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Posparto

Un año más, en víspera de celebrar el conocido Día de la Madre, vengo aquí a hablarles de otro día no tan conocido, el Día Mundial de la Salud Mental Materna, que se celebra cada año el primer miércoles de mayo. #SaludMentalMaternaImporta #MaternalMentalHealthMatters

¿Y de qué va el Día Mundial de la Salud Mental Materna?

Se trata de una campaña impulsada por diversas organizaciones, a nivel global, que busca generar una toma de conciencia en la sociedad sobre el sufrimiento psicológico y emocional que pueden llegar a padecer las madres y mujeres embarazadas.

Cualquier mujer, independientemente de su edad, nivel socioeconómico, educativo o cultural, puede desarrollar un trastorno mental durante el embarazo o el postparto. Una de cada 5 mujeres, a nivel mundial, sufre de algún trastorno psicológico durante el período perinatal; hablamos de depresión o ansiedad perinatal, trastorno de estrés postraumático como consecuencia del parto, trastorno obsesivo compulsivo, y, en menor medida, psicosis postparto. La mayoría de estas mujeres (el 75%) no son diagnosticadas ni reciben ningún tipo de tratamiento. Estos trastornos, además de afectar directamente sobre la salud mental de la madre, tienen un gran impacto en el establecimiento del vínculo temprano con el bebé y en el resto de las relaciones significativas de la mujer.

Existen otras situaciones que también pueden afectar la salud mental de las madres. Tener un bebé prematuro, o tenerlo mucho tiempo ingresado, por ejemplo. Sufrir un aborto o una muerte perinatal puede generar grandes montos de sufrimiento psíquico, síntomas depresivos y/o síntomas de estrés postraumáticos. Vivir en condiciones adversas (pobreza, problemas laborales, familiares, migración, violencia, etc.) durante el embarazo o la crianza, son factores de riesgo de desarrollo de un trastorno mental en ese período. Las  mujeres que han tenido experiencias como éstas, en su mayoría, tampoco reciben una atención psicológica especializada ni un reconocimiento de su malestar por parte del entorno.

Si una madre no está bien, su bebé no está bien.

Parece una frase obvia, típica, trillada, pero en la práctica es constante y consistentemente olvidada. Aún hoy hay muchas mujeres que soportan un gran monto de malestar y sufrimiento psicológico sintiéndose culpables de ello porque “lo tienen todo”, porque “tienen un bebé saludable”, porque “ser madre era lo que más querían en el mundo”, etc. De igual forma, no paran de recibir comentarios bienintencionados del tipo: “ya verás como se te pasa”, “no pienses en estas cosas”, “son las hormonas”, “tienes que poner de tu parte” … Esto sin mencionar aquellas que intentan buscar ayuda y no encuentran profesionales sanitarios sensibles, empáticos, o debidamente formados, que estén dispuestos o puedan ayudarlas.

El sufrimiento psicológico en la etapa perinatal no se va solo.El tiempo no lo cura todo. Las mujeres que pasan por alguno de estos trastornos necesitan ayuda especializada para salir de ello, necesitan espacios grupales donde relacionarse con otras madres que también estén criando, y necesitan de todo el apoyo que se les pueda dar a nivel familiar y social, para garantizar su mejoría. No olvidemos que la principal causa de muerte materna durante el primer año de postparto es el suicidio.

Si una madre no está bien, no está en las mejores condiciones para maternar a su bebé, para establecer un vínculo fuerte que le permita a la criatura desarrollar un apego seguro, para libidinizarlo y llenarlo de amor, atender a esa madre es atender a también a su bebé, a sus otros/as hermanos/as, y a su padre, porque si una madre no está bien nadie en su casa puede estarlo o, al menos, no del todo. En este sentido, hay numerosas investigaciones que comienzan a mostrar que las parejas de las mujeres que sufren depresión postparto, por ejemplo, tienen 50% más probabilidades de padecer también una depresión, o que las parejas de las mujeres que han sufrido un parto traumático, también arrastran una gran cantidad de malestar, que se traducen en síntomas psicológicos que afectan al sistema familiar, o que la psicosis postparto en las madres genera secuelas en sus parejas que asimismo precisan ser atendidas. El objetivo necesariamente ha de ampliarse, las madres han de ser miradas, apoyadas, atendidas… y los padres también.

¿Y qué significa cuidar de las madres? 

Las madres necesitan ser cuidadas de muchas maneras. Una de ellas es generando espacios seguros en los que puedan compartir y hablar de su malestar, visibilizando que hay trastornos que pueden afectar durante el período perinatal y que no son sinónimo de debilidad, ni de ser malas madres; y desmontando mitos socialmente enraizados desde hace muchos años, como el de la maternidad como fuente de realización y felicidad constante, o el de la madre abnegada que aguanta estoicamente y puede lidiar con lo que sea que le venga.

“Sabemos que la falta de tratamiento tiene consecuencias a corto y largo plazo, tanto para la madre como para el recién nacido, que a veces pueden ser trágicas. Sin la detección, comprensión, cuidado, apoyo y tratamiento, el impacto de estas enfermedades puede ser devastador en las mujeres afectadas, en sus parejas y en sus familias.” 

Por este motivo debe convertirse en una prioridad la formación y sensibilización de profesionales en esta área, la inclusión de la evaluación y atención a la salud mental en los protocolos de seguimiento de embarazo y postparto, y la creación de más Unidades Madre-Bebé para una adecuada intervención hospitalaria, en caso de ser necesaria (en Catalunya actualmente contamos con una en el Hospital Clínic de Barcelona, pionera en toda España). De la misma manera, es necesario seguir luchando contra el estigma, no solo en el ámbito sanitario sino también a nivel social, para mejorar el reconocimiento y la detección de los trastornos mentales perinatales.

Las mujeres necesitan, y se merecen, estar bien para gestar y criar. El bienestar psicológico y emocional de las madres es fundamental para el sano desarrollo y crecimiento de lxs hijxs. Cuidar de la salud mental de las madres es la mejor inversión y prevención que se puede realizar: es mejorar la salud de la sociedad en el presente y para el futuro.

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Para muchas mujeres el embarazo es una de las etapas más enriquecedoras de su ciclo vital. La gestación suele ser un período placentero en el que es posible lograr una mayor maduración y crecimiento de sí misma. Sin embargo, para otras mujeres el embarazo puede ser una experiencia dolorosa y atemorizante por múltiples causas y/o situaciones desencadenantes que pueden ser tanto de origen orgánico, fisiológico, psicológico, social como cultural, y la manera como dicho malestar se exprese también variará dependiendo de la historia personal y los antecedentes obstétricos de cada mujer.

En este post describiré  algunos de los factores que la autora Raphael-Leff desarrolla:[1]

  • Embarazos conflictivos: dentro de la literatura, se consideran embarazos conflictivos a dos tipos específicos de embarazos, los embarazos prematuros, es decir cuando la mujer es demasiado joven como para haber deseado tener un bebé y asumir lo que ello implica. Y los embarazos no planificados, puesto que requieren nuevos e inesperados ajustes en los futuros pa/madres, comenzando por plantearse el deseo de continuar o no con el embarazo, lo cual implica por parte de la mujer un ejercicio reflexivo de si quiere, en ese momento, ser madre. Los embarazos no planificados pueden incluir dilemas morales y emocionales, sacrificios y ajustes económicos, interferencia con la carrera o los planes laborales, e inevitablemente requerirá cambios en el estilo de vida. Esto puede generar crisis en una relación frágil, separar a una pareja o, por el contrario, unirla aún más.
  • Embarazos difíciles de conseguir: en la literatura especializada se les llama “sobrevalorados” y hace referencia a las gestaciones de aquellas mujeres que han pasado por un proceso largo y con grandes esfuerzos para concebir: quienes han sufrido abortos recurrentes, embarazos ectópicos y/o muerte perinatal. Estos embarazos llevan una intensificación emocional muy elevada durante todo el proceso en el que la mujer siente que su habilidad para producir un bebé vivo y saludable se está poniendo a prueba por momentos. Muchas de estas mujeres sienten una grandísima necesidad de monitorear constantemente el embarazo como si la existencia del bebé dependiera de su vigilancia, cosa que debería trabajarse puesto que podría tener consecuencias en la relación con el bebé, una vez nacido.
  • Reproducción asistida: inseminaciones artificiales y fertilizaciones in Vitro. También podrían considerarse embarazos difíciles de conseguir, porque, en el caso de tratarse de una pareja heterosexual, muy probablemente ha conllevado un largo recorrido desde los intentos naturales por concebir, hasta el diagnóstico de la dificultad correspondiente y la decisión de comenzar el tratamiento. Suelen incluir tiempos de espera largos (tanto en parejas heterosexuales como en lesbianas) si se apuesta primero por los tratamientos que ofrece la sanidad pública, que pueden generar más expectativas. Además de esto, hay condiciones especiales en estos embarazos, primero porque llevan de manera inherente una grandísima carga emocional, aunado a un tratamiento hormonal invasivo al que las mujeres no permanecen inmunes emocionalmente, a la presión, al alto coste económico del mismo y a las expectativas familiares y/o sociales.
  • Víctimas de incesto y/o violación: los embarazos incestuosos son psicológicamente complejos en muchos niveles. Aparte de las preocupaciones por la normalidad del bebé y el futuro de la familia, es posible que la futura madre padezca una mezcla de sentimientos sobre el padre de la criatura y sobre el bebé, muchos de los cuales dependen del grado de implicación afectiva dentro de la relación. Por otro lado, las mujeres que han quedado embarazadas como consecuencia de una violación, y han decidido continuar con el embarazo, han de hacer un profundo trabajo de elaboración de lo sucedido que les permita diferenciar a la criatura del evento traumático y violento en el cual fue concebida; este trabajo es indispensable para lograr un vínculo sano con el bebé y poder atenuar la profunda ambivalencia que podría tener la madre respecto al mismo.
  • Víctimas de algún tipo de abuso sexual en la infancia: las mujeres que  recuerdan dicho abuso pueden temer y vivir con cierta ansiedad el cómo van a ser tratadas y “manipuladas” durante las exploraciones ginecológicas y el parto. Por otro lado, existen muchas mujeres que recuerdan el evento traumático en algún momento del embarazo posiblemente a partir de la percepción de los movimientos fetales. Dicho hallazgo suele ser abrumador, y requiere de un acompañamiento psicológico que les permita elaborar la vivencia, a ser posible antes del parto. Al mismo tiempo estas mujeres precisan de una delicadeza aún mayor por parte de los profesionales sanitarios, y de mucha intimidad y consentimiento previo a absolutamente todo, tanto en las visitas prenatales como en el momento del parto, de no ser así corren el riesgo de vivir el parto como una experiencia retraumatizante. Ahora bien, la mayoría de las veces las mujeres no cuentan a sus médicxs y/o comadronas que han tenido esta experiencia en la infancia, con lo cual la recomendación más adecuada es que se trate de esta manera a todas las mujeres que asisten a los controles prenatales y durante el parto que es, además, como se tendría que hacer, ¿no?
  • Violencia de Género. Las mujeres embarazadas que se encuentran dentro de una relación de pareja donde hay malos tratos son especialmente vulnerables y deberían tener una atención especial. Durante el embarazo los episodios de violencia suelen incrementarse, siendo el vientre (y el bebé que se encuentra dentro) una zona a atacar; esto puede generar partos prematuros, desprendimientos de placenta, muerte perinatal y muerte de la madre, esto sin mencionar además el coste emocional y psicológico que acarrea gestar en estas condiciones.
  • Madres que no cuentan con apoyos. Se trata de mujeres que se encuentran en cualquier situación de exclusión social, o riesgo, mujeres solas o aisladas o en situaciones de conflicto social extremo. Las extranjeras que no cuentan con una red social de apoyo o que poseen un estatus migratorio no regularizado también entran dentro de este riesgo.
  • Desorden Alimenticio. La mayoría de las mujeres embarazadas tienen cierta preocupación por los alimentos durante el embarazo, ésta puede expresarse a través de la inquietud por darle los nutrientes adecuados al bebé, el “comer por dos”, o por tratar de aliviar los síntomas de las nauseas o de la acidez. Las revisiones del embarazo también pueden generar una preocupación especial sobre esta cuestión al llevar de manera protocolaria un control de peso de la madre y de sus hábitos alimenticios. Con todo esto, las mujeres que han sufrido algún tipo de desorden de la alimentación son especialmente vulnerables. Hablamos de mujeres que hayan sufrido episodios de atracones, inducción del vómito, bulimia y anorexia nerviosa. El embarazo puede exacerbar o reactivar su obsesión con el control del peso, la silueta y/o los alimentos.
  • Algún tipo de trastorno o sufrimiento psiquiátrico. Las mujeres con historial previo de depresión, fobias, inhibiciones sociales, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, entre otras, anteriores o durante el embarazo, deben contar con un acompañamiento psicológico y psiquiátrico especializado durante toda la fase del embarazo y buena parte del período postparto, sobre todo porque dependiendo de cuál haya sido el trastorno sufrido y de sus antecedentes familiares, tendrán mayores probabilidades de padecer psicosis puerperal o depresión postparto.
  • Mujeres con alguna discapacidad física. Un embarazo en un cuerpo discapacitado es una vivencia muy extrema, sobretodo cuando la discapacidad supone dolor crónico o afecta las posturas o el funcionamiento físico. Estas mujeres a menudo lidian con una presión psicosocial adicional en la medida en que se adaptan a las demandas normales de la gestación, en un momento en que la vulnerabilidad está exacerbada por la sensibilidad emocional del embarazo. A menudo suelen ser cuestionadas y/o juzgadas por médicos o familiares sobre su decisión de querer ser madres, encontrándose con advertencias extremas (y a veces más llenas de prejuicios que de evidencia) sobre los efectos de la gestación sobre su condición y, consecuentemente, imponiéndoles limitaciones a su capacidad de dar a luz y de maternar. Todo lo contrario, paradójicamente, a lo que realmente necesitan.

