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Acompañamiento

Aunque parezca difícil de creer, el nacimiento de un hij@, por muy desead@ y buscad@ que haya sido, es una de las principales causas de crisis, e incluso de ruptura, de la pareja. El mayor porcentaje de separaciones matrimoniales se produce cuando alguna de las criaturas no llega aún a los 3 años de edad. ¿Porqué?

Habitualmente cuando esperamos a nuestro primer hij@, fantaseamos sobre cómo va a ser nuestra vida cuando seamos m(p)adres. Las expectativas empiezan a aparecer desde el mismo momento que tenemos la confirmación médica de que todo marcha bien. Seguidamente, vienen los miedos y las inseguridades de si podremos o no ser buenos p(m)adres, de si estaremos a la altura de lo que la tarea requiere, etc. Sin embargo, poco pensamos y conversamos sobre cómo se va a transformar nuestra relación de pareja ni sobre el estilo de crianza que queremos llevar, cosa que en cierta media es comprensible, ya que en cierto grado no podemos ni imaginar qué transformaciones se van a dar ni cuál es la implicación y dedicación que tendremos con nuestra criatura.

La pareja no es un elemento estático ni inmóvil, bien al contrario, se va transformando en la medida en que van cambiando nuestra vida, nuestras circunstancias laborales, económicas, sociales y familiares; y en la medida en que se va profundizando y fortaleciendo el vínculo, a su vez, la pareja tampoco es inmune a la cultura y las modas sociales que puedan aparecer en un momento determinado. Del mismo modo, las dinámicas y las prioridades dentro de la pareja cambian con la llegada del primer hijo, y vuelven a cambiar con la llegada de un segundo y así sucesivamente y, mientras los niñ@s se encuentran en la primera infancia (período que va de los 0 a los 3 años), los espacios para compartir en pareja son sino limitados, al menos diferentes y, la mayoría de las veces esto nos toma completamente por sorpresa, tanto a hombres como a mujeres.

Con frecuencia me encuentro en la consulta a muchas parejas que tras haber tenido un hij@ pasan un período en el que casi no se reconocen; hay distancia emocional y muchas quejas de parte de ambos, pocos espacios para conversar pausadamente y en cambio muchas discusiones por situaciones que antes eran más o menos irrelevantes, hay cansancio sostenido por el cuidado constante de un bebé o de uno o más niñ@s pequeñ@s, por la presión del peso del hogar y de lo económico, por las dificultades de conciliar, y descontento por los roles que asume cada uno dentro de la crianza. Cada familia lleva su “pack” especial dependiendo de su idiosincrasia particular, pero todas entran de una u otra manera dentro de esa nueva dinámica.

¿Y que es lo que ha pasado?

Cada familia tiene su historia particular que hará que la problemática se centre más en uno u otro aspecto, pero en general se pueden enumerar brevemente algunos elementos comunes:

  • La vivencia del embarazo y el parto. Algunas veces ya desde el mismo momento del embarazo pueden empezar a aparecer síntomas de que la pareja no marcha bien, en muchos casos expresado en el área de la sexualidad: cierto descontento porque a uno de los miembros de la pareja no le apetece tener relaciones sexuales por temores, por aprehensiones o por falta de deseo. Otra área en el que se expresa es que el hombre puede tomar cierta distancia de los preparativos de la llegada del bebé, o no vive el embarazo con la misma ilusión que la mujer, lo cual suele generar en ella inseguridades de su futura vinculación como padre, además de sentirse herida o sola. El parto, por otro lado, su vivencia, si ha sido un parto respetado o no, con muchas o pocas secuelas físicas o psíquicas, si la mujer se ha visto vulnerable o empoderada, son elementos que la marcarán para toda la vida y esta experiencia teñirá de alguna manera su relación con la sexualidad y con su pareja.
  • El período del postparto. Ese momento físico y emocionalmente intenso que comienza cuando nace nuestra criatura y que acaba… ¿con la cuarentena? ¿a los 3 meses, a los 6, a los 9, a los 2 años? El postparto tiene implicaciones físicas importantes, muchas de las cuales conllevan secuelas directas en la instauración exitosa de la lactancia y, más adelante en la recuperación de una vida sexual satisfactoria. Está directamente relacionado con el tipo de parto que se haya tenido y que va a generar, psicológicamente hablando, un estado diferente en la mujer, con lo cual, un “estar” con el bebé y con la pareja, que estará tocado por esa experiencia. (Si quieres leer más sobre los Aspectos Emocionales del Postparto pincha aquí). Y aquí ya entramos en el mundo de lo emocional. Ni los hombres ni las mujeres tenemos idea de todo esto hasta que estamos en el meollo. Los hombres que cuentan con una madurez emocional, que saben hacerse cargo de sí mismos y que están conectados con su pareja, suelen saber apoyar, acompañar y sostener las necesidades de la nueva madre durante este período tan importante. Los hombres inmaduros, dependientes y egocéntricos tienen muchas dificultades para entender el cuidado que su pareja necesita.
  • Las necesidades de cuidado continuo del bebé. Muchas veces es algo que no nos esperamos, nos hemos creído el cuento de que el bebé no hace más que “comer y dormir” y nada más alejado de la realidad. Los bebés requieren de mucho soporte físico y, sobretodo, emocional. Cada etapa tiene su distinción particular, pero hasta los 3 años, sus m(p)adres constituyen el referente emocional principal a partir del cual la personalidad de la criatura va a ser construida. ¡Gran tarea, sin duda! pero ¿qué pasa cuando no hemos hablado con la pareja sobre cómo les queremos criar? ¿dónde queremos que duerma? ¿cómo queremos que coma? ¿cómo se instauran los límites y la disciplina? ¿en quién confiamos para que le cuiden? ¿a qué edad queremos que vayan a la escuela? ¿Qué tipo de educación queremos que reciba?… Temas que pueden generar, sin duda, grandes batallas campales y desencuentros importantes en la pareja.
  • El peso de la rutina y de las tareas del hogar. Cuando los hij@s son pequeñ@s las rutinas pueden ser bastante monótonas y desgastantes, sobretodo los dos primeros años en los que las necesidades de la criatura no dan tregua y algunas cosas tienen muy poco margen de variabilidad. Esto puede representar una sombra importante para la relación de pareja, no nos olvidemos que tan sólo 1 año antes podíamos improvisar una cena, una quedada con amigos o ir a pasar un día a la playa, lo único que se necesitaba era un poco de disposición para ello. Por otro lado, las tareas de las casa se hacen interminables y agotadoras, antes quizás no importaba tanto quien tiraba la basura, hacia la colada u ordenaba la cocina, a eso se le ha de sumar la presencia del bebé y sus cuidados. A menudo encuentro en la consulta que las mujeres se quejan de llevar ellas todo el peso de las tareas domésticas y de tener poca colaboración por parte de sus compañeros con lo cual una prenda de ropa olvidada accidentalmente en el suelo del lavabo se puede convertir en una discusión de horas.
  • El cambio en la relación sexual. Y no me refiero sólo al cambio en las relaciones sexuales (frecuencia, calidad, duración, etc.) sino al cambio en la relación erótica en la pareja. Si quieres leer a profundidad sobre este tema en específico, puedes clicar este post pero, de manera resumida, la sexualidad en la pareja también ha de resituarse. Ambos miembros tienen que aprender a relacionarse con un nuevo cuerpo (¡y no sólo el de la mujer, que ahora es madre, que quizás amamanta, etc.!) y a establecer nuevas dinámicas, al menos durante el primer año de postparto, en donde el juego, las muestras de afecto y el erotismo quizás necesitan de un protagonismo especial, más que la relación sexual en sí, y este es un chip que a algunos hombres les cuesta cambiar (parece que cada vez menos). Con lo cual muchas veces las mujeres rechazan las expresiones de afecto de sus compañeros pensando que si son receptivas a ellas quizás él reciba el mensaje de que están dispuestas/deseosas a tener relaciones, también se pueden dar casos de mujeres con muchas ganas de tener intimidad y hombres inhibidos o sospechosamente inapetentes. Todas estas cosas deben hablarse entre la pareja: mucho y sin tabúes… Pero de esto hablaré en otra entrada.
  • La transformación de la maternidad. Es innegable que la maternidad es una revolución que se genera dentro de nosotras y que nos pone la vida, las prioridades, los planes de futuro y las expectativas completamente patas arriba. Nos tomará un tiempo recolocarlo todo, encontrar un nuevo orden y alguna vez pasará que cuando creemos haberlo encontrado, alguna necesidad de nuestra criatura nos hace cuestionarlo todo de nuevo. Esto sobretodo se expresa a nivel emocional. Dice Laura Gutman que “cada bebé es una oportunidad para su madre para rectificar el camino del conocimiento personal, para sacar a la luz viejas heridas y realizar las sanaciones adecuadas”[1]. No teníamos ni idea de que el amor fuera algo así de potente, de que un ser tan pequeñito tuviera un protagonismo tan fundamental en nuestras vidas. Algunos hombres también viven la paternidad de una manera parecida, otros se relacionan con sus hij@s desde un lugar menos “intenso” (esto no quiere decir que no les quieran, sino que son uno más de los elementos importantes de su vida). Sea como sea, los hombres suelen encontrarse perplejos ante esta nueva mujer capaz de revolucionarlo todo y de poner cualquier cosa en jaque por su criatura; al principio puede pensar que es consecuencia de lo “hormonada” que está su mujer, del cansancio, de la instauración de lactancia, etc. Quizás alberguen la esperanza de que pasada la cuarentena (que en realidad no es para nada el fin del puerperio) reencontrarán a su mujer normal y corriente, la de siempre. Pero resulta que este reencuentro no llega nunca, al menos no durante los primeros dos años; y si hablamos de un hombre con algunos elementos inmaduros, dependientes o infantiles, empezarán a surgir desencuentros y discusiones, sobre todo, porque la mujer-madre no podrá sostener emocionalmente a su marido-niño, sólo tendrá espacio para maternar a su hijo. Esto muchas veces puede hacer que el hombre se sienta rechazado, desplazado, excluido, pues ya no hay nadie que cuide de él.
  • El tiempo de ocio. Algo muy preciado y sostenedor dentro de la pareja que, momentáneamente, se ha perdido. Con un bebé en casa hay pocos momentos disponibles, de hecho, la mujer tiene todo su espacio psíquico ocupado, y cuando el bebé le da una tregua, lo que realmente quiere es tiempo para sí misma. Por el contrario, el hombre se encuentra con su espacio psíquico disponible (cuenta con el trabajo y la vida “en la calle”), por lo que demanda a su mujer más tiempo de pareja. Aquí nuevamente se produce el desencuentro. Cada uno necesita algo diferente con lo cual, se hace necesario conversarlo y llegar a acuerdos que sean convenientes para ambos.
  • Los estilos de comunicación. En medio de las discusiones, sobre todo cuando se arrastra cansancio y sueño acumulado, la manera como se comunica una pareja puede mejorar o, por el contrario, empeorar el problema. Debemos preguntarnos si sabemos hacer demandas de la manera adecuada, expresando realmente lo que estamos sintiendo sin caer en acusar o culpabilizar al otro de la situación, si realmente escuchamos al otro cuando hablamos o sólo usamos sus argumentos para contraargumentar, si somos capaces de ver y entender las necesidades que pueda tener el otro y tener disposición para ayudarle, etc.
  • La familia extensa. Algunas veces contamos con abuelas (madres y suegras) maravillosas, que nos apoyan en la crianza que hemos decidido tener sin cuestionarla, nos echan un cable, y nos ayudan a recuperar un poquito los espacios de intimidad tan escasos entre la pareja. Otras veces, menos afortunadas, tenemos madres o suegras intrusivas, que critican, ponen en duda y nos infantilizan, si te interesa leer más sobre este tipo de abuelas, picha aquí. La manera en la que una pareja afronta y limita a la familia extensa, puede fortalecer o debilitar el vínculo entre ellos.
  • La existencia de problemas anteriores no resueltos.  Así lo expresa Gutman: “La aparición del recién nacido, la ruptura emocional que esto produce en la madre, la travesía por el puerperio, la pérdida de referencias de identidad y sobre todo el cansancio, ponen en evidencia ciertos funcionamientos dentro de la pareja que repentinamente se vuelven intolerables cuando antes no generaban conflicto”[2]. Es así como, en muchísimos casos, no es la presencia de l@s niñ@s pequeñ@s lo que desorganiza a la pareja, sino que dicha presencia pone en evidencia el funcionamiento original de la misma, el cual, dada las circunstancias actuales se hace insostenible.

