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Posparto

Desde que soy psicóloga, y más aún, desde que comencé a trabajar en clínica y psicoterapia, me ha sorprendido la facilidad con la que algunas personas califican de normales comportamientos o síntomas que expresan un malestar psicológico ulterior.

Desde el corpus del conocimiento clínico y el saber de la experiencia, las racionalizaciones y otros mecanismos de defensa son comprensibles y previsibles: a la mayoría de las personas no les gusta sentirse cuestionadas en su “normalidad”, el malestar y los síntomas (propios o ajenos) siempre están diciendo algo del sujeto que muchas veces no queremos escuchar, bien porque cueste asumir algunas fallas o carencias, bien porque cuestionan nuestra manera de llevar la vida o nuestras relaciones más íntimas, o también.. por muchos otros motivos.

No obstante, desde que empecé a trabajar en el ámbito de la Maternidad y la Crianza, he ido encontrándome con supuestas “normalidades” que a veces alcanzan envergaduras escandalosas y alarmantes. No sólo porque el discurso normalizante suele darse, sorprendentemente, tanto en legos en disciplinas sanitarias como en el colectivo médico o socioeducativo (ya hablaremos de ello), sino también –y esto es lo realmente grave– porque dicho discurso lanza a las mujeres embarazadas, puérperas o que están criando, por un despeñadero sobre una bicicleta que aún no han aprendido a montar. El resultado, tristemente, es que las madres acaban apañándose como pueden: algunas logran transitar ese despeñadero sorteando los obstáculos sin mucho más que un moretón o una rascada; otras van dando tumbos y llegan bastante más magulladas y con heridas que se convertirán en cicatrices de por vida; en cambio, las menos afortunadas, bajarán a medio camino y se quedarán detenidas, sin poder ni saber cómo moverse, esperando a que pase algo que las saque de ahí pero por otros medios, como es el caso de la depresión postparto, por ejemplo.

Visto así es una situación muy desoladora…

L@s profesionales de salud que están en contacto con estas mujeres durante este período sensible son, en gran medida, l@s responsables de que esta situación se mantenga así, ya que son el principal referente y productor del discurso normalizante, respaldando sus palabras en el supuesto saber que les otorga su profesión, e incluso algun@s lo hacen sin cuestionarse si están debidamente formad@s o no para dar una respuesta que más bien corresponde a la psicología sanitaria o clínica. De este modo, me he encontrado, tanto en la consulta como en diversos foros y grupos virtuales en los que participo, con infinidad de madres cuyos médicos de cabecera, comadronas, ginecólog@s, enfermeras pediátricas, pediatras o educadores de sus hij@s, han desestimado con bastante ligereza alguna queja, malestar, síntoma, comportamiento, emoción, etc. –que alude a un sufrimiento psíquico o a un malestar emocional que pone en situación de riesgo y vulnerabilidad a alguna mujer–, diagnosticando aquello como “NORMAL”.

Dicho esto, quiero hacer algunas aclaratorias sobre las supuestas “normalidades” que una puede encontrarse durante el embarazo, el puerperio o la crianza:

  • NO es normal sentirte muy triste, angustiada, con miedos o con altibajos emocionales que te dificulten llevar tu día a día durante el embarazo. Si esto te está sucediendo es una alarma de que psicológicamente la gestación te pueda estar afectando de ciertas maneras que valdría la pena revisar, según tu historia personal. Las hormonas presentes durante el embarazo pueden generar cierta labilidad afectiva en la mujer, pero ésta no tendría que acabar en un abanico de síntomas emocionales.
  • NO es normal sentir mucho miedo, temor, aprehensión o ansiedad ante la inminencia del parto. El parto es un momento muy intenso y, sobretodo, si es la primera vez que se vive puede generar un poco de temor o ansiedad debido a la incertidumbre de una situación vital muy importante y completamente novedosa pero, si lo que estás sintiendo va un poco más allá, es posible que se estén expresando las emociones de otras vivencias pasadas mal elaboradas.
  • NO es normal que te sientas triste, decepcionada, culpable o con ganas de llorar constantes después del parto; puede que sea algo habitual, pero si te pasa es una alarma de que no estás recibiendo el cuidado o el apoyo necesario, y que te estás sintiendo sobrecargada o abrumada con los cuidados del bebé. En este caso se ha de buscar ayuda o apoyos efectivos, amorosos y fiables, así como también la compañía de otras mujeres puérperas. Y si aún así, el malestar continúa o va a más, es imprescindible visitarse con un psicólog@ perinatal.
  • NO es normal que te sientas mal por el parto que tuviste. El parto es una de las vivencias más intensas por la que pasamos las mujeres. Es una vivencia que queda grabada con fuego en nuestra memoria, siendo capaces de evocarla con detalles muchísimos años después. Si el recuerdo de tu parto está lleno de sentimientos de inadecuación, vergüenza, miedo, rabia o dolor injustificado, es posible que hayas sufrido un parto no respetado y que, por lo tanto, sea algo que debas sanar a su debido momento. Si después de un parto tienes dificultades para retomar la sexualidad o sientes temor a volver a quedar embarazada por la posibilidad de vivir otro similar, es posible que haya sido una experiencia traumática que debas elaborar con la ayuda psicológica adecuada.
  • NO es normal que te sientas sola durante la crianza de tu hij@. Hay muchos cuestiones, aspectos y sutilezas del postparto y la crianza que nadie nos cuenta. Criar niñ@s en la sociedad actual donde las relaciones sociales están diluidas, las familias extensas son casi inexistentes, hay una gran ausencia de tribu que hace que una se acabe encerrando entre las cuatro paredes de su casa, no solamente es difícil, sino que es una fuente de muchísimo malestar y sufrimiento para las madres. Si te sientes sola, ¡busca tribu! Busca espacios de encuentros con otras madres y otros niñ@s, pide ayuda para que puedas tener momentos para ti y recargar energías, y si aún así los sentimientos de soledad, malestar o agobio no cesan, busca ayuda especializada.
  •  NO es normal que te sientas agobiada, extenuada, sin ánimos de nada, sin saber hacia dónde quieres ir o qué quieres hacer, sin poder conectarte con lo que disfrutabas o hacías antes de ser madre. Si tienes esta sensación, si no reconoces la persona que eres, o te cuesta recordar la que eras antes, nuevamente, es porque vas muy sobrecargada y te encuentras solas y es un indicador de que necesitas tiempo/espacio para reflexionar, reencontrarte contigo como mujer y “rehacerte” después de la exigente tarea de la primera crianza. La maternidad hace que tengamos que dejar de lado muchas facetas de nuestra vida que antes disfrutábamos, y aunque en el momento lo hagas gustosas, al cabo de un tiempo se hace necesario recobrar un espacio adulto de individualidad que te permita reconectar con estas partes de ti que también requieren de tu atención y que son necesarias para tu crecimiento como individuo.
  • NO es normal que las parejas se distancien emocionalmente durante la crianza. Lamentablemente es muy habitual, pero eso no lo hace normal. Una pareja debería tener la suficiente solidez, madurez y comunicación como para poder ser fuente de apoyo y ayuda mutua en el momento en que la prioridad es la díada madre-bebé. Un padre o madre no gestante debería poder brindar apoyo a su compañera sin reproches de por medio, y una madre debería poder hacer peticiones claras de ayuda sin sentirse culpable. (Si quieres leer más sobre este asunto, puedes pichar aquí).