Todas estas situaciones o factores requerirían de una mirada y un acompañamiento específico, tanto a nivel ginecobstétrico, como a nivel psicológico y psicosocial, para poder así mitigar el riesgo y brindar las condiciones que fortalezcan y empoderen lo máximo posible a la mujer tanto en su capacidad de gestar, como en su capacidad de parir y maternar. Sin embargo, muchos de dichos factores no son ni tan siquiera explorados durante el control del embarazo, y otros no reciben la atención y el cuidado psicológico necesario. Parece ser que, tal como afirma Michel Odent, muchos profesionales sanitarios aún no tienen en cuenta la importancia que tiene la estabilidad psicológica y emocional para llevar a cabo una gestación saludable. Si eres una mujer y algo de lo que he descrito resuena con tu historia de vida, háblalo directamente con tu comadrona o ginecólogx, y exprésale que te gustaría recibir apoyo y atención al respecto.


[1] Raphael-Leff, J. (1991). Psychological Processes of Childbearing. London: Chapman and Hall.

La Violencia Obstétrica es uno de aquellos actos iatrogénicos que la SEGO y otros colectivos médicos dicen que no existe, acusando de herejes sanitarios a quienes la nombran. La Violencia Obstétrica no sólo infantiliza a las mujeres sino que también las deja rotas, adoloridas, traumatizadas; la mayoría de las veces boicotea sus lactancias y coloca sobre sus puerperios una carga adicional con la que a menudo encuentran que han de lidiar solas. Esto que llamamos Violencia Obstétrica, hay que saber, no es otra cosa que aquello que la propia OMS reconoció en su declaración del 2014 de la siguiente manera:

En todo el mundo, muchas mujeres sufren un trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en centros de salud, que no solo viola los derechos de las mujeres a una atención respetuosa, sino que también amenaza sus derechos a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación.”  (Si quieres leer más sobre la declaración puedes acceder a ella aquí)

Esta Violencia Institucional, Obstétrica, Patriarcal, reproducida muchas veces de manera automatizada e inconsciente por la poca apertura a cuestionar protocolos y modos de hacer, genera consecuencias psicológicas a corto, mediano y largo plazo tanto en las mujeres como en sus bebés y parejas; consecuencias que en muchos casos acaban siendo tan devastadoras como no reconocidas. En este sentido, existen muchísimos estudios que hablan de las diversas dificultades psicológicas y emocionales con las que se puede encontrar una mujer que haya tenido un parto traumático.

Está claro que no todo parto vivido como traumático es consecuencia de un quehacer sanitario irrespetuoso; la subjetividad y la experiencia previa de cualquier mujer puede hacer que el parto en sí sea vivido como un trauma. Sin embargo, la literatura científica sobre el tema y el activismo de las organizaciones pro partos respetados bien demuestran que estos casos en los que el factor subjetivo es el causante del trauma son los menos, y que, por lo general, cuando ha habido trauma, sufrimiento psíquico y/o dificultad para integrar o asimilar la experiencia, ha sido como consecuencia de acciones y omisiones médico-sanitarias que han generado daño o amenaza de daño hacia la madre y/o el bebé, o que han provocado la sensación en la mujer de que ella o su bebé están en peligro de muerte. Durante esta vivencia, la mujer puede llegar a sentir obviamente miedo intenso, desesperanza, pérdida de control y horror[1]. Y es que es de lógica: ha mayor intervención médica, más probabilidades hay de que el parto se viva de esta manera.

Sin embargo, desde el paradigma del intervencionismo médico, la experiencia del parto sólo se “mide” a partir de su resultado: el nacimiento de un bebé sano. Dejando así a las mujeres escasas oportunidades para poder expresar su malestar, su queja, su rabia o su dolor por un cuerpo agredido y maltratado, o por la angustia y el miedo vividos en un momento vital de gran trascendencia. ¿Cuántas veces no hemos oído la frase “pero lo importante es que tu bebé ya está aquí, y esta sano”? Y sí, esto es importante, pero no es lo único que importa.

Las secuelas psicológicas de sufrir Violencia Obstétrica durante el parto van desde la depresión postparto a cuadros de ansiedad, fóbico o evitativos, y al trastorno de estrés post-traumático. Y si no se reconoce el potencial iatrogénico de ciertas intervenciones obstétricas, tampoco se puede reconocer que éste pueda ser el resultado; con lo cual, cuando una mujer puérpera está expresando un malestar psíquico, pocas veces se explora cómo ha sido su parto y qué relación puede tener con dicho malestar, dificultando llegar entonces a la raíz del problema.

Esta situación de malestar psicológico afecta la relación de la madre consigo misma, con el bebé, con la pareja, la familia y los profesionales de la salud. No es inusual que a la madre le cueste vincularse con su bebé, al menos al principio, o que tenga dificultades con el establecimiento de la lactancia ya que con un cuerpo adolorido y una experiencia psicológica dolorosa e intensa por procesar, la cercanía y las demandas del bebé pueden resultar insostenibles y aterradoras, así como también, la posibilidad de tener que colocarse, nuevamente, en manos de sanitarixs para que la ayuden. Muchas de estas madres van a sentirse culpables posteriormente durante largos períodos de tiempo por “no haber intentado lo suficiente”.

Pero esto no es todo, las mujeres que han sufrido violencia durante su parto suelen tener flashbacks, recuerdos invasivos y desagradables de momentos específicos que pueden dispararse ante cualquier estímulo relacionado: una mujer embarazada, la ruta por donde se va al hospital en el que la atendieron, un olor particular, un sonido, una aproximación sexual genital, etc. Algunas veces también tienen pesadillas donde reviven la escena vivida, o rumiaciones contantes de la misma intentando buscar el fallo para intentar tener mediante la fantasía un resultado diferente: aquel momento donde pudieron haber hecho tal o cual cosa, lo que no dijeron, a lo que no se atrevieron, lo que se les pasó o ante lo que se encontraron paralizadas…

Todo esto suscita un gran malestar: tristeza, angustia, rabia, y un gran embotamiento emocional; así como también puede generar conductas evitativas de todo aquello que pueda recordar la experiencia vivida. De más está decir que transitar así por un puerperio es muy, pero que muy complicado.

La relación de pareja también se ve tocada, a veces para hundimiento, por esta situación. Más allá de lo que podamos entrever como obvio, a menudo es la pareja quien acaba siendo el blanco de toda la frustración o la rabia por la situación vivida; algunas veces porque él o ella también estaban allí y no supieron o pudieron reaccionar, no impidieron que aquello pasara. Otras porque todo el apoyo, el acompañamiento y la compresión que ellxs les brindan no les permite sentirse mejor o salir adelante, o en el peor de los casos porque la pareja realmente no ha sido capaz de entender lo que ha sucedido, no le da importancia al sufrimiento vivido, procurando quitárselo o relativizar, racionalizar. Muchas relaciones de pareja se rompen meses después de un parto traumático: la relación se trastoca, el vínculo se fragiliza y se genera distanciamiento emocional. La sexualidad también suele verse profundamente afectada, no sólo porque hay heridas físicas que tardan en sanarse sino, y sobre todo, porque también hay heridas psíquicas que requieren de una atención especializada junto a un tiempo de sanación. El tiempo por sí solo no cura nada.

Las mujeres, después de vivir un parto traumático tardan mucho en volver a ser como “la de antes”[2], muchas se reconocen extrañas incluso a ellas mismas, de carácter irascible e insoportable, se han vuelto rígidas, hurañas, poco sociables, con actitudes muy contundentes con respecto a su bebé y poca posibilidad de negociación. Muchas reconocen con pesar que hace mucho que no ríen a carcajadas, que han perdido una cierta inocencia, frescura o espontaneidad. Si estas mujeres consiguen un espacio contenedor para hablar de esta experiencia, o se suman a grupos activistas pro partos respetados, les es posible transformar parte de este pesar y renacer así de alguna manera; pero el camino para llegar hasta allí muchas veces ha sido largo, difícil y solitario.

La Violencia Obstétrica sí, es real, existe, y puede ser devastadora. Así que si estas leyendo esto y puedes hacer algo para cambiar esta realidad (y sí, puedes), hazlo. Si lo estas leyendo y te reconoces como protagonista de una de estas historias, que sepas que lo que padeciste no solo fue real e importante, sino que no tienes porqué estar sola y dejarlo así, seguir sufriendo. Busca ayuda y habla de tu experiencia. ¡Se puede hacer mucho al respecto!

