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Familia

Palabras de Bienvenida para l “I Trobada Mama Llum”, celebrada de 01 al 03 de junio, 2018.

 Buenos días a tod@s. Bienvenid@s ¡Qué alegría que estemos tod@s aquí! He hecho un pequeño escrito porque no quiero dejarme nada en el tintero, y va en castellano porque es cómo me expreso mejor.

Voy a comenzar estas palabras de bienvenida con una confesión: si alguien me hubiese dicho que el grupo de facebook que yo estaba creando en el ordenador de mi casa hace exactamente 4 años, el 01 de junio del 2014, iba a llegar a ser tan potente como lo es ahora, no me lo habría creído. Mama Llum para mi ha sido, ante todo, una materialización diária, una prueba constante de la fuerza, la solidaridad y la sororidad que se puede crear entre las mujeres. Este grupo, virtual, ha cambiado la vida y la maternidad de muchas mujeres de maneras insospechadas. Es un grupo poderoso, y muchas veces no somos conscientes de ello.

Mama Llum también ha sido una escuela, porque así como he visto y veo a diário esa cara potente y solidaria, el grupo también me muestra y me recuerda, constantemente, lo mal que lo podemos pasar las mujeres durante la maternidad cuando no estamos acompañadas, cuando el peso de la crianza y de las responsabilidades del hogar recaen sólo sobre una, cuando se arrastran heridas de partos terribles, de lactancias rotas o de hij@s no nacidos, cuando carecemos de referentes que nos digan “lo estás haciendo muy bien”, sino todo lo contrario, cuando la realidad económica y social no nos permite tener la conciliación que realmente nos merecemos, etc. Esa otra realidad que también me enseña el grupo me ha permitido valorar mucho lo que tengo, mi familia, mi marido, y al mismo tiempo me ha invitado a asumir un compromiso vital, a abogar desde mi quehacer profesional para que todas las mujeres podamos tener la maternidad que queremos y nos merecemos, para que podamos transitar por ella con más optimismo y alegría, y menos pesadumbre y angustias, para que podamos tener espacios protegidos, respetuosos y libres de juicios en donde expresar lo que la maternidad nos hace sentir. Esto se ha convertido en la brújula que guía mi trabajo.

Ahora –la Trobada-.

Materializar un encuentro de Mama Llum, como éste, para mi ha sido un regalo y un trabajón. Primero he de decir que estoy inmensamente agradecida con las ponentes que han venido aquí hoy, todas ellas han mirado este encuentro con el mismo entusiamo que yo, y nos regalan su tiempo, su saber y su experiencia sin obtener ningún tipo de remuneración económica a cambio, guiadas por el deseo de hacer tribu y de compartir. A todas: Marta Melendez, Noelia Prieto, Roser Pont, Tania García, Lupe García, Judit Guiraldo y Judit Martín, muchas gracias, de tot cor. Y también gracias a Nuria Mas, Lorena Otero y su Yuguen BCN y a Laura Salvado (DJ Luna) por regalarnos momentos de diversión, ¡que también son necesarios!

La segunda cosa maravillosa de este encuentro para mí es el lugar donde lo estamos haciendo: El Ecocamp Vinyols. Y os voy a decir algo que sólo he contado a mi marido. Este camping, en muchos sentidos me hace “volver a casa”. Como algunas sabeís soy venezolana. Viví mi infancia en una ciudad pequeña, bastante rural, rodeada de campos y llanuras. Mi padre tenía unas tierras y allí crecí rodeada de vacas, caballos, patos, gallinas, ranas, murciélagos y toda clase de bichos, árboles frutales de los cuales colgarme y que me regalaban sus frutos, y la libertad que sólo un espacio así puede darle a una niña. Era algo que deseaba ferbientemente poder darle a mis hijos. Cuando descubrimos este camping, mi hijo mayor, que en aquel momento era el único, tenía año y medio, y desde entonces quedamos prendados. Hemos visitado otros sitios pero ni la montaña, ni la costa me hablan tanto como Vinyols y es que, para alguien que emigró encontrar un lugar que no le es extranjero, un lugar en el que la geografía le hable de su propia infancia, es algo muy raro. Encontrarnos todas nosotras aquí, en este sitio que me huele a infancia, es para mi otro regalo.

Os pido, encarecidamente por esto y porque así ha de ser, que cuideis mucho este lugar. Me consta que quienes lo llevan hacen grandes esfuerzo por cuidar de él y por tratar a todo lo que aquí se mueve con el máximo cariño y respeto. Muchas de las familias que en general visitan este camping suelen tener una tendecia hacia la crianza respetuosa, sin embargo muchas veces también he vivido con auténtica perplejidad situaciones en las que pa/madres que tratan a sus hijos con respeto, permiten que estos se comporten de manera irrespetuosa con el ambiente que les rodean. La educación se resiente con las incoherencias, inconsistencias y las faltas en ser consecuentes. De lo primero que tenemos que enseñar a nuestros hijos es el respeto hacia los seres que conviven con nosotros, llamémoslo animales, árboles, otros niños, otras personas, la madre Tierra, o lo que queraís. Los animales aquí son muy dóciles, pero eso no quiere decir que no se estresen o lo pasen mal, por favor, enseñad a vuestros peques a tratarlos con respeto. Respeto a uno mismo y al otro, no puede haber una cosa sin la otra.