Esta lista podría ser mucho más larga. En todo caso, lo que finalmente quiero transmitir es que cualquier sufrimiento emocional o malestar psicológico durante el período de embarazo, postparto y crianza, no solamente NO ES NORMAL, sino que requiere de un acompañamiento especializado y amoroso hacia la madre que lo padece. No sólo porque está en juego la salud emocional de la madre, sino porque es necesario un bienestar mínimo para poder establecer un vínculo sano y adecuado con el bebé y poder tener la entereza psíquica que las demandas de un recién nacido o un niñ@ pequeñ@ ameritan.

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Aspectos Emocionales del Pospasto

Una de las cuestiones que más se trastoca en las parejas cuando tienen uno o más hij@s son las muestras de afecto y las relaciones sexuales –¡casi nada!-. Ingenuamente, antes de ser p(m)adres, posiblemente pensabas que sí, que cambiaría un poco, que a lo mejor los primeros 2 meses no apetecería, ya sabes, el cansancio, la cuarentena… , pero que una vez que el bebé durmiera del tirón las cosas irían volviendo a su sitio, retomaríais el ritmo poco a poco, y a los 6 meses ya lo estaríais haciendo 2 veces por semana… ¡Qué! ¡A que aún te estas riendo!

Pues sí, se trata de reír por no llorar, pero la “verdad verdadera” es que la relación erótica (y me refiero a relación en su espectro más amplío: comunicación y vínculo) cambia radicalmente desde el momento en que tenemos nuestr@ primer hij@.

Iván Rotella, vicepresidente de la Asociación Asturiana para la Educación Sexual, en una entrevista realizada por La Voz de Asturias, usó una imagen que me gusta mucho: “Tener hijos es una decisión complicada y debe tomarse sopesando todos los pros y contras posibles. No es comprar otro coche o cambiar la decoración de la casa. Es incorporar otras personas a tu relación de pareja. Otras personas que al principio tienen una absoluta dependencia hacia a ti y que constantemente necesitan tu atención y pasarán muchos años hasta que eso pueda cambiar un poco.[1] Incorporar a otras personas en tu relación de pareja implica muchísimos ajustes y renegociaciones que ni tan sólo imaginábamos…

 La relación erótica en la pareja muta, y como nadie nos informó al respecto, es habitual que algunas parejas pasen por una crisis importante antes de recolocarse del todo. En este sentido hablo de algo mucho más allá de las relaciones sexuales (su calidad, duración y frecuencia), hablo de la expresión de la sensualidad y el erotismo en la pareja: ambos miembros, pues ya no son lo que eran, ni ocupan exactamente el mismo lugar en el Otro, deberán reaprender a relacionarse y a establecer nuevas dinámicas, en donde el juego, las muestras de afecto y la sensualidad necesitan de un protagonismo especial, más que la relación sexual en sí, y este es un chip que a algunos hombres les cuesta cambiar (aunque parece que cada vez menos).

La experiencia clínica con madres puérperas y con parejas en proceso de crianza, me ha permitido diferenciar tres momentos en los que la pareja se ha de reajustar en muchas áreas y dinámicas: durante el primer año de las criaturas, durante la crianza de l@s niñ@s cuando son pequeñ@s, y durante la crianza de l@s hij@s adolescentes. En este post sólo hablaremos del primer momento, del segundo y del tercero lo haremos en los siguientes.

El primer año de postparto.

La mayoría de los estudios sobre sexualidad en el postparto, a parte de ser escasos, cuantitativos y con una muestra poco representativa, se enfocan en las primeras 8 semanas del postparto cuando, en realidad, el postparto va mucho más allá del final de la cuarentena. En un estudio que encontré recientemente por Internet me topé con datos que cuestan mucho creer. Según la autora, “entre la sexta y la octava semana después del parto, entre el 40 y el 60% de las parejas han tenido su primera relación coital, lo que aumenta al 80% de las mujeres en la duodécima semana de postparto”[2]… ¿Qué mujeres son estás? ¿A los dos meses de haber parido? ¿En serio?… La investigación no dice con cuantas mujeres contó, pero sospecho que fueron muy, muy pocas y muy, muy atípicas…

La “verdad verdadera” es que el primer año del nacimiento de una criatura no suele ser un año muy sexual. Y la recuperación del deseo en las mujeres se verá afectada por una multitud de variables: la primera y más importante es lo “indemne” que haya podido salir del paritorio. La vivencia del parto afecta de manera muy profunda y prolongada la sexualidad en el futuro, tanto en las mujeres, ¡como en los hombres!.