[1] Beck CT. Birth Trauma: in the eye of the beholder. Nursing Research. 2004;53 (1)

[2] Nunca se vuelve a ser “la de antes”. Se puede volver a ser “como antes”, pero igual, idéntica, no. Una vivencia traumática siempre marca “un antes y un después” en la construcción subjetiva de toda mujer, en la historia de toda persona y familia.

Hoy, 2 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental Materna. (#MaternalMHmatters  #SaludMentalMaternaImporta).

Para much@s se trata de algo desconocido y ajeno, aunque bien puede ser que lo hayan vivido ya en carne propia.

El Día Mundial de la Salud Mental Materna es una iniciativa que busca generar conciencia a nivel social sobre un problema sanitario grave: la enfermedad mental perinatal que sufren muchas madres, la mayoría de las veces en soledad, sintiéndose culpables, y sin recibir la atención profesional y los apoyos adecuados.

¿Cuáles son las enfermedades mentales perinatales?

El término enfermedad mental perinatal se utiliza para englobar cualquier trastorno, sufrimiento psíquico o malestar psicológico que se viva desde el inicio de la concepción, el embarazo, el parto y el período de postparto, y que puede afectar tanto a la madre como al desarrollo adecuado del bebé mientras está en el útero, el establecimiento del vínculo una vez éste ha nacido, y el resto de relaciones significativas de la madre: pareja y familiares. En este sentido existen criterios diagnósticos de trastornos claramente definidos, así como también toda una cantidad de bemoles entremedio. Cualquier malestar o sufrimiento psíquico que pueda estar padeciendo una mujer durante su embarazo o postparto requiere de un acompañamiento emocional, de una escucha y un apoyo apropiado y continuo.

¿Y porqué tendría que ser problema de tod@s?

Pues porque se trata de un problema de salud pública que genera muchísimos costes tanto a nivel humano, como a nivel social, de tratamientos y, por supuesto, económico.

Hay un frase de Pitágoras de Samos que reza “el principio es la mitad de todo” y que puede aplicarse perfectamente a este caso. Desde el punto de vista psicológico, tener un buen embarazo sienta unas bases sólidas para tener un buen postparto. Tener un buen postparto permite establecer un buen vínculo con el bebé. Tener un buen vínculo madre-hij@ o padre-hij@ es fundamental para sobrellevar las dificultades de la crianza hoy día. Y al contrario, por ejemplo, una mujer que durante su embarazo sufre niveles considerables de estrés o de ansiedad de manera persistente, tiene muchas más probabilidades de tener un parto prematuro, desarrollo intrauterino deficiente o, bajo peso al nacer.[1] Cualquiera de estos escenarios generan consecuencias médicas que implican más intervención, más coste económico y una cierta fragilidad de cara al postparto. Otro ejemplo, una madre que tiene depresión postparto y no está recibiendo la atención adecuada, puede tener dificultades importantes para vincularse con su bebé, sentir que no es capaz de cuidar adecuadamente de él/ella ni de sus otros hij@s, temer a quedarse a solas con su bebé por miedo a hacerle daño, incluso, en algunos casos, acabar cometiendo suicidio. Coste social, coste humano, coste económico.

Hablemos de cifras…

Diferentes estudios afirman que el porcentaje de mujeres que sufren algún tipo de trastorno o sufrimiento psíquico durante el período perinatal no es poco, que es algo presente en todas las culturas occidentales, en todos los estratos económicos (aunque evidentemente la pobreza siempre es un factor de riesgo), y que no respeta credos, procedencia étnica ni niveles educativos. Aquí algunos:

  • Aproximadamente un 20% de mujeres sufren síntomas importantes de depresión durante el embarazo. La mayoría de ellas no reciben ningún tipo de tratamiento.[2]
  • Si una mujer sufre de depresión o de ansiedad durante el embarazo (o incluso si ha tenido algún episodio depresivo previo a estar embarazada), tiene más probabilidades de desarrollar depresión o trastornos de ansiedad durante el postparto.[3]
  • Entre un 1,5 y un 5,4% de mujeres desarrollan un Trastorno de Estrés Post-traumático después del parto. El Trastorno de Estrés Post-traumático genera un gran monto de sufrimiento psicológico que puede afectar el vínculo temprano con el bebé, la relación de pareja, la relación con la familia y con los profesionales de salud.[4]
  • Entre un 20 y un 45% de mujeres definen sus partos como traumáticos y presentan algunos síntomas de Trastorno de Estrés Post-traumático durante el postparto.[5]
  • Existe una comorbilidad (es decir, que coexistan dos trastornos juntos) entre las depresiones postparto y los desórdenes ansiosos postparto de entre 13 y 17%.[6]
  • Un 10% de hombres (1 de cada 10) pueden padecer tanto depresión durante el embarazo de sus parejas, como depresión postparto. Sus síntomas son ligeramente diferentes (con más tendencia al polo de la irritabilidad) teniendo el doble de probabilidades de padecerla si su pareja ha tenido depresión durante el embarazo o tiene depresión postparto.[7]

Y podría citar muchos más cómo por ejemplo las consecuencias que alguno de estos trastornos puede tener sobre la salud emocional de la criatura al crecer, o el deterioro que puede generar en la relación de pareja, en la sexualidad, o en las relaciones con otras personas significativas, pero creo que éstas ya os muestran la magnitud y la relevancia del problema.

¿Y qué puedes hacer tú?

Depende. Lo primero que podemos hacer tod@s es tomar consciencia de la problemática, visibilizándolo, y suprimiendo el estigma que se tiene sobre la salud mental. Por otro lado, no normalizar el sufrimiento psicológico de las madres, ni en el embarazo, ni durante el postparto. Frases como “es que son las hormonas”, “ya se te pasará”, o “es normal, no sufras tanto”, ayudan a profundizar el problema y a que las mujeres sientan que no existen espacios de escucha donde se valide su malestar.

Si eres una madre o estas embarazada y sientes que emocionalmente no estás del todo bien o directamente no te encuentras en un buen momento, busca ayuda de algún profesional especializado en psicología perinatal.

Si eres la pareja, la madre, el padre, el herman@ de una mujer que está pasando por un mal momento durante el embarazo o el postparto, no minimices la situación. Háblalo con ella, apóyala y, si es necesario busca ayuda profesional.

Si eres un profesional sanitario que trabaja con mujeres en el período de la perinatalidad (comadrona, ginecólog@, enfermera, pediatra, enfermera pediátrica, fisioterapeuta, etc.) pregúntale cómo se siente, cómo está llevando el embarazo o el postparto, cómo está su relación de pareja, qué cosas le preocupan, si cuenta con apoyos o si le gustaría hablar con alguien al respecto de su situación. Y, sobretodo, no normalices, ignores, ni minimices su malestar.

También puedes sumarte a la campaña de http://wmmhday.postpartum.net/  compartiendo o haciéndote eco de la iniciativa en Facebook y Twitter

Y si te encuentras leyendo esto y quieres hacer un acto inmediato, ¡compártelo en las redes sociales, mientras más personas lo lean y tengan acceso a esta realidad, más estamos haciendo por ayudar a las mujeres y a sus bebés!

[1] Grote NK & cols, A meta-analysis of depresión Turing pregnancy and the risk of preterm Barth, low birt weight, and intrauterine growth restriction. Arch Gen Psychiatry. 2010; 67(10)

[2] Flynn HA & col. Rates and predictors of depresión treatment amoung pregnant women in hospital-affiliated obstetric practices. General Hospital Psychiatry, 2006; 28 (4)

[3] Heron J.; ALSPAC Study Team. The Course of anxiety and depresión through pregnancy and postpartum in comunity sample” Journalof Affect Disorders. 2004; 80 (1)

[4] Beck CT. Birth Trauma: in the eye of the beholder. Nursing Research. 2004;53 (1)

[5] Ayers S. & Ford E. Birth trauma: Widening our knowledge of postnatal mental Elath. The Europian Health Psychology, 2009; 11

[6] Op. Cit.

[7] http://saludmentalperinatal.es/cuando-la-depresion-posparto-la-sufre-el-padre/

Existen muchos aspectos del postparto que hasta que no se viven en carne propia, suelen ser desconocidos por ambos miembros de la pareja. No importa cuantos cursos de preparación al parto se hayan hecho, o cuantas medidas se hayan tomado para facilitar el momento de la llegada del bebé. A nivel relacional la pareja debe recolocarse, y esto es algo que habitualmente pilla por sorpresa tanto a hombres como a mujeres.

A menudo atiendo en mi consulta a parejas fracturadas por el postparto y la crianza; vienen a consultar porque, por un lado, se les ha hecho difícil establecer nuevos acuerdos y dinámicas de funcionamiento, y por otro, se sienten desbordad@s pues la presencia del bebé ha hecho que salten a la vista antiguos conflictos y situaciones no resueltas que l@s colocan ante una encrucijada: o se adaptan a la nueva situación, generando un cambio de dinámicas transformándose como pareja, o se genera un distanciamiento que hace que la relación se enfríe, se pierda el afecto por el otr@, y la pareja acabe separándose (física o emocionalmente hablando).

Pero, ¿qué es lo que necesita una mujer de su pareja durante el postparto?

Primero que nada es importante aclarar que cada postparto será diferente dependiendo tanto de un abanico de variables externas, como de la subjetividad individual de cada quién. Así, al hablar de postparto hemos de tener en cuenta cómo ha sido el embarazo y que tipo de parto se ha tenido, el cual conlleva implicaciones físicas importantes, muchas de las cuales tienen secuelas directas en la instauración exitosa de la lactancia y, más adelante, en el restablecimiento de una vida afectiva y sexual satisfactoria, cuya vivencia requerirá de una recuperación física y psicológica diferente.

Durante el postparto inmediato, que es el período que va desde la primera noche o el primer día que pasamos en el hospital hasta más o menos el segundo mes del bebé, las mujeres necesitan comprensión, ayuda y apoyo. Se trata de un período muy intenso en el que la dedicación al bebé es total: es el momento de la instauración de la lactancia, de aprender a ganar seguridad en el trato con el recién nacido, de subidón hormonal, de ir entendiendo las claves del bebé y poder avanzarse a sus demandas. En este período no existe la pareja como tal; el cuadro muestra, más bien, a dos adultos que están conviviendo y tratando de entender y conocer a un recién nacido.

Un momento crucial dentro de este primer período es la incorporación del padre al trabajo. Por lo general, las madres temen la llegada de ese día ya que representa, de alguna manera, la “vuelta a normalidad”, es el momento a partir del cual es la madre la que tiene que hacerse cargo del cuidado del bebé durante la mayor parte del día, lo cual al principio puede dar un poco de vértigo.

