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La Importancia de la Tribu

publicado por Iliana Paris junio 4, 2018 0 comentarios

Palabras de Bienvenida para l “I Trobada Mama Llum”, celebrada de 01 al 03 de junio, 2018.

 Buenos días a tod@s. Bienvenid@s ¡Qué alegría que estemos tod@s aquí! He hecho un pequeño escrito porque no quiero dejarme nada en el tintero, y va en castellano porque es cómo me expreso mejor.

Voy a comenzar estas palabras de bienvenida con una confesión: si alguien me hubiese dicho que el grupo de facebook que yo estaba creando en el ordenador de mi casa hace exactamente 4 años, el 01 de junio del 2014, iba a llegar a ser tan potente como lo es ahora, no me lo habría creído. Mama Llum para mi ha sido, ante todo, una materialización diária, una prueba constante de la fuerza, la solidaridad y la sororidad que se puede crear entre las mujeres. Este grupo, virtual, ha cambiado la vida y la maternidad de muchas mujeres de maneras insospechadas. Es un grupo poderoso, y muchas veces no somos conscientes de ello.

Mama Llum también ha sido una escuela, porque así como he visto y veo a diário esa cara potente y solidaria, el grupo también me muestra y me recuerda, constantemente, lo mal que lo podemos pasar las mujeres durante la maternidad cuando no estamos acompañadas, cuando el peso de la crianza y de las responsabilidades del hogar recaen sólo sobre una, cuando se arrastran heridas de partos terribles, de lactancias rotas o de hij@s no nacidos, cuando carecemos de referentes que nos digan “lo estás haciendo muy bien”, sino todo lo contrario, cuando la realidad económica y social no nos permite tener la conciliación que realmente nos merecemos, etc. Esa otra realidad que también me enseña el grupo me ha permitido valorar mucho lo que tengo, mi familia, mi marido, y al mismo tiempo me ha invitado a asumir un compromiso vital, a abogar desde mi quehacer profesional para que todas las mujeres podamos tener la maternidad que queremos y nos merecemos, para que podamos transitar por ella con más optimismo y alegría, y menos pesadumbre y angustias, para que podamos tener espacios protegidos, respetuosos y libres de juicios en donde expresar lo que la maternidad nos hace sentir. Esto se ha convertido en la brújula que guía mi trabajo.

Ahora –la Trobada-.

Materializar un encuentro de Mama Llum, como éste, para mi ha sido un regalo y un trabajón. Primero he de decir que estoy inmensamente agradecida con las ponentes que han venido aquí hoy, todas ellas han mirado este encuentro con el mismo entusiamo que yo, y nos regalan su tiempo, su saber y su experiencia sin obtener ningún tipo de remuneración económica a cambio, guiadas por el deseo de hacer tribu y de compartir. A todas: Marta Melendez, Noelia Prieto, Roser Pont, Tania García, Lupe García, Judit Guiraldo y Judit Martín, muchas gracias, de tot cor. Y también gracias a Nuria Mas, Lorena Otero y su Yuguen BCN y a Laura Salvado (DJ Luna) por regalarnos momentos de diversión, ¡que también son necesarios!

La segunda cosa maravillosa de este encuentro para mí es el lugar donde lo estamos haciendo: El Ecocamp Vinyols. Y os voy a decir algo que sólo he contado a mi marido. Este camping, en muchos sentidos me hace “volver a casa”. Como algunas sabeís soy venezolana. Viví mi infancia en una ciudad pequeña, bastante rural, rodeada de campos y llanuras. Mi padre tenía unas tierras y allí crecí rodeada de vacas, caballos, patos, gallinas, ranas, murciélagos y toda clase de bichos, árboles frutales de los cuales colgarme y que me regalaban sus frutos, y la libertad que sólo un espacio así puede darle a una niña. Era algo que deseaba ferbientemente poder darle a mis hijos. Cuando descubrimos este camping, mi hijo mayor, que en aquel momento era el único, tenía año y medio, y desde entonces quedamos prendados. Hemos visitado otros sitios pero ni la montaña, ni la costa me hablan tanto como Vinyols y es que, para alguien que emigró encontrar un lugar que no le es extranjero, un lugar en el que la geografía le hable de su propia infancia, es algo muy raro. Encontrarnos todas nosotras aquí, en este sitio que me huele a infancia, es para mi otro regalo.