Establecer acuerdos previos al nacimiento de los hij@s es primordial, evaluar lo que esperamos el uno del otro y conversar sobre si el otro está en capacidad de ofrecer eso o no, ver como son nuestros roles y redefinirlos si hace falta, estudiar juntos la historia personal de cada uno, los patrones de crianza vividos, los valores dentro de los cuales se ha crecido, negociar qué hacer con las diferencias. Se hace necesario revisar y repactar todos los acuerdos tácitos de la pareja, leer la letra pequeña ya que las condiciones cambian con el nacimiento de l@s hij@s, se pasa de ser pareja a ser familia y si se quiere sobrevivir en el intento, necesariamente hay cláusulas que revisar y modificar, pero esto sólo es posible si estamos acostumbrad@s a comunicarnos entre nosotr@s, a contarnos lo que nos pasa y a respetarnos y tenernos confianza. Y si ya ha nacido el primer hij@ y nos encontram@s con que esta tarea no ha sido hecha, se ha de tomar como una oportunidad para el crecimiento y el fortalecimiento de la pareja, y si es necesario, buscar a un profesional de escucha atenta y receptiva que nos pueda ayudar y acompañar en este proceso.

 

[1] Laura Gutman (2003). La Maternidad y el Encuentro con la Propia Sombra

[2] Laura Gutman (2009). La Familia nace con el primer hijo. Historias de parejas con niños pequeños.

Hace algunos días me topé con este precioso artículo de Denise Stirk y me gustó tanto que me he tomado la libertad de hacer una traducción libre y comentada del mismo.

Denise comienza su reflexión comentando que una de sus mejores amigas perdió, de forma inesperada, a su hijita de 21 meses. Cuando fue a visitarla se encontraba hecha un manojo de nervios pues no sabía qué decirles ni a ella ni a su marido sobre tan terrible pérdida. ¿Qué palabras utilizar para calmar su dolor? ¿Cómo evitar hacer comentarios equivocados? Quería encontrar las palabras perfectas… pero se encontraba completamente turbada ante la pérdida. Tenía a dos niños completamente sanos en casa, con lo cual sentía que realmente no podía entender el dolor de su amiga, ¿cómo la iba a consolar en una situación de la que ella no tenía ninguna experiencia?
¡Denise no pudo ni sospechar las palabras tan poderosas que se dijeron en ese encuentro, y muchos menos que estas palabras vinieran de su amiga, no de ella! Fueron palabras de la amiga para ella.

Esta amiga, en su dolor, dijo algo que tocó profundamente el corazón de Denise (y el mío). Una frase simple pero contundente. Mientras le describía los eventos sucedidos durante la muerte de su hija e intentaba expresar el profundo dolor que sintió mientras sostenía su cuerpecito durante los minutos y horas después de su muerte, describiendo ese instante como la peor pesadilla que una puede tener, le dijo a Denise con lágrimas en los ojos: “tú eres mamá, tú sabes”.

Tú eres mamá, tú sabes.

Esta frase dejó a Denise sin aliento, y fue en ese momento, con esa frase, que ella pudo comenzar a entender la magnitud de su dolor. Hasta entonces había estado buscando las palabras perfectas para consolarla y se dio cuenta de que, en su lugar, debía tirar del simple vínculo que las unía: la maternidad. Y aunque no había tenido la dolorosa experiencia de perder un hij@, si que conocía la alegría que su amiga alguna vez vivió cuando cargaba a su hija y… ¡¿Perder eso?! No hay palabras que puedan describirlo.

Perder a un hij@ es la mayor angustia de una madre –sin importar quién seas o el tipo de maternidad que hayas escogido. Todas tenemos diferentes maneras de maternar y de criar a nuestra familia, pero también todas tenemos una cosa en común: nuestros corazones están directamente conectados con nuestros hijos. Darnos cuenta de esto hace que todo el tema de las “guerras de mamás” y los tipos de crianzas parezcan algo ridículo.

Tú eres mamá, tú sabes.

Desde este lugar es imposible no poder conectar con el dolor de cualquier madre ante el sufrimiento que pueda estar teniendo su criatura, por muy alejada que ésta pueda estar de nosotras, por muy desconocida que esa madre pueda ser. Porque somos madres. Es un hilo que nos une a todas: Mamás helicópteros; Mamás gallinas; Mamás que amamantan; Mamás que dan fórmula. Mamás ricas; Mamás pobres; Mamás de niñ@s enferm@s; Mamás de niñ@s san@s. Mamás.