El segundo momento del postparto comienza después de la cuarentena. Las mujeres suelen tener un alta ginecológica, el bebé ya gana peso con normalidad, se ha adquirido una cierta destreza y confianza en la lactancia, las noches, los cambios de pañal, etc. En cierto sentido se ha llegado a un “nuevo orden”. Es aquí donde las mujeres suelen encontrarse con dos situaciones, la primera es la soledad del postparto: el aislamiento, la monotonía y el cansancio que puede implicar el cuidado de un bebé pequeño teniendo al alcance pocos o ningún referente válido. Esta es una realidad muy desconcertante porque no sólo las mujeres se dan cuenta de que no estaban preparadas para aquello y de que nadie les había contado que era así, sino que además, deben realizar una ardua búsqueda para conseguir espacios donde relacionarse con otras mujeres en su misma situación vital y hacer un poco de tribu. (Si te interesa leer más al respecto puedes pichar aquí)

La segunda situación con la que se encuentran es que, en muchos casos, ni tienen deseo, ni están preparadas para retomar la vida sexual con su pareja, habitualmente demandante y para la que una cosa es comprender y otra es aceptar convivir con ello. Durante mucho tiempo después de que ha nacido una criatura, el sexo pasa a estar en la última de la lista de prioridades o intereses; de esto, si no se habla abiertamente, pueden proceder desencuentros, discusiones y/o distanciamientos. (Si te interesa leer más al respecto puedes pinchar aquí)

El hombre (o la pareja), en cambio, al volver a la rutina del trabajo suele volver a “la rutina de su vida”. Él no ha perdido el espacio de individuación que el trabajo le comporta; él sigue siendo el de antes, el de siempre, puede retomar con relativa libertad sus actividades de ocio, sus costumbres… y en cierta medida espera también poder recuperar a su mujer, a “la de antes”… encuentro que, por lo general, suele tardar bastante más en llevarse a cabo.

Hay un aspecto muy importante a tener en consideración cuando hablamos del postparto a nivel psicológico, y es el fuerte vínculo emocional madre-bebé: cuando nace el bebé se da una separación física de su madre, más no emocional. A esto se le llama simbiosis, es una codependencia que se considera necesaria y natural ya que el recién nacido requiere casi exclusivamente de su madre para su supervivencia en términos de alimentación, cuidados, movilidad, etc. durante los primeros meses de vida. La madre también vive un proceso análogo de unión emocional con su bebé y es indispensable que así sea, pues es lo que garantiza que esa mujer pueda ser capaz de ofrecer a su hij@ las atenciones y cuidados constantes que requiere.

Durante este período la función del padre tiene que ser la de ser el sostén emocional que su pareja necesita para poder llevar a cabo su labor de maternaje.

Este sostén o apoyo emocional suele ser algo difícil de asumir, y a veces hasta de entender para los varones tradicionales, ya que hace referencia al cuidado y la contención ejercidos por el padre hacia la madre para que ella pueda cumplir con su función maternal. Requiere de una actitud muy activa que, según Laura Gutman implica:

  1. Facilitar la simbiosis mamá-bebé, permitirla y defenderla. Durante el postparto inmediato, para que una madre pueda estar en las mejores condiciones para sumergirse en el vínculo con su criatura, lo ideal es que pueda despojarse de la mayoría de preocupaciones posibles que no tengan que ver con el bebé. Para que esto se dé hace falta una alta implicación y capacidad de gestión por parte de su pareja en responsabilidades varias relacionadas con el manejo del hogar y lo cotidiano.
  2. Defender la relación madre-bebé del mundo exterior. Resguardar el nido, no dejar que a su mujer la apabullen con consejos, críticas, sermones sobre lo que hay y lo que no hay que hacer. Ser intermediario, convertirse en una muralla entre el mundo íntimo y el mundo externo.
  3. Proteger, contener, moderar, empatizar y brindar confianza. Cuando se tiene un recién nacido hay muchos momentos de tensión por no saber qué le pasa; hay dudas de si se está haciendo bien un sin fin de cosas relacionados con su cuidado, etc. La palabra del compañero que aporta confianza, que entiende la desesperación, el cansancio, la inseguridad, que aporta otras opciones a hacer, que ofrece otra perspectiva a la problemática, que está dispuesto a hacer relevo para que una descanse, incluso que da cierta “ligereza” a alguna situación dramática que una se haya podido montar en la cabeza, trivializándola un poco (desde la empatía y el respeto, no desde la burla o el sarcasmo) es de muchísimo valor durante el postparto.
  4. Aceptar y amar a su mujer. Lo principal en este período es no cuestionar las decisiones o intuiciones sutiles de la madre que surgen de manera inexplicable, ya que responden a un viaje interior en el cual está embarcada y del cual no tiene control. El padre no debe constituirse en un enemigo pidiendo argumentaciones, cuestionando decisiones o dando consejos. Al menos no en este primer período.

Ahora bien, una cosa ha de quedar clara. Para que un hombre pueda sostener emocionalmente a su pareja puérpera, es necesario que sea algo que ya sepa hacer de antes con lo cual tendría que, al menos, saber encargarse de su propia vivencia emocional y ser responsable de sus propios cuidados. Si antes de tener un bebé esta responsabilidad estaba colocada sobre la mujer siendo ella la que se encargaba de sostener emocionalmente a su pareja, es muy probable que él no pueda, no sepa o le cueste mucho asumir este rol.

Y podríamos decir, el padre también se ha estrenado como padre ¿quién lo sostiene a él? Por un lado ha de estar sostenido por su propia estructura emocional. No ha pasado por el volcán físico, hormonal y emocional del parto, con lo cual su conexión con el mundo está intacta, por muy cansado que él también pueda estar. Por otro, lo sostiene el trabajo que sigue siendo su lugar de identidad y de posición social. Y, finalmente, lo sostiene el tiempo de ocio –realidad pequeña pero poderosa-, una cierta autonomía y libertad que sigue manteniendo, a pesar del nacimiento de su hij@.

Una de las dificultades más importantes a la hora de lidiar con todo esto es que nadie lo explica anticipadamente. A menudo escucho en consulta quejas por parte de los maridos diciendo que sus mujeres están “demasiado pendientes de sus bebés”. Muchos hombres encuentran este estado de alerta, de constante conexión, excesivo, pero, si el vínculo entre la madre y el bebé se ha dado adecuadamente, al principio al menos, la relación no puede ser de otra manera. A medida que el bebé se va haciendo mayorcito, la madre puede ir dosificando esta conexión, puede ir teniendo espacios psíquicos para conectarse con otros, pero esto va dándose poco a poco, mientras tantos los hombres han de asumir que la paternidad también implica renuncias y que, al menos mientras los hij@s son pequeñ@s, el principal sacrificio será el del tiempo para compartir con su pareja “como antes” y el conectarse emocionalmente con ésta “como antes”. El vínculo y las dinámicas de pareja requerirán de una transformación y adecuación a las necesidades vitales del recién llegado hij@.

 

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Desde que soy psicóloga, y más aún, desde que comencé a trabajar en clínica y psicoterapia, me ha sorprendido la facilidad con la que algunas personas califican de normales comportamientos o síntomas que expresan un malestar psicológico ulterior.

Desde el corpus del conocimiento clínico y el saber de la experiencia, las racionalizaciones y otros mecanismos de defensa son comprensibles y previsibles: a la mayoría de las personas no les gusta sentirse cuestionadas en su “normalidad”, el malestar y los síntomas (propios o ajenos) siempre están diciendo algo del sujeto que muchas veces no queremos escuchar, bien porque cueste asumir algunas fallas o carencias, bien porque cuestionan nuestra manera de llevar la vida o nuestras relaciones más íntimas, o también.. por muchos otros motivos.

No obstante, desde que empecé a trabajar en el ámbito de la Maternidad y la Crianza, he ido encontrándome con supuestas “normalidades” que a veces alcanzan envergaduras escandalosas y alarmantes. No sólo porque el discurso normalizante suele darse, sorprendentemente, tanto en legos en disciplinas sanitarias como en el colectivo médico o socioeducativo (ya hablaremos de ello), sino también –y esto es lo realmente grave– porque dicho discurso lanza a las mujeres embarazadas, puérperas o que están criando, por un despeñadero sobre una bicicleta que aún no han aprendido a montar. El resultado, tristemente, es que las madres acaban apañándose como pueden: algunas logran transitar ese despeñadero sorteando los obstáculos sin mucho más que un moretón o una rascada; otras van dando tumbos y llegan bastante más magulladas y con heridas que se convertirán en cicatrices de por vida; en cambio, las menos afortunadas, bajarán a medio camino y se quedarán detenidas, sin poder ni saber cómo moverse, esperando a que pase algo que las saque de ahí pero por otros medios, como es el caso de la depresión postparto, por ejemplo.

Visto así es una situación muy desoladora…

L@s profesionales de salud que están en contacto con estas mujeres durante este período sensible son, en gran medida, l@s responsables de que esta situación se mantenga así, ya que son el principal referente y productor del discurso normalizante, respaldando sus palabras en el supuesto saber que les otorga su profesión, e incluso algun@s lo hacen sin cuestionarse si están debidamente formad@s o no para dar una respuesta que más bien corresponde a la psicología sanitaria o clínica. De este modo, me he encontrado, tanto en la consulta como en diversos foros y grupos virtuales en los que participo, con infinidad de madres cuyos médicos de cabecera, comadronas, ginecólog@s, enfermeras pediátricas, pediatras o educadores de sus hij@s, han desestimado con bastante ligereza alguna queja, malestar, síntoma, comportamiento, emoción, etc. –que alude a un sufrimiento psíquico o a un malestar emocional que pone en situación de riesgo y vulnerabilidad a alguna mujer–, diagnosticando aquello como “NORMAL”.

Dicho esto, quiero hacer algunas aclaratorias sobre las supuestas “normalidades” que una puede encontrarse durante el embarazo, el puerperio o la crianza:

  • NO es normal sentirte muy triste, angustiada, con miedos o con altibajos emocionales que te dificulten llevar tu día a día durante el embarazo. Si esto te está sucediendo es una alarma de que psicológicamente la gestación te pueda estar afectando de ciertas maneras que valdría la pena revisar, según tu historia personal. Las hormonas presentes durante el embarazo pueden generar cierta labilidad afectiva en la mujer, pero ésta no tendría que acabar en un abanico de síntomas emocionales.
  • NO es normal sentir mucho miedo, temor, aprehensión o ansiedad ante la inminencia del parto. El parto es un momento muy intenso y, sobretodo, si es la primera vez que se vive puede generar un poco de temor o ansiedad debido a la incertidumbre de una situación vital muy importante y completamente novedosa pero, si lo que estás sintiendo va un poco más allá, es posible que se estén expresando las emociones de otras vivencias pasadas mal elaboradas.
  • NO es normal que te sientas triste, decepcionada, culpable o con ganas de llorar constantes después del parto; puede que sea algo habitual, pero si te pasa es una alarma de que no estás recibiendo el cuidado o el apoyo necesario, y que te estás sintiendo sobrecargada o abrumada con los cuidados del bebé. En este caso se ha de buscar ayuda o apoyos efectivos, amorosos y fiables, así como también la compañía de otras mujeres puérperas. Y si aún así, el malestar continúa o va a más, es imprescindible visitarse con un psicólog@ perinatal.
  • NO es normal que te sientas mal por el parto que tuviste. El parto es una de las vivencias más intensas por la que pasamos las mujeres. Es una vivencia que queda grabada con fuego en nuestra memoria, siendo capaces de evocarla con detalles muchísimos años después. Si el recuerdo de tu parto está lleno de sentimientos de inadecuación, vergüenza, miedo, rabia o dolor injustificado, es posible que hayas sufrido un parto no respetado y que, por lo tanto, sea algo que debas sanar a su debido momento. Si después de un parto tienes dificultades para retomar la sexualidad o sientes temor a volver a quedar embarazada por la posibilidad de vivir otro similar, es posible que haya sido una experiencia traumática que debas elaborar con la ayuda psicológica adecuada.
  • NO es normal que te sientas sola durante la crianza de tu hij@. Hay muchos cuestiones, aspectos y sutilezas del postparto y la crianza que nadie nos cuenta. Criar niñ@s en la sociedad actual donde las relaciones sociales están diluidas, las familias extensas son casi inexistentes, hay una gran ausencia de tribu que hace que una se acabe encerrando entre las cuatro paredes de su casa, no solamente es difícil, sino que es una fuente de muchísimo malestar y sufrimiento para las madres. Si te sientes sola, ¡busca tribu! Busca espacios de encuentros con otras madres y otros niñ@s, pide ayuda para que puedas tener momentos para ti y recargar energías, y si aún así los sentimientos de soledad, malestar o agobio no cesan, busca ayuda especializada.
  •  NO es normal que te sientas agobiada, extenuada, sin ánimos de nada, sin saber hacia dónde quieres ir o qué quieres hacer, sin poder conectarte con lo que disfrutabas o hacías antes de ser madre. Si tienes esta sensación, si no reconoces la persona que eres, o te cuesta recordar la que eras antes, nuevamente, es porque vas muy sobrecargada y te encuentras solas y es un indicador de que necesitas tiempo/espacio para reflexionar, reencontrarte contigo como mujer y «rehacerte» después de la exigente tarea de la primera crianza. La maternidad hace que tengamos que dejar de lado muchas facetas de nuestra vida que antes disfrutábamos, y aunque en el momento lo hagas gustosas, al cabo de un tiempo se hace necesario recobrar un espacio adulto de individualidad que te permita reconectar con estas partes de ti que también requieren de tu atención y que son necesarias para tu crecimiento como individuo.
  • NO es normal que las parejas se distancien emocionalmente durante la crianza. Lamentablemente es muy habitual, pero eso no lo hace normal. Una pareja debería tener la suficiente solidez, madurez y comunicación como para poder ser fuente de apoyo y ayuda mutua en el momento en que la prioridad es la díada madre-bebé. Un padre o madre no gestante debería poder brindar apoyo a su compañera sin reproches de por medio, y una madre debería poder hacer peticiones claras de ayuda sin sentirse culpable. (Si quieres leer más sobre este asunto, puedes pichar aquí).

Esta lista podría ser mucho más larga. En todo caso, lo que finalmente quiero transmitir es que cualquier sufrimiento emocional o malestar psicológico durante el período de embarazo, postparto y crianza, no solamente NO ES NORMAL, sino que requiere de un acompañamiento especializado y amoroso hacia la madre que lo padece. No sólo porque está en juego la salud emocional de la madre, sino porque es necesario un bienestar mínimo para poder establecer un vínculo sano y adecuado con el bebé y poder tener la entereza psíquica que las demandas de un recién nacido o un niñ@ pequeñ@ ameritan.

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Una de las cuestiones que más se trastoca en las parejas cuando tienen uno o más hij@s son las muestras de afecto y las relaciones sexuales –¡casi nada!-. Ingenuamente, antes de ser p(m)adres, posiblemente pensabas que sí, que cambiaría un poco, que a lo mejor los primeros 2 meses no apetecería, ya sabes, el cansancio, la cuarentena… , pero que una vez que el bebé durmiera del tirón las cosas irían volviendo a su sitio, retomaríais el ritmo poco a poco, y a los 6 meses ya lo estaríais haciendo 2 veces por semana… ¡Qué! ¡A que aún te estas riendo!

Pues sí, se trata de reír por no llorar, pero la “verdad verdadera” es que la relación erótica (y me refiero a relación en su espectro más amplío: comunicación y vínculo) cambia radicalmente desde el momento en que tenemos nuestr@ primer hij@.

Iván Rotella, vicepresidente de la Asociación Asturiana para la Educación Sexual, en una entrevista realizada por La Voz de Asturias, usó una imagen que me gusta mucho: “Tener hijos es una decisión complicada y debe tomarse sopesando todos los pros y contras posibles. No es comprar otro coche o cambiar la decoración de la casa. Es incorporar otras personas a tu relación de pareja. Otras personas que al principio tienen una absoluta dependencia hacia a ti y que constantemente necesitan tu atención y pasarán muchos años hasta que eso pueda cambiar un poco.[1] Incorporar a otras personas en tu relación de pareja implica muchísimos ajustes y renegociaciones que ni tan sólo imaginábamos…

 La relación erótica en la pareja muta, y como nadie nos informó al respecto, es habitual que algunas parejas pasen por una crisis importante antes de recolocarse del todo. En este sentido hablo de algo mucho más allá de las relaciones sexuales (su calidad, duración y frecuencia), hablo de la expresión de la sensualidad y el erotismo en la pareja: ambos miembros, pues ya no son lo que eran, ni ocupan exactamente el mismo lugar en el Otro, deberán reaprender a relacionarse y a establecer nuevas dinámicas, en donde el juego, las muestras de afecto y la sensualidad necesitan de un protagonismo especial, más que la relación sexual en sí, y este es un chip que a algunos hombres les cuesta cambiar (aunque parece que cada vez menos).

La experiencia clínica con madres puérperas y con parejas en proceso de crianza, me ha permitido diferenciar tres momentos en los que la pareja se ha de reajustar en muchas áreas y dinámicas: durante el primer año de las criaturas, durante la crianza de l@s niñ@s cuando son pequeñ@s, y durante la crianza de l@s hij@s adolescentes. En este post sólo hablaremos del primer momento, del segundo y del tercero lo haremos en los siguientes.

El primer año de postparto.

La mayoría de los estudios sobre sexualidad en el postparto, a parte de ser escasos, cuantitativos y con una muestra poco representativa, se enfocan en las primeras 8 semanas del postparto cuando, en realidad, el postparto va mucho más allá del final de la cuarentena. En un estudio que encontré recientemente por Internet me topé con datos que cuestan mucho creer. Según la autora, “entre la sexta y la octava semana después del parto, entre el 40 y el 60% de las parejas han tenido su primera relación coital, lo que aumenta al 80% de las mujeres en la duodécima semana de postparto”[2]… ¿Qué mujeres son estás? ¿A los dos meses de haber parido? ¿En serio?… La investigación no dice con cuantas mujeres contó, pero sospecho que fueron muy, muy pocas y muy, muy atípicas…

La “verdad verdadera” es que el primer año del nacimiento de una criatura no suele ser un año muy sexual. Y la recuperación del deseo en las mujeres se verá afectada por una multitud de variables: la primera y más importante es lo “indemne” que haya podido salir del paritorio. La vivencia del parto afecta de manera muy profunda y prolongada la sexualidad en el futuro, tanto en las mujeres, ¡como en los hombres!.

En lo que respecta a las mujeres, aquellas que han tenido una vivencia positiva y respetada del parto tienen menos dificultades a la hora de retomar la sexualidad, que las que tuvieron una experiencia de parto irrespetado y doloroso, cuya consecuencia física, por ejemplo, es una episiotomía con una cicatriz tivante, o una cesárea de la cual recuperarse. Evidentemente este grupo de mujeres tienen que asumir no sólo una recuperación física, sino también, y sobre todo, una recuperación psicológica. De hecho muchas mujeres que han tenido un parto difícil o muy medicalizado, pueden llegar a sufrir algunos síntomas del trastorno de estrés postraumático que puede degenerar en problemas de lubricación, vaginismo, dispareunia, miedo a la penetración o a un nuevo embarazo.

En cuanto a los hombres, hay un aspecto que ha sido muy banalizado últimamente, y sobre el cual consigo pocas reflexiones, y éste tiene que ver con las consecuencias que puede tener el hecho de que actualmente algunos hombres están acompañando a sus mujeres durante todo el proceso de parto.

Antiguamente –y en las comunidades tribales sigue siendo de esta manera–, el parto era una “cosa de mujeres”, el hombre solía esperar en otra habitación o rodeado de otros hombres. Son imágenes que hemos visto en muchísimas películas. Con la medicalización del parto también se dio la masculinización del parto. Es decir, el hombre comenzó a inmiscuirse en un terreno que era fundamentalmente femenino. Esto ha degenerado en los partos modernos que vivimos actualmente: medicalizados, intervencionistas y sin ningún sentido de la intimidad; pero es que además, ha llevado también a que el padre de la criatura pueda ser testigo de primera línea del nacimiento de sus hij@s. ¿Y que cuál es el problema? Suponemos que si queremos tener un compañero comprometido con todos los aspectos de la crianza de nuestr@s hij@s es lógico pensar que este compromiso comienza desde el mismo momento del nacimiento, ¿no?

Si y no. No es lo mismo el hombre que está en el paritorio en calidad de acompañante de su mujer con la intención de darle apoyo físico y emocional y ser una fuente de protección y de compañía, que el que entra para “presenciar en primera fila” (y en algunos casos, hasta grabar) el nacimiento de su hijo.

En una conferencia a la que asistí hace tiempo, Michel Odent dijo que los hombres no tienen nada que hacer en los paritorios. Hay aspectos de la sexualidad femenina que deberían seguir estando velados a lo masculino. No es inusual que algunos hombres que han presenciado el momento del parto desarrollen una amistad muy potente con la madre de su hij@, pero también que pierdan la libido y el deseo sexual hacia su mujer como mujer. Ver la zona que hasta ahora había sido protagonista del placer sexual abrirse, expandirse y permitir la salida del propi@ hij@, psicológicamente tiene connotaciones y resignificaciones en los hombres que no deben ser minimizadas. No es poca cosa lo que ven, siendo quienes son, amantes, y retomar nuevamente esta zona sólo como un espacio de placer y disfrute algunas veces puede ser complicado.

Ahora bien… supongamos que hemos superado el paritorio, llegamos a casa con la lactancia, las preocupaciones por el bebé, la recuperación física tras el embarazo y el parto, la falta de sueño, el cansancio, los cólicos, nuestras angustias… y comienza lo que para much@s (sobre todo para algunos hombres) puede definirse como el desierto del posparto. Pasan los días, las semanas, los meses y las cosas no vuelven a ser como antes… La realidad es que (y evidentemente aquí hay muchísimas diferencias) la mayoría de las parejas retoman las relaciones sexuales en algún momento alrededor de los 6 meses (un poco antes o incluso bastantes meses después), hay quienes lo hacen cuando la criatura está alrededor del año y bueno… aquello de 2 o 3 veces a la semana quizás no ocurra durante muchos años (sobretodo si por el camino tenemos más hij@s y volvemos a la casilla #1)

Un elemento del que no podemos olvidarnos es que la lactancia es un aspecto más de la sexualidad femenina. Durante los primeros 6 meses del bebé la producción de prolactina puede inhibir el deseo sexual femenino, además de que las madres solemos estar llenas de amor y dedicación hacia nuestra criatura, con lo cual hay poco espacio psíquico para otro tipo de intereses, preocupaciones y ocupaciones, que no sea la de madre-bebé (y aquí el por qué las mujeres que no dan el pecho y no producen prolactina tampoco tienen ganas de tener relaciones sexuales durante los primeros meses).

