red de apoyo para cada una de nosotras. No sólo para aquellas que están sufriendo ese inimaginable dolor, sino también para aquellas mamás que están pasando por un momento difícil común y corriente… e incluso para aquella que sólo está teniendo “uno de esos días”, para la que se encuentra ante una duda y no saben a quien acudir. Para todas, para nosotras.

——-

Estoy profundamente agradecida por la tribu de madres que tengo, la que me he hecho y he tenido la fortuna de encontrarme por el camino; las mamás físicas que me abrazan, que abrazo, y las mamás virtuales que siempre encuentran una palabra que decirme; Las que saben, porque son mamás: a todas ellas, ¡gracias!

Iliana.

“El embarazo y el parto no se consideran desde la
psicología como una fase del desarrollo, sin embargo este período
marca y afianza una potencialidad presente en la mujer que
decide ser madre, aportando a su identidad femeninaotra cualidad,
siempre extraordinaria por muy común que sea: la de la maternidad”
Yolanda González Vara[1]
Después de haber descrito algunos de los efectos psicológicos que se podrían presentar durante el primer trimestre del embarazo, pasaremos a hablar del segundo trimestre, que para muchas es el que se vive más gratamente, se recuerda con más alegría, y que a su vez conlleva una labor psíquica muy intensa.
Prepararnos para ser madres es una ardua tarea, tanto en el sentido  físico como en el psicológico. Nuestro cuerpo está haciendo el maravilloso trabajo de gestar una vida y no descansará durante los meses que quedan para que el bebé esté listo para salir al mundo. Y aunque mucho de lo que ocurre se da de manera natural, lo “maternal” está también impregnado de la herencia culturalde cada una, de aprendizajes, y de nuestras propias vivencias.
La maternidad es un proceso biológico, psicológico y sociocultural. Independientemente del estilo de crianza que se asuma en el futuro, psicológicamente el embarazo implica el fin de la mujer como un ser singular e independiente y el comienzo de la compleja relación madre-hij@.
Cuando un embarazo llega al segundo trimestre (alrededor de la semana 15), la mayoría de las futuras madres suelen relajarse bastante. Por un lado, ya se ha pasado el trimestre en el que hay mayor riesgo de pérdidas, y también habitualmente por una ecografía, por tanto por la prueba del Triple Screening; si los resultados han sido satisfactorios y no se ameritan hacer otras pruebas como la Amniocentesis las madres suelen sentirse bastante más tranquilas, como si ellas y su bebé hubieran aprobado los primeros exámenes del embarazo. Por otro lado, las molestias físicas del primer trimestre suelen quedar en el pasado, se va la somnolencia y vuelve la energía al cuerpo proporcionando un baño de ánimo y entusiasmo.   
En este segundo trimestre –alrededor de la semana 16–  las madres comienzan a percibir los movimientos del bebé. La percepción del bebé trae consigo el reconocimiento de la criatura que, aunque se encuentre en el refugio del útero materno, empieza a ser reconocido como una entidad separada, con una vida en sí misma que la madre no controla.
La percepción de los movimientos intrauterinos suele producir cambios que empiezan a dar cabida a la aparición de sentimientos maternales, como el deseo y el placer de sustentar al bebé. “Aparece la necesidad imperiosa de dar alimento, sostén, apoyo a ese ser dependiente que vive en el interior de su cuerpo, que es parte de ella pero que al mismo tiempo comienza a diferenciarse como otro ser.”[2]
También es frecuente durante este período reexperimentar algunas vivencias de la infancia y de la relación con la propia madre, incluso llegando a sentir nuevamente la vulnerabilidad infantil. Esto sucede debido a que al percibir los movimientos del bebé y empezar a diferenciarlo como un ser distinto se proyecta sobre él la propia vivencia infantil rememorando algunos elementos de la relación madre-hija, dándose, de esta manera, una segunda diferenciación de la mujer en relación a la propia madre (la primera diferenciación la tenemos tod@s, hombres y mujeres, cuando somos niñ@s). Es un período muy intenso en el que nos podemos encontrar reconciliándonos con algunos aspectos de nuestra madre o, por el contrario, enfrentándonos al dolor de heridas antiguas que creíamos sanadas o traumas infantiles supuestamente superados. Todo esto ligado al deseo de proteger al futuro hij@ de cualquier sufrimiento que se haya vivido en el pasado.
Así, basada en la temprana relación madre-hija vivida en su momento, y que pudo haber sido conflictiva, la mujer escoge si se identifica con la madre introyectada o si rivaliza con ella para convertirse en una mejor madre de la que ella tuvo. En términos psicológicos hablamos de una experiencia tri-generacional. De esta manera, el modo de relación que cada mujer ha tendido con su propia madre influye en el modo en el que se vinculará con sus propios hij@s, ya que la identidad adquirida está vinculada a la relación materna primaria.
A partir de la diferenciación del bebé y a medida que los movimientos de la criatura se van haciendo cada vez más fuertes y pueden ser percibidos por el padre, las fantasías y expectativas entorno al futur@ hij@ cobran mucha más presencia. De hecho, de este conjunto de expectativas, basadas en representaciones de relaciones pasadas tanto del padre, como de la madre, nace el “bebé imaginario”. Muchas veces merece la pena hacer un trabajo de concientización de estas fantasías debido a que no son insignificantes para la relación con el bebé real y podrían generar ruido en la instauración del vínculo.
Las respuestas de las madres a los movimientos fetales son muy variadas. Cuando ocurren las primeras veces suele haber un poco de duda o descrédito hasta que la percepción se hace más frecuente, entonces hay quienes se relajan y comienzan a sentirse embarazadas disfrutando del movimiento, mientras que otras lo viven con un cierto monto de ansiedad, atribuyendo significados agresivos al movimiento del bebé; estas atribuciones “podrían estar relacionadas con la proyección de vivencias hostiles no elaboradas hacia la propia madre, que convendría trabajar adecuadamente.”[3]
La mayoría de las mujeres suelen sentirse contentas con el cambio que empieza a experimentar su cuerpo: ¡finalmente comienza a notarse el vientre abultado del embarazo! Sin embargo, para las mujeres que han sufrido algún tipo de desorden alimenticio este cambio tan rápido puede generar dificultades en la aceptación de la nueva imagen. Por otro lado, un cuerpo embarazo muestra al mundo que la mujer es fértil y sexualmente activa, lo cual muchas veces, de forma más inconsciente que consciente, genera ciertas incomodidades para algunas, esto evidentemente varía mucho dependiendo de la historia personal y de la apertura que se tenga ante la vivencia de la sexualidad.
En su mayoría, las madres consideran el segundo trimestre del embarazo como el más bonito de los tres. La presencia del bebé es notoria, pero al no ser tan grande las mujeres se sienten ágiles y enérgicas. Es el período en el que aparecen con más constancia los diálogos internos con el bebé, comenzando así la relación con él o ella como un ser aparte, desde una vivencia muy íntima.
Bibliografía Consultada:
       Patricia Alkolombre (2001). Travesías del Cuerpo Femenino. Buenos Aires: Letra Viva Editorial.
       Yolanda González Vara (2010). Amar sin Miedo a Malcriar. La mirada a la Infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía. Barcelona: RBA Libros.
       Dinora Pines. (1993) A Woman’s Unconscious Use of her Body. London and New Haven: Yale University Press
       Joan Raphael – Leef (1993). Pregnancy. The Inside Story. London: Karnac.