En lo que respecta a las mujeres, aquellas que han tenido una vivencia positiva y respetada del parto tienen menos dificultades a la hora de retomar la sexualidad, que las que tuvieron una experiencia de parto irrespetado y doloroso, cuya consecuencia física, por ejemplo, es una episiotomía con una cicatriz tivante, o una cesárea de la cual recuperarse. Evidentemente este grupo de mujeres tienen que asumir no sólo una recuperación física, sino también, y sobre todo, una recuperación psicológica. De hecho muchas mujeres que han tenido un parto difícil o muy medicalizado, pueden llegar a sufrir algunos síntomas del trastorno de estrés postraumático que puede degenerar en problemas de lubricación, vaginismo, dispareunia, miedo a la penetración o a un nuevo embarazo.

En cuanto a los hombres, hay un aspecto que ha sido muy banalizado últimamente, y sobre el cual consigo pocas reflexiones, y éste tiene que ver con las consecuencias que puede tener el hecho de que actualmente algunos hombres están acompañando a sus mujeres durante todo el proceso de parto.

Antiguamente –y en las comunidades tribales sigue siendo de esta manera–, el parto era una “cosa de mujeres”, el hombre solía esperar en otra habitación o rodeado de otros hombres. Son imágenes que hemos visto en muchísimas películas. Con la medicalización del parto también se dio la masculinización del parto. Es decir, el hombre comenzó a inmiscuirse en un terreno que era fundamentalmente femenino. Esto ha degenerado en los partos modernos que vivimos actualmente: medicalizados, intervencionistas y sin ningún sentido de la intimidad; pero es que además, ha llevado también a que el padre de la criatura pueda ser testigo de primera línea del nacimiento de sus hij@s. ¿Y que cuál es el problema? Suponemos que si queremos tener un compañero comprometido con todos los aspectos de la crianza de nuestr@s hij@s es lógico pensar que este compromiso comienza desde el mismo momento del nacimiento, ¿no?

Si y no. No es lo mismo el hombre que está en el paritorio en calidad de acompañante de su mujer con la intención de darle apoyo físico y emocional y ser una fuente de protección y de compañía, que el que entra para “presenciar en primera fila” (y en algunos casos, hasta grabar) el nacimiento de su hijo.

En una conferencia a la que asistí hace tiempo, Michel Odent dijo que los hombres no tienen nada que hacer en los paritorios. Hay aspectos de la sexualidad femenina que deberían seguir estando velados a lo masculino. No es inusual que algunos hombres que han presenciado el momento del parto desarrollen una amistad muy potente con la madre de su hij@, pero también que pierdan la libido y el deseo sexual hacia su mujer como mujer. Ver la zona que hasta ahora había sido protagonista del placer sexual abrirse, expandirse y permitir la salida del propi@ hij@, psicológicamente tiene connotaciones y resignificaciones en los hombres que no deben ser minimizadas. No es poca cosa lo que ven, siendo quienes son, amantes, y retomar nuevamente esta zona sólo como un espacio de placer y disfrute algunas veces puede ser complicado.

Ahora bien… supongamos que hemos superado el paritorio, llegamos a casa con la lactancia, las preocupaciones por el bebé, la recuperación física tras el embarazo y el parto, la falta de sueño, el cansancio, los cólicos, nuestras angustias… y comienza lo que para much@s (sobre todo para algunos hombres) puede definirse como el desierto del posparto. Pasan los días, las semanas, los meses y las cosas no vuelven a ser como antes… La realidad es que (y evidentemente aquí hay muchísimas diferencias) la mayoría de las parejas retoman las relaciones sexuales en algún momento alrededor de los 6 meses (un poco antes o incluso bastantes meses después), hay quienes lo hacen cuando la criatura está alrededor del año y bueno… aquello de 2 o 3 veces a la semana quizás no ocurra durante muchos años (sobretodo si por el camino tenemos más hij@s y volvemos a la casilla #1)

Un elemento del que no podemos olvidarnos es que la lactancia es un aspecto más de la sexualidad femenina. Durante los primeros 6 meses del bebé la producción de prolactina puede inhibir el deseo sexual femenino, además de que las madres solemos estar llenas de amor y dedicación hacia nuestra criatura, con lo cual hay poco espacio psíquico para otro tipo de intereses, preocupaciones y ocupaciones, que no sea la de madre-bebé (y aquí el por qué las mujeres que no dan el pecho y no producen prolactina tampoco tienen ganas de tener relaciones sexuales durante los primeros meses).

El momento en que cada mujer retoma las relaciones sexuales con su compañer@ va a depender, principalmente, de un compendio de factores psicológicos en su nuevo estado de maternidad: lo segura o preocupada que se sienta con respecto a la criatura (incluso cuando ya es más mayor), el cansancio acumulado, la falta de sueño, la carga mental y/o física de las tareas del hogar, las preocupaciones económicas y/o laborales, la relación (y la consecuente atracción o rechazo) con su propio cuerpo tras el parto, la relación con su nuevo rol de madre lactante y las implicaciones eróticas que conlleva (que a muchas genera incomodidad y/o rechazo), la cantidad de gratificación y satisfacción amorosa –que en algunas llega al arrobamiento–, que obtengan con su bebé, lo sola o acompañada que se encuentre, la validación que como madre haya podido recibir, pero, principalmente, va a depender de cómo percibe que ha sido o está siendo el acompañamiento recibido por parte de su pareja: si la pareja ha estado implicada, ha sido comprensiv@, la ha apoyado emocionalmente, ha resultado ser un soporte real en los momentos de angustia, le ha brindado los cuidados y el afecto que ha necesitado, la ha acompañado y no se ha apresurado a volver a su vida de antes, hay muchas más probabilidades de que a la mujer se le encienda el deseo por su pareja cuando ella se sienta preparada, que no si el panorama ha sido otro. Son muchas las mujeres que, llegado un momento en el postparto, están ya preparadas a retomar las relaciones sexuales pero a su vez, sienten tanto enfado por el poco apoyo que han recibido de sus parejas que, hasta que no se habla de ello y hay un reconocimiento de este malestar por parte del Otro, el encuentro se atrasa.

