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Pañales

Cada año, a medida que se va acercando el buen tiempo, las madres de niñ@s entre 2 y 3 años comienzan a preocuparse y compartir ideas y estrategias alrededor de una situación: ¡quitar el pañal! Esto se repite como una suerte de dejà vu: las madres cuyos hij@s comenzarán a ir a P3 se inquietan ante la incertidumbre de si su hij@ logrará o no el control de esfínteres durante el verano.
Movida por el tema, y ya que es lo que muchas madres hacen cuando buscan información, decidí investigar qué cosas salían en Internet sobre el abandono del pañal. Lamentablemente no fue una sorpresa lo que me encontré, y es que la mayoría de las páginas web dan consejos a diestro y siniestro sobre como “adiestrar” o “entrenar” a las criaturas para que dejen los pañales, esto va desde técnicas tan absurdas y terriblemente irrespetuosas como “tips para quitar el pañal en tres días o menos”, a recomendaciones un poco más moderadas como las que aparecen aquí
La cuestión de quitar el pañal en verano es netamente práctico; es para comodidad del adulto: se lleva menos ropa o el niñ@ puede ir directamente desnud@. El peligro de esto es que se convierte en un cajón de sastre en el que entran todos los niñ@s, desde los que tienen un año hasta los que tienen 3, indistintamente de si están preparados o no para ello.
Evidentemente aquí, como en todo, hay matices. Muchas madres quitan el pañal a sus bebés aprovechando el buen tiempo para que éstos estén más libres o fresc@s sin tener la intención de que la consecuencia de dicho acto sea el control de esfínteres. Vale, perfecto, pero el problema es cuando tenemos la expectativa de que sea así sí o sí, es decir, sin realmente observar o considerar si el niñ@ está preparado en distintos aspectos para este cambio.
El único artículo que encontré, a mi parecer, respetuoso y considerado para con las criaturas fue uno de la gente de Crianza Natural, lo podeís consultar aquí. No sólo hace un planteamiento sensato (“El control de esfínteres no se aprende. Se adquiere cuando el niño está maduro para ello. Caminar, hablar, comer, son funciones que se adquieren cuando los niños están lo suficientemente maduros. Son adquisiciones paulatinas, lentas, que a veces llevan mucho tiempo.”), sino que además es gentil para con los niñ@s mostrando que dejar los pañales debería  ser un proceso en el que ell@s tienen que estar involucrad@s pero no desde la manipulación del adulto o el premio de los entrenamientos, sino desde una participación decidida y concensuada, sabiendo que no es un camino lineal, que hay idas y venidas, que no implican “retrocesos”, y que lo principal y más importante –como en todo- es que el niñ@ se sienta respetad@ y emocionalmente acompañad@ por el adulto.
Una última reflexión que quiero hacer hace referencia al sistema escolar: en muchas escuelas cuando se hacen jornadas de puertas abiertas para entrar a P3 se dice que, como norma, las criaturas han de venir sin pañal, que los padres pueden llevarles tantas ropas de recambio como les parezca necesaria, pero que tod@s los niñ@s han de ir “iguales” (palabras textuales de un director de una escuela pública al que escuché en una de esas jornadas). ¿Hay acaso algún niño igual a otro? Pero más allá de esto, hablamos de que en el momento de comenzar el calendario escolar, el curso de P3 reunirá a un grupo de niños en el que pueden haber algunos que aún no habrán cumplido los 3 años, y otr@s que pronto cumplirán los 4. Las diferencias a nivel madurativo se observaran a distancia y, evidentemente, los que han nacido en la segunda mitad del año lo tienen más difícil.
Ahora bien, ¿dónde está escrito que los niñ@s de P3 han de ir sin pañal? En realidad no es una norma que aparezca en la legislación educativa y no le pueden negar la plaza o la entrada a un niñ@ a la escuela porque lleve pañal, entonces ¿por qué las madres lo aceptamos si-o-si antes de comenzar el curso escolar?  La respuesta me parece sencilla: por temor a que su hij@ sea estigmatizad@ o irrespetad@ de alguna manera por un proceso madurativo involuntario.
Muchas madres saben que su hij@ no está listo para dejar los pañales y fuerzan un poco la cosa porque no quieren que el niñ@ pase por una situación vergonzosa en la escuela. Esto es absolutamente comprensible, pero ¿no estaría mejor quejarse de esta norma tan absurda?, ¿no sería mejor buscar espacios de diálogo para que las escuelas se adapten a la realidad infantil y no al revés? Si sólo una madre se queja es posible que consiga poco, pero si muchas nos quejamos y exigimos un cambio, las cosas pueden ser diferentes. Las madres y los padres somos poderos@s y conseguimos cosas cuando nos lo proponemos, estoy absolutamente convencida de esto, así como también de que las normas han de ser construidas en convivencia y no impuestas por un sistema que detenta poder. Las escuelas tienen que ser capaces de respetar y empatizar con la realidad vital de las criaturas que acogen, desde los más pequeñ@s en adelante, y nosotr@s como padres somos los responsables de exigir ese respeto.