 


[1] Amar sin Miedo a Malcriar. La mirada a la Infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía. Barcelona: RBA Libros. 2010
[2]Cigarroa, A. (2011) Embarazo Normal y Embarazo de Riesgo. En: Travesías del Cuerpo Femenino. Buenos Aires: Letra Viva Editorial.
[3] Yolanda González Vara. Amar sin Miedo a Malcriar. La mirada a la Infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía. Barcelona: RBA Libros. 2010

Cuando estamos embarazadas es usual enfocar todas nuestras energías en la preparación para el parto, es comprensible. El parto es un momento, más o menos largo, muy, muy importante que cambia nuestras vidas para siempre, en el que no sólo nace nuestro bebé sino que también nacemos nosotras como madres. Las suecuelas de un buen o un mal parto nos generarán satisfacción o insatisfacción durante muchos años.

Prepararnos para el parto no es algo superfluo que se haga en ocho sesiones de clases de preparto, en realidad es un proceso psicológico (además de fisiológico) mucho más complejo en el que vamos trabajando de manera consciente, pero también inconscientemente, desde el momento en que sabemos que nuestro bebé es viable, y en muchos casos desde antes.

Sin embargo, por mucha o poca preparación que hayamos tenido para ese momento, no con poca frecuencia me encuentro con madres que, al llegar a casa con su bebé, se sienten completamente perplejas y confundidas en el postparto inmediato; incluso, muchas hacen comentarios como “no sabía que esto era así”, “me habían dicho que dormiría poco pero no me imaginaba este cansancio”, “nadie me explicó que los primeros días fueran tan duros”, etc. El posparto, para muchas, es el gran ignorado y desconocido… Pasamos dos o tres días en el hospital, llegamos a casa y nos preguntamos: “¿y ahora, qué?”

¿Ahora que hago con esta criatura tan pequeñita en los brazos?¿Y ahora, porqué llora? ¿Y ahora, porqué no se coge al pecho?¿Y ahora, porqué no se duerme? ¿tendrá frío, tendrá calor? ¿Y ahora, porqué las cacas son de este color? ¿Y ahora, y ahora?

Si a estos interrogantes le sumamos el cansancio, la falta de sueño, el hambre de leona que nos entra, el marido que a veces (cada vez menos, por fortuna) no acaba de ubicarse, el desorden que se va acumulando en la casa, las visitas eternas y sus opiniones “bien intencionadas”, el caos está servido.

Me gustaría plantearte algunas recomendaciones básicas para sobrevivir a estos primeros días, o semanas, de caos:

1. Lo primero y principal, lo más importante: necesitas tranquilidad, silencio e intimidad. Es el momento de re-conocerte, nunca mejor dicho, con tu bebé, para lo cual es vital la mayor cantidad de intimidad posible. Hay visitas que pueden esperarse unos días y no pasa nada. Ten esto como una prioridad.

2. Si has decidido dar el pecho resalta con rotulador el punto número 1, pero además: dar el pecho no duele, lo repito, no duele, no te tienes porqué acostumbrar, no se te tiene que hacer cayo, no te tienes que aguantar, no es normal que se haga grieta. No. Si estás sintiendo molestias al dar de mamar debes buscar asesoría para identificar qué está sucediendo, muchas veces es sólo una cuestión de postura, otras veces no. Pero recuerda: una simple molestia puede convertirse en pocas horas en grietas y heridas. Hay asociaciones, como Alba Lactancia Materna y La Liga de la Leche, que tienen grupos para atender a madres lactantes. Hay muchos otros grupos que también funcionan en espacios de crianza o en centros cívicos, y también hay asesoras de lactancia que pueden visitarte en tu casa. Si estas teniendo dificultades con el pecho, busca ayuda lo antes posible. 