De hecho, es habitual que algunas mujeres rechacen las expresiones de afecto de sus compañer@s debido al temor de que si se muestran receptivas quizás su pareja reciba el mensaje de que están dispuestas/deseosas a tener relaciones. Esto, sumado al día a día del postparto, genera distanciamiento afectivo entre la pareja y reproches que seguramente saltarán en discusiones en el futuro. Lo cual lleva a lo más anti-erótico que existe: resentimiento, aversión, hartazgo, o incluso odio.

También se ha de tener en cuenta algo muy básico pero natural: el actual atractivo físico y de carácter de la pareja. Y es que por los motivos que sea, muchos hombres al convertirse en padres, se dejan y esto, también genera un efecto negativo.

En todo caso, necesitamos tiempo. Laura Gutman nos dice que tanto nuestro cuerpo como nuestra mente necesitan tiempo. Yo agrego que nuestro bebé y nuestro deseo, también. Conozco a poquísimas mujeres que tuvieran ganas de tener sexo después de la cuarentena, la mayoría ni se lo plantean (independientemente de que se hayan recuperado bien del parto), estamos tan centradas en la díada mamá-bebé que nuestro marido (como hombre) se torna invisible. Y si no mantenemos una buena comunicación con nuestra pareja en la que nos sintamos libres de expresar nuestros miedos y temores, se está colocando el escenario del distanciamiento. Él puede sentirse rechazado o pensar que ahora sólo nos llena la presencia del bebé. No podemos olvidar que después de que nace el bebé, la vida del padre no cambia tanto como la nuestra. Normalmente mantiene el mismo trabajo y su cuerpo no ha cambiado, tanto. Hay más continuidad. Es comprensible que un padre pueda ver las relaciones sexuales como una reafirmación de su anterior relación de pareja. Puede sentirse cansado y desorientado y desear el consuelo y el placer que encuentra en el sexo. Todo esto hay que hablarlo, aunque el bebé de pocos momentos para ello, se han de aprovechar al máximo y agotarlos.

Cada uno necesita algo diferente. ¿Y qué se puede hacer? Hacer un ejercicio de honestidad con nosotras misas es lo primero, asumirlo y conversarlo para poder llegar a acuerdos que sean convenientes para ambos. En este sentido hemos de ser abiert@s y flexibles, si nuestro compañero necesita descargar energía sexual porque no puede sublimarla, o está muy tenso, pactar recurrir al recurso de la masturbación sin que suponga un conflicto para la pareja, podría ser una opción. Cada pareja ha de encontrar su fórmula y para esto, mientras más abierta y honestamente hablemos de sexualidad con nuestra parejas (de la propia, la suya y la conjunta, que son tres cosas distintas) más números tenemos de que sea algo que pueda volver con mucha más intensidad y con una mayor sensación de unión a la vida de la pareja.

De momento, si te encuentras transitando el desierto del postparto y te apetece empezar a hacer algo al respecto –asumiendo que no hay reproches ni malestares guardados hacia la pareja que dificulten asumir con agrado cualquier iniciativa­–, se puede comenzar a estimular el deseo y la apetencia sexual aceptando un acercamiento progresivo y una normalización gradual de la sexualidad, sin tener mayores expectativas ni ser exigente. Hay que buscar condiciones que faciliten el deseo, sobre todo en la mujer, por ejemplo proporcionando momentos de descanso y momentos y espacios de intimidad afectiva entre la pareja, en donde se pueda conversar sobre el sexo, sobre nuestros deseos, fantasías, anhelos, temores, dificultades, aprendiendo o redescubriendo que existen muchísimas maneras de disfrutar y sentir placer con el otro y que la genital es sólo una de ellas.

Si te ha interesado este post, quizas también te interese “Ya no somos lo que fuimos”. Cuando ser p(m)adres genera fracturas en la pareja o también, Aspectos Emocionales del Posparto.

[1] Iván Rotella. ¿Se pueden evitar las rupturas de pareja? La Voz de Asturias. 28/05/2016. Las negritas son mías

[2] González Roble, L. (2016). La Sexualidad Femenina en el Postparto. Una Investigación Cualitativa desde la Teoría Fundamentada. Universidad de Cantabria, disponible en https://repositorio.unican.es/xmlui/bitstream/handle/10902/8559/GonzalezRoblesL.pdf?sequence=1.

 

Aunque parezca difícil de creer, el nacimiento de un hij@, por muy desead@ y buscad@ que haya sido, es una de las principales causas de crisis, e incluso de ruptura, de la pareja. El mayor porcentaje de separaciones matrimoniales se produce cuando alguna de las criaturas no llega aún a los 3 años de edad. ¿Porqué?

Habitualmente cuando esperamos a nuestro primer hij@, fantaseamos sobre cómo va a ser nuestra vida cuando seamos m(p)adres. Las expectativas empiezan a aparecer desde el mismo momento que tenemos la confirmación médica de que todo marcha bien. Seguidamente, vienen los miedos y las inseguridades de si podremos o no ser buenos p(m)adres, de si estaremos a la altura de lo que la tarea requiere, etc. Sin embargo, poco pensamos y conversamos sobre cómo se va a transformar nuestra relación de pareja ni sobre el estilo de crianza que queremos llevar, cosa que en cierta media es comprensible, ya que en cierto grado no podemos ni imaginar qué transformaciones se van a dar ni cuál es la implicación y dedicación que tendremos con nuestra criatura.