El momento en que cada mujer retoma las relaciones sexuales con su compañer@ va a depender, principalmente, de un compendio de factores psicológicos en su nuevo estado de maternidad: lo segura o preocupada que se sienta con respecto a la criatura (incluso cuando ya es más mayor), el cansancio acumulado, la falta de sueño, la carga mental y/o física de las tareas del hogar, las preocupaciones económicas y/o laborales, la relación (y la consecuente atracción o rechazo) con su propio cuerpo tras el parto, la relación con su nuevo rol de madre lactante y las implicaciones eróticas que conlleva (que a muchas genera incomodidad y/o rechazo), la cantidad de gratificación y satisfacción amorosa –que en algunas llega al arrobamiento–, que obtengan con su bebé, lo sola o acompañada que se encuentre, la validación que como madre haya podido recibir, pero, principalmente, va a depender de cómo percibe que ha sido o está siendo el acompañamiento recibido por parte de su pareja: si la pareja ha estado implicada, ha sido comprensiv@, la ha apoyado emocionalmente, ha resultado ser un soporte real en los momentos de angustia, le ha brindado los cuidados y el afecto que ha necesitado, la ha acompañado y no se ha apresurado a volver a su vida de antes, hay muchas más probabilidades de que a la mujer se le encienda el deseo por su pareja cuando ella se sienta preparada, que no si el panorama ha sido otro. Son muchas las mujeres que, llegado un momento en el postparto, están ya preparadas a retomar las relaciones sexuales pero a su vez, sienten tanto enfado por el poco apoyo que han recibido de sus parejas que, hasta que no se habla de ello y hay un reconocimiento de este malestar por parte del Otro, el encuentro se atrasa.

De hecho, es habitual que algunas mujeres rechacen las expresiones de afecto de sus compañer@s debido al temor de que si se muestran receptivas quizás su pareja reciba el mensaje de que están dispuestas/deseosas a tener relaciones. Esto, sumado al día a día del postparto, genera distanciamiento afectivo entre la pareja y reproches que seguramente saltarán en discusiones en el futuro. Lo cual lleva a lo más anti-erótico que existe: resentimiento, aversión, hartazgo, o incluso odio.

También se ha de tener en cuenta algo muy básico pero natural: el actual atractivo físico y de carácter de la pareja. Y es que por los motivos que sea, muchos hombres al convertirse en padres, se dejan y esto, también genera un efecto negativo.

En todo caso, necesitamos tiempo. Laura Gutman nos dice que tanto nuestro cuerpo como nuestra mente necesitan tiempo. Yo agrego que nuestro bebé y nuestro deseo, también. Conozco a poquísimas mujeres que tuvieran ganas de tener sexo después de la cuarentena, la mayoría ni se lo plantean (independientemente de que se hayan recuperado bien del parto), estamos tan centradas en la díada mamá-bebé que nuestro marido (como hombre) se torna invisible. Y si no mantenemos una buena comunicación con nuestra pareja en la que nos sintamos libres de expresar nuestros miedos y temores, se está colocando el escenario del distanciamiento. Él puede sentirse rechazado o pensar que ahora sólo nos llena la presencia del bebé. No podemos olvidar que después de que nace el bebé, la vida del padre no cambia tanto como la nuestra. Normalmente mantiene el mismo trabajo y su cuerpo no ha cambiado, tanto. Hay más continuidad. Es comprensible que un padre pueda ver las relaciones sexuales como una reafirmación de su anterior relación de pareja. Puede sentirse cansado y desorientado y desear el consuelo y el placer que encuentra en el sexo. Todo esto hay que hablarlo, aunque el bebé de pocos momentos para ello, se han de aprovechar al máximo y agotarlos.

Cada uno necesita algo diferente. ¿Y qué se puede hacer? Hacer un ejercicio de honestidad con nosotras misas es lo primero, asumirlo y conversarlo para poder llegar a acuerdos que sean convenientes para ambos. En este sentido hemos de ser abiert@s y flexibles, si nuestro compañero necesita descargar energía sexual porque no puede sublimarla, o está muy tenso, pactar recurrir al recurso de la masturbación sin que suponga un conflicto para la pareja, podría ser una opción. Cada pareja ha de encontrar su fórmula y para esto, mientras más abierta y honestamente hablemos de sexualidad con nuestra parejas (de la propia, la suya y la conjunta, que son tres cosas distintas) más números tenemos de que sea algo que pueda volver con mucha más intensidad y con una mayor sensación de unión a la vida de la pareja.

De momento, si te encuentras transitando el desierto del postparto y te apetece empezar a hacer algo al respecto –asumiendo que no hay reproches ni malestares guardados hacia la pareja que dificulten asumir con agrado cualquier iniciativa­–, se puede comenzar a estimular el deseo y la apetencia sexual aceptando un acercamiento progresivo y una normalización gradual de la sexualidad, sin tener mayores expectativas ni ser exigente. Hay que buscar condiciones que faciliten el deseo, sobre todo en la mujer, por ejemplo proporcionando momentos de descanso y momentos y espacios de intimidad afectiva entre la pareja, en donde se pueda conversar sobre el sexo, sobre nuestros deseos, fantasías, anhelos, temores, dificultades, aprendiendo o redescubriendo que existen muchísimas maneras de disfrutar y sentir placer con el otro y que la genital es sólo una de ellas.

Si te ha interesado este post, quizas también te interese «Ya no somos lo que fuimos». Cuando ser p(m)adres genera fracturas en la pareja o también, Aspectos Emocionales del Posparto.

[1] Iván Rotella. ¿Se pueden evitar las rupturas de pareja? La Voz de Asturias. 28/05/2016. Las negritas son mías

[2] González Roble, L. (2016). La Sexualidad Femenina en el Postparto. Una Investigación Cualitativa desde la Teoría Fundamentada. Universidad de Cantabria, disponible en https://repositorio.unican.es/xmlui/bitstream/handle/10902/8559/GonzalezRoblesL.pdf?sequence=1.

 

Aunque parezca difícil de creer, el nacimiento de un hij@, por muy desead@ y buscad@ que haya sido, es una de las principales causas de crisis, e incluso de ruptura, de la pareja. El mayor porcentaje de separaciones matrimoniales se produce cuando alguna de las criaturas no llega aún a los 3 años de edad. ¿Porqué?

Habitualmente cuando esperamos a nuestro primer hij@, fantaseamos sobre cómo va a ser nuestra vida cuando seamos m(p)adres. Las expectativas empiezan a aparecer desde el mismo momento que tenemos la confirmación médica de que todo marcha bien. Seguidamente, vienen los miedos y las inseguridades de si podremos o no ser buenos p(m)adres, de si estaremos a la altura de lo que la tarea requiere, etc. Sin embargo, poco pensamos y conversamos sobre cómo se va a transformar nuestra relación de pareja ni sobre el estilo de crianza que queremos llevar, cosa que en cierta media es comprensible, ya que en cierto grado no podemos ni imaginar qué transformaciones se van a dar ni cuál es la implicación y dedicación que tendremos con nuestra criatura.

La pareja no es un elemento estático ni inmóvil, bien al contrario, se va transformando en la medida en que van cambiando nuestra vida, nuestras circunstancias laborales, económicas, sociales y familiares; y en la medida en que se va profundizando y fortaleciendo el vínculo, a su vez, la pareja tampoco es inmune a la cultura y las modas sociales que puedan aparecer en un momento determinado. Del mismo modo, las dinámicas y las prioridades dentro de la pareja cambian con la llegada del primer hijo, y vuelven a cambiar con la llegada de un segundo y así sucesivamente y, mientras los niñ@s se encuentran en la primera infancia (período que va de los 0 a los 3 años), los espacios para compartir en pareja son sino limitados, al menos diferentes y, la mayoría de las veces esto nos toma completamente por sorpresa, tanto a hombres como a mujeres.

Con frecuencia me encuentro en la consulta a muchas parejas que tras haber tenido un hij@ pasan un período en el que casi no se reconocen; hay distancia emocional y muchas quejas de parte de ambos, pocos espacios para conversar pausadamente y en cambio muchas discusiones por situaciones que antes eran más o menos irrelevantes, hay cansancio sostenido por el cuidado constante de un bebé o de uno o más niñ@s pequeñ@s, por la presión del peso del hogar y de lo económico, por las dificultades de conciliar, y descontento por los roles que asume cada uno dentro de la crianza. Cada familia lleva su «pack» especial dependiendo de su idiosincrasia particular, pero todas entran de una u otra manera dentro de esa nueva dinámica.

¿Y que es lo que ha pasado?

Cada familia tiene su historia particular que hará que la problemática se centre más en uno u otro aspecto, pero en general se pueden enumerar brevemente algunos elementos comunes:

  • La vivencia del embarazo y el parto. Algunas veces ya desde el mismo momento del embarazo pueden empezar a aparecer síntomas de que la pareja no marcha bien, en muchos casos expresado en el área de la sexualidad: cierto descontento porque a uno de los miembros de la pareja no le apetece tener relaciones sexuales por temores, por aprehensiones o por falta de deseo. Otra área en el que se expresa es que el hombre puede tomar cierta distancia de los preparativos de la llegada del bebé, o no vive el embarazo con la misma ilusión que la mujer, lo cual suele generar en ella inseguridades de su futura vinculación como padre, además de sentirse herida o sola. El parto, por otro lado, su vivencia, si ha sido un parto respetado o no, con muchas o pocas secuelas físicas o psíquicas, si la mujer se ha visto vulnerable o empoderada, son elementos que la marcarán para toda la vida y esta experiencia teñirá de alguna manera su relación con la sexualidad y con su pareja.
  • El período del postparto. Ese momento físico y emocionalmente intenso que comienza cuando nace nuestra criatura y que acaba… ¿con la cuarentena? ¿a los 3 meses, a los 6, a los 9, a los 2 años? El postparto tiene implicaciones físicas importantes, muchas de las cuales conllevan secuelas directas en la instauración exitosa de la lactancia y, más adelante en la recuperación de una vida sexual satisfactoria. Está directamente relacionado con el tipo de parto que se haya tenido y que va a generar, psicológicamente hablando, un estado diferente en la mujer, con lo cual, un “estar” con el bebé y con la pareja, que estará tocado por esa experiencia. (Si quieres leer más sobre los Aspectos Emocionales del Postparto pincha aquí). Y aquí ya entramos en el mundo de lo emocional. Ni los hombres ni las mujeres tenemos idea de todo esto hasta que estamos en el meollo. Los hombres que cuentan con una madurez emocional, que saben hacerse cargo de sí mismos y que están conectados con su pareja, suelen saber apoyar, acompañar y sostener las necesidades de la nueva madre durante este período tan importante. Los hombres inmaduros, dependientes y egocéntricos tienen muchas dificultades para entender el cuidado que su pareja necesita.
  • Las necesidades de cuidado continuo del bebé. Muchas veces es algo que no nos esperamos, nos hemos creído el cuento de que el bebé no hace más que «comer y dormir» y nada más alejado de la realidad. Los bebés requieren de mucho soporte físico y, sobretodo, emocional. Cada etapa tiene su distinción particular, pero hasta los 3 años, sus m(p)adres constituyen el referente emocional principal a partir del cual la personalidad de la criatura va a ser construida. ¡Gran tarea, sin duda! pero ¿qué pasa cuando no hemos hablado con la pareja sobre cómo les queremos criar? ¿dónde queremos que duerma? ¿cómo queremos que coma? ¿cómo se instauran los límites y la disciplina? ¿en quién confiamos para que le cuiden? ¿a qué edad queremos que vayan a la escuela? ¿Qué tipo de educación queremos que reciba?… Temas que pueden generar, sin duda, grandes batallas campales y desencuentros importantes en la pareja.
  • El peso de la rutina y de las tareas del hogar. Cuando los hij@s son pequeñ@s las rutinas pueden ser bastante monótonas y desgastantes, sobretodo los dos primeros años en los que las necesidades de la criatura no dan tregua y algunas cosas tienen muy poco margen de variabilidad. Esto puede representar una sombra importante para la relación de pareja, no nos olvidemos que tan sólo 1 año antes podíamos improvisar una cena, una quedada con amigos o ir a pasar un día a la playa, lo único que se necesitaba era un poco de disposición para ello. Por otro lado, las tareas de las casa se hacen interminables y agotadoras, antes quizás no importaba tanto quien tiraba la basura, hacia la colada u ordenaba la cocina, a eso se le ha de sumar la presencia del bebé y sus cuidados. A menudo encuentro en la consulta que las mujeres se quejan de llevar ellas todo el peso de las tareas domésticas y de tener poca colaboración por parte de sus compañeros con lo cual una prenda de ropa olvidada accidentalmente en el suelo del lavabo se puede convertir en una discusión de horas.
  • El cambio en la relación sexual. Y no me refiero sólo al cambio en las relaciones sexuales (frecuencia, calidad, duración, etc.) sino al cambio en la relación erótica en la pareja. Si quieres leer a profundidad sobre este tema en específico, puedes clicar este post pero, de manera resumida, la sexualidad en la pareja también ha de resituarse. Ambos miembros tienen que aprender a relacionarse con un nuevo cuerpo (¡y no sólo el de la mujer, que ahora es madre, que quizás amamanta, etc.!) y a establecer nuevas dinámicas, al menos durante el primer año de postparto, en donde el juego, las muestras de afecto y el erotismo quizás necesitan de un protagonismo especial, más que la relación sexual en sí, y este es un chip que a algunos hombres les cuesta cambiar (parece que cada vez menos). Con lo cual muchas veces las mujeres rechazan las expresiones de afecto de sus compañeros pensando que si son receptivas a ellas quizás él reciba el mensaje de que están dispuestas/deseosas a tener relaciones, también se pueden dar casos de mujeres con muchas ganas de tener intimidad y hombres inhibidos o sospechosamente inapetentes. Todas estas cosas deben hablarse entre la pareja: mucho y sin tabúes… Pero de esto hablaré en otra entrada.
  • La transformación de la maternidad. Es innegable que la maternidad es una revolución que se genera dentro de nosotras y que nos pone la vida, las prioridades, los planes de futuro y las expectativas completamente patas arriba. Nos tomará un tiempo recolocarlo todo, encontrar un nuevo orden y alguna vez pasará que cuando creemos haberlo encontrado, alguna necesidad de nuestra criatura nos hace cuestionarlo todo de nuevo. Esto sobretodo se expresa a nivel emocional. Dice Laura Gutman que «cada bebé es una oportunidad para su madre para rectificar el camino del conocimiento personal, para sacar a la luz viejas heridas y realizar las sanaciones adecuadas»[1]. No teníamos ni idea de que el amor fuera algo así de potente, de que un ser tan pequeñito tuviera un protagonismo tan fundamental en nuestras vidas. Algunos hombres también viven la paternidad de una manera parecida, otros se relacionan con sus hij@s desde un lugar menos «intenso» (esto no quiere decir que no les quieran, sino que son uno más de los elementos importantes de su vida). Sea como sea, los hombres suelen encontrarse perplejos ante esta nueva mujer capaz de revolucionarlo todo y de poner cualquier cosa en jaque por su criatura; al principio puede pensar que es consecuencia de lo “hormonada” que está su mujer, del cansancio, de la instauración de lactancia, etc. Quizás alberguen la esperanza de que pasada la cuarentena (que en realidad no es para nada el fin del puerperio) reencontrarán a su mujer normal y corriente, la de siempre. Pero resulta que este reencuentro no llega nunca, al menos no durante los primeros dos años; y si hablamos de un hombre con algunos elementos inmaduros, dependientes o infantiles, empezarán a surgir desencuentros y discusiones, sobre todo, porque la mujer-madre no podrá sostener emocionalmente a su marido-niño, sólo tendrá espacio para maternar a su hijo. Esto muchas veces puede hacer que el hombre se sienta rechazado, desplazado, excluido, pues ya no hay nadie que cuide de él.
  • El tiempo de ocio. Algo muy preciado y sostenedor dentro de la pareja que, momentáneamente, se ha perdido. Con un bebé en casa hay pocos momentos disponibles, de hecho, la mujer tiene todo su espacio psíquico ocupado, y cuando el bebé le da una tregua, lo que realmente quiere es tiempo para sí misma. Por el contrario, el hombre se encuentra con su espacio psíquico disponible (cuenta con el trabajo y la vida «en la calle»), por lo que demanda a su mujer más tiempo de pareja. Aquí nuevamente se produce el desencuentro. Cada uno necesita algo diferente con lo cual, se hace necesario conversarlo y llegar a acuerdos que sean convenientes para ambos.
  • Los estilos de comunicación. En medio de las discusiones, sobre todo cuando se arrastra cansancio y sueño acumulado, la manera como se comunica una pareja puede mejorar o, por el contrario, empeorar el problema. Debemos preguntarnos si sabemos hacer demandas de la manera adecuada, expresando realmente lo que estamos sintiendo sin caer en acusar o culpabilizar al otro de la situación, si realmente escuchamos al otro cuando hablamos o sólo usamos sus argumentos para contraargumentar, si somos capaces de ver y entender las necesidades que pueda tener el otro y tener disposición para ayudarle, etc.
  • La familia extensa. Algunas veces contamos con abuelas (madres y suegras) maravillosas, que nos apoyan en la crianza que hemos decidido tener sin cuestionarla, nos echan un cable, y nos ayudan a recuperar un poquito los espacios de intimidad tan escasos entre la pareja. Otras veces, menos afortunadas, tenemos madres o suegras intrusivas, que critican, ponen en duda y nos infantilizan, si te interesa leer más sobre este tipo de abuelas, picha aquí. La manera en la que una pareja afronta y limita a la familia extensa, puede fortalecer o debilitar el vínculo entre ellos.
  • La existencia de problemas anteriores no resueltos.  Así lo expresa Gutman: «La aparición del recién nacido, la ruptura emocional que esto produce en la madre, la travesía por el puerperio, la pérdida de referencias de identidad y sobre todo el cansancio, ponen en evidencia ciertos funcionamientos dentro de la pareja que repentinamente se vuelven intolerables cuando antes no generaban conflicto»[2]. Es así como, en muchísimos casos, no es la presencia de l@s niñ@s pequeñ@s lo que desorganiza a la pareja, sino que dicha presencia pone en evidencia el funcionamiento original de la misma, el cual, dada las circunstancias actuales se hace insostenible.

Establecer acuerdos previos al nacimiento de los hij@s es primordial, evaluar lo que esperamos el uno del otro y conversar sobre si el otro está en capacidad de ofrecer eso o no, ver como son nuestros roles y redefinirlos si hace falta, estudiar juntos la historia personal de cada uno, los patrones de crianza vividos, los valores dentro de los cuales se ha crecido, negociar qué hacer con las diferencias. Se hace necesario revisar y repactar todos los acuerdos tácitos de la pareja, leer la letra pequeña ya que las condiciones cambian con el nacimiento de l@s hij@s, se pasa de ser pareja a ser familia y si se quiere sobrevivir en el intento, necesariamente hay cláusulas que revisar y modificar, pero esto sólo es posible si estamos acostumbrad@s a comunicarnos entre nosotr@s, a contarnos lo que nos pasa y a respetarnos y tenernos confianza. Y si ya ha nacido el primer hij@ y nos encontram@s con que esta tarea no ha sido hecha, se ha de tomar como una oportunidad para el crecimiento y el fortalecimiento de la pareja, y si es necesario, buscar a un profesional de escucha atenta y receptiva que nos pueda ayudar y acompañar en este proceso.

 

[1] Laura Gutman (2003). La Maternidad y el Encuentro con la Propia Sombra

[2] Laura Gutman (2009). La Familia nace con el primer hijo. Historias de parejas con niños pequeños.

La Salud Mental Materna Importa

«La Salud Mental Materna Importa» (#maternalMHmatters) es el mensaje con el que se desea llamar la atención hacia el tema en la Semana Mundial de la Salud Mental Materna, pero ¿qué quiere decir que la salud mental materna importa?, parece obvio, ¿no? Sorprendentemente a veces no lo es tanto.

Un vínculo sano entre una madre y un bebé comienza con una buena salud mental por parte de la madre. Esto es algo que los psicoanalistas John Bowlby y Donald Winnicott ya habían estudiado, observado y descrito desde 1950; sin embargo, sigue siendo algo que nos resistimos a aceptar, tanto a nivel social, como sanitario, por ejemplo en la atención que reciben las mujeres gestantes durante sus controles de embarazo, así como también en las consultas de pediatría. Comentarios del tipo «es normal», «son las hormonas», «con el tiempo pasará», «te preocupas demasiado», «deberías relajarte un poco», etc., suelen ser habituales cuando una mujer embarazada, o en postparto inmediato, expresa algo del orden de su malestar psicológico.

«Dos de cada diez mujeres padecen algún problema mental durante el embarazo o el primer año tras haber dado a luz. El 75% de éstas no son diagnósticas ni reciben el tratamiento y soporte adecuadoÉstas son cifras a nivel mundial.

De entre los distintos trastornos, el padecer más común es la depresión postparto (que muchas veces comienza durante el embarazo) y puede afectar a mujeres de cualquier procedencia, cultura o nivel socioeconómico y educativo, generando consecuencias importantes a largo plazo tanto en la madre como en la criatura y en el vínculo que entre ellos se genera.