3. Si estas leyendo esto y aún no has dado a luz: equipa tu despensa y, si es posible, cocina varias comidas y guárdalas en el congelador. Si ya tienes a tu bebé y esto no lo hiciste pero tienes alrededor alguna abuela entusiasta, delégale todo lo relacionado con la cocina y los alimentos, explicando lo importante que es que tú puedas tener esto cubierto para sólo encargarte de tu criatura y de descansar. Si no tienes a tu madre o a tu suegra cerca, piensa en alguna buena amiga y pídeselo, seguro que alguien podrá echarte una mano. 

4. Relacionado con el punto anterior: procura tener siempre a mano comida y bebida disponible. Dar el pecho da mucha hambre y mucha sed, y es vital hidratarse adecuadamente pero eso sí, siempre haciendo caso de las señales que te de el cuerpo.

5. Aprovecha todas las horas de descanso posible. Cada vez que el bebé duerma, duerme.Olvídate de las lavadoras, de lavar platos, de recoger, de atender visitas, de responder correos, etc., esas cosas las puede hacer tu marido o compañero (o algún otr@ entusiasta que quiera venir a casa). 

6. Si es posible, habla con tu pareja antes de que nazca la criatura sobre el tipo de apoyo que quieres de él o ella, sobre lo que necesitas que te aporte, no sólo a nivel logístico, sino también y sobretodo, a nivel emocional.

7. Si te encuentras agobiada con las visitas, o sientes que el apoyo de las abuelas no está resultando o no te están sabiendo dar lo que tu necesitas, no te metas en esa batalla ahora. Tu bebé necesita que todas tus energías estén enfocadas hacia él o ella, pídele a tu pareja que gestione estas situaciones por ti y que salga a la defensa de la recién nacida familia. Por si acaso, también puedes leer este post.

8. Es posible que experimentes cambios bruscos de humor que te puedan dejar sorprendida. Puedes pasar de estar tranquila a estar furiosa, o de estar alegre a querer llorar en un segundo. Estos arrebatos emocionales son consecuencia de la revolución hormonal que está ocurriendo dentro de ti. No te preocupes, pasará.

9. Si te sientes un poco triste, melancólica, si alguna vez te levantas pensando que la maternidad quizás no era lo que te imaginabas o tienes muchas ganas de llorar, esto también es normal, se llama babyblues. Date el permiso de sentirlo y de llorar si es lo que necesitas. Los primeros días del posparto son de mucha exigencia emocional para nosotras, y aunque tener un bebé es una gran dicha, no siempre tenemos que estar alegres.[1]De todas maneras, si estás así es posible que no estés recibiendo todo el apoyo que necesites, este post puede ayudarte si necesitas saber más sobre el babyblues.
 

10.Es posible que la maternidad remueva algunos recuerdos, valores y creencias de nuestra propia infancia o del modelo de crianza en el que crecimos, bien para reforzarlos o para cuestionarlos. Cada vez que puedas habla de estas cosas con tu pareja y plantéate el modelo de crianza que queréis seguir, eso os ayudará a tener las cosas más claras.

11.Si te lo puedes permitir, contrata a alguien que se encargue de la limpieza de la casa por una temporada, así no te tendrás que preocupar por eso. Si no te lo puedes permitir, pídelo de regalo. Créeme, tu bebé necesita menos ropita, mantas y peluches, y más de su mamá y su papá descansados.

12.Si te apetece recibir visitas pídeles que, cuando vengan, traigan una botella de agua de 5 litros a casa, o cualquier otra cosa que te haga falta en ese momento. Lo agradecerás.

13.Si empiezas a ver a tu marido como “el hombre ése que duerme a mi lado y que no hace nada como a mí me gusta”, no te preocupes, esto también pasará. Pero si estaís discutiendo más de lo usual, habla con él o ella al respecto. Muchas veces el cansancio nos hace estar más irritables, busca estrategias para vuestra comunicación sea más efectiva, planteando directamente lo que se necesita y evitando caer en discusiones estériles.

14.Es probable que después del parto sientas que te ha quedado una barriga de 6 meses de embarazo. No es el momento para preocuparse por el cuerpo, ya habrá tiempo y sin que te des cuenta mucho de lo que ahora “te sobra” se irá por sí solo.

15.Haz oído sordo a todos aquellos comentarios, opiniones, consejos, directrices, etc., que pongan en duda tus decisiones como madre. Confía en que eres y serás una buena madre para tu hij@, y en que nadie conoce a tu bebé más que tú, con lo cual nadie mejor que tú para saber lo que tu bebé necesita. Escucha a tu instinto. Y si estas hasta las narices de ese tipo de comentarios, siempre puedes mandarlos a hacer puñetas y quedarte tan ancha. No tienes porque escuchar cosas que te irriten o te hagan sentir cuestionada o insegura.

16.Busca apoyo. La maternidad es un momento muy intenso, en el que solemos estar muy vulnerables. Es vital que busquemos apoyos efectivos, personas que puedan acompañarnos, escucharnos, ayudarnos sin juzgarnos, dejándonos tomar nuestras propias decisiones. Para esto están las doulas.

17.Si sientes que el parto ha sido duro o traumático, busca alguien con quien hablar de eso. Puedes acudir a una doula o a algún grupo de posparto o de crianza. 

