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Hello again, Music Together.

posted by Iliana Paris julio 5, 2016 0 comentarios

La maternidad está llena de segundas oportunidades, de eso no me cabe la menor duda. He sido testigo y he vivido por mi misma como nuestros/as hijos/as nos colocan, una y otra vez, ante la posibilidad de rectificar, de hacerlo mejor y, por supuesto, de vivir nuevas-viejas experiencias.

Este es un post poco usual en mi blog, no pretendo hablar directamente sobre algún aspecto psicológico de la maternidad o de la crianza, sino contar nuestra experiencia con un programa de educación musical para la primera infancia (de 0 a 5 años) llamado Music Together.

Todos los niños son musicales. Y los adultos también! Es una frase del Music Together que me encanta, no sólo porque es cierta, sino porque además los adultos tenemos la tendencia a desconectarnos de nuestra musicalidad y, de una cierta manera, a perder parte de nuestra alegría. Pues bien, Music Together invita –a través del acompañamiento a nuestros hijos/as–, a reconectarnos con esa alegría.

¿Y qué tiene que ver Music Together conmigo?

En septiembre del 2012, una madre con la que coincidía en diversas actividades y grupos de crianza me habló de una sesión de prueba gratuita para unas clases de música para niños que se hacían en el Teatre Porta4, al lado de la plaza de la Virreina, en Gracia. Había que llamar al teléfono de un tal Piero y reservar plaza. Yo, madre primeriza que en ese momento, no trabajaba y que quería ofrecer a mi hijo de 9 meses todo un abanico de experiencias enriquecedoras en las que, además, estuviera en contacto con otros/as niños/as sin dejar de tener la seguridad de mi compañía, me apunté al carro enseguida. Jamás sospeché que el Music Together iba a estar tan presente en la crianza de mis hijos.

Al llegar a Porta4 nos recibió Piero, un italiano peculiar, casi siempre despeinado y bastante despistado que despertaba una cierta sospecha. Nos dio un conjunto de instrucciones y nos hizo pasar a un “cuadrilátero” de moqueta donde se realizaba la actividad. Nos sentamos en círculo en el suelo, cada madre o padre con su hijo/a y Piero con su guitarra, y entonces dijo “lo más importante del Music Together es la participación de los adultos” y ahí ya pensé que esto era bastante raro pero, un instante después, Piero empezó a cantar la canción de bienvenida “Hello, everybody” y fue como si empezara a hacer magia: todos los niños/as se quedaron absolutamente maravillados, no sólo porque la canción es bonita y molona, sino porque además Piero conduce las sesiones desde el más absoluto cariño y como si fuera un niño más, sin serlo. Sus habilidades con los niños/as son simplemente envidiables, a lo largo de 4 años he visto a Piero deshacer peleas o tensiones entre niños/as, suavizar pataletas de algún nene que estaba teniendo un mal día, transformar lágrimas en risas, e integrar al niño/a más tímido/a del grupo haciéndole participar… todo esto de la manera más desenfadada e improvisando.

Empecé a asistir al Music Together cuando mi hijo I. tenía 9 meses, asistimos durante 3 años consecutivos (que es el tiempo que dura todo el programa ya que está dividido en 9 trimestres con 9 libros y cds con canciones diferentes; las únicas canciones que se repiten en todos los cds son las de inicio y final). I. creció (y sigue creciendo) literalmente cantando las canciones de Music Together, y a medida que se iba desarrollando y sus habilidades iban madurando, pude vivenciar las bondades del programa. De todas las actividades que he realizado con mis hijos, si tuviera que recomendar sólo una, sin duda sería ésta.

Aquí estamos I. y yo en su segundo curso

Cuando tenía alrededor de dos añitos comenzó a jugar en casa a que él era Piero, tocando una guitarra que tenemos por casa, nos sentábamos en el suelo y reproducíamos la escena de la canción inicial; además hasta aproximadamente los 3 años y medio fue muy fan de los trenes, cosa muy usual en niños pequeños y de lo cual Music Together es muy conciente pues en cada cd hay una o dos canciones que van de trenes. De más está decir que éstas casi siempre eran las preferidas.

El último curso lo hicimos en la primavera del 2015, I. ya tenía 3 años y medio y a veces me daba la sensación de que prefería estar haciendo otras cosas pero bueno, yo estaba embaraza de G. y me despedí del programa con la convicción de que volvería cuando G. tuviera la edad adecuada; sin embargo, me dio un poquito de pena acabar esa etapa con I., era como si con el cierre del Music Together quedara atrás su infancia más tierna, su etapa de bebé y todos esos momentos compartidos.

Este verano, un año después, creí que era el momento de que G. comenzara el Music Together, al estar I. de vacaciones decidí que viniera con nosotros, por un lado pensé que a lo mejor se aburriría un poquillo porque habrían sólo niños pequeños, pero a la vez pensé que le haría ilusión volver a ver a Piero.

Durante la semana íbamos conversando de que volveríamos al Music Together y para mi sorpresa, a pesar de que no ha olvidado las canciones, no recordaba mucho de qué iba la cosa. Nada más llegar a Porta4, escondiéndose detrás de mi brazo, me dijo casi como si fuera un secreto: “mama, no me acuerdo de Piero”, En ese momento sentí una mezcla entre ternura y desconcierto; hoy, escribiendo estas líneas, lo puedo entender perfectamente: ha sido un año muy intenso para nuestra familia, el año en el que nació su hermano con todas las transformaciones que eso ha implicado a nivel familiar, pero también él como individuo ha tenido un año muy enriquecedor y lleno de experiencias que le han hecho crecer mucho.

