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Echo de menos a mi marido

publicado por Iliana Paris abril 9, 2016 4 comentarios

No voy a negarlo. Echo de menos a mi marido, y mucho.

Echo de menos el calor de su cuerpo desnudo a mi lado por las noches. Hace más de cuatro años que somos padres y dado que había que levantarse más de una vez, lo práctico era dormir vestidos. Además, desde que tenemos dos hijos, a menudo ni siquiera dormimos juntos sino que él está con el mayor y yo con el bebé.

Echo de menos el sexo sin horario, sin mesura, sin limitaciones. Dar vueltas en nuestra cama de metro ochenta que hace tiempo que dejó de ser sólo nuestra. Poder amarnos en el momento que nos plazca: un domingo por la mañana o en una noche lluviosa, sin monitores que mirar y sobre todo, aquellas conversaciones post coito, esos momentos en los que aún enredados el uno en el otro planificábamos cómo creíamos que iba a ser nuestra vida.

Echo de menos las escapadas de fin de semana en moto a pueblitos remotos… excusas que uno ponía para amarse sin pretexto y con desparpajo. Ahora nuestras escapadas de fin de semana son a un camping familiar, la moto la hemos cambiado por un monovolumen, y no me malinterpretéis, nos la pasamos pipa pero claro, os lo podéis imaginar, no es exactamente lo mismo.

Echo de menos las salidas por la noche sin más planificación que la que marcaba el deseo: las idas al cine, a cenar, a un concierto, a bailar… ir caminando tomados de la mano, a paso de despreocupación, de quien sabe que en casa sólo nos espera el gato. Echo de menos las conversaciones adultas y sin la constante interrupción de la curiosidad infantil. En fin… echo de menos a mi marido

Pero también he de confesaros, estoy enamorada “hasta las trancas” del padre de mis hijos. Su dedicación paciente y entregada, la gallardía con la que se hace cargo de la familia permitiéndome el tiempo, el espacio y la despreocupación necesaria para criar. La madurez con la que puede postergar su deseo y sus necesidades porque estoy cansada o porque “esta noche el niño está tosiendo, quizás convenga dormir pronto”. Me enamora lo tranquila que me deja al hacerse cargo de nuestro hijo mayor, acompañarlo por las noches, llevarlo a hacer pipí las veces que haga falta, detectarle la fiebre sólo con un beso, cuidarlo cuando está enfermo, ser la cara de la familia ante la escuela, para que yo pueda estar entregada a las demandas del bebé.

Soy afortunada, el padre de mis hijos es un hombre capaz de sostenerme emocionalmente. Es un hombre que sabe que para que yo pueda maternar él ha de ser el pilar, lo es, y lo asume. A veces se agobia, se queja de que no tiene tiempo para nada más (y es verdad), que está entregado de lleno entre el trabajo y la familia (y es cierto), pero al día siguiente vuelve a hacer las mismas elecciones porque sabe que nuestro proyecto de crianza es lo más importante. Y no creáis que todo es color de rosa, no, con el padre de mis hijos he tenido las discusiones más intensas y las negociaciones más feroces para llegar a un “proyecto de crianza conjunto” y me gusta, me gusta que me cuestione y que vea las cosas desde una perspectiva de padre, de hombre, porque se implica y le importa la crianza y el futuro de nuestros hijos, quiere decir y dice la suya. Sería mucho más “cómodo” simplemente seguir la corriente de lo que yo diga, pero él no se conforma. Nunca lo ha hecho. Él me cuestiona, señala mis puntos ciegos y me empuja a ser mejor. Él ha asumido su rol de Padre, así con mayúscula, y desde allí calibra constantemente, haciendo equilibrios entre el “poner el límite” y la complicidad paterna.

Si lo conocierais, el padre de mis hijos es un hombre serio y formal pero a veces, cuando va de papá es capaz de hacer las tonterías más divertidas y los juegos más disparatados para que todos riamos y disfrutemos.

En fin, se ve, echo de menos a mi marido, y mucho, pero sólo el padre de mis hijos puede hacerme sentir hermosa y deseable aunque lleve ojeras hasta el cuello y tenga puesto el mismo pijama desde hace tres días. A fin de cuentas, el tiempo para querernos sin prisas y cuando las ganas hiervan, con todo lo que ello implica (las cenas, las caminatas, las escapadas) volverá, aún nos queda, pero volverá, y entonces viviremos con la satisfacción de haber hecho bien el mejor trabajo de nuestras vidas, de haber acompañado a estas dos personitas tan importantes a devenir adultos y ser humanos, y de haber crecido juntos en el proceso.

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4 comentarios

unamicamesijaesta noviembre 7, 2016 at 3:24 pm

Es la primera vez que entro en tu blog. Acabo de ver que alguien ha compartido tu entrada en FAcebook y me he animado a entrar rápidamente. Me encanta cómo has descrito como te sientes. Tengo 3 niñas, la mayor de 4 años, la menor de casi 1 año. A parte, nos gusta mimar a nuestra familia y eso requiere de mucho esfuerzo como bien has contado. Estoy muy de acuerdo contigo. Felicidades por el blog. Nos continuamos viendo 😉

Iliana Paris noviembre 7, 2016 at 8:55 pm

Muchas gracias por tu comentario! Por aquí estamos para lo que necesites!

Fermatrix noviembre 10, 2016 at 2:29 am

Me envío al WhatsApp el link de tu artículo mi mujer (algo poco habitual en ella). Me ha gustado mucho leerte.

Iliana Paris noviembre 10, 2016 at 9:02 pm

Muchas gracias!

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