18.Hazte con una tribu. Es muy importante que durante los primeros meses de la crianza te rodees de otras madres que están viviendo lo mismo.Busca grupos de crianza, grupos de apoyo a la crianza, grupos de lactancia, lo que sea que te permita sentirte acompañada y apoyada por otras madres. En Barcelona hay lugares a los que las madres pueden ir con sus bebés a hacer actividades de lo más variopintas pero recuerda, mucho más importante que la actividad en sí es el encuentro y el compartir con otras madres, esto te brindará apoyo y seguridad. También hay muchas tribus 2.0 que son excelentes donde las madres se apoyan, se dan información y se miman entre ellas y aunque no es igual que tenerlas en carne y hueso, al ser una tribu virtual siempre habrá alguien disponible en el momento en el que tu lo necesites.

19.Déjate sorprender. Por mucho que te prepares, el posparto es, sobretodo, una sorpresa.No sabemos cómo seremos como mamá hasta que tenemos a nuestro bebé entre los brazos. Dale cabida a lo inesperado y deja que tu bebé te enseñe el camino. Los bebés son grandes maestros, sólo necesitan que se les escuche, respete y confíe en ellos! 
20.Finalmente solo me queda decirte ¡enhorabuena! Estas comenzando un camino lleno de emociones y plenitudes. Fluye con él y disfrútalo al máximo que aunque hoy las tomas se te hagan eternas, el tiempo se pasa volando y dentro de poco todo esto serán recuerdos que no dejarás de mirar con un suspiro entre los labios.
¿Se te ocurre alguna otra recomendación para añadir a la lista? ¡

Compartela! 



[1] Si transcurren algunos meses y sigues sintiendo tristeza, melancolía o ganas de llorar, consúltalo con algún psicólog@ que tenga conocimientos sobre temas de maternidad.

Hay un dicho que reza que las cosas dependen del cristal con que se mire. Muchas veces me he sorprendido de la gran cantidad de información que podemos conseguir sobre los aspectos biológicos del embarazo y la reproducción en contraste con lo poco que hay disponible (y de calidad) sobre el embarazo a nivel psicológico: las emociones, el imaginario, la ansiedad y el crecimiento personal que acompaña a cada embarazo. Este es el cristal a través del cual yo miro muchas cosas –llamémoslo desviación profesional–, y que me ha motivado a escribir una serie de post sobre los efectos emocionales que tiene el embarazo en la mujer, así como también, los efectos que tienen algunas emociones de la mujer sobre el embarazo, dos cosas parecidas pero que no son lo mismo.

Empezaré esta serie hablando de las emociones durante el primer trimestre del embarazo. Hace pocos días me topé con este post de El Parto esNuestro en el que se habla del malestar durante el primer trimestre y como aliviarlo. Allí dicen: “El primer trimestre es una noria de sentimientos y emociones, subidas y bajadas de hormonas. Se producen cambios físicos y psíquicos que se nos harán más llevaderos con buena información. Hay tantas formas de vivir el embarazo como mujeres existen. No todas las mujeres tenemos las mismas molestias, ni las vivimos con la misma intensidad.  Las molestias más frecuentes son: aumento de salivación, sensación de hinchazón, sensibilidad olfativa, sangrado de encías, estreñimiento, acidez, apetito desmesurado o falta de apetito, gases, aumento de sudoración, cansancio y sueño, dolor mamario, naúseas, micción frecuente, congestión nasal, mareos y dolores de cabeza.”

¿Y en qué consiste la noria de sentimientos y emociones? Pues bien, en primer lugar, desde que recibimos un resultado positivo, las mujeres experimentamos una mezcla de emociones: alegría, miedo, júbilo, incertidumbre, impaciencia, dudas, etc. Muchas veces estos sentimientos se contradicen entre sí y se vivirán con mayor o menor intensidad dependiendo de los factores personales de cada una. Algunos de estos factores están relacionados directamente con la vivencia de la maternidad: si se es primeriza o no, si se tiene mucho tiempo intentando o, por el contrario, ha sido inesperado, si se ha tenido alguna pérdida, etc.; y otros relacionados con la personalidad y situación vital de cada mujer. Lo cierto es que hay diferentes maneras de “digerir” un embarazo y todas conllevan una serie de emociones que pueden cambiar día a día.

El cansancio, la somnolencia, las nauseas, y la sensación de fatiga, típicas del primer trimestre del embarazo, si bien son un indicador de que el cuerpo está haciendo lo que ha de hacer, pueden ser un motivo por el cual la mujer se sienta irritable y malhumorada, así como también los despistes y la falta de memoria que nos acompañan durante todo el embarazo. Por otro lado, esta misma sensación de cansancio puede menguar el deseo sexual durante el primer trimestre y, si bien los pechos adquieren unas dimensiones más atractivas, ¡por nada del mundo queremos que sean tocados!   

Estar embarazada significa un gran cambio, de hecho, es el único momento vital en que hay tantas hormonas activas y trabajando en el cuerpo de la mujer y esto, aunado a que psíquicamente estamos haciendo transformaciones intensas (aunque no seamos consciente de ellas) también nos juega algunas “malas pasadas” en nuestro estado de ánimo. Así, podemos pasar de estar contentas a sentirnos irascibles y luego estar desconsoladas por algo que conscientemente sabemos que no es tan importante. Lo mejor que podemos hacer para sobrellevar esta situación es tenerlo presente. Evidentemente eso no hará que no nos afecten las cosas pero, cuando nos hayamos calmado, puede ayudar a entender porque tanta sensibilidad repentina. También es bueno que se lo recordemos a nuestra pareja de vez en cuando, antes de que piense que se nos están fundiendo las neuronas. Una vez han pasado las primeras 15 semanas, esta labilidad emocional disminuye considerablemente.