En fin, escuchamos las instrucciones que Piero daba a los nuevos padres, entramos al cuadrilátero en el que ya I. comenzaba a sentirse cómodo, y poco después Piero empezaba con su mágico “Hello, everybody” y yo allí, viendo las caras de mis dos hijos, viviendo esta segunda oportunidad a través de mi segunda maternidad, viendo a mi bebé boquiabierto y lleno de sorpresa, y a mi niño boquiabierto y lleno de recuerdos… No sé quien de los tres disfrutó más de nuestra primera clase de verano, pero desde que hemos vuelto al Music Together su música vuelve a sonar en mi casa cada día y tengo a un niño que baila y canta lleno de alegría y a un bebé que se ríe y abre mucho los ojos con cada melodía, con cada gesto, con cada movimiento.

Gracias Music Together por darme la excusa para conectarme de nuevo con la música que hay en mí, gracias por su excelente programa. Gracias Piero por tu toque particular con los/as niños/as. Y, sobretodo, ¡gracias I. y G. por permitirme ser testigo, nuevamente, de las maravillas que se suceden cuando los niños/as aprenden jugando y pasándoselo muy, pero que muy bien!

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Echo de menos a mi marido

posted by Iliana Paris abril 9, 2016 4 comentarios

No voy a negarlo. Echo de menos a mi marido, y mucho.

Echo de menos el calor de su cuerpo desnudo a mi lado por las noches. Hace más de cuatro años que somos padres y dado que había que levantarse más de una vez, lo práctico era dormir vestidos. Además, desde que tenemos dos hijos, a menudo ni siquiera dormimos juntos sino que él está con el mayor y yo con el bebé.

Echo de menos el sexo sin horario, sin mesura, sin limitaciones. Dar vueltas en nuestra cama de metro ochenta que hace tiempo que dejó de ser sólo nuestra. Poder amarnos en el momento que nos plazca: un domingo por la mañana o en una noche lluviosa, sin monitores que mirar y sobre todo, aquellas conversaciones post coito, esos momentos en los que aún enredados el uno en el otro planificábamos cómo creíamos que iba a ser nuestra vida.

Echo de menos las escapadas de fin de semana en moto a pueblitos remotos… excusas que uno ponía para amarse sin pretexto y con desparpajo. Ahora nuestras escapadas de fin de semana son a un camping familiar, la moto la hemos cambiado por un monovolumen, y no me malinterpretéis, nos la pasamos pipa pero claro, os lo podéis imaginar, no es exactamente lo mismo.

Echo de menos las salidas por la noche sin más planificación que la que marcaba el deseo: las idas al cine, a cenar, a un concierto, a bailar… ir caminando tomados de la mano, a paso de despreocupación, de quien sabe que en casa sólo nos espera el gato. Echo de menos las conversaciones adultas y sin la constante interrupción de la curiosidad infantil. En fin… echo de menos a mi marido

Pero también he de confesaros, estoy enamorada “hasta las trancas” del padre de mis hijos. Su dedicación paciente y entregada, la gallardía con la que se hace cargo de la familia permitiéndome el tiempo, el espacio y la despreocupación necesaria para criar. La madurez con la que puede postergar su deseo y sus necesidades porque estoy cansada o porque “esta noche el niño está tosiendo, quizás convenga dormir pronto”. Me enamora lo tranquila que me deja al hacerse cargo de nuestro hijo mayor, acompañarlo por las noches, llevarlo a hacer pipí las veces que haga falta, detectarle la fiebre sólo con un beso, cuidarlo cuando está enfermo, ser la cara de la familia ante la escuela, para que yo pueda estar entregada a las demandas del bebé.

Soy afortunada, el padre de mis hijos es un hombre capaz de sostenerme emocionalmente. Es un hombre que sabe que para que yo pueda maternar él ha de ser el pilar, lo es, y lo asume. A veces se agobia, se queja de que no tiene tiempo para nada más (y es verdad), que está entregado de lleno entre el trabajo y la familia (y es cierto), pero al día siguiente vuelve a hacer las mismas elecciones porque sabe que nuestro proyecto de crianza es lo más importante. Y no creáis que todo es color de rosa, no, con el padre de mis hijos he tenido las discusiones más intensas y las negociaciones más feroces para llegar a un “proyecto de crianza conjunto” y me gusta, me gusta que me cuestione y que vea las cosas desde una perspectiva de padre, de hombre, porque se implica y le importa la crianza y el futuro de nuestros hijos, quiere decir y dice la suya. Sería mucho más “cómodo” simplemente seguir la corriente de lo que yo diga, pero él no se conforma. Nunca lo ha hecho. Él me cuestiona, señala mis puntos ciegos y me empuja a ser mejor. Él ha asumido su rol de Padre, así con mayúscula, y desde allí calibra constantemente, haciendo equilibrios entre el “poner el límite” y la complicidad paterna.

Si lo conocierais, el padre de mis hijos es un hombre serio y formal pero a veces, cuando va de papá es capaz de hacer las tonterías más divertidas y los juegos más disparatados para que todos riamos y disfrutemos.

En fin, se ve, echo de menos a mi marido, y mucho, pero sólo el padre de mis hijos puede hacerme sentir hermosa y deseable aunque lleve ojeras hasta el cuello y tenga puesto el mismo pijama desde hace tres días. A fin de cuentas, el tiempo para querernos sin prisas y cuando las ganas hiervan, con todo lo que ello implica (las cenas, las caminatas, las escapadas) volverá, aún nos queda, pero volverá, y entonces viviremos con la satisfacción de haber hecho bien el mejor trabajo de nuestras vidas, de haber acompañado a estas dos personitas tan importantes a devenir adultos y ser humanos, y de haber crecido juntos en el proceso.