Y ahora, enlazando con las tres ideas de las que os he hablado: la potencia del grupo, la generosidad de las personas que nos acompañan, y el lugar en el que nos encontramos, quiero hablaros, muy brevemente, de una tribu africana que también ha marcado y ha inspirado mi vida. Los Yorubas

Los Yoruba (yorùbá según su propia ortografía) son un grupo etnolingüístico muy antiguo con una cultura muy interesante que viven al suroeste de Nigeria. Su visión del mundo dista bastante de la de cualquier cultura occidental, pero considero que nos puede ser útil y, en este sentido, me es preciso destacar tres palabras suyas que nos permiten entrever cómo conciben ellos la crianza. La primera es Ilé ¿Os imagináis que el castellano o el catalán tuvieran una sola palabra que condensara tres conceptos a veces tan disociados en nuestras mentes modernas como lo son la Tierra, el hogar y la familia?

Ilé quiere decir en yoruba: Tierra, casa y familia. No son conceptos diferentes para ellos sino variaciones de una misma cuestión. La Tierra como el hogar primigenio de la humanidad, la casa como el lugar en la Tierra que hemos construido para refugiarnos, y la familia como nuestro refugio emocional en el cual crecemos. Y, cuando los yorubas hablan de familia no se refieren a su “familia nuclear”, o no sólo. Un Ilé es un clan, hace referencia a un grupo de personas que comparten el mismo linaje –sanguíneo y/o espiritual- con jerarquías y funciones delimitadas.

Las otras dos palabras de las que os quiero hablar se relacionan entre sí. Iya y Baba. Dentro de la tribu yoruba, si una mujer es lo suficientemente mayor como para ser mi madre, tendría que llamarla Iya, lo que significa madre. Si un hombre es lo suficientemente mayor como para ser mi padre, tendría que llamarlo Baba, lo que significa padre. Cada niño yoruba sabe quienes son sus m(p)adres biológicos, sin embargo la palabra padre o madre la utilizan indistintamente para cualquier adulto y en este sentido, todos los adultos a su alrededor se convierten en alguien significativo, carismático, en un referente. Y, al mismo tiempo, todos los niños son “hijos de todos”.

Dentro de organizaciones sociales como éstas (los yoruba no son los únicos) es casi imposible encontrar m(p)adres agobiados por las dificultades de la crianza, no existen problemas de lactancia, el cólico del lactante es no sólo desconocido sino inexistente, las mujeres no se deprimen durante el embarazo o el postparto porque nunca están solas o faltas de apoyo, los niños pequeños rápidamente entran en la socialización a través del ejemplo de los niños mayores, y las dificultades que tenemos nosotros, los occidentales, para criar no lo son en la medida en que se cuenta con un grupo y es la tribu entera la que cría.

¿Y porqué estoy hablado de esto? Mi intención no es hacer una apología romántica de las organizaciones sociales aborígenes ni mucho menos, sino más bien transmitir una imagen: criar no sólo puede ser fácil, sino una tarea gozosa cuando se hace en compañía, con apoyos, con referentes, protegidos, etc.

En este sentido Carolina de Olmo nos dice que si los p(m)adres aprendemos a señalar lo que falla iremos avanzando en algo y, al menos dejaremos de colocar la culpa sobre las criaturas. “El problema no son nuestros hijos, pero tampoco somos nosotros. El problema es una sociedad cuyas exigencias son radicalmente incompatibles con las necesidades de los bebés y también con las de quienes cuidan de ellos.”[1] Se debe tener en cuenta la vulnerabilidad de los niños, sin desmerecer la vulnerabilidad de los m(p)adres y el peso excesivo que recae sobre sus espaldas.

La organización social en la que vivimos no la vamos a cambiar, las redes sociales reales –físicas y palpables- que existían hace relativamente poco se han desvanecido: las personas del pueblo, la familia extendida, los vecinos… hemos ido perdiendo el Ilé que otrora tuvimos y los tres momentos en los que se hace más notorio son precisamente cuando la fragilidad nos golpea: en la enfermedad, en la vejez, y en la crianza.

Todas las madres con niños pequeños necesitamos sostén, acompañamiento, solidaridad, compresión y resguardo, y como no tenemos tribu, todas estas peticiones se suelen colocar en nuestra pareja, el padre (u otra madre) de la criatura, y pretendemos habitualmente que una sola persona nos provea de aquello de lo que sólo nos puede proveer un grupo entero, con esto ya pueden comenzar a aparecer los desencuentros en la pareja…

¿Y qué podemos hacer? Primero entender que el cuidado materno exclusivo rara vez ha sido una opción en cualquier fase de la historia humana, precisamente porque criar en soledad acaba convirtiéndose en una tarea titánica.