También debemos considerar que en esta primera fase del embarazo, las mujeres tenemos dos vivencias de angustia más o menos importantes: la más conciente está asociada a los cambios que empieza a vivir nuestro cuerpo y la otra, menos conciente, es el temor de que el bebé que se gesta en nuestro interior no se esté desarrollando adecuadamente. Esta angustia frecuentemente se manifiesta a través de los sueños o de las fantasías, y muchas veces es debido a este miedo que se retrasa el dar la noticia a familiares y amigos, o se comenta “con la boca pequeña”.

El embarazo, sobre todo el primero, es un proceso trascendente y crucial en la vida de cada mujer, independientemente de la manera como lo vivencie. Se trata de una etapa que impone la necesidad de adaptarse a grandes cambios, no sólo porque el cuerpo adquiere un gran protagonismo, sino también porque es una importante experiencia emocional, cargada de mucha ambivalencia que la futura madre tiene que aprender a tolerar y manejar. Otro elemento importante es que a partir de que sabemos que estamos embarazadas, consciente o inconscientemente, se comienza un trabajo intenso en relación a la propia infancia y la propia madre, a nuestra vivencia como hijas, esto muchas veces puede resultar doloroso o desconcertante y requiere de cierto esfuerzo y trabajo personal; pero de esto hablaré más ampliamente en otra entrada.

Si estás en el primer trimestre de tu embarazo, ¡felicidades! Estas comenzando un intenso viaje, procura vivirlo al máximo y con la mayor conciencia, busca información lo antes posible, mientras más cosas sepas más libertad tendrás para escoger las opciones que más te vayan bien y, si te encuentras emocionalmente abrumada y se te hace difícil de manejar, busca alguien calificado que pueda escucharte, darte apoyo y acompañarte en el proceso. 

Bibliografia consultada:
-Beatrijs Smulders y Mariël Cronn. Embarazo Seguro. Barcelona: Medici.
– Joan Raphael – Leef. Pregnancy. The Inside Story. UK: Karnac.
-Patricia Alkolombre. Travesías del Cuerpo Femenino. Buenos Aires: Letra Viva Editorial.

Si eres madre de un bebé o estas a punto de serlo, debes haber observado con cierta sorpresa la transformación por la que han pasado tu madre y/o tu suegra, sobretodo si se trata del primer bebé que llega a la familia.

No es inusual que las abuelas pierdan la cabeza con la noticia de que un nieto está en camino. Muchas desean comprar cositas para el bebé y participar en los cambios del hogar relacionados con su llegada, quieren enterarse de cómo ha ido cada revisión médica, miran las fotos de las ecografías e incluso desde entonces empiezan a decir que “se le parece a”, se preocupan por tus hábitos alimenticios o de descanso (cuando quizás nunca antes lo habían hecho) y, con frecuencia, tu vientre abultado deja de ser parte de tu cuerpo para convertirse en “aquel sitio donde está su nieto” que ellas pueden tocar a su antojo. Son cambios que, dentro de todo, parecen razonables y positivos, no cabe duda que la llegada de un bebé genera mucha ilusión en toda la familia y convertirse en abuela también es algo importante.

Si tu relación con tu madre o tu suegra es armoniosa, cercana y afectuosa y, además de esto, tienes la confianza de hablar abiertamente con ellas sobre lo que deseas hacer y te escuchan, te apoyan y lo respetan, todo esto es fantástico.

Las dificultades aparecen cuando la relación no es tan buena y la madre, o la suegra, son vividas como mujeres que no respetan tus decisiones o deseos, que no te apoyan si haces algo distinto a lo que a ellas les parece, en fin, si sientes que no te refuerzan en tu capacidad de maternar.

Lamentablemente, este segundo escenario suele repetirse con frecuencia, y el asunto es más delicado si de quien estamos hablando es de la suegra. La explicación es obvia: por muy en desacuerdo que estés con tu madre, siempre será tu madre, os podéis pelear y enfadar muchas veces, no dejará de ser tu madre y de alguna manera conseguiréis un punto intermedio. Con las suegras la relación es más frágil y no sólo te afecta a ti, sino que también puede afectar a tu relación de pareja.

Asumir el rol de abuela también requiere de un proceso en el cual, tu madre y tu suegra han de internalizar el hecho de que no son ellas las nuevas madres sino tú; han de pasar el testigo y dejar que seas tú la que tome las decisiones con respecto a la crianza de tu bebé, estando allí por si les solicitas alguna ayuda u opinión. Para esto, han de dejar de verte niña para poder verte como madre, es decir, asumir que realmente has crecido, que no eres “su nena” (o en el caso de la suegra “su nene” porque eso te coloca a ti en el mismo nivel), sino que eres una mujer con todas las capacidades para criar adecuadamente a tus hij@s, a pesar de que puedas tomar decisiones diferentes a las suyas. Este es un proceso difícil. Socialmente está muy aceptada la creencia de que “l@s hij@s, a los ojos de sus madres, serán pequeñ@s siempre”. Por muy bonito que esto suene, es muy perjudicial debido a que dificulta que nuestros padres nos vean como adultos capaces y, en el área de la maternidad, da pie para que se infantilicen y menosprecien nuestras decisiones si son distintas a las que ellas, en su momento, tomaron.