El amor absolutamente loco y desmedido que sentimos por nuestr@s hij@s corre profundamente dentro de cada una de nosotras. Y este conocimiento a veces es doloroso. Es la razón por la cual algunas no podemos ver las noticias. Es la razón por la cual algunas lloramos al salir del colegio cuando los dejamos el primer día. Es la razón por la cual nuestro corazón se parte cuando oímos que alguien ha tenido una pérdida o tiene problemas de fertilidad. Es la razón por la que estamos despiertas por la noche, preocupadas por nuestr@s adolescentes. Es la razón por la cual la idea de que nuestr@s hij@s algún día dejen el nido nos hace llorar en el café. Es la razón por la cual la muerte del hij@ de otra madre se nos hace amargamente desgarradora…

Pero también es la razón por la que debemos proveernos de una red de apoyo para cada una de nosotras. No sólo para aquellas que están sufriendo ese inimaginable dolor, sino también para aquellas mamás que están pasando por un momento difícil común y corriente… e incluso para aquella que sólo está teniendo “uno de esos días”, para la que se encuentra ante una duda y no saben a quien acudir. Para todas, para nosotras.

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Estoy profundamente agradecida por la tribu de madres que tengo, la que me he hecho y he tenido la fortuna de encontrarme por el camino; las mamás físicas que me abrazan, que abrazo, y las mamás virtuales que siempre encuentran una palabra que decirme; Las que saben, porque son mamás: a todas ellas, ¡gracias!

Iliana.

“El embarazo y el parto no se consideran desde la
psicología como una fase del desarrollo, sin embargo este período
marca y afianza una potencialidad presente en la mujer que
decide ser madre, aportando a su identidad femeninaotra cualidad,
siempre extraordinaria por muy común que sea: la de la maternidad”
Yolanda González Vara[1]
Después de haber descrito algunos de los efectos psicológicos que se podrían presentar durante el primer trimestre del embarazo, pasaremos a hablar del segundo trimestre, que para muchas es el que se vive más gratamente, se recuerda con más alegría, y que a su vez conlleva una labor psíquica muy intensa.
Prepararnos para ser madres es una ardua tarea, tanto en el sentido  físico como en el psicológico. Nuestro cuerpo está haciendo el maravilloso trabajo de gestar una vida y no descansará durante los meses que quedan para que el bebé esté listo para salir al mundo. Y aunque mucho de lo que ocurre se da de manera natural, lo “maternal” está también impregnado de la herencia culturalde cada una, de aprendizajes, y de nuestras propias vivencias.
La maternidad es un proceso biológico, psicológico y sociocultural. Independientemente del estilo de crianza que se asuma en el futuro, psicológicamente el embarazo implica el fin de la mujer como un ser singular e independiente y el comienzo de la compleja relación madre-hij@.
Cuando un embarazo llega al segundo trimestre (alrededor de la semana 15), la mayoría de las futuras madres suelen relajarse bastante. Por un lado, ya se ha pasado el trimestre en el que hay mayor riesgo de pérdidas, y también habitualmente por una ecografía, por tanto por la prueba del Triple Screening; si los resultados han sido satisfactorios y no se ameritan hacer otras pruebas como la Amniocentesis las madres suelen sentirse bastante más tranquilas, como si ellas y su bebé hubieran aprobado los primeros exámenes del embarazo. Por otro lado, las molestias físicas del primer trimestre suelen quedar en el pasado, se va la somnolencia y vuelve la energía al cuerpo proporcionando un baño de ánimo y entusiasmo.   
En este segundo trimestre –alrededor de la semana 16–  las madres comienzan a percibir los movimientos del bebé. La percepción del bebé trae consigo el reconocimiento de la criatura que, aunque se encuentre en el refugio del útero materno, empieza a ser reconocido como una entidad separada, con una vida en sí misma que la madre no controla.
La percepción de los movimientos intrauterinos suele producir cambios que empiezan a dar cabida a la aparición de sentimientos maternales, como el deseo y el placer de sustentar al bebé. “Aparece la necesidad imperiosa de dar alimento, sostén, apoyo a ese ser dependiente que vive en el interior de su cuerpo, que es parte de ella pero que al mismo tiempo comienza a diferenciarse como otro ser.”[2]
También es frecuente durante este período reexperimentar algunas vivencias de la infancia y de la relación con la propia madre, incluso llegando a sentir nuevamente la vulnerabilidad infantil. Esto sucede debido a que al percibir los movimientos del bebé y empezar a diferenciarlo como un ser distinto se proyecta sobre él la propia vivencia infantil rememorando algunos elementos de la relación madre-hija, dándose, de esta manera, una segunda diferenciación de la mujer en relación a la propia madre (la primera diferenciación la tenemos tod@s, hombres y mujeres, cuando somos niñ@s). Es un período muy intenso en el que nos podemos encontrar reconciliándonos con algunos aspectos de nuestra madre o, por el contrario, enfrentándonos al dolor de heridas antiguas que creíamos sanadas o traumas infantiles supuestamente superados. Todo esto ligado al deseo de proteger al futuro hij@ de cualquier sufrimiento que se haya vivido en el pasado.
Así, basada en la temprana relación madre-hija vivida en su momento, y que pudo haber sido conflictiva, la mujer escoge si se identifica con la madre introyectada o si rivaliza con ella para convertirse en una mejor madre de la que ella tuvo. En términos psicológicos hablamos de una experiencia tri-generacional. De esta manera, el modo de relación que cada mujer ha tendido con su propia madre influye en el modo en el que se vinculará con sus propios hij@s, ya que la identidad adquirida está vinculada a la relación materna primaria.
A partir de la diferenciación del bebé y a medida que los movimientos de la criatura se van haciendo cada vez más fuertes y pueden ser percibidos por el padre, las fantasías y expectativas entorno al futur@ hij@ cobran mucha más presencia. De hecho, de este conjunto de expectativas, basadas en representaciones de relaciones pasadas tanto del padre, como de la madre, nace el “bebé imaginario”. Muchas veces merece la pena hacer un trabajo de concientización de estas fantasías debido a que no son insignificantes para la relación con el bebé real y podrían generar ruido en la instauración del vínculo.
Las respuestas de las madres a los movimientos fetales son muy variadas. Cuando ocurren las primeras veces suele haber un poco de duda o descrédito hasta que la percepción se hace más frecuente, entonces hay quienes se relajan y comienzan a sentirse embarazadas disfrutando del movimiento, mientras que otras lo viven con un cierto monto de ansiedad, atribuyendo significados agresivos al movimiento del bebé; estas atribuciones “podrían estar relacionadas con la proyección de vivencias hostiles no elaboradas hacia la propia madre, que convendría trabajar adecuadamente.”[3]
La mayoría de las mujeres suelen sentirse contentas con el cambio que empieza a experimentar su cuerpo: ¡finalmente comienza a notarse el vientre abultado del embarazo! Sin embargo, para las mujeres que han sufrido algún tipo de desorden alimenticio este cambio tan rápido puede generar dificultades en la aceptación de la nueva imagen. Por otro lado, un cuerpo embarazo muestra al mundo que la mujer es fértil y sexualmente activa, lo cual muchas veces, de forma más inconsciente que consciente, genera ciertas incomodidades para algunas, esto evidentemente varía mucho dependiendo de la historia personal y de la apertura que se tenga ante la vivencia de la sexualidad.
En su mayoría, las madres consideran el segundo trimestre del embarazo como el más bonito de los tres. La presencia del bebé es notoria, pero al no ser tan grande las mujeres se sienten ágiles y enérgicas. Es el período en el que aparecen con más constancia los diálogos internos con el bebé, comenzando así la relación con él o ella como un ser aparte, desde una vivencia muy íntima.
Bibliografía Consultada:
       Patricia Alkolombre (2001). Travesías del Cuerpo Femenino. Buenos Aires: Letra Viva Editorial.
       Yolanda González Vara (2010). Amar sin Miedo a Malcriar. La mirada a la Infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía. Barcelona: RBA Libros.
       Dinora Pines. (1993) A Woman’s Unconscious Use of her Body. London and New Haven: Yale University Press
       Joan Raphael – Leef (1993). Pregnancy. The Inside Story. London: Karnac.

 


[1] Amar sin Miedo a Malcriar. La mirada a la Infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía. Barcelona: RBA Libros. 2010
[2]Cigarroa, A. (2011) Embarazo Normal y Embarazo de Riesgo. En: Travesías del Cuerpo Femenino. Buenos Aires: Letra Viva Editorial.
[3] Yolanda González Vara. Amar sin Miedo a Malcriar. La mirada a la Infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía. Barcelona: RBA Libros. 2010

Cuando estamos embarazadas es usual enfocar todas nuestras energías en la preparación para el parto, es comprensible. El parto es un momento, más o menos largo, muy, muy importante que cambia nuestras vidas para siempre, en el que no sólo nace nuestro bebé sino que también nacemos nosotras como madres. Las suecuelas de un buen o un mal parto nos generarán satisfacción o insatisfacción durante muchos años.

Prepararnos para el parto no es algo superfluo que se haga en ocho sesiones de clases de preparto, en realidad es un proceso psicológico (además de fisiológico) mucho más complejo en el que vamos trabajando de manera consciente, pero también inconscientemente, desde el momento en que sabemos que nuestro bebé es viable, y en muchos casos desde antes.