No debemos subestimar la mella que puede hacer en nosotras, como mujeres, como madres y como parejas, el sentirnos sin referentes fiables, con dudas sobre lo que tenemos que hacer y lo que no, con el cuerpo adolorido por el cansancio y la soledad de estar criando dentro de cuatro paredes. ¿Qué nos sentimos felices con nuestra criatura? ¡Claro!, pero nadie nos explica la soledad y el hastío que se puede sentir por la rutina de hacerse cargo de un niñ@ pequeñ@.

Los valores de la sociedad actual, en macro, no sé si los podremos cambiar, pero sí que podemos hacer cosas para cambiar nuestro entorno inmediato. Mi recomendación es que busquemos tribu, que hagamos red. Hoy en día tenemos la posibildad de acceder a tribus virtuales, el Mama Llum a fin de cuentas no es más que una de tantas, que tienen la grandísima ventaja de la inmediatez de las respuestas, pero donde los vínculos se diluyen como consecuencia del anonimato, generando a veces respuestas poco asertivas. Las tribus 2.0 son un gran apoyo, pero si además las usamos para lo que estamos haciendo este fin de semana: ponernos cara y oir nuestras voces, su potencia se cuadriplica. La tribu física siempre será más potente porque nos puede proporcionar descargas más reales, así que aprovechad este fin de semana a tope, no sólo escuchando las charlas y talleres que tan amorosamente os hemos preparado, sino también conociendoos, compartiendo, buscando puntos de encuentro y saliendo de aquí con más amig@s en el bolsillo. Enlazando con esto, quiero hacer un apunte-comentario a los padres y parejas: sin vosotros no podemos, pero vosotros también necesitáis buscar vuestros espacios de conversación, hacer tribu masculina, abriros a compartir aquello que os inquieta, dejar de llevar las preocupaciones en solitario. Es una tarea pendiente que tenéis…

Por último quiero aprovechar para dedicar este encuentro a un chico muy especial en mi vida, mi hijo mayor, Ismael. Hace 6 años y medio, Ismael llegó a casa para cambiar por completo nuestras vidas y nuestras prioridades. Nos ha hecho crecer, nos ha llevado al límite de nuestras posibilidades para descubrir nuevas fortalezas. Ismael (y también Gabriel) es mi gran maestro. Sin él no habría empezado Mama Llum. Y en el mismo sentido, este encuentro también va por tod@s vuestr@s hij@s, sin ell@s vosotras no estaríais aquí ahora, y sin vosotras tampoco existiría Mama Llum. Así que esta trobada va por nosotras, porque nos la merecemos, y por ellos, nuestros pequeñ@s- grandes maestr@s.

Iliana París

Ecocamp Vinyols. Vinyols i els Arcs, 02 de junio de 2018.

 

[1] Del Olmo, C. (2013). ¿Dónde está mi Tribu? Maternidad y Crianza en una sociedad individualista. Madrid: Clave Intelectual, p. 53

Hoy, 2 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental Materna. (#MaternalMHmatters  #SaludMentalMaternaImporta).

Para much@s se trata de algo desconocido y ajeno, aunque bien puede ser que lo hayan vivido ya en carne propia.

El Día Mundial de la Salud Mental Materna es una iniciativa que busca generar conciencia a nivel social sobre un problema sanitario grave: la enfermedad mental perinatal que sufren muchas madres, la mayoría de las veces en soledad, sintiéndose culpables, y sin recibir la atención profesional y los apoyos adecuados.

¿Cuáles son las enfermedades mentales perinatales?

El término enfermedad mental perinatal se utiliza para englobar cualquier trastorno, sufrimiento psíquico o malestar psicológico que se viva desde el inicio de la concepción, el embarazo, el parto y el período de postparto, y que puede afectar tanto a la madre como al desarrollo adecuado del bebé mientras está en el útero, el establecimiento del vínculo una vez éste ha nacido, y el resto de relaciones significativas de la madre: pareja y familiares. En este sentido existen criterios diagnósticos de trastornos claramente definidos, así como también toda una cantidad de bemoles entremedio. Cualquier malestar o sufrimiento psíquico que pueda estar padeciendo una mujer durante su embarazo o postparto requiere de un acompañamiento emocional, de una escucha y un apoyo apropiado y continuo.

¿Y porqué tendría que ser problema de tod@s?

Pues porque se trata de un problema de salud pública que genera muchísimos costes tanto a nivel humano, como a nivel social, de tratamientos y, por supuesto, económico.

Hay un frase de Pitágoras de Samos que reza “el principio es la mitad de todo” y que puede aplicarse perfectamente a este caso. Desde el punto de vista psicológico, tener un buen embarazo sienta unas bases sólidas para tener un buen postparto. Tener un buen postparto permite establecer un buen vínculo con el bebé. Tener un buen vínculo madre-hij@ o padre-hij@ es fundamental para sobrellevar las dificultades de la crianza hoy día. Y al contrario, por ejemplo, una mujer que durante su embarazo sufre niveles considerables de estrés o de ansiedad de manera persistente, tiene muchas más probabilidades de tener un parto prematuro, desarrollo intrauterino deficiente o, bajo peso al nacer.[1] Cualquiera de estos escenarios generan consecuencias médicas que implican más intervención, más coste económico y una cierta fragilidad de cara al postparto. Otro ejemplo, una madre que tiene depresión postparto y no está recibiendo la atención adecuada, puede tener dificultades importantes para vincularse con su bebé, sentir que no es capaz de cuidar adecuadamente de él/ella ni de sus otros hij@s, temer a quedarse a solas con su bebé por miedo a hacerle daño, incluso, en algunos casos, acabar cometiendo suicidio. Coste social, coste humano, coste económico.