Pero ¿cómo son las abuelas que ayudan? Pues, tal y como lo describe Laura Gutman, son las que ofrecen apoyo desde los lugares menos visibles: lavan los platos, limpian la casa, lavan la ropa, preparan una buena comida para la joven madre, le hacen compañía de un modo silencioso y pidiendo permiso. No opinan si no se les pide opinión, no se entrometen, no son ruidosas ni traen visitas innecesarias. “Simplemente están disponibles. Avalan. Ofrecen presencia. Otorgan confianza. No contradicen las intuiciones de la madre. Toman al bebé cuando la madre lo requiere. Y se hacen cargo de las tareas menos glamorosas, pero más necesarias”[1]. Si tienes una madre o una suegra así, ¡alza los brazos y da gracias al cielo! Y cuídala tu también a ella, que son ejemplares raros…

¿Y si no? Pues toca arrear con lo que se tiene, intentando sacar el mejor provecho de los aspectos positivos que tenemos todas las personas. Las abuelas que no ayudan tanto (o que no ayudan nada) son las que cuestionan nuestras decisiones referente a nuestra criatura y a la crianza que hemos escogido, son las que quieren imponer sus criterios menospreciando los tuyos, son las que cuelan visitas “para presumir”, las que llegan a casa, se sientan en el sofá y piden que le den al bebé, las que te meten miedo e inseguridades en el cuerpo, las que no confía en tu capacidad para maternar, las que comparan constantemente lo que estas haciendo con lo que ellas hicieron en su momento. Esas. ¿Qué hacemos con esas? ¡Aquí algunas ideas, si se te ocurren otras, siéntete libre de comentarlas!

· Primero, respira hondo. Es la familia que tienes y no la vas a cambiar. Repito: no la vas a cambiar. Asumir esto es tener la mitad de la tarea hecha.

· Tu pareja ha de ser tu principal aliado y protector. A tus padres los puedes encarar tu. A tus suegros… puedes, pero es menos violento si lo hace su hijo, además es lo que toca. Muchas veces los hombres están en una posición delicada: están de acuerdo con lo que tu quieres hacer con la crianza del bebé, pero no quieren contrariar o disgustar a su madre. Es el momento de que ellos también asuman su función, que asuman que ya no son “los nenes de mami” y que su lealtad principal ha de estar con su mujer y su bebé, duélale a quien le duela. Si él tiene dificultades para ponerle límites a su madre es importante que lo habléis mucho, con calma y sin enfados, pero es él quien tiene que resolverlo. Será parte de su proceso de convertirse en padre.

· Muchas veces lo que las abuelas quieren es ayudar. Deja claro en qué cosas es importante que te ayuden y agradece mucho cuando esas cosas son hechas. Eso les da un lugar, un protagonismo y un peso.

· Cuando quieras explicar porque es importante para ti que alguna cosa se haga de una determinada manera (sobretodo si se trata de algo que se sale de la crianza tradicional) explícalo desde la emoción, desde lo tranquila que te hace sentir que tu bebé sea cogido en brazos cuando llora, por ejemplo. No des información sobre las evidencias científicas, o los últimos estudios o etc., porque eso no suele hacer que las abuelas cambien de opinión. Ellas creen lo que creen, y a menos que sea una persona abierta a los cambios o interesada por estos hallazgos, toda las explicaciones que les puedas dar entraran por un oído y saldrán por el otro. No te desgastes.

· Es mucho más positivo para tod@s tener una conversación en buenos términos, antes de que te sientas desbordada. Trata de buscar un buen momento para conversar y saca el tema con neutralidad pero diciendo las cosas claramente. Si estas desbordada, es mejor esperar o delegar esta conversación a tu pareja.

· Elige bien tus batallas. Hay cosas por las que realmente vale la pena discutirse y cosas que podemos oír “como quien oye la lluvia caer”. No es positivo desgastarse por todo, te acabarán tildando de quisquillosa y todo tendrá el mismo nivel de importancia, sin prioridades. Elige bien las cosas que son realmente importantes para ti y háblalas con claridad.

· No cedas. Si se trata de algo que es fundamental para ti o tu bebé, no cedas a la presión. Es posible que te lo reproches en el futuro, o que sientas que te has traicionado o has traicionado a tu bebé.

· Cuidado con los mensajes indirectos. Algunas veces las abuelas hacen comentarios a sus nietos (hasta en un tono cariñoso) que en realidad son mensajes para la madre. Encara estos comentarios calmada pero directamente. No es bueno que tu hij@ crezca oyendo de su abuela comentarios del tipo “ay, es que como te pasas todo el día en bracitos” o “a ver cuando te veo con unos zapatitos nuevos”, por ejemplo.

· No cuestiones como lo hicieron ellas. Puede ser tentador entrar en esta dinámica, pero no lleva a nada bueno. Ellas lo hicieron lo mejor que pudieron, con los recursos y la información que tenían disponible, házselo saber siempre que sea necesario. Válida su experiencia aunque tu hayas decidido hacer algo diferente.

· Evita las comparaciones. Son odiosas.

· Aprende de las diferencias. Es posible que algunas veces encuentres en su manera distinta de hacer otros recursos que no habías contemplado y que te pueden ser útiles en algún momento dado.

· Tu bebé necesita relacionarse con sus abuelos. Son sus abuelos y es su derecho, pero los primeros meses lo que tu bebé más necesita es que intimar contigo. Para esto has de estar tranquila.

· Tod@s están aprendiendo, dales tiempo. La dinámica familiar ha cambiado y tod@s tienen que resituarse y encontrar su espacio dentro de la nueva realidad y la nueva dinámica, esto toma tiempo, se paciente. Ellas también están aprendiendo.

· Aire. Si pese a todo esto, realmente te sientes muy agobiada o invadida por la presencia de una abuela (sea tu madre o tu suegra) y no hay manera de llegar a acuerdos, deja que corra el aire, encuévate, tómate tu tiempo. Una cosa está clara: tu bebé te necesita tranquila y esto es una prioridad. Con el tiempo estas cosas quedan disculpadas (si es que hay algo que disculpar). Piensa en lo que tú y tu bebé necesitáis.