Sin embargo, por mucha o poca preparación que hayamos tenido para ese momento, no con poca frecuencia me encuentro con madres que, al llegar a casa con su bebé, se sienten completamente perplejas y confundidas en el postparto inmediato; incluso, muchas hacen comentarios como “no sabía que esto era así”, “me habían dicho que dormiría poco pero no me imaginaba este cansancio”, “nadie me explicó que los primeros días fueran tan duros”, etc. El posparto, para muchas, es el gran ignorado y desconocido… Pasamos dos o tres días en el hospital, llegamos a casa y nos preguntamos: “¿y ahora, qué?”

¿Ahora que hago con esta criatura tan pequeñita en los brazos?¿Y ahora, porqué llora? ¿Y ahora, porqué no se coge al pecho?¿Y ahora, porqué no se duerme? ¿tendrá frío, tendrá calor? ¿Y ahora, porqué las cacas son de este color? ¿Y ahora, y ahora?

Si a estos interrogantes le sumamos el cansancio, la falta de sueño, el hambre de leona que nos entra, el marido que a veces (cada vez menos, por fortuna) no acaba de ubicarse, el desorden que se va acumulando en la casa, las visitas eternas y sus opiniones “bien intencionadas”, el caos está servido.

Me gustaría plantearte algunas recomendaciones básicas para sobrevivir a estos primeros días, o semanas, de caos:

1. Lo primero y principal, lo más importante: necesitas tranquilidad, silencio e intimidad. Es el momento de re-conocerte, nunca mejor dicho, con tu bebé, para lo cual es vital la mayor cantidad de intimidad posible. Hay visitas que pueden esperarse unos días y no pasa nada. Ten esto como una prioridad.

2. Si has decidido dar el pecho resalta con rotulador el punto número 1, pero además: dar el pecho no duele, lo repito, no duele, no te tienes porqué acostumbrar, no se te tiene que hacer cayo, no te tienes que aguantar, no es normal que se haga grieta. No. Si estás sintiendo molestias al dar de mamar debes buscar asesoría para identificar qué está sucediendo, muchas veces es sólo una cuestión de postura, otras veces no. Pero recuerda: una simple molestia puede convertirse en pocas horas en grietas y heridas. Hay asociaciones, como Alba Lactancia Materna y La Liga de la Leche, que tienen grupos para atender a madres lactantes. Hay muchos otros grupos que también funcionan en espacios de crianza o en centros cívicos, y también hay asesoras de lactancia que pueden visitarte en tu casa. Si estas teniendo dificultades con el pecho, busca ayuda lo antes posible. 

3. Si estas leyendo esto y aún no has dado a luz: equipa tu despensa y, si es posible, cocina varias comidas y guárdalas en el congelador. Si ya tienes a tu bebé y esto no lo hiciste pero tienes alrededor alguna abuela entusiasta, delégale todo lo relacionado con la cocina y los alimentos, explicando lo importante que es que tú puedas tener esto cubierto para sólo encargarte de tu criatura y de descansar. Si no tienes a tu madre o a tu suegra cerca, piensa en alguna buena amiga y pídeselo, seguro que alguien podrá echarte una mano. 

4. Relacionado con el punto anterior: procura tener siempre a mano comida y bebida disponible. Dar el pecho da mucha hambre y mucha sed, y es vital hidratarse adecuadamente pero eso sí, siempre haciendo caso de las señales que te de el cuerpo.

5. Aprovecha todas las horas de descanso posible. Cada vez que el bebé duerma, duerme.Olvídate de las lavadoras, de lavar platos, de recoger, de atender visitas, de responder correos, etc., esas cosas las puede hacer tu marido o compañero (o algún otr@ entusiasta que quiera venir a casa). 

6. Si es posible, habla con tu pareja antes de que nazca la criatura sobre el tipo de apoyo que quieres de él o ella, sobre lo que necesitas que te aporte, no sólo a nivel logístico, sino también y sobretodo, a nivel emocional.

7. Si te encuentras agobiada con las visitas, o sientes que el apoyo de las abuelas no está resultando o no te están sabiendo dar lo que tu necesitas, no te metas en esa batalla ahora. Tu bebé necesita que todas tus energías estén enfocadas hacia él o ella, pídele a tu pareja que gestione estas situaciones por ti y que salga a la defensa de la recién nacida familia. Por si acaso, también puedes leer este post.

8. Es posible que experimentes cambios bruscos de humor que te puedan dejar sorprendida. Puedes pasar de estar tranquila a estar furiosa, o de estar alegre a querer llorar en un segundo. Estos arrebatos emocionales son consecuencia de la revolución hormonal que está ocurriendo dentro de ti. No te preocupes, pasará.

9. Si te sientes un poco triste, melancólica, si alguna vez te levantas pensando que la maternidad quizás no era lo que te imaginabas o tienes muchas ganas de llorar, esto también es normal, se llama babyblues. Date el permiso de sentirlo y de llorar si es lo que necesitas. Los primeros días del posparto son de mucha exigencia emocional para nosotras, y aunque tener un bebé es una gran dicha, no siempre tenemos que estar alegres.[1]De todas maneras, si estás así es posible que no estés recibiendo todo el apoyo que necesites, este post puede ayudarte si necesitas saber más sobre el babyblues.
 

10.Es posible que la maternidad remueva algunos recuerdos, valores y creencias de nuestra propia infancia o del modelo de crianza en el que crecimos, bien para reforzarlos o para cuestionarlos. Cada vez que puedas habla de estas cosas con tu pareja y plantéate el modelo de crianza que queréis seguir, eso os ayudará a tener las cosas más claras.

11.Si te lo puedes permitir, contrata a alguien que se encargue de la limpieza de la casa por una temporada, así no te tendrás que preocupar por eso. Si no te lo puedes permitir, pídelo de regalo. Créeme, tu bebé necesita menos ropita, mantas y peluches, y más de su mamá y su papá descansados.

12.Si te apetece recibir visitas pídeles que, cuando vengan, traigan una botella de agua de 5 litros a casa, o cualquier otra cosa que te haga falta en ese momento. Lo agradecerás.

13.Si empiezas a ver a tu marido como “el hombre ése que duerme a mi lado y que no hace nada como a mí me gusta”, no te preocupes, esto también pasará. Pero si estaís discutiendo más de lo usual, habla con él o ella al respecto. Muchas veces el cansancio nos hace estar más irritables, busca estrategias para vuestra comunicación sea más efectiva, planteando directamente lo que se necesita y evitando caer en discusiones estériles.

14.Es probable que después del parto sientas que te ha quedado una barriga de 6 meses de embarazo. No es el momento para preocuparse por el cuerpo, ya habrá tiempo y sin que te des cuenta mucho de lo que ahora “te sobra” se irá por sí solo.

15.Haz oído sordo a todos aquellos comentarios, opiniones, consejos, directrices, etc., que pongan en duda tus decisiones como madre. Confía en que eres y serás una buena madre para tu hij@, y en que nadie conoce a tu bebé más que tú, con lo cual nadie mejor que tú para saber lo que tu bebé necesita. Escucha a tu instinto. Y si estas hasta las narices de ese tipo de comentarios, siempre puedes mandarlos a hacer puñetas y quedarte tan ancha. No tienes porque escuchar cosas que te irriten o te hagan sentir cuestionada o insegura.

16.Busca apoyo. La maternidad es un momento muy intenso, en el que solemos estar muy vulnerables. Es vital que busquemos apoyos efectivos, personas que puedan acompañarnos, escucharnos, ayudarnos sin juzgarnos, dejándonos tomar nuestras propias decisiones. Para esto están las doulas.

17.Si sientes que el parto ha sido duro o traumático, busca alguien con quien hablar de eso. Puedes acudir a una doula o a algún grupo de posparto o de crianza. 

18.Hazte con una tribu. Es muy importante que durante los primeros meses de la crianza te rodees de otras madres que están viviendo lo mismo.Busca grupos de crianza, grupos de apoyo a la crianza, grupos de lactancia, lo que sea que te permita sentirte acompañada y apoyada por otras madres. En Barcelona hay lugares a los que las madres pueden ir con sus bebés a hacer actividades de lo más variopintas pero recuerda, mucho más importante que la actividad en sí es el encuentro y el compartir con otras madres, esto te brindará apoyo y seguridad. También hay muchas tribus 2.0 que son excelentes donde las madres se apoyan, se dan información y se miman entre ellas y aunque no es igual que tenerlas en carne y hueso, al ser una tribu virtual siempre habrá alguien disponible en el momento en el que tu lo necesites.