Hablemos de cifras…

Diferentes estudios afirman que el porcentaje de mujeres que sufren algún tipo de trastorno o sufrimiento psíquico durante el período perinatal no es poco, que es algo presente en todas las culturas occidentales, en todos los estratos económicos (aunque evidentemente la pobreza siempre es un factor de riesgo), y que no respeta credos, procedencia étnica ni niveles educativos. Aquí algunos:

  • Aproximadamente un 20% de mujeres sufren síntomas importantes de depresión durante el embarazo. La mayoría de ellas no reciben ningún tipo de tratamiento.[2]
  • Si una mujer sufre de depresión o de ansiedad durante el embarazo (o incluso si ha tenido algún episodio depresivo previo a estar embarazada), tiene más probabilidades de desarrollar depresión o trastornos de ansiedad durante el postparto.[3]
  • Entre un 1,5 y un 5,4% de mujeres desarrollan un Trastorno de Estrés Post-traumático después del parto. El Trastorno de Estrés Post-traumático genera un gran monto de sufrimiento psicológico que puede afectar el vínculo temprano con el bebé, la relación de pareja, la relación con la familia y con los profesionales de salud.[4]
  • Entre un 20 y un 45% de mujeres definen sus partos como traumáticos y presentan algunos síntomas de Trastorno de Estrés Post-traumático durante el postparto.[5]
  • Existe una comorbilidad (es decir, que coexistan dos trastornos juntos) entre las depresiones postparto y los desórdenes ansiosos postparto de entre 13 y 17%.[6]
  • Un 10% de hombres (1 de cada 10) pueden padecer tanto depresión durante el embarazo de sus parejas, como depresión postparto. Sus síntomas son ligeramente diferentes (con más tendencia al polo de la irritabilidad) teniendo el doble de probabilidades de padecerla si su pareja ha tenido depresión durante el embarazo o tiene depresión postparto.[7]

Y podría citar muchos más cómo por ejemplo las consecuencias que alguno de estos trastornos puede tener sobre la salud emocional de la criatura al crecer, o el deterioro que puede generar en la relación de pareja, en la sexualidad, o en las relaciones con otras personas significativas, pero creo que éstas ya os muestran la magnitud y la relevancia del problema.

¿Y qué puedes hacer tú?

Depende. Lo primero que podemos hacer tod@s es tomar consciencia de la problemática, visibilizándolo, y suprimiendo el estigma que se tiene sobre la salud mental. Por otro lado, no normalizar el sufrimiento psicológico de las madres, ni en el embarazo, ni durante el postparto. Frases como “es que son las hormonas”, “ya se te pasará”, o “es normal, no sufras tanto”, ayudan a profundizar el problema y a que las mujeres sientan que no existen espacios de escucha donde se valide su malestar.

Si eres una madre o estas embarazada y sientes que emocionalmente no estás del todo bien o directamente no te encuentras en un buen momento, busca ayuda de algún profesional especializado en psicología perinatal.

Si eres la pareja, la madre, el padre, el herman@ de una mujer que está pasando por un mal momento durante el embarazo o el postparto, no minimices la situación. Háblalo con ella, apóyala y, si es necesario busca ayuda profesional.

Si eres un profesional sanitario que trabaja con mujeres en el período de la perinatalidad (comadrona, ginecólog@, enfermera, pediatra, enfermera pediátrica, fisioterapeuta, etc.) pregúntale cómo se siente, cómo está llevando el embarazo o el postparto, cómo está su relación de pareja, qué cosas le preocupan, si cuenta con apoyos o si le gustaría hablar con alguien al respecto de su situación. Y, sobretodo, no normalices, ignores, ni minimices su malestar.

También puedes sumarte a la campaña de http://wmmhday.postpartum.net/  compartiendo o haciéndote eco de la iniciativa en Facebook y Twitter

Y si te encuentras leyendo esto y quieres hacer un acto inmediato, ¡compártelo en las redes sociales, mientras más personas lo lean y tengan acceso a esta realidad, más estamos haciendo por ayudar a las mujeres y a sus bebés!

[1] Grote NK & cols, A meta-analysis of depresión Turing pregnancy and the risk of preterm Barth, low birt weight, and intrauterine growth restriction. Arch Gen Psychiatry. 2010; 67(10)

[2] Flynn HA & col. Rates and predictors of depresión treatment amoung pregnant women in hospital-affiliated obstetric practices. General Hospital Psychiatry, 2006; 28 (4)

[3] Heron J.; ALSPAC Study Team. The Course of anxiety and depresión through pregnancy and postpartum in comunity sample” Journalof Affect Disorders. 2004; 80 (1)

[4] Beck CT. Birth Trauma: in the eye of the beholder. Nursing Research. 2004;53 (1)

[5] Ayers S. & Ford E. Birth trauma: Widening our knowledge of postnatal mental Elath. The Europian Health Psychology, 2009; 11

[6] Op. Cit.