Os pido, encarecidamente por esto y porque así ha de ser, que cuideis mucho este lugar. Me consta que quienes lo llevan hacen grandes esfuerzo por cuidar de él y por tratar a todo lo que aquí se mueve con el máximo cariño y respeto. Muchas de las familias que en general visitan este camping suelen tener una tendecia hacia la crianza respetuosa, sin embargo muchas veces también he vivido con auténtica perplejidad situaciones en las que pa/madres que tratan a sus hijos con respeto, permiten que estos se comporten de manera irrespetuosa con el ambiente que les rodean. La educación se resiente con las incoherencias, inconsistencias y las faltas en ser consecuentes. De lo primero que tenemos que enseñar a nuestros hijos es el respeto hacia los seres que conviven con nosotros, llamémoslo animales, árboles, otros niños, otras personas, la madre Tierra, o lo que queraís. Los animales aquí son muy dóciles, pero eso no quiere decir que no se estresen o lo pasen mal, por favor, enseñad a vuestros peques a tratarlos con respeto. Respeto a uno mismo y al otro, no puede haber una cosa sin la otra.

Y ahora, enlazando con las tres ideas de las que os he hablado: la potencia del grupo, la generosidad de las personas que nos acompañan, y el lugar en el que nos encontramos, quiero hablaros, muy brevemente, de una tribu africana que también ha marcado y ha inspirado mi vida. Los Yorubas

Los Yoruba (yorùbá según su propia ortografía) son un grupo etnolingüístico muy antiguo con una cultura muy interesante que viven al suroeste de Nigeria. Su visión del mundo dista bastante de la de cualquier cultura occidental, pero considero que nos puede ser útil y, en este sentido, me es preciso destacar tres palabras suyas que nos permiten entrever cómo conciben ellos la crianza. La primera es Ilé ¿Os imagináis que el castellano o el catalán tuvieran una sola palabra que condensara tres conceptos a veces tan disociados en nuestras mentes modernas como lo son la Tierra, el hogar y la familia?

Ilé quiere decir en yoruba: Tierra, casa y familia. No son conceptos diferentes para ellos sino variaciones de una misma cuestión. La Tierra como el hogar primigenio de la humanidad, la casa como el lugar en la Tierra que hemos construido para refugiarnos, y la familia como nuestro refugio emocional en el cual crecemos. Y, cuando los yorubas hablan de familia no se refieren a su “familia nuclear”, o no sólo. Un Ilé es un clan, hace referencia a un grupo de personas que comparten el mismo linaje –sanguíneo y/o espiritual- con jerarquías y funciones delimitadas.

Las otras dos palabras de las que os quiero hablar se relacionan entre sí. Iya y Baba. Dentro de la tribu yoruba, si una mujer es lo suficientemente mayor como para ser mi madre, tendría que llamarla Iya, lo que significa madre. Si un hombre es lo suficientemente mayor como para ser mi padre, tendría que llamarlo Baba, lo que significa padre. Cada niño yoruba sabe quienes son sus m(p)adres biológicos, sin embargo la palabra padre o madre la utilizan indistintamente para cualquier adulto y en este sentido, todos los adultos a su alrededor se convierten en alguien significativo, carismático, en un referente. Y, al mismo tiempo, todos los niños son “hijos de todos”.

Dentro de organizaciones sociales como éstas (los yoruba no son los únicos) es casi imposible encontrar m(p)adres agobiados por las dificultades de la crianza, no existen problemas de lactancia, el cólico del lactante es no sólo desconocido sino inexistente, las mujeres no se deprimen durante el embarazo o el postparto porque nunca están solas o faltas de apoyo, los niños pequeños rápidamente entran en la socialización a través del ejemplo de los niños mayores, y las dificultades que tenemos nosotros, los occidentales, para criar no lo son en la medida en que se cuenta con un grupo y es la tribu entera la que cría.

¿Y porqué estoy hablado de esto? Mi intención no es hacer una apología romántica de las organizaciones sociales aborígenes ni mucho menos, sino más bien transmitir una imagen: criar no sólo puede ser fácil, sino una tarea gozosa cuando se hace en compañía, con apoyos, con referentes, protegidos, etc.

En este sentido Carolina de Olmo nos dice que si los p(m)adres aprendemos a señalar lo que falla iremos avanzando en algo y, al menos dejaremos de colocar la culpa sobre las criaturas. “El problema no son nuestros hijos, pero tampoco somos nosotros. El problema es una sociedad cuyas exigencias son radicalmente incompatibles con las necesidades de los bebés y también con las de quienes cuidan de ellos.”[1] Se debe tener en cuenta la vulnerabilidad de los niños, sin desmerecer la vulnerabilidad de los m(p)adres y el peso excesivo que recae sobre sus espaldas.

La organización social en la que vivimos no la vamos a cambiar, las redes sociales reales –físicas y palpables- que existían hace relativamente poco se han desvanecido: las personas del pueblo, la familia extendida, los vecinos… hemos ido perdiendo el Ilé que otrora tuvimos y los tres momentos en los que se hace más notorio son precisamente cuando la fragilidad nos golpea: en la enfermedad, en la vejez, y en la crianza.

Todas las madres con niños pequeños necesitamos sostén, acompañamiento, solidaridad, compresión y resguardo, y como no tenemos tribu, todas estas peticiones se suelen colocar en nuestra pareja, el padre (u otra madre) de la criatura, y pretendemos habitualmente que una sola persona nos provea de aquello de lo que sólo nos puede proveer un grupo entero, con esto ya pueden comenzar a aparecer los desencuentros en la pareja…

¿Y qué podemos hacer? Primero entender que el cuidado materno exclusivo rara vez ha sido una opción en cualquier fase de la historia humana, precisamente porque criar en soledad acaba convirtiéndose en una tarea titánica.

No debemos subestimar la mella que puede hacer en nosotras, como mujeres, como madres y como parejas, el sentirnos sin referentes fiables, con dudas sobre lo que tenemos que hacer y lo que no, con el cuerpo adolorido por el cansancio y la soledad de estar criando dentro de cuatro paredes. ¿Qué nos sentimos felices con nuestra criatura? ¡Claro!, pero nadie nos explica la soledad y el hastío que se puede sentir por la rutina de hacerse cargo de un niñ@ pequeñ@.

Los valores de la sociedad actual, en macro, no sé si los podremos cambiar, pero sí que podemos hacer cosas para cambiar nuestro entorno inmediato. Mi recomendación es que busquemos tribu, que hagamos red. Hoy en día tenemos la posibildad de acceder a tribus virtuales, el Mama Llum a fin de cuentas no es más que una de tantas, que tienen la grandísima ventaja de la inmediatez de las respuestas, pero donde los vínculos se diluyen como consecuencia del anonimato, generando a veces respuestas poco asertivas. Las tribus 2.0 son un gran apoyo, pero si además las usamos para lo que estamos haciendo este fin de semana: ponernos cara y oir nuestras voces, su potencia se cuadriplica. La tribu física siempre será más potente porque nos puede proporcionar descargas más reales, así que aprovechad este fin de semana a tope, no sólo escuchando las charlas y talleres que tan amorosamente os hemos preparado, sino también conociendoos, compartiendo, buscando puntos de encuentro y saliendo de aquí con más amig@s en el bolsillo. Enlazando con esto, quiero hacer un apunte-comentario a los padres y parejas: sin vosotros no podemos, pero vosotros también necesitáis buscar vuestros espacios de conversación, hacer tribu masculina, abriros a compartir aquello que os inquieta, dejar de llevar las preocupaciones en solitario. Es una tarea pendiente que tenéis…

Por último quiero aprovechar para dedicar este encuentro a un chico muy especial en mi vida, mi hijo mayor, Ismael. Hace 6 años y medio, Ismael llegó a casa para cambiar por completo nuestras vidas y nuestras prioridades. Nos ha hecho crecer, nos ha llevado al límite de nuestras posibilidades para descubrir nuevas fortalezas. Ismael (y también Gabriel) es mi gran maestro. Sin él no habría empezado Mama Llum. Y en el mismo sentido, este encuentro también va por tod@s vuestr@s hij@s, sin ell@s vosotras no estaríais aquí ahora, y sin vosotras tampoco existiría Mama Llum. Así que esta trobada va por nosotras, porque nos la merecemos, y por ellos, nuestros pequeñ@s- grandes maestr@s.

Iliana París

Ecocamp Vinyols. Vinyols i els Arcs, 02 de junio de 2018.

 

[1] Del Olmo, C. (2013). ¿Dónde está mi Tribu? Maternidad y Crianza en una sociedad individualista. Madrid: Clave Intelectual, p. 53

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