La pareja no es un elemento estático ni inmóvil, bien al contrario, se va transformando en la medida en que van cambiando nuestra vida, nuestras circunstancias laborales, económicas, sociales y familiares; y en la medida en que se va profundizando y fortaleciendo el vínculo, a su vez, la pareja tampoco es inmune a la cultura y las modas sociales que puedan aparecer en un momento determinado. Del mismo modo, las dinámicas y las prioridades dentro de la pareja cambian con la llegada del primer hijo, y vuelven a cambiar con la llegada de un segundo y así sucesivamente y, mientras los niñ@s se encuentran en la primera infancia (período que va de los 0 a los 3 años), los espacios para compartir en pareja son sino limitados, al menos diferentes y, la mayoría de las veces esto nos toma completamente por sorpresa, tanto a hombres como a mujeres.

Con frecuencia me encuentro en la consulta a muchas parejas que tras haber tenido un hij@ pasan un período en el que casi no se reconocen; hay distancia emocional y muchas quejas de parte de ambos, pocos espacios para conversar pausadamente y en cambio muchas discusiones por situaciones que antes eran más o menos irrelevantes, hay cansancio sostenido por el cuidado constante de un bebé o de uno o más niñ@s pequeñ@s, por la presión del peso del hogar y de lo económico, por las dificultades de conciliar, y descontento por los roles que asume cada uno dentro de la crianza. Cada familia lleva su “pack” especial dependiendo de su idiosincrasia particular, pero todas entran de una u otra manera dentro de esa nueva dinámica.

¿Y que es lo que ha pasado?

Cada familia tiene su historia particular que hará que la problemática se centre más en uno u otro aspecto, pero en general se pueden enumerar brevemente algunos elementos comunes:

  • La vivencia del embarazo y el parto. Algunas veces ya desde el mismo momento del embarazo pueden empezar a aparecer síntomas de que la pareja no marcha bien, en muchos casos expresado en el área de la sexualidad: cierto descontento porque a uno de los miembros de la pareja no le apetece tener relaciones sexuales por temores, por aprehensiones o por falta de deseo. Otra área en el que se expresa es que el hombre puede tomar cierta distancia de los preparativos de la llegada del bebé, o no vive el embarazo con la misma ilusión que la mujer, lo cual suele generar en ella inseguridades de su futura vinculación como padre, además de sentirse herida o sola. El parto, por otro lado, su vivencia, si ha sido un parto respetado o no, con muchas o pocas secuelas físicas o psíquicas, si la mujer se ha visto vulnerable o empoderada, son elementos que la marcarán para toda la vida y esta experiencia teñirá de alguna manera su relación con la sexualidad y con su pareja.
  • El período del postparto. Ese momento físico y emocionalmente intenso que comienza cuando nace nuestra criatura y que acaba… ¿con la cuarentena? ¿a los 3 meses, a los 6, a los 9, a los 2 años? El postparto tiene implicaciones físicas importantes, muchas de las cuales conllevan secuelas directas en la instauración exitosa de la lactancia y, más adelante en la recuperación de una vida sexual satisfactoria. Está directamente relacionado con el tipo de parto que se haya tenido y que va a generar, psicológicamente hablando, un estado diferente en la mujer, con lo cual, un “estar” con el bebé y con la pareja, que estará tocado por esa experiencia. (Si quieres leer más sobre los Aspectos Emocionales del Postparto pincha aquí). Y aquí ya entramos en el mundo de lo emocional. Ni los hombres ni las mujeres tenemos idea de todo esto hasta que estamos en el meollo. Los hombres que cuentan con una madurez emocional, que saben hacerse cargo de sí mismos y que están conectados con su pareja, suelen saber apoyar, acompañar y sostener las necesidades de la nueva madre durante este período tan importante. Los hombres inmaduros, dependientes y egocéntricos tienen muchas dificultades para entender el cuidado que su pareja necesita.
  • Las necesidades de cuidado continuo del bebé. Muchas veces es algo que no nos esperamos, nos hemos creído el cuento de que el bebé no hace más que “comer y dormir” y nada más alejado de la realidad. Los bebés requieren de mucho soporte físico y, sobretodo, emocional. Cada etapa tiene su distinción particular, pero hasta los 3 años, sus m(p)adres constituyen el referente emocional principal a partir del cual la personalidad de la criatura va a ser construida. ¡Gran tarea, sin duda! pero ¿qué pasa cuando no hemos hablado con la pareja sobre cómo les queremos criar? ¿dónde queremos que duerma? ¿cómo queremos que coma? ¿cómo se instauran los límites y la disciplina? ¿en quién confiamos para que le cuiden? ¿a qué edad queremos que vayan a la escuela? ¿Qué tipo de educación queremos que reciba?… Temas que pueden generar, sin duda, grandes batallas campales y desencuentros importantes en la pareja.
  • El peso de la rutina y de las tareas del hogar. Cuando los hij@s son pequeñ@s las rutinas pueden ser bastante monótonas y desgastantes, sobretodo los dos primeros años en los que las necesidades de la criatura no dan tregua y algunas cosas tienen muy poco margen de variabilidad. Esto puede representar una sombra importante para la relación de pareja, no nos olvidemos que tan sólo 1 año antes podíamos improvisar una cena, una quedada con amigos o ir a pasar un día a la playa, lo único que se necesitaba era un poco de disposición para ello. Por otro lado, las tareas de las casa se hacen interminables y agotadoras, antes quizás no importaba tanto quien tiraba la basura, hacia la colada u ordenaba la cocina, a eso se le ha de sumar la presencia del bebé y sus cuidados. A menudo encuentro en la consulta que las mujeres se quejan de llevar ellas todo el peso de las tareas domésticas y de tener poca colaboración por parte de sus compañeros con lo cual una prenda de ropa olvidada accidentalmente en el suelo del lavabo se puede convertir en una discusión de horas.
  • El cambio en la relación sexual. Y no me refiero sólo al cambio en las relaciones sexuales (frecuencia, calidad, duración, etc.) sino al cambio en la relación erótica en la pareja. Si quieres leer a profundidad sobre este tema en específico, puedes clicar este post pero, de manera resumida, la sexualidad en la pareja también ha de resituarse. Ambos miembros tienen que aprender a relacionarse con un nuevo cuerpo (¡y no sólo el de la mujer, que ahora es madre, que quizás amamanta, etc.!) y a establecer nuevas dinámicas, al menos durante el primer año de postparto, en donde el juego, las muestras de afecto y el erotismo quizás necesitan de un protagonismo especial, más que la relación sexual en sí, y este es un chip que a algunos hombres les cuesta cambiar (parece que cada vez menos). Con lo cual muchas veces las mujeres rechazan las expresiones de afecto de sus compañeros pensando que si son receptivas a ellas quizás él reciba el mensaje de que están dispuestas/deseosas a tener relaciones, también se pueden dar casos de mujeres con muchas ganas de tener intimidad y hombres inhibidos o sospechosamente inapetentes. Todas estas cosas deben hablarse entre la pareja: mucho y sin tabúes… Pero de esto hablaré en otra entrada.
  • La transformación de la maternidad. Es innegable que la maternidad es una revolución que se genera dentro de nosotras y que nos pone la vida, las prioridades, los planes de futuro y las expectativas completamente patas arriba. Nos tomará un tiempo recolocarlo todo, encontrar un nuevo orden y alguna vez pasará que cuando creemos haberlo encontrado, alguna necesidad de nuestra criatura nos hace cuestionarlo todo de nuevo. Esto sobretodo se expresa a nivel emocional. Dice Laura Gutman que “cada bebé es una oportunidad para su madre para rectificar el camino del conocimiento personal, para sacar a la luz viejas heridas y realizar las sanaciones adecuadas”[1]. No teníamos ni idea de que el amor fuera algo así de potente, de que un ser tan pequeñito tuviera un protagonismo tan fundamental en nuestras vidas. Algunos hombres también viven la paternidad de una manera parecida, otros se relacionan con sus hij@s desde un lugar menos “intenso” (esto no quiere decir que no les quieran, sino que son uno más de los elementos importantes de su vida). Sea como sea, los hombres suelen encontrarse perplejos ante esta nueva mujer capaz de revolucionarlo todo y de poner cualquier cosa en jaque por su criatura; al principio puede pensar que es consecuencia de lo “hormonada” que está su mujer, del cansancio, de la instauración de lactancia, etc. Quizás alberguen la esperanza de que pasada la cuarentena (que en realidad no es para nada el fin del puerperio) reencontrarán a su mujer normal y corriente, la de siempre. Pero resulta que este reencuentro no llega nunca, al menos no durante los primeros dos años; y si hablamos de un hombre con algunos elementos inmaduros, dependientes o infantiles, empezarán a surgir desencuentros y discusiones, sobre todo, porque la mujer-madre no podrá sostener emocionalmente a su marido-niño, sólo tendrá espacio para maternar a su hijo. Esto muchas veces puede hacer que el hombre se sienta rechazado, desplazado, excluido, pues ya no hay nadie que cuide de él.
  • El tiempo de ocio. Algo muy preciado y sostenedor dentro de la pareja que, momentáneamente, se ha perdido. Con un bebé en casa hay pocos momentos disponibles, de hecho, la mujer tiene todo su espacio psíquico ocupado, y cuando el bebé le da una tregua, lo que realmente quiere es tiempo para sí misma. Por el contrario, el hombre se encuentra con su espacio psíquico disponible (cuenta con el trabajo y la vida “en la calle”), por lo que demanda a su mujer más tiempo de pareja. Aquí nuevamente se produce el desencuentro. Cada uno necesita algo diferente con lo cual, se hace necesario conversarlo y llegar a acuerdos que sean convenientes para ambos.
  • Los estilos de comunicación. En medio de las discusiones, sobre todo cuando se arrastra cansancio y sueño acumulado, la manera como se comunica una pareja puede mejorar o, por el contrario, empeorar el problema. Debemos preguntarnos si sabemos hacer demandas de la manera adecuada, expresando realmente lo que estamos sintiendo sin caer en acusar o culpabilizar al otro de la situación, si realmente escuchamos al otro cuando hablamos o sólo usamos sus argumentos para contraargumentar, si somos capaces de ver y entender las necesidades que pueda tener el otro y tener disposición para ayudarle, etc.
  • La familia extensa. Algunas veces contamos con abuelas (madres y suegras) maravillosas, que nos apoyan en la crianza que hemos decidido tener sin cuestionarla, nos echan un cable, y nos ayudan a recuperar un poquito los espacios de intimidad tan escasos entre la pareja. Otras veces, menos afortunadas, tenemos madres o suegras intrusivas, que critican, ponen en duda y nos infantilizan, si te interesa leer más sobre este tipo de abuelas, picha aquí. La manera en la que una pareja afronta y limita a la familia extensa, puede fortalecer o debilitar el vínculo entre ellos.
  • La existencia de problemas anteriores no resueltos.  Así lo expresa Gutman: “La aparición del recién nacido, la ruptura emocional que esto produce en la madre, la travesía por el puerperio, la pérdida de referencias de identidad y sobre todo el cansancio, ponen en evidencia ciertos funcionamientos dentro de la pareja que repentinamente se vuelven intolerables cuando antes no generaban conflicto”[2]. Es así como, en muchísimos casos, no es la presencia de l@s niñ@s pequeñ@s lo que desorganiza a la pareja, sino que dicha presencia pone en evidencia el funcionamiento original de la misma, el cual, dada las circunstancias actuales se hace insostenible.

Establecer acuerdos previos al nacimiento de los hij@s es primordial, evaluar lo que esperamos el uno del otro y conversar sobre si el otro está en capacidad de ofrecer eso o no, ver como son nuestros roles y redefinirlos si hace falta, estudiar juntos la historia personal de cada uno, los patrones de crianza vividos, los valores dentro de los cuales se ha crecido, negociar qué hacer con las diferencias. Se hace necesario revisar y repactar todos los acuerdos tácitos de la pareja, leer la letra pequeña ya que las condiciones cambian con el nacimiento de l@s hij@s, se pasa de ser pareja a ser familia y si se quiere sobrevivir en el intento, necesariamente hay cláusulas que revisar y modificar, pero esto sólo es posible si estamos acostumbrad@s a comunicarnos entre nosotr@s, a contarnos lo que nos pasa y a respetarnos y tenernos confianza. Y si ya ha nacido el primer hij@ y nos encontram@s con que esta tarea no ha sido hecha, se ha de tomar como una oportunidad para el crecimiento y el fortalecimiento de la pareja, y si es necesario, buscar a un profesional de escucha atenta y receptiva que nos pueda ayudar y acompañar en este proceso.

 

[1] Laura Gutman (2003). La Maternidad y el Encuentro con la Propia Sombra

[2] Laura Gutman (2009). La Familia nace con el primer hijo. Historias de parejas con niños pequeños.

La Salud Mental Materna Importa

“La Salud Mental Materna Importa” (#maternalMHmatters) es el mensaje con el que se desea llamar la atención hacia el tema en la Semana Mundial de la Salud Mental Materna, pero ¿qué quiere decir que la salud mental materna importa?, parece obvio, ¿no? Sorprendentemente a veces no lo es tanto.

Un vínculo sano entre una madre y un bebé comienza con una buena salud mental por parte de la madre. Esto es algo que los psicoanalistas John Bowlby y Donald Winnicott ya habían estudiado, observado y descrito desde 1950; sin embargo, sigue siendo algo que nos resistimos a aceptar, tanto a nivel social, como sanitario, por ejemplo en la atención que reciben las mujeres gestantes durante sus controles de embarazo, así como también en las consultas de pediatría. Comentarios del tipo “es normal”, “son las hormonas”, “con el tiempo pasará”, “te preocupas demasiado”, “deberías relajarte un poco”, etc., suelen ser habituales cuando una mujer embarazada, o en postparto inmediato, expresa algo del orden de su malestar psicológico.

“Dos de cada diez mujeres padecen algún problema mental durante el embarazo o el primer año tras haber dado a luz. El 75% de éstas no son diagnósticas ni reciben el tratamiento y soporte adecuado.” Éstas son cifras a nivel mundial.

De entre los distintos trastornos, el padecer más común es la depresión postparto (que muchas veces comienza durante el embarazo) y puede afectar a mujeres de cualquier procedencia, cultura o nivel socioeconómico y educativo, generando consecuencias importantes a largo plazo tanto en la madre como en la criatura y en el vínculo que entre ellos se genera.

“El estado psíquico de la madre afecta enormemente al bebé desde la gestación. Si sufre ansiedad, estrés o depresión el embarazo se complica, puede producirse un parto prematuro, hemorragias, infecciones… Además, su estado de ánimo afecta, de diversas maneras, al desarrollo cerebral de su bebé, condicionándola, incluso a muy largo plazo”, comenta la psiquiatra Ibone Olza en una entrevista para El País.  “Si la madre no está bien, si no se detecta su sufrimiento y no se le ayuda o se trata, además de al bebé, se verá afectada también la relación de pareja y la crianza de los otros hijos”.Con lo cual, si estás embarazada y sientes que algo no “marcha bien”, te sientes angustiada, estresada, con muchos miedos o/y temores, con cambios de ánimo bruscos e inesperados, ganas de llorar, sensación de soledad.., busca ayuda. Si ya ha nacido tu bebé y te sientes triste, desanimada, irritable, con angustias o miedos, sola, con mucha presión encima, con temor a estar a solas con tu bebé por no saberlo atender adecuadamente o poderlo dañar, con fantasías o temores de que te pase algo a tí o a tu bebé, no son las hormonas, no es normal, no se irá solo, pero sobretodo, no es tu culpa y no es algo por lo que debas ocultarte o avergonzarte. ¡Habla de ello! ¡Expresa tu malestar! ¡Busca ayuda!

 

Cuando estamos embarazadas es usual enfocar todas nuestras energías en la preparación para el parto, es comprensible. El parto es un momento, más o menos largo, muy, muy importante que cambia nuestras vidas para siempre, en el que no sólo nace nuestro bebé sino que también nacemos nosotras como madres. Las suecuelas de un buen o un mal parto nos generarán satisfacción o insatisfacción durante muchos años.

Prepararnos para el parto no es algo superfluo que se haga en ocho sesiones de clases de preparto, en realidad es un proceso psicológico (además de fisiológico) mucho más complejo en el que vamos trabajando de manera consciente, pero también inconscientemente, desde el momento en que sabemos que nuestro bebé es viable, y en muchos casos desde antes.

Sin embargo, por mucha o poca preparación que hayamos tenido para ese momento, no con poca frecuencia me encuentro con madres que, al llegar a casa con su bebé, se sienten completamente perplejas y confundidas en el postparto inmediato; incluso, muchas hacen comentarios como “no sabía que esto era así”, “me habían dicho que dormiría poco pero no me imaginaba este cansancio”, “nadie me explicó que los primeros días fueran tan duros”, etc. El posparto, para muchas, es el gran ignorado y desconocido… Pasamos dos o tres días en el hospital, llegamos a casa y nos preguntamos: “¿y ahora, qué?”

¿Ahora que hago con esta criatura tan pequeñita en los brazos?¿Y ahora, porqué llora? ¿Y ahora, porqué no se coge al pecho?¿Y ahora, porqué no se duerme? ¿tendrá frío, tendrá calor? ¿Y ahora, porqué las cacas son de este color? ¿Y ahora, y ahora?

Si a estos interrogantes le sumamos el cansancio, la falta de sueño, el hambre de leona que nos entra, el marido que a veces (cada vez menos, por fortuna) no acaba de ubicarse, el desorden que se va acumulando en la casa, las visitas eternas y sus opiniones “bien intencionadas”, el caos está servido.

Me gustaría plantearte algunas recomendaciones básicas para sobrevivir a estos primeros días, o semanas, de caos:

1. Lo primero y principal, lo más importante: necesitas tranquilidad, silencio e intimidad. Es el momento de re-conocerte, nunca mejor dicho, con tu bebé, para lo cual es vital la mayor cantidad de intimidad posible. Hay visitas que pueden esperarse unos días y no pasa nada. Ten esto como una prioridad.

2. Si has decidido dar el pecho resalta con rotulador el punto número 1, pero además: dar el pecho no duele, lo repito, no duele, no te tienes porqué acostumbrar, no se te tiene que hacer cayo, no te tienes que aguantar, no es normal que se haga grieta. No. Si estás sintiendo molestias al dar de mamar debes buscar asesoría para identificar qué está sucediendo, muchas veces es sólo una cuestión de postura, otras veces no. Pero recuerda: una simple molestia puede convertirse en pocas horas en grietas y heridas. Hay asociaciones, como Alba Lactancia Materna y La Liga de la Leche, que tienen grupos para atender a madres lactantes. Hay muchos otros grupos que también funcionan en espacios de crianza o en centros cívicos, y también hay asesoras de lactancia que pueden visitarte en tu casa. Si estas teniendo dificultades con el pecho, busca ayuda lo antes posible. 

3. Si estas leyendo esto y aún no has dado a luz: equipa tu despensa y, si es posible, cocina varias comidas y guárdalas en el congelador. Si ya tienes a tu bebé y esto no lo hiciste pero tienes alrededor alguna abuela entusiasta, delégale todo lo relacionado con la cocina y los alimentos, explicando lo importante que es que tú puedas tener esto cubierto para sólo encargarte de tu criatura y de descansar. Si no tienes a tu madre o a tu suegra cerca, piensa en alguna buena amiga y pídeselo, seguro que alguien podrá echarte una mano. 

4. Relacionado con el punto anterior: procura tener siempre a mano comida y bebida disponible. Dar el pecho da mucha hambre y mucha sed, y es vital hidratarse adecuadamente pero eso sí, siempre haciendo caso de las señales que te de el cuerpo.

5. Aprovecha todas las horas de descanso posible. Cada vez que el bebé duerma, duerme.Olvídate de las lavadoras, de lavar platos, de recoger, de atender visitas, de responder correos, etc., esas cosas las puede hacer tu marido o compañero (o algún otr@ entusiasta que quiera venir a casa). 

6. Si es posible, habla con tu pareja antes de que nazca la criatura sobre el tipo de apoyo que quieres de él o ella, sobre lo que necesitas que te aporte, no sólo a nivel logístico, sino también y sobretodo, a nivel emocional.

7. Si te encuentras agobiada con las visitas, o sientes que el apoyo de las abuelas no está resultando o no te están sabiendo dar lo que tu necesitas, no te metas en esa batalla ahora. Tu bebé necesita que todas tus energías estén enfocadas hacia él o ella, pídele a tu pareja que gestione estas situaciones por ti y que salga a la defensa de la recién nacida familia. Por si acaso, también puedes leer este post.

8. Es posible que experimentes cambios bruscos de humor que te puedan dejar sorprendida. Puedes pasar de estar tranquila a estar furiosa, o de estar alegre a querer llorar en un segundo. Estos arrebatos emocionales son consecuencia de la revolución hormonal que está ocurriendo dentro de ti. No te preocupes, pasará.

9. Si te sientes un poco triste, melancólica, si alguna vez te levantas pensando que la maternidad quizás no era lo que te imaginabas o tienes muchas ganas de llorar, esto también es normal, se llama babyblues. Date el permiso de sentirlo y de llorar si es lo que necesitas. Los primeros días del posparto son de mucha exigencia emocional para nosotras, y aunque tener un bebé es una gran dicha, no siempre tenemos que estar alegres.[1]De todas maneras, si estás así es posible que no estés recibiendo todo el apoyo que necesites, este post puede ayudarte si necesitas saber más sobre el babyblues.
 

10.Es posible que la maternidad remueva algunos recuerdos, valores y creencias de nuestra propia infancia o del modelo de crianza en el que crecimos, bien para reforzarlos o para cuestionarlos. Cada vez que puedas habla de estas cosas con tu pareja y plantéate el modelo de crianza que queréis seguir, eso os ayudará a tener las cosas más claras.

11.Si te lo puedes permitir, contrata a alguien que se encargue de la limpieza de la casa por una temporada, así no te tendrás que preocupar por eso. Si no te lo puedes permitir, pídelo de regalo. Créeme, tu bebé necesita menos ropita, mantas y peluches, y más de su mamá y su papá descansados.

12.Si te apetece recibir visitas pídeles que, cuando vengan, traigan una botella de agua de 5 litros a casa, o cualquier otra cosa