[7] http://saludmentalperinatal.es/cuando-la-depresion-posparto-la-sufre-el-padre/

Existen muchos aspectos del postparto que hasta que no se viven en carne propia, suelen ser desconocidos por ambos miembros de la pareja. No importa cuantos cursos de preparación al parto se hayan hecho, o cuantas medidas se hayan tomado para facilitar el momento de la llegada del bebé. A nivel relacional la pareja debe recolocarse, y esto es algo que habitualmente pilla por sorpresa tanto a hombres como a mujeres.

A menudo atiendo en mi consulta a parejas fracturadas por el postparto y la crianza; vienen a consultar porque, por un lado, se les ha hecho difícil establecer nuevos acuerdos y dinámicas de funcionamiento, y por otro, se sienten desbordad@s pues la presencia del bebé ha hecho que salten a la vista antiguos conflictos y situaciones no resueltas que l@s colocan ante una encrucijada: o se adaptan a la nueva situación, generando un cambio de dinámicas transformándose como pareja, o se genera un distanciamiento que hace que la relación se enfríe, se pierda el afecto por el otr@, y la pareja acabe separándose (física o emocionalmente hablando).

Pero, ¿qué es lo que necesita una mujer de su pareja durante el postparto?

Primero que nada es importante aclarar que cada postparto será diferente dependiendo tanto de un abanico de variables externas, como de la subjetividad individual de cada quién. Así, al hablar de postparto hemos de tener en cuenta cómo ha sido el embarazo y que tipo de parto se ha tenido, el cual conlleva implicaciones físicas importantes, muchas de las cuales tienen secuelas directas en la instauración exitosa de la lactancia y, más adelante, en el restablecimiento de una vida afectiva y sexual satisfactoria, cuya vivencia requerirá de una recuperación física y psicológica diferente.

Durante el postparto inmediato, que es el período que va desde la primera noche o el primer día que pasamos en el hospital hasta más o menos el segundo mes del bebé, las mujeres necesitan comprensión, ayuda y apoyo. Se trata de un período muy intenso en el que la dedicación al bebé es total: es el momento de la instauración de la lactancia, de aprender a ganar seguridad en el trato con el recién nacido, de subidón hormonal, de ir entendiendo las claves del bebé y poder avanzarse a sus demandas. En este período no existe la pareja como tal; el cuadro muestra, más bien, a dos adultos que están conviviendo y tratando de entender y conocer a un recién nacido.

Un momento crucial dentro de este primer período es la incorporación del padre al trabajo. Por lo general, las madres temen la llegada de ese día ya que representa, de alguna manera, la “vuelta a normalidad”, es el momento a partir del cual es la madre la que tiene que hacerse cargo del cuidado del bebé durante la mayor parte del día, lo cual al principio puede dar un poco de vértigo.

El segundo momento del postparto comienza después de la cuarentena. Las mujeres suelen tener un alta ginecológica, el bebé ya gana peso con normalidad, se ha adquirido una cierta destreza y confianza en la lactancia, las noches, los cambios de pañal, etc. En cierto sentido se ha llegado a un “nuevo orden”. Es aquí donde las mujeres suelen encontrarse con dos situaciones, la primera es la soledad del postparto: el aislamiento, la monotonía y el cansancio que puede implicar el cuidado de un bebé pequeño teniendo al alcance pocos o ningún referente válido. Esta es una realidad muy desconcertante porque no sólo las mujeres se dan cuenta de que no estaban preparadas para aquello y de que nadie les había contado que era así, sino que además, deben realizar una ardua búsqueda para conseguir espacios donde relacionarse con otras mujeres en su misma situación vital y hacer un poco de tribu. (Si te interesa leer más al respecto puedes pichar aquí)

La segunda situación con la que se encuentran es que, en muchos casos, ni tienen deseo, ni están preparadas para retomar la vida sexual con su pareja, habitualmente demandante y para la que una cosa es comprender y otra es aceptar convivir con ello. Durante mucho tiempo después de que ha nacido una criatura, el sexo pasa a estar en la última de la lista de prioridades o intereses; de esto, si no se habla abiertamente, pueden proceder desencuentros, discusiones y/o distanciamientos. (Si te interesa leer más al respecto puedes pinchar aquí)

El hombre (o la pareja), en cambio, al volver a la rutina del trabajo suele volver a “la rutina de su vida”. Él no ha perdido el espacio de individuación que el trabajo le comporta; él sigue siendo el de antes, el de siempre, puede retomar con relativa libertad sus actividades de ocio, sus costumbres… y en cierta medida espera también poder recuperar a su mujer, a “la de antes”… encuentro que, por lo general, suele tardar bastante más en llevarse a cabo.