“El estado psíquico de la madre afecta enormemente al bebé desde la gestación. Si sufre ansiedad, estrés o depresión el embarazo se complica, puede producirse un parto prematuro, hemorragias, infecciones… Además, su estado de ánimo afecta, de diversas maneras, al desarrollo cerebral de su bebé, condicionándola, incluso a muy largo plazo”, comenta la psiquiatra Ibone Olza en una entrevista para El País.  «Si la madre no está bien, si no se detecta su sufrimiento y no se le ayuda o se trata, además de al bebé, se verá afectada también la relación de pareja y la crianza de los otros hijos”.Con lo cual, si estás embarazada y sientes que algo no «marcha bien», te sientes angustiada, estresada, con muchos miedos o/y temores, con cambios de ánimo bruscos e inesperados, ganas de llorar, sensación de soledad.., busca ayuda. Si ya ha nacido tu bebé y te sientes triste, desanimada, irritable, con angustias o miedos, sola, con mucha presión encima, con temor a estar a solas con tu bebé por no saberlo atender adecuadamente o poderlo dañar, con fantasías o temores de que te pase algo a tí o a tu bebé, no son las hormonas, no es normal, no se irá solo, pero sobretodo, no es tu culpa y no es algo por lo que debas ocultarte o avergonzarte. ¡Habla de ello! ¡Expresa tu malestar! ¡Busca ayuda!

 

Cuando estamos embarazadas es usual enfocar todas nuestras energías en la preparación para el parto, es comprensible. El parto es un momento, más o menos largo, muy, muy importante que cambia nuestras vidas para siempre, en el que no sólo nace nuestro bebé sino que también nacemos nosotras como madres. Las suecuelas de un buen o un mal parto nos generarán satisfacción o insatisfacción durante muchos años.

Prepararnos para el parto no es algo superfluo que se haga en ocho sesiones de clases de preparto, en realidad es un proceso psicológico (además de fisiológico) mucho más complejo en el que vamos trabajando de manera consciente, pero también inconscientemente, desde el momento en que sabemos que nuestro bebé es viable, y en muchos casos desde antes.

Sin embargo, por mucha o poca preparación que hayamos tenido para ese momento, no con poca frecuencia me encuentro con madres que, al llegar a casa con su bebé, se sienten completamente perplejas y confundidas en el postparto inmediato; incluso, muchas hacen comentarios como “no sabía que esto era así”, “me habían dicho que dormiría poco pero no me imaginaba este cansancio”, “nadie me explicó que los primeros días fueran tan duros”, etc. El posparto, para muchas, es el gran ignorado y desconocido… Pasamos dos o tres días en el hospital, llegamos a casa y nos preguntamos: “¿y ahora, qué?”

¿Ahora que hago con esta criatura tan pequeñita en los brazos?¿Y ahora, porqué llora? ¿Y ahora, porqué no se coge al pecho?¿Y ahora, porqué no se duerme? ¿tendrá frío, tendrá calor? ¿Y ahora, porqué las cacas son de este color? ¿Y ahora, y ahora?

Si a estos interrogantes le sumamos el cansancio, la falta de sueño, el hambre de leona que nos entra, el marido que a veces (cada vez menos, por fortuna) no acaba de ubicarse, el desorden que se va acumulando en la casa, las visitas eternas y sus opiniones “bien intencionadas”, el caos está servido.

Me gustaría plantearte algunas recomendaciones básicas para sobrevivir a estos primeros días, o semanas, de caos:

1. Lo primero y principal, lo más importante: necesitas tranquilidad, silencio e intimidad. Es el momento de re-conocerte, nunca mejor dicho, con tu bebé, para lo cual es vital la mayor cantidad de intimidad posible. Hay visitas que pueden esperarse unos días y no pasa nada. Ten esto como una prioridad.

2. Si has decidido dar el pecho resalta con rotulador el punto número 1, pero además: dar el pecho no duele, lo repito, no duele, no te tienes porqué acostumbrar, no se te tiene que hacer cayo, no te tienes que aguantar, no es normal que se haga grieta. No. Si estás sintiendo molestias al dar de mamar debes buscar asesoría para identificar qué está sucediendo, muchas veces es sólo una cuestión de postura, otras veces no. Pero recuerda: una simple molestia puede convertirse en pocas horas en grietas y heridas. Hay asociaciones, como Alba Lactancia Materna y La Liga de la Leche, que tienen grupos para atender a madres lactantes. Hay muchos otros grupos que también funcionan en espacios de crianza o en centros cívicos, y también hay asesoras de lactancia que pueden visitarte en tu casa. Si estas teniendo dificultades con el pecho, busca ayuda lo antes posible. 

3. Si estas leyendo esto y aún no has dado a luz: equipa tu despensa y, si es posible, cocina varias comidas y guárdalas en el congelador. Si ya tienes a tu bebé y esto no lo hiciste pero tienes alrededor alguna abuela entusiasta, delégale todo lo relacionado con la cocina y los alimentos, explicando lo importante que es que tú puedas tener esto cubierto para sólo encargarte de tu criatura y de descansar. Si no tienes a tu madre o a tu suegra cerca, piensa en alguna buena amiga y pídeselo, seguro que alguien podrá echarte una mano. 

4. Relacionado con el punto anterior: procura tener siempre a mano comida y bebida disponible. Dar el pecho da mucha hambre y mucha sed, y es vital hidratarse adecuadamente pero eso sí, siempre haciendo caso de las señales que te de el cuerpo.

5. Aprovecha todas las horas de descanso posible. Cada vez que el bebé duerma, duerme.Olvídate de las lavadoras, de lavar platos, de recoger, de atender visitas, de responder correos, etc., esas cosas las puede hacer tu marido o compañero (o algún otr@ entusiasta que quiera venir a casa). 

6. Si es posible, habla con tu pareja antes de que nazca la criatura sobre el tipo de apoyo que quieres de él o ella, sobre lo que necesitas que te aporte, no sólo a nivel logístico, sino también y sobretodo, a nivel emocional.

7. Si te encuentras agobiada con las visitas, o sientes que el apoyo de las abuelas no está resultando o no te están sabiendo dar lo que tu necesitas, no te metas en esa batalla ahora. Tu bebé necesita que todas tus energías estén enfocadas hacia él o ella, pídele a tu pareja que gestione estas situaciones por ti y que salga a la defensa de la recién nacida familia. Por si acaso, también puedes leer este post.

8. Es posible que experimentes cambios bruscos de humor que te puedan dejar sorprendida. Puedes pasar de estar tranquila a estar furiosa, o de estar alegre a querer llorar en un segundo. Estos arrebatos emocionales son consecuencia de la revolución hormonal que está ocurriendo dentro de ti. No te preocupes, pasará.

9. Si te sientes un poco triste, melancólica, si alguna vez te levantas pensando que la maternidad quizás no era lo que te imaginabas o tienes muchas ganas de llorar, esto también es normal, se llama babyblues. Date el permiso de sentirlo y de llorar si es lo que necesitas. Los primeros días del posparto son de mucha exigencia emocional para nosotras, y aunque tener un bebé es una gran dicha, no siempre tenemos que estar alegres.[1]De todas maneras, si estás así es posible que no estés recibiendo todo el apoyo que necesites, este post puede ayudarte si necesitas saber más sobre el babyblues.
 

10.Es posible que la maternidad remueva algunos recuerdos, valores y creencias de nuestra propia infancia o del modelo de crianza en el que crecimos, bien para reforzarlos o para cuestionarlos. Cada vez que puedas habla de estas cosas con tu pareja y plantéate el modelo de crianza que queréis seguir, eso os ayudará a tener las cosas más claras.

11.Si te lo puedes permitir, contrata a alguien que se encargue de la limpieza de la casa por una temporada, así no te tendrás que preocupar por eso. Si no te lo puedes permitir, pídelo de regalo. Créeme, tu bebé necesita menos ropita, mantas y peluches, y más de su mamá y su papá descansados.

12.Si te apetece recibir visitas pídeles que, cuando vengan, traigan una botella de agua de 5 litros a casa, o cualquier otra cosa que te haga falta en ese momento. Lo agradecerás.

13.Si empiezas a ver a tu marido como “el hombre ése que duerme a mi lado y que no hace nada como a mí me gusta”, no te preocupes, esto también pasará. Pero si estaís discutiendo más de lo usual, habla con él o ella al respecto. Muchas veces el cansancio nos hace estar más irritables, busca estrategias para vuestra comunicación sea más efectiva, planteando directamente lo que se necesita y evitando caer en discusiones estériles.

14.Es probable que después del parto sientas que te ha quedado una barriga de 6 meses de embarazo. No es el momento para preocuparse por el cuerpo, ya habrá tiempo y sin que te des cuenta mucho de lo que ahora “te sobra” se irá por sí solo.

15.Haz oído sordo a todos aquellos comentarios, opiniones, consejos, directrices, etc., que pongan en duda tus decisiones como madre. Confía en que eres y serás una buena madre para tu hij@, y en que nadie conoce a tu bebé más que tú, con lo cual nadie mejor que tú para saber lo que tu bebé necesita. Escucha a tu instinto. Y si estas hasta las narices de ese tipo de comentarios, siempre puedes mandarlos a hacer puñetas y quedarte tan ancha. No tienes porque escuchar cosas que te irriten o te hagan sentir cuestionada o insegura.

16.Busca apoyo. La maternidad es un momento muy intenso, en el que solemos estar muy vulnerables. Es vital que busquemos apoyos efectivos, personas que puedan acompañarnos, escucharnos, ayudarnos sin juzgarnos, dejándonos tomar nuestras propias decisiones. Para esto están las doulas.

17.Si sientes que el parto ha sido duro o traumático, busca alguien con quien hablar de eso. Puedes acudir a una doula o a algún grupo de posparto o de crianza. 

18.Hazte con una tribu. Es muy importante que durante los primeros meses de la crianza te rodees de otras madres que están viviendo lo mismo.Busca grupos de crianza, grupos de apoyo a la crianza, grupos de lactancia, lo que sea que te permita sentirte acompañada y apoyada por otras madres. En Barcelona hay lugares a los que las madres pueden ir con sus bebés a hacer actividades de lo más variopintas pero recuerda, mucho más importante que la actividad en sí es el encuentro y el compartir con otras madres, esto te brindará apoyo y seguridad. También hay muchas tribus 2.0 que son excelentes donde las madres se apoyan, se dan información y se miman entre ellas y aunque no es igual que tenerlas en carne y hueso, al ser una tribu virtual siempre habrá alguien disponible en el momento en el que tu lo necesites.

19.Déjate sorprender. Por mucho que te prepares, el posparto es, sobretodo, una sorpresa.No sabemos cómo seremos como mamá hasta que tenemos a nuestro bebé entre los brazos. Dale cabida a lo inesperado y deja que tu bebé te enseñe el camino. Los bebés son grandes maestros, sólo necesitan que se les escuche, respete y confíe en ellos! 
20.Finalmente solo me queda decirte ¡enhorabuena! Estas comenzando un camino lleno de emociones y plenitudes. Fluye con él y disfrútalo al máximo que aunque hoy las tomas se te hagan eternas, el tiempo se pasa volando y dentro de poco todo esto serán recuerdos que no dejarás de mirar con un suspiro entre los labios.
¿Se te ocurre alguna otra recomendación para añadir a la lista? ¡

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[1] Si transcurren algunos meses y sigues sintiendo tristeza, melancolía o ganas de llorar, consúltalo con algún psicólog@ que tenga conocimientos sobre temas de maternidad.