· Busca tribu. Una vez más, rodéate de mujeres que sean un referente positivo. Busca el apoyo de alguna madre experimentada pero joven que pueda ser un espejo donde mirarte y, sobretodo, busca el apoyo de aquellas mujeres que, como tú, están recorriendo el camino de la maternidad, conociendo a sus bebés y conociéndose a sí mismas, éste es el apoyo más efectivo, real y potente con el que puedes contar.

[1] Laura Gutman (2011). La Familia Ilustrada. Buenos Aires: Del Nuevo Extremo.

Llega el momento tan esperado de nuestro parto y el nacimiento de nuestro bebé… Lo celebramos con la alegría de tener a nuestra criatura en brazos. Pasan los primeros días que muchas veces se viven en una nube de confusión, maravilla y asombro procesando un montón de información y de aprendizaje a la velocidad de la luz, conociendo a ese ser tan pequeñ@ que depende enteramente de nosotras, y con  un saco de dudas sobre lo que estamos haciendo. Y, como si fuera poco, se nos instala una montaña rusa en el medio del cuerpo: las emociones del postparto.

Hablar de las emociones en el posparto no es partir de un punto cero. El posparto es la continuidad de cómo hemos vivido nuestro embarazo y, sobre todo, como fue la experiencia del parto. Si este último fue difícil, doloroso, no ha salido como esperábamos, o nos ha dejado alguna secuela física y/o psicológica, el esfuerzo a nivel emocional durante el postparto se multiplica en comparación a si el parto fue fácil y sin complicaciones y pudimos sentirnos respetadas, cuidadas y escuchadas. La razón es evidente: además de lidiar con  aprender a conocer las señales y necesidades del bebé y acostumbrarnos a una nueva dinámica, y con la instauración de la lactancia, si se ha escogido la lactancia materna, también tendremos que hacer algo al respecto de las heridas emocionales o los traumas que el parto haya podido dejar a su paso.
Muchas mujeres optan por poner a un lado todas estas vivencias, guardarlas en un cajón para hacerse cargo de ellas más adelante, otras están en tal estado de shock que se les dificulta mucho conectar con su bebé durante los primeros días y entre medio, hay toda una gama de posibilidades. Una cosa si es segura: el postparto es un profundo período de descubrimiento de nosotras mismas. La presencia del bebé y las dinámicas que se establecen en este período (que no son cuarenta días sino más bien 2 años, aproximadamente) nos muestran facetas de nosotras que ni siquiera sabíamos que existían.
El caos llega con el bebé
De forma más o menos general (porque cada díada madre-bebé vivirá un postparto único y diferente), las primeras semanas después del nacimiento del bebé son un caos, y no lo digo de forma peyorativa sino más bien literal: el orden anterior que llevábamos en nuestras vidas desaparece por completo y pasan unos cuantos días de reajuste antes de que aparezca un nuevo orden.
A menudo las mujeres tienen la sensación de que el puerperio las vuelve “un poco tontas”, “despistadas”, “distraídas”, etc. Esta sensación tiene su origen en algunos cambios que se dan a nivel cerebral: como lo que está en juego es la supervivencia de la criatura, nuestro organismo le da más relevancia a las funciones hormonales (oxitocina y prolactina) y del cerebelo (lo emocional), así todo lo que es del orden de lo racional queda disminuido, la actividad cerebral se orienta a crear vínculo afectivo, cuidado y protección. Es posible que durante los primeros días nos invadan sentimientos de tristeza o sensación de vacío, de que “esto” no era como nos lo imaginamos. Si quieres saber más sobre este aspecto del postparto, el babyblues, te recomiendo que leas este artículo.
Otro aspecto a tener en cuenta es que la llegada de un bebé provoca muchos sentimientos encontrados en la mujer: alegría, felicidad, miedo, tristeza, cansancio, necesidad de tener tiempo para cosas vitales como comer o ir al baño, sorpresa, dudas y un largo etcétera. Esto no se va con el postparto, siempre tendremos sentimientos ambivalentes para con nuestr@s hij@s, estos sentimientos forman parte de la intimidad de la relación. Nada es tan próximo como un hij@, por lo tanto, nada hay tan controvertido. Lo que ocurre es que cuando recién nos hacemos madres, no tenemos ni idea de que vamos a vivir tantas emociones intensas y encontradas a la vez, y esto nos toma por sorpresa, pero además, el bebé no suele dar tregua. Nuestro hij@ necesita atención y cuidado continuo y es lógico que nos preguntemos, ¡y más de una vez!, si siempre va a ser así y si seremos capaces de poder con esa responsabilidad.
Y es que el bebé impone a la madre la necesidad de saciar tres tipos de hambre: hambre de alimento, hambre de estímulos y hambre de afecto, con lo cual las madres nos encontramos ante la tarea de reducir las tensiones instrapsíquicas propias y de mantener cierta armonía sobre nosotras mismas, para poder mantener la armonía de la criatura. Esta es una tarea difícil y agotadora que requiere anteponer constantemente los deseos amorosos por encima de las necesidades propias.
La llegada del orden
Un nuevo orden llega más o menos alrededor de la cuarentena (ojo, éste tampoco será definitivo). Nos han dado el alta ginecológica, el bebé engorda con normalidad, le hemos pillado el tranquillo a la lactancia, a las noches, a los cambios de pañal, también hemos establecido una nueva dinámica con nuestra pareja y, algunas veces, con los demás familiares y ¿entonces qué? Es el momento de estar atentas porque podemos vivir una de las experiencias más comunes y difíciles de las madres actuales: la soledad. Muchas veces las madres tienen la sensación de encontrarse prisioneras en casa con el bebé. Salir es caótico, hay ruido, hace frío, hace calor, el humo, la ciudad en obras, las tomas prolongadas, las visitas que ayudan poco (y las que no ayudan nada), las amistades que están ocupadas en su vida (parecida a nuestra vida anterior que recordamos vagamente).  