Hay un aspecto muy importante a tener en consideración cuando hablamos del postparto a nivel psicológico, y es el fuerte vínculo emocional madre-bebé: cuando nace el bebé se da una separación física de su madre, más no emocional. A esto se le llama simbiosis, es una codependencia que se considera necesaria y natural ya que el recién nacido requiere casi exclusivamente de su madre para su supervivencia en términos de alimentación, cuidados, movilidad, etc. durante los primeros meses de vida. La madre también vive un proceso análogo de unión emocional con su bebé y es indispensable que así sea, pues es lo que garantiza que esa mujer pueda ser capaz de ofrecer a su hij@ las atenciones y cuidados constantes que requiere.

Durante este período la función del padre tiene que ser la de ser el sostén emocional que su pareja necesita para poder llevar a cabo su labor de maternaje.

Este sostén o apoyo emocional suele ser algo difícil de asumir, y a veces hasta de entender para los varones tradicionales, ya que hace referencia al cuidado y la contención ejercidos por el padre hacia la madre para que ella pueda cumplir con su función maternal. Requiere de una actitud muy activa que, según Laura Gutman implica:

  1. Facilitar la simbiosis mamá-bebé, permitirla y defenderla. Durante el postparto inmediato, para que una madre pueda estar en las mejores condiciones para sumergirse en el vínculo con su criatura, lo ideal es que pueda despojarse de la mayoría de preocupaciones posibles que no tengan que ver con el bebé. Para que esto se dé hace falta una alta implicación y capacidad de gestión por parte de su pareja en responsabilidades varias relacionadas con el manejo del hogar y lo cotidiano.
  2. Defender la relación madre-bebé del mundo exterior. Resguardar el nido, no dejar que a su mujer la apabullen con consejos, críticas, sermones sobre lo que hay y lo que no hay que hacer. Ser intermediario, convertirse en una muralla entre el mundo íntimo y el mundo externo.
  3. Proteger, contener, moderar, empatizar y brindar confianza. Cuando se tiene un recién nacido hay muchos momentos de tensión por no saber qué le pasa; hay dudas de si se está haciendo bien un sin fin de cosas relacionados con su cuidado, etc. La palabra del compañero que aporta confianza, que entiende la desesperación, el cansancio, la inseguridad, que aporta otras opciones a hacer, que ofrece otra perspectiva a la problemática, que está dispuesto a hacer relevo para que una descanse, incluso que da cierta “ligereza” a alguna situación dramática que una se haya podido montar en la cabeza, trivializándola un poco (desde la empatía y el respeto, no desde la burla o el sarcasmo) es de muchísimo valor durante el postparto.
  4. Aceptar y amar a su mujer. Lo principal en este período es no cuestionar las decisiones o intuiciones sutiles de la madre que surgen de manera inexplicable, ya que responden a un viaje interior en el cual está embarcada y del cual no tiene control. El padre no debe constituirse en un enemigo pidiendo argumentaciones, cuestionando decisiones o dando consejos. Al menos no en este primer período.

Ahora bien, una cosa ha de quedar clara. Para que un hombre pueda sostener emocionalmente a su pareja puérpera, es necesario que sea algo que ya sepa hacer de antes con lo cual tendría que, al menos, saber encargarse de su propia vivencia emocional y ser responsable de sus propios cuidados. Si antes de tener un bebé esta responsabilidad estaba colocada sobre la mujer siendo ella la que se encargaba de sostener emocionalmente a su pareja, es muy probable que él no pueda, no sepa o le cueste mucho asumir este rol.

Y podríamos decir, el padre también se ha estrenado como padre ¿quién lo sostiene a él? Por un lado ha de estar sostenido por su propia estructura emocional. No ha pasado por el volcán físico, hormonal y emocional del parto, con lo cual su conexión con el mundo está intacta, por muy cansado que él también pueda estar. Por otro, lo sostiene el trabajo que sigue siendo su lugar de identidad y de posición social. Y, finalmente, lo sostiene el tiempo de ocio –realidad pequeña pero poderosa-, una cierta autonomía y libertad que sigue manteniendo, a pesar del nacimiento de su hij@.

Una de las dificultades más importantes a la hora de lidiar con todo esto es que nadie lo explica anticipadamente. A menudo escucho en consulta quejas por parte de los maridos diciendo que sus mujeres están “demasiado pendientes de sus bebés”. Muchos hombres encuentran este estado de alerta, de constante conexión, excesivo, pero, si el vínculo entre la madre y el bebé se ha dado adecuadamente, al principio al menos, la relación no puede ser de otra manera. A medida que el bebé se va haciendo mayorcito, la madre puede ir dosificando esta conexión, puede ir teniendo espacios psíquicos para conectarse con otros, pero esto va dándose poco a poco, mientras tantos los hombres han de asumir que la paternidad también implica renuncias y que, al menos mientras los hij@s son pequeñ@s, el principal sacrificio será el del tiempo para compartir con su pareja “como antes” y el conectarse emocionalmente con ésta “como antes”. El vínculo y las dinámicas de pareja requerirán de una transformación y adecuación a las necesidades vitales del recién llegado hij@.