19.Déjate sorprender. Por mucho que te prepares, el posparto es, sobretodo, una sorpresa.No sabemos cómo seremos como mamá hasta que tenemos a nuestro bebé entre los brazos. Dale cabida a lo inesperado y deja que tu bebé te enseñe el camino. Los bebés son grandes maestros, sólo necesitan que se les escuche, respete y confíe en ellos! 
20.Finalmente solo me queda decirte ¡enhorabuena! Estas comenzando un camino lleno de emociones y plenitudes. Fluye con él y disfrútalo al máximo que aunque hoy las tomas se te hagan eternas, el tiempo se pasa volando y dentro de poco todo esto serán recuerdos que no dejarás de mirar con un suspiro entre los labios.
¿Se te ocurre alguna otra recomendación para añadir a la lista? ¡

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[1] Si transcurren algunos meses y sigues sintiendo tristeza, melancolía o ganas de llorar, consúltalo con algún psicólog@ que tenga conocimientos sobre temas de maternidad.

Hay un dicho que reza que las cosas dependen del cristal con que se mire. Muchas veces me he sorprendido de la gran cantidad de información que podemos conseguir sobre los aspectos biológicos del embarazo y la reproducción en contraste con lo poco que hay disponible (y de calidad) sobre el embarazo a nivel psicológico: las emociones, el imaginario, la ansiedad y el crecimiento personal que acompaña a cada embarazo. Este es el cristal a través del cual yo miro muchas cosas –llamémoslo desviación profesional–, y que me ha motivado a escribir una serie de post sobre los efectos emocionales que tiene el embarazo en la mujer, así como también, los efectos que tienen algunas emociones de la mujer sobre el embarazo, dos cosas parecidas pero que no son lo mismo.

Empezaré esta serie hablando de las emociones durante el primer trimestre del embarazo. Hace pocos días me topé con este post de El Parto esNuestro en el que se habla del malestar durante el primer trimestre y como aliviarlo. Allí dicen: “El primer trimestre es una noria de sentimientos y emociones, subidas y bajadas de hormonas. Se producen cambios físicos y psíquicos que se nos harán más llevaderos con buena información. Hay tantas formas de vivir el embarazo como mujeres existen. No todas las mujeres tenemos las mismas molestias, ni las vivimos con la misma intensidad.  Las molestias más frecuentes son: aumento de salivación, sensación de hinchazón, sensibilidad olfativa, sangrado de encías, estreñimiento, acidez, apetito desmesurado o falta de apetito, gases, aumento de sudoración, cansancio y sueño, dolor mamario, naúseas, micción frecuente, congestión nasal, mareos y dolores de cabeza.”

¿Y en qué consiste la noria de sentimientos y emociones? Pues bien, en primer lugar, desde que recibimos un resultado positivo, las mujeres experimentamos una mezcla de emociones: alegría, miedo, júbilo, incertidumbre, impaciencia, dudas, etc. Muchas veces estos sentimientos se contradicen entre sí y se vivirán con mayor o menor intensidad dependiendo de los factores personales de cada una. Algunos de estos factores están relacionados directamente con la vivencia de la maternidad: si se es primeriza o no, si se tiene mucho tiempo intentando o, por el contrario, ha sido inesperado, si se ha tenido alguna pérdida, etc.; y otros relacionados con la personalidad y situación vital de cada mujer. Lo cierto es que hay diferentes maneras de “digerir” un embarazo y todas conllevan una serie de emociones que pueden cambiar día a día.

El cansancio, la somnolencia, las nauseas, y la sensación de fatiga, típicas del primer trimestre del embarazo, si bien son un indicador de que el cuerpo está haciendo lo que ha de hacer, pueden ser un motivo por el cual la mujer se sienta irritable y malhumorada, así como también los despistes y la falta de memoria que nos acompañan durante todo el embarazo. Por otro lado, esta misma sensación de cansancio puede menguar el deseo sexual durante el primer trimestre y, si bien los pechos adquieren unas dimensiones más atractivas, ¡por nada del mundo queremos que sean tocados!   

Estar embarazada significa un gran cambio, de hecho, es el único momento vital en que hay tantas hormonas activas y trabajando en el cuerpo de la mujer y esto, aunado a que psíquicamente estamos haciendo transformaciones intensas (aunque no seamos consciente de ellas) también nos juega algunas “malas pasadas” en nuestro estado de ánimo. Así, podemos pasar de estar contentas a sentirnos irascibles y luego estar desconsoladas por algo que conscientemente sabemos que no es tan importante. Lo mejor que podemos hacer para sobrellevar esta situación es tenerlo presente. Evidentemente eso no hará que no nos afecten las cosas pero, cuando nos hayamos calmado, puede ayudar a entender porque tanta sensibilidad repentina. También es bueno que se lo recordemos a nuestra pareja de vez en cuando, antes de que piense que se nos están fundiendo las neuronas. Una vez han pasado las primeras 15 semanas, esta labilidad emocional disminuye considerablemente.

También debemos considerar que en esta primera fase del embarazo, las mujeres tenemos dos vivencias de angustia más o menos importantes: la más conciente está asociada a los cambios que empieza a vivir nuestro cuerpo y la otra, menos conciente, es el temor de que el bebé que se gesta en nuestro interior no se esté desarrollando adecuadamente. Esta angustia frecuentemente se manifiesta a través de los sueños o de las fantasías, y muchas veces es debido a este miedo que se retrasa el dar la noticia a familiares y amigos, o se comenta “con la boca pequeña”.

El embarazo, sobre todo el primero, es un proceso trascendente y crucial en la vida de cada mujer, independientemente de la manera como lo vivencie. Se trata de una etapa que impone la necesidad de adaptarse a grandes cambios, no sólo porque el cuerpo adquiere un gran protagonismo, sino también porque es una importante experiencia emocional, cargada de mucha ambivalencia que la futura madre tiene que aprender a tolerar y manejar. Otro elemento importante es que a partir de que sabemos que estamos embarazadas, consciente o inconscientemente, se comienza un trabajo intenso en relación a la propia infancia y la propia madre, a nuestra vivencia como hijas, esto muchas veces puede resultar doloroso o desconcertante y requiere de cierto esfuerzo y trabajo personal; pero de esto hablaré más ampliamente en otra entrada.

Si estás en el primer trimestre de tu embarazo, ¡felicidades! Estas comenzando un intenso viaje, procura vivirlo al máximo y con la mayor conciencia, busca información lo antes posible, mientras más cosas sepas más libertad tendrás para escoger las opciones que más te vayan bien y, si te encuentras emocionalmente abrumada y se te hace difícil de manejar, busca alguien calificado que pueda escucharte, darte apoyo y acompañarte en el proceso. 

Bibliografia consultada:
-Beatrijs Smulders y Mariël Cronn. Embarazo Seguro. Barcelona: Medici.
– Joan Raphael – Leef. Pregnancy. The Inside Story. UK: Karnac.
-Patricia Alkolombre. Travesías del Cuerpo Femenino. Buenos Aires: Letra Viva Editorial.

Si eres madre de un bebé o estas a punto de serlo, debes haber observado con cierta sorpresa la transformación por la que han pasado tu madre y/o tu suegra, sobretodo si se trata del primer bebé que llega a la familia.

No es inusual que las abuelas pierdan la cabeza con la noticia de que un nieto está en camino. Muchas desean comprar cositas para el bebé y participar en los cambios del hogar relacionados con su llegada, quieren enterarse de cómo ha ido cada revisión médica, miran las fotos de las ecografías e incluso desde entonces empiezan a decir que “se le parece a”, se preocupan por tus hábitos alimenticios o de descanso (cuando quizás nunca antes lo habían hecho) y, con frecuencia, tu vientre abultado deja de ser parte de tu cuerpo para convertirse en “aquel sitio donde está su nieto” que ellas pueden tocar a su antojo. Son cambios que, dentro de todo, parecen razonables y positivos, no cabe duda que la llegada de un bebé genera mucha ilusión en toda la familia y convertirse en abuela también es algo importante.

Si tu relación con tu madre o tu suegra es armoniosa, cercana y afectuosa y, además de esto, tienes la confianza de hablar abiertamente con ellas sobre lo que deseas hacer y te escuchan, te apoyan y lo respetan, todo esto es fantástico.

Las dificultades aparecen cuando la relación no es tan buena y la madre, o la suegra, son vividas como mujeres que no respetan tus decisiones o deseos, que no te apoyan si haces algo distinto a lo que a ellas les parece, en fin, si sientes que no te refuerzan en tu capacidad de maternar.

Lamentablemente, este segundo escenario suele repetirse con frecuencia, y el asunto es más delicado si de quien estamos hablando es de la suegra. La explicación es obvia: por muy en desacuerdo que estés con tu madre, siempre será tu madre, os podéis pelear y enfadar muchas veces, no dejará de ser tu madre y de alguna manera conseguiréis un punto intermedio. Con las suegras la relación es más frágil y no sólo te afecta a ti, sino que también puede afectar a tu relación de pareja.

Asumir el rol de abuela también requiere de un proceso en el cual, tu madre y tu suegra han de internalizar el hecho de que no son ellas las nuevas madres sino tú; han de pasar el testigo y dejar que seas tú la que tome las decisiones con respecto a la crianza de tu bebé, estando allí por si les solicitas alguna ayuda u opinión. Para esto, han de dejar de verte niña para poder verte como madre, es decir, asumir que realmente has crecido, que no eres “su nena” (o en el caso de la suegra “su nene” porque eso te coloca a ti en el mismo nivel), sino que eres una mujer con todas las capacidades para criar adecuadamente a tus hij@s, a pesar de que puedas tomar decisiones diferentes a las suyas. Este es un proceso difícil. Socialmente está muy aceptada la creencia de que “l@s hij@s, a los ojos de sus madres, serán pequeñ@s siempre”. Por muy bonito que esto suene, es muy perjudicial debido a que dificulta que nuestros padres nos vean como adultos capaces y, en el área de la maternidad, da pie para que se infantilicen y menosprecien nuestras decisiones si son distintas a las que ellas, en su momento, tomaron.

Pero ¿cómo son las abuelas que ayudan? Pues, tal y como lo describe Laura Gutman, son las que ofrecen apoyo desde los lugares menos visibles: lavan los platos, limpian la casa, lavan la ropa, preparan una buena comida para la joven madre, le hacen compañía de un modo silencioso y pidiendo permiso. No opinan si no se les pide opinión, no se entrometen, no son ruidosas ni traen visitas innecesarias. “Simplemente están disponibles. Avalan. Ofrecen presencia. Otorgan confianza. No contradicen las intuiciones de la madre. Toman al bebé cuando la madre lo requiere. Y se hacen cargo de las tareas menos glamorosas, pero más necesarias”[1]. Si tienes una madre o una suegra así, ¡alza los brazos y da gracias al cielo! Y cuídala tu también a ella, que son ejemplares raros…

¿Y si no? Pues toca arrear con lo que se tiene, intentando sacar el mejor provecho de los aspectos positivos que tenemos todas las personas. Las abuelas que no ayudan tanto (o que no ayudan nada) son las que cuestionan nuestras decisiones referente a nuestra criatura y a la crianza que hemos escogido, son las que quieren imponer sus criterios menospreciando los tuyos, son las que cuelan visitas “para presumir”, las que llegan a casa, se sientan en el sofá y piden que le den al bebé, las que te meten miedo e inseguridades en el cuerpo, las que no confía en tu capacidad para maternar, las que comparan constantemente lo que estas haciendo con lo que ellas hicieron en su momento. Esas. ¿Qué hacemos con esas? ¡Aquí algunas ideas, si se te ocurren otras, siéntete libre de comentarlas!

· Primero, respira hondo. Es la familia que tienes y no la vas a cambiar. Repito: no la vas a cambiar. Asumir esto es tener la mitad de la tarea hecha.

· Tu pareja ha de ser tu principal aliado y protector. A tus padres los puedes encarar tu. A tus suegros… puedes, pero es menos violento si lo hace su hijo, además es lo que toca. Muchas veces los hombres están en una posición delicada: están de acuerdo con lo que tu quieres hacer con la crianza del bebé, pero no quieren contrariar o disgustar a su madre. Es el momento de que ellos también asuman su función, que asuman que ya no son “los nenes de mami” y que su lealtad principal ha de estar con su mujer y su bebé, duélale a quien le duela. Si él tiene dificultades para ponerle límites a su madre es importante que lo habléis mucho, con calma y sin enfados, pero es él quien tiene que resolverlo. Será parte de su proceso de convertirse en padre.

· Muchas veces lo que las abuelas quieren es ayudar. Deja claro en qué cosas es importante que te ayuden y agradece mucho cuando esas cosas son hechas. Eso les da un lugar, un protagonismo y un peso.

· Cuando quieras explicar porque es importante para ti que alguna cosa se haga de una determinada manera (sobretodo si se trata de algo que se sale de la crianza tradicional) explícalo desde la emoción, desde lo tranquila que te hace sentir que tu bebé sea cogido en brazos cuando llora, por ejemplo. No des información sobre las evidencias científicas, o los últimos estudios o etc., porque eso no suele hacer que las abuelas cambien de opinión. Ellas creen lo que creen, y a menos que sea una persona abierta a los cambios o interesada por estos hallazgos, toda las explicaciones que les puedas dar entraran por un oído y saldrán por el otro. No te desgastes.

· Es mucho más positivo para tod@s tener una conversación en buenos términos, antes de que te sientas desbordada. Trata de buscar un buen momento para conversar y saca el tema con neutralidad pero diciendo las cosas claramente. Si estas desbordada, es mejor esperar o delegar esta conversación a tu pareja.

· Elige bien tus batallas. Hay cosas por las que realmente vale la pena discutirse y cosas que podemos oír “como quien oye la lluvia caer”. No es positivo desgastarse por todo, te acabarán tildando de quisquillosa y todo tendrá el mismo nivel de importancia, sin prioridades. Elige bien las cosas que son realmente importantes para ti y háblalas con claridad.

· No cedas. Si se trata de algo que es fundamental para ti o tu bebé, no cedas a la presión. Es posible que te lo reproches en el futuro, o que sientas que te has traicionado o has traicionado a tu bebé.

· Cuidado con los mensajes indirectos. Algunas veces las abuelas hacen comentarios a sus nietos (hasta en un tono cariñoso) que en realidad son mensajes para la madre. Encara estos comentarios calmada pero directamente. No es bueno que tu hij@ crezca oyendo de su abuela comentarios del tipo “ay, es que como te pasas todo el día en bracitos” o “a ver cuando te veo con unos zapatitos nuevos”, por ejemplo.

· No cuestiones como lo hicieron ellas. Puede ser tentador entrar en esta dinámica, pero no lleva a nada bueno. Ellas lo hicieron lo mejor que pudieron, con los recursos y la información que tenían disponible, házselo saber siempre que sea necesario. Válida su experiencia aunque tu hayas decidido hacer algo diferente.

· Evita las comparaciones. Son odiosas.

· Aprende de las diferencias. Es posible que algunas veces encuentres en su manera distinta de hacer otros recursos que no habías contemplado y que te pueden ser útiles en algún momento dado.

· Tu bebé necesita relacionarse con sus abuelos. Son sus abuelos y es su derecho, pero los primeros meses lo que tu bebé más necesita es que intimar contigo. Para esto has de estar tranquila.

· Tod@s están aprendiendo, dales tiempo. La dinámica familiar ha cambiado y tod@s tienen que resituarse y encontrar su espacio dentro de la nueva realidad y la nueva dinámica, esto toma tiempo, se paciente. Ellas también están aprendiendo.

· Aire. Si pese a todo esto, realmente te sientes muy agobiada o invadida por la presencia de una abuela (sea tu madre o tu suegra) y no hay manera de llegar a acuerdos, deja que corra el aire, encuévate, tómate tu tiempo. Una cosa está clara: tu bebé te necesita tranquila y esto es una prioridad. Con el tiempo estas cosas quedan disculpadas (si es que hay algo que disculpar). Piensa en lo que tú y tu bebé necesitáis.

· Busca tribu. Una vez más, rodéate de mujeres que sean un referente positivo. Busca el apoyo de alguna madre experimentada pero joven que pueda ser un espejo donde mirarte y, sobretodo, busca el apoyo de aquellas mujeres que, como tú, están recorriendo el camino de la maternidad, conociendo a sus bebés y conociéndose a sí mismas, éste es el apoyo más efectivo, real y potente con el que puedes contar.

[1] Laura Gutman (2011). La Familia Ilustrada. Buenos Aires: Del Nuevo Extremo.

Hace poco vi un video de esos que circulan por las redes sociales en donde se muestra la supuesta conversación de un niño de 4 años que llama al 911, en Estados Unidos, para pedir al oficial de policía que leayude con unos deberes, ¡de matemáticas!

No estoy segura de que la conversación sea real, pero, cierta o no, me dio bastante qué pensar. El video pretende ser gracioso pero, de forma implícita, transmite una realidad que nos hace tener expectativas desproporcionadas sobre la capacidad de aprendizaje de las criaturas, desvirtuando así sus necesidades reales.

Mi primera reacción al escuchar la conversación fue de sorpresa: “¡16 menos 8! ¡Pero si eso es difícil hasta para mi! jajaja”. Luego me impresionó la clarividencia que tiene el niño cuando dice “¡sólo tengo 4 años!”, es decir, que el niño de alguna manera sabe que eso que le están pidiendo es exagerado.

 Pero ¿Cuáles son las necesidades reales de un niño de 4 años? Rebecca Wild en su libro “Libertad y límites. Amor y respeto” afirma que las necesidades auténticas son aquellas que son necesarias para el desarrollo emocional, físico y cognitivo de un niñ@, por ej., sacar objetos de un cajón a los 10 meses, lanzar objetos a los 18 meses, correr y saltar a los 2 años, etc.. Sí, precisamente aquellas conductas repetitivas que no entendemos porque nuestra criatura se empecina en hacer una y otra vez, y otra vez, y otra vez sin importar cuantas veces le hemos dicho que esa “x” no lo haga.
La primera y más importante necesidad auténtica que tenemos los seres humanos es el amor. De hecho, es tan importante que cuando l@s niñ@s no lo reciben pueden poner en riesgo otras necesidades de supervivencia. Cuando faltan el amor y el cuidado todas las otras necesidades se alteran tanto como cuando sufrimos carencias de elementos vitales como comida, agua, temperatura.
 Luego de esta necesidad, la siguiente es la cobertura de todos aquellos aspectos que nos mantienen vivos y saludables: alimento, cobijo, condiciones de salud favorables, protección, interacciones sociales adecuadas, etc.
 De manera resumidísima, a medida que el/la niñ@ se va desarrollando las necesidades varían: los primeros años de vida, hasta los 6 años, la prioridad está en la interacción sensoriomotriz que le permite experimentar el medio que le rodea y desarrollar sus habilidades motoras (sensopercepción, motricidad fina y motricidad gruesa), así como la adquisición del lenguaje para entrar en el intercambio humano y comprender las normas culturales del lugar en el que vive.
 Hacia los 7 años la motivación se traslada a la investigación de las leyes y regularidades que tienen validez en el mundo; es en este momento en el que realmente pueden cobrar sentido las matemáticas, no sólo porque hay el interés sino también porque cognitivamente se está preparado para comprenderlas. Hacia los 12 años se da la necesidad de abstracción y pensamiento formal, para plantearse la pregunta de “¿quién soy yo en el mundo?” y poco a poco se va acercando más a  la reflexión y autorreflexión. Todo esto sucede siguiendo un plan interno de desarrollo y crecimiento, por eso choca con nuestra forma de vida (sobre todo al principio) a menos que nos preparemos y adecuemos el espacio para garantizar que el/la niñ@ tenga la vivencia de que sus necesidades están básicamente aseguradas. Si falta un entorno adecuado surgirán problemas, si organizamos las cosas de forma que coincida con sus necesidades, las criaturas lo percibirán como una señal de nuestro amor.
Es innegable que l@s niñ@s de ahora tienen muchísimo menos tiempo para ser niñ@s, desde muy pequeñ@s ya van cargados de deberes y extraescolares, con agendas tan llenas como las de los adultos y muy poco espacio para el juego libre, la imaginación o incluso el aburrimiento. Ya lo decía Einstein “la imaginación es más importante que el conocimiento”, pero para que un/a niñ@ imagine, ha de tener tiempo. Y cuando hablo de tiempo me refiero a tiempo LIBRE, sin hacer NADA.
Sin embargo, al estar imbuidos en la vorágine de la competitividad y la “excelencia”, pensamos que en realidad debemos “preparar” a nuestr@s hij@s para el futuro sin preguntarnos ¿para cuál futuro? ¿serán felices yendo por ese camino, o en realidad les estamos preparando para un futuro neurótico, sobreexigente y poco satisfactorio? E incluso, una pregunta que me es más intersante es ¿cuál es la “preparación” que realmente necesitan las criaturas?
Es verdad que muchas veces no reflexionamos al respecto, basta con seguir la corriente del sistema e ir haciendo en cada momento “lo que toca”; así a los 3 años ya han de estar todo el día en la escuela y nosotros vamos teniendo nuestras listas de habilidades a alcanzar: a los 3, a los 4, a los 5… y si no se logran, mal vamos.
Hay un post de Alicia Bayer que me gusta mucho por la sencillez con la que expone algo que es muy profundo ¿qué debe saber un niño de 4 años?
Un niño de 4 años, según Alicia Bayer, debe saber:
1. Que le quieren por completo, incondicionalmente y en todo momento.
2. Que está a salvo y debe saber cómo mantenerse a salvo en lugares públicos, con otra gente y en distintas situaciones. Debe saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien y que nunca tiene que hacer algo que no le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida. Debe conocer sus derechos y que su familia siempre le va a apoyar. ¿Cuánto de esto REALMENTE le transmitimos a nuestr@s hij@s?
3. Debe saber reír, hacer el tonto, ser gamberro y utilizar su imaginación. Debe saber que nunca pasa nada por pintar el cielo de color naranja o dibujar gatos con seis patas.
4. Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.
5. Debe saber que el mundo es mágico y ella/el también. Debe saber que es fantástic@, list@, creativ@, compasiv@ y maravillos@. Debe saber que pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y casitas de cuentos de hadas es tan importante como practicar la fonética. Mejor dicho, mucho más.
También incluye una lista super buena de lo que deben saber los padres, que vale la pena leer, varias veces y en distintos momentos. En todo caso es importante que tengamos en cuenta que restar a los 4 años no es en absoluto necesario, que nuestr@s hij@s no serán menos listos si no lo hacen, que cada uno aprende a su ritmo, pero sobre todo, que somos nosotr@s l@s p(m)adres quienes debemos ser los primeros en respetar y defender la infacia de l@s niñ@s. Los años pasan rápido y ya tendrán tiempo para las responsabilidades y preocupaciones del mundo de los adultos. No los empujemos hacia allá antes de tiempo, no queramos que sean “independientes” y “autónomos” antes de lo que toca pues en realidad perdemos más de lo que ganamos. 
Dejemos que sean niñ@s el tiempo que sea, el tiempo que necesitan y el tiempo que se merecen, y acompañemos su infancia mirando con sus ojos y empatizando con sus emociones, esto lo llevarán en el alma toda la vida, ¡en realidad se trata del mejor regalo que les podemos hacer!

No con poca frecuencia me encuentro con madres que dicen haber pasado por una depresión posparto pero, al indagar un poco más allá pareciera que se trataba de una “tristeza momentánea”, que puede durar algunos días y que además la padecen la mayoría de las mujeres primerizas. Se trata de lo que los norteamericanos llaman el babyblues.

Sin embargo, en muchos blogs sobre maternidad traducen esta “tristeza del bebé” como una “leve depresión posparto” y esto, a mi entender, es un error que puede llevar a confusiones y a que algunas madres no soliciten la ayuda adecuada de manera temprana. Además, desde el punto de vista del lenguaje no es lo mismo decir que una “está triste” a que “está deprimida”, lo segundo lleva una connotación patológica o de enfermedad y, desde el punto de vista cultural y social, es otra forma más de encasillar el período del embarazo/parto/posparto dentro del rótulo de “enfermedad a ser tratada” que sigue colocando a la mujer en una posición pasiva y sumisa frente al Otro que sabe. Si tomamos en cuenta que cerca de un 80% de las mujeres puérperas han padecido en algún grado está “tristeza del bebé” o babyblues, estamos hablando de muchas mujeres “enfermas” o, siendo fieles a la traducción, “levemente enfermas”. No debemos olvidar que el campo de la salud mental, como el obstétrico, también ha sido, a lo largo de la historia, uno de los que más se ha prestado como lugar privilegiado donde ejercer control social sobre los miembros de cada cultural, con lo cual todo matiz es importante y necesario.
Ahora bien, ¿qué es un babyblues?
Muchas lo sabréis por experiencia propia. La descripción hace referencia a cambios súbitos en el estado de ánimo de la recién madre, que aparecen más o menos a partir del tercer día de haber tenido al bebé, y que incluyen episodios como sentirse muy feliz y de repente sentirse muy triste, llanto sin razón aparente,  sentimientos de impaciencia, fatiga, irritabilidad, inquietud, ansiedad y/o soledad, pérdida del apetito o del sueño. Los babyblues pueden durar sólo unas horas o de hasta a 1 a 2 semanas después del parto, y no suelen requerir ningún tipo de tratamiento por parte de un agente de salud. En realidad el babyblues a veces también puede ser un síntoma de que la madre no está recibiendo el suficiente apoyo efectivo y el acompañamiento cálido necesario en este período de la vida. Otra razón de la aparición de los babyblues son los grandes cambios hormonales que, en las primeras de cambio, pueden generar desorden en el organismo.
Si en algún momento identificas que te estás sintiendo así es vital no estar sola, compartir estos sentimientos con la comadrona, con una doula o con cualquier persona que pueda ofrecer una escucha cálida y sensible y que tenga cierta experiencia en la vivencia de los cambios que conlleva la maternidad. Los grupos de apoyo a la lactancia o los grupos de crianza son un espacio perfecto para rodearnos de madres que están viviendo situaciones similares y buscar así el apoyo de los pares. No hace falta consultar a un psiquiatra, ni a un psicólogo por un babyblues, y sobretodo hay que tomar en cuenta que se trata de algo transitorio.
Otro elemento importante es hablar con nuestra pareja (si es posible antes de que se dé el nacimiento del bebé) sobre la posibilidad de que algo como esto suceda. Tod@s se asustan de las sensaciones extremas que tenemos las madres cuando recién hemos dado a luz y en lugar de acompañarla y protegerla, muchos se angustian y corren a buscar “soluciones” rápidas. Repito (esta vez para los familiares) tener un bajón emocional, sentirse triste o incluso desesperada, tener algún pensamiento de que no lo estamos haciendo bien o algún sentimiento ambivalente hacia el bebé, sentirse desconcertada y un poco “estafada”, querer llorar o estar de mal humor no es una depresión posparto. Para que se de una depresión posparto real se necesita una fragilidad emocional durante el embarazo a antes del mismo, la vivencia de un parto maltratado y/o violentado, y la sensación de estar sufriendo una desprotección emocional después del parto. Aún así, si la  vivencia del babyblues se prolonga o si resulta muy desconcertante o desolador para la mujer se ha de buscar apoyo, pero un apoyo que de compañía, calidez, ayuda, fortaleza emocional, alguien que haya transitado un camino similar y pueda acompañar, preferiblemente una psicóloga perinatal o con formación en el tema.
Sin embargo, la depresión posparto también existe. Sus síntomas son parecidos a los antes mencionados pero mucho más intensos: llanto, irritabilidad, falta de energía, sentimientos excesivos de culpa, trastornos de sueño y apetito, problemas de concentración, aislamiento social y dificultad para funcionar mínimamente en el día a día, lo cual conllevaría una pérdida de interés o indiferencia hacia el bebé, o se expresaría a través de actitudes intrusivas u hostiles hacia éste. También puede ir acompañada de síntomas hipocondríacos, somatizaciones, temores y fantasías de dañarse a sí misma o a su bebé. Estos síntomas suelen aparecer en algún momento entre las primeras 2 semanas y el primer año, y han de estar presentes durante un mínimo de 2 meses para hacer un diagnóstico seguro.
La recomendación es solicitar ayuda de un psicólog@ o psicoterapeuta, -preferiblemente formado en temas de maternidad-, cuando los síntomas descritos anteriormente sean muy intensos o se prolonguen más allá de las 3-4 semanas tras el parto.

Otra cosa a tener en cuenta para quien se lo plantee es que, de ser necesaria alguna medicación para aliviar los síntomas, los antidepresivos son compatibles con la lactancia materna.

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Veinte Recomendaciones Básicas para sobrellevar el Postparto

Las abuelas que ayudan y las que no tanto: qué hago con una abuela que no me ayuda?

“El embarazo, especialmente el primero, es un proceso trascendente
y crucial en la vida de una mujer, ya que en ese momento puede confirmar
su fertilidad y su capacidad de crear una nueva vida. Es una etapa que
impone la necesidad de adaptarse a grande cambios; no sólo porque
el cuerpo adquiere un gran protagonismo, sino también porque se trata
de una importante experiencia emocional.”
Ana Cigarroa.

Durante el embarazo no solamente ocurren muchos cambios a nivel físico, psicológicamente también nos enfrentamos a transformaciones profundas de las cuales, a menudo, no somos conscientes pero que dejan su huella en nuestro día a día.

Prepararnos para ser madres es una tarea física y psicológica y si bien mucho de lo que ocurre se da de manera natural o instintiva,  lo “maternal” también conlleva una gran carga de la herencia cultural de cada una, de aprendizajes, y de nuestras propias vivencias. La maternidad es un proceso biológico, psicológico y sociocultural que se da en la vida de las mujeres y que comienza a organizarse desde la infancia a través de la relación con la propia madre.

¿Cuáles son estas transformaciones psicológicas que se dan mientras estamos gestando?

Normalmente se considera que, durante un embarazo normal, se pasa por tres fases. La primera fase comienza cuando confirmamos el embarazo y se extiende un poco más allá del primer trimestre, aproximadamente las 15 semanas. En esta etapa se pueden padecer dos tipos de angustia: una asociada a los cambios que sufre el cuerpo, y la otra es el temor de que el desarrollo del bebé se de adecuadamente, muchas veces esta última es más inconsciente y se expresa a través de los sueños.

De este modo la embaraza pasa por períodos de turbulencias emocionales llenos de sentimientos contradictorios que se alternan constantemente. Es normal pasar de la alegría al llanto o de la tranquilidad al enfado en cuestión de minutos. Estos cambios de humor son consecuencia de los cambios hormonales de la gestación, pero también de estas angustias que están operando en nuestro interior aunque no seamos conscientes de ellas.

La segunda fase se inicia a partir de la percepción de los movimientos del bebé y se prolonga por un período de tres o cuatro meses, más o menos hasta la semana 34. Es el período más importante porque la percepción del bebé produce cambios que empiezan a dar cabida a la aparición de sentimientos maternales: el deseo y el placer de sustentar al bebé. “Aparece la necesidad imperiosa de dar alimento, sostén, apoyo a ese ser dependiente que vive en el interior de su cuerpo, que es parte de ella pero que al mismo tiempo comienza a diferenciarse como otro ser.”[1]

También es frecuente durante este período revivir algunas vivencias de la infancia y de la relación con la propia madre, incluso llegando a sentir nuevamente la vulnerabilidad infantil. Es un período muy intenso en el que nos podemos encontrar reconciliándonos con algunos aspectos de nuestra madre o, por el contrario, enfrentándonos al dolor de heridas antiguas que creíamos que estaban sanadas o traumas infantiles supuestamente superados. Todo esto ligado al deseo de proteger al futuro hij@ de cualquier sufrimiento que hallamos vivido nosotras.

El modo de relación que cada mujer ha tendido con su propia madre influye en el modo en el que se vinculará con sus propios hij@s, ya que la identidad adquirida está vinculada a la relación materna primaria.

La tercera y última fase comprende las últimas cuatro a seis semanas de gestacióny está caracterizada por las reacciones físicas, los bruscos cambios corporales ante un embarazo avanzado, y la preocupación por la inminencia del parto o la posibilidad de una cesárea (Cigarroa, 2011). Es el período de los temores y el miedo a tener un parto prematuro, complicaciones, inducciones, posibilidad de cesárea e incluso aparecen algunas fantasías de que algo vaya mal en el parto o con el bebé.

Para algunas mujeres el embarazo puede ser una de las etapas más enriquecedoras de su ciclo de vida, pues es un período placentero en el que es posible lograr una mayor maduración y crecimiento del self. Pero, para otras el embarazo es una experiencia dolorosa y atemorizante por múltiples causas y situaciones. Los distintos factores que podrían provocar vivencias negativas y traumáticas durante el embarazo pueden ser de origen orgánico, fisiológico, psicológico, social y cultural y serán diferentes según la historia singular y los antecedentes obstétricos de cada mujer (Pines, 1994)[2].

La ambivalencia emocional es el afecto más intenso y frecuente que se observa en la mujer durante el embarazo, el parto y el puerperio. Ésta se expresa normalmente a través de los temores, las dudas, los miedos sobre si “seré capaz de” (parir, aguantar el dolor, dar de mamar, ser buena madre, estar a la altura de, etc., etc.), o a través de los sentimientos encontrados de alegría por el embarazo y al mismo tiempo de hastío o molestia por los síntomas que éste pueda estar generando: nauseas, mareos, fatiga, pesadez, dificultades para descansar, etc.

Muchos de estos sentimientos, principalmente los negativos, se viven en soledad. La venida de una nueva vida da tantas razones para la celebración que la expresión de lo negativo no suele tener cabida. Lo mejor que podemos hacer si nos sentimos agobiadas o muy angustiadas con estas emociones y lo que ellas representan es buscar espacios de escucha y comprensión: grupo de madres embarazadas, grupos de madres con recién nacidos, el acompañamiento de una doula, compartir estas emociones en la visita con la comadrona o, si es necesario o una lo prefiere, buscar apoyo de un psicólogo perinatal. Lo fundamental es no comenzar a transitar la maternidad en solitario y buscar, desde antes que nazca el bebé, espacios de contención, acompañamiento y apoyo.

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Veinte Recomendaciones Básicas para Sobrellevar el Postparto

[1]Cigarroa, A. (2011) Embarazo Normal y Embarazo de Riesgo. En: “Travesías del Cuerpo Femenino”. Buenos Aires: Letra Viva Editorial.
[2] Pines, D.(1994). La Importancia de la evolución psíquica temprana para el embarazo y el aborto”. En: “Mujeres por Mujeres”. Lima: Biblioteca Peruana de Psicoanálisis.