Las mujeres puérperas no deben estar solas, preferiblemente han de estar con otras mujeres madres. Es mucho más duro asumir la crianza sin referentes que cuando se está en tribu. Afortunadamente cada vez más hay grupos de crianza a donde las madres pueden acudir con sus bebés y encontrarse con otras madres. Si estás viviendo esta situación, te recomiendo que busques un grupo cerca de casa. También hay muchísimos grupos virtuales, que aunque son de una gran utilidad por la inmediatez del mismo, tienen como negativo lo diluido e impersonal, casi anónimo, de las relaciones virtuales. Sin embargo, he visto con asombro espacios virtuales en los que las mujeres comparten preocupaciones tan íntimas, dignas de un confesionario y, al mismo tiempo he podido observar con alegría la solidaridad, apoyo y confesión a coro de las otras madres.
Sin duda, la falta de palabras que describan la labor de maternar, la poca valoración social que tiene la crianza, la rutina con el bebé, la sensación de que el tiempo se nos va y no hemos hecho “nada” en todo el día, sentir que la responsabilidad recae principalmente sobre ti (por mucho apoyo que tengas de tu pareja), el darte cuenta de que nada nos prepara para “esto”, el poco apoyo que a veces tenemos en nuestro entorno más próximo, o la presión o críticas por parte de algunos familiares por nuestro estilo de crianza, son elementos del postparto difíciles de manejar, mucha más si no tenemos alrededor otras mujeres que estén pasando por la misma situación vital que nos hagan de referente y nos den apoyo.
Lo psicológico en el postparto
Tal y como lo expresa Laura Gutman[1], el puerperio es un encuentro brutal e inevitable con las partes desconocidas de una misma. Cada una decide si asume ese encuentro o le da la espalda, ambas tienen sus consecuencias. Hay tres aspectos básicos en los que este encuentro se puedo entrever:
  • La fusión emocional madre-bebé: tras el nacimiento la madre y el bebé sufren una separación física, más no emocional. La madre se completa a sí misma en la medida en que permanece unida y fusionada a su hijo recién nacido, y el bebé necesita de esta unión llamada exterogestación, para seguir desarrollándose. En esta fusión emocional madre e hijo comparten el mismo campo emocional. Con lo cual todo lo que acontece en una, repercute en el otro. Toda vivencia vivida por la madre, feliz o traumática, el niño la vive como propia. Toda experiencia concreta, sutil, armónica o atemorizante del bebé, la madre la vive como propia, sin tener la capacidad de discernir quien es el causante original de dicha vivencia. Para que esta fusión se de necesitamos contacto: bebé en brazos, teta. Bebé en contacto corporal y emocional permanente con la madre. El principal enemigo de esta fusión es la creencia de que una debe volver a ser la antes cuanto antes!
  • La madre interior que nos habita: en la maternidad se actualiza la vivencia del momento pasado en el que vivimos la fusión del otro lado: nos fusionamos con la vivencia del bebé que hemos sido. Esta vivencia absolutamente sorprendente y desconcertante genera muchas movidas que requieren de todo un proceso de reflexión y elaboración y que pasa por reconocer nuestras heridas y carencias infantiles, proceso que muchas veces puede ser difícil.
  • La depresión postparto: aquí hay que hacer distinciones. Hay muchas mujeres a las que se les diagnostica depresión postparto, se las medica, se corta la lactancia y en realidad se ha hecho un diagnóstico erróneo. Tener un bajón emocional, sentirse triste o incluso desesperada, tener algún pensamiento de que no se está haciendo la cosa bien o algún sentimiento ambivalente hacia el bebé, sentirse desconcertada y un poco “estafada”, querer llorar o estar de mal humor no es una depresión postparto. Es parte del transito de los primeros días. Tampoco quiere decir que sea normal, quizás es un indicador de que contamos con pocos apoyos y requiere replantearse algunas cosas y buscar las ayudas necesarias antes de que el asunto vaya a más.
  • Para que se de una depresión postparto real se necesita una fragilidad emocional durante el embarazo, la vivencia de un parto maltratado y desprotección emocional después del parto. Pero sobretodo, necesita que sea bien diagnosticada (por un psiquiatra o psicólogo clínico competente) y tratada. Sus síntomas son: llanto, irritabilidad, sentimientos excesivos de culpa, trastornos de sueño y apetito, problemas de concentración y aislamiento social. Conlleva una pérdida de interés o indiferencia hacia el bebé, o actitudes intrusivas u hostiles hacia éste. También puede ir acompañada de síntomas hipocondríacos, somatizaciones, temores y fantasías de dañarse a sí misma o al bebé. Estos síntomas han de estar presentes durante un mínimo de 3 meses para hacer un diagnóstico seguro. Por otro lado, si es necesario medicación para aliviar los síntomas, es importante tener en cuenta que LOS ANTIDEPRESIVOS SON COMPATIBLES CON LA LACTANCIA. La depresión postparto es una oportunidad que nos da nuestra psique cuando necesita sanar experiencias y vivencias anteriores al nacimiento de nuestro bebé y que no necesariamente están ligadas a la maternidad, requiere de psicoterapia y un trabajo de indagación interior.

 


[1] La Maternidad y el encuentro con la propia sombra.