 

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Se acerca la Navidad, los días de fiesta, las primeras vacaciones escolares de l@s niñ@s. Las calles comienzan a llenarse de luces de colores y el ambiente huele a turrón y villancicos. A medida que se acerca y avanza el mes de diciembre los hij@s comienzan a saltar de entusiasmo, cada día que pasa les es más difícil contener la emoción de la víspera de la llegada de los deseados regalos: la carta a Papa Noel, las comidas del Tió, ir a entregar la carta a algún paje de los Reyes, en fin… toda una magia colectiva que se agolpa y se alimenta durante el último mes del año. Para ell@s es una etapa absolutamente especial… ¿y para sus pa/madres? Pues depende. Hay quienes se suben a la ola del consumismo sin planteárselo dos veces y “tiran la casa por la ventana” en lo que a compra de juguetes se refiere, hay otros tantos que intentan generar conciencia y ser coherentes con un consumo más responsable y sostenible, tanto por el bienestar medioambiental, pero, principalmente, por el bienestar psicológico de sus criaturas puesto que han entendido que tener en exceso, paradójicamente, acaba generando vacío, hartazgo, insatisfacción y poca valoración de lo que se tiene; siguiendo estos principios es que ha aparecido recientemente la “regla de los cuatro regalos”.

¿Y qué problema hay con esto? –podríamos preguntar–, pues principalmente que nadie quiere perder su trozo de protagonismo a la hora de entregar un regalo a algún niñ@ de la familia. Es decir, que muchas veces estos pa/madres se encuentran en medio de situaciones incómodas en donde deben negociar con los abuelos y/o tíos, la cantidad y/o la calidad de los objetos regalados. Para muchos abuelos/as no vale regalar dinero (que a lo mejor los padres precisan para pagar algunas de las actividades del niñ@), tampoco ropa (de estas cosas ya se encargaran sus padres). No. En Navidad se han de regalar juguetes, y muchos!

Pero no seamos injustos, hay abuelos y abuelas fantástic@s que consultan con sus hij@s y sólo compran aquello que los pa/madres han considerado que el pequeñ@ necesita o le hace ilusión. Hay otros abuel@s con los que la negociación es un poco más complicada: hacen oídos sordos, hacen trampas colando juguetes que no estaban previstos, desvalorizan, ridiculizan o hacen chantaje emocional ante el enfado o la sorpresa de los ma/padres, entregan a los nietos “a escondidas”… En una palabra, no respetan el límite impuesto y/o acordado por la pareja de ma/padres.

El problema de este tipo de dinámicas reiteradas año tras año no es el exceso de trastos en sí (que también son un problema) sino, por un lado, las consecuencias perniciosas que conlleva la avalancha de objetos recibidos en Navidad para las criaturas, y por otro, -y es hacia donde deseo colocar el foco de atención de este post-, la tensión, el malestar y la desconfianza que se genera entre los pa/madres y los abuel@s. Malestar que es mucho mayor si los abuel@s transgresores son los suegr@s y no los propios ma/padres. A los propios pa/madres se les puede marcar más tajantemente, se puede discutir abiertamente con ell@s, ya que se tiene la certeza de que, de alguna manera, se arribará a un entendimiento. En cambio, cuando se trata de los suegr@s el conflicto toma otras dimensiones, se convierte en un doble conflicto: por un lado está la molestia para con ell@s, y por otro el reclamo hacia la pareja de que “le pare los pies a sus padres”.

Si la pareja está de acuerdo y van “a una” en los criterios de crianza, entonces cada quien se encargará de limitar, de la manera que sea necesaria, a sus propios pa/madres. Si la pareja no está de acuerdo (que suele ser lo más habitual), o a alguno de ellos le cuesta encarar a sus propios ma/padres, por no querer desilusionarlos, por temor a enfrentarse a ell@s, porque no está acostumbrado a hablar abiertamente de situaciones tensas, porque siente que sería desafiar su autoridad o por cualquier otra razón, el conflicto estará servido. Los regalos de Navidad se convertirán en un tema de disputa dentro de la pareja.

Este año la Nochebuena en mi casa, el año que viene en la tuya…

 Antes de ser ma/padres quizás no era tan importante dónde se pasaban las fiestas navideñas. Muchas parejas optaban por separarse esos días (sobretodo si alguno de ellos tenía a su familia en otra ciudad) y cada quien pasaba las fiestas con los suyos, otros se montaban su propio plan e iban a “su aire”, aprovechando los días de fiesta para viajar, y algunos otros, ya desde un inicio tomaban la decisión salomónica de repartirse los días de fiesta, pero si algún año cambiaban de plan, tampoco pasaba nada…

¡Con niñ@s de por medio esta flexibilidad es imposible! Priva más el compromiso familiar que no la flexibilidad y el deseo que tengan los pa/madres sobre lo que hacer en estas fechas. Hay que intentar hacer una repartición equitativa, no sea que alguna parte de la familia se sienta ofendida. Si tenemos en cuenta que muchas familias de origen se han separado y vuelto a juntar, las combinaciones e itinerarios a veces son una locura.

Y nuevamente, ¿qué problema hay? Más allá de los asuntos logísticos, que cada quien los arregla como puede, si la relación con las familias de origen de ambos miembros de la pareja son lo suficientemente cordiales, durante esos días se irá arriba y abajo pero los encuentros serán placenteros y distendidos, el objetivo de reunir a toda la familia alrededor de la mesa y compartir momentos bonitos será más o menos cumplido. El problema aparece cuando con alguna de las dos familias “hay tema”, sobretodo si ese tema está relacionado con algo que tenga que ver con el estilo de crianza de l@s niñ@s.

Cuando una pareja de ma/padres decide asumir un modelo de crianza distinto del que asumieron sus propios pa/madres no es inusual que del lado de los abuel@s (sobre todo de las abuelas) aparezca cierto descrédito, reproche, cuestionamiento, duda, e incluso en casos más extremos, saboteo. Las abuelas que colaboran con un estilo de crianza diferente, que perciben sus bondades, se maravillan y apoyan las decisiones que su hija/nuera ha decidido asumir con su criatura, suelen ser una minoría. En general, al asumir un camino diferente las abuelas sienten un cuestionamiento a la propia manera de criar que utilizaron en su día, como si se les estuviera diciendo que lo que ellas hicieron estuvo mal o no fue suficiente, y el asunto es llevado al terreno de lo personal y de “quien tiene la razón”, no importa cuantos artículos con evidencia científica sobre tal método de alimentación/dormir/educar, etc. le invites a leer; tú decisión de “hacerlo diferente” siempre tendrá un punto cuestionador que será vivido con mayor o menor incomodidad dependiendo de la madurez emocional, las vivencias que haya tenido, y los rasgos de personalidad de la otra persona.

Si este es un conflicto presente en la familia, cada reunión familiar se convertirá en una suerte de campo de batalla: las ma/padres dirán alguna cosas que l@s abuel@s puede desdecir, las abuelas pueden intentar sabotear la crianza ofreciendo objetos y/o actividades que sabe que a los pa/madres no les agradan, o diciendo alguna cosa a su niet@ con un mensaje de fondo para su hija o nuera (sobre todo si se trata de un bebé o un niñ@ muy pequeñ@), criticando o cuestionando las decisiones que en algún momento específico puedan tomar con comentarios aparentemente inocuos como “¿otra vez le vas a dar el pecho?”, dando consejos u opiniones no pedidos, etc. Y ante un panorama así ¿a quién le apetece ir a pasar la nochebuena, el día de navidad, San Esteban, fin de año, o Reyes?

¿Y qué se puede hacer? Principalmente conversar con la propia pareja. Si no lo habéis hecho ya, puede que para este año vayáis tarde. Las parejas han de ser un equipo real, en donde tanto el padre como la madre jueguen en el mismo bando de cara a los otr@s. Todas las parejas tienen mayores o menores discrepancias en lo que respecta a la crianza y la educación de los hij@s, pero se trata de cuestiones que deben ser conversadas en la intimidad de la pareja, trascenderlas al espacio de la familia extensa es permitir que otras personas opinen en áreas de vuestra vida que no sólo no son de su incumbencia, sino que además no genera ningún bien en la pareja, al contrario, la debilita y la separa.

Las mujeres, sobre todo cuando se encuentran en el postparto inmediato o en la crianza de criaturas que se encuentran en la primera infancia (de 0 a 3 años) necesitan sentir no sólo que sus parejas les apoyan, sino también que no les dejan solas delante de la intromisión de algún miembro de la familia extensa en asuntos referentes a la crianza de los hij@s, necesitan que sean sus hombres los que pongan límites claros y protejan la relación o el vínculo madre-bebé, en caso de tener un niño menor de 2 años, o que sea él quien plantee, con voz fuerte y clara, que las decisiones de crianza de los hij@s no son un tema a debatir, en caso de niñ@s más mayores.

Pero esto es algo que también se ha de aprender a hacer, al principio no suele ser fácil, principalmente porque todos son novatos y están aprendiendo a ser madres, padres o abuel@s. La pareja ha de conversar, sin presuponer, sin dar cosas por sentado, y han de poder llegar a acuerdos explícitos y concretos que ambos deben respetar de cara a los encuentros familiares. No se trata de ceder para que “ella (o él) esté content@” o para “no tener que escuchar las quejas de mi suegra”, sino realmente de llegar a acuerdos honestos con los que los dos podáis estar satisfechos. Esto implica muchos momentos de conversación, de retomar el tema, de intentar verlo desde los zapatos del compañer@, de entender como son las dinámicas familiares de cada una de nuestras familias de origen, las tradiciones que tienen y porqué se mantienen, la manera en que en cada una de las familia se expresa el afecto o la emotividad de estas fechas, etc. Si lo conseguís os aseguro que negociar los encuentros familiares y/o la cantidad y calidad de los obsequios para los hij@s será mucho más llevadero y no traerá tanto malestar de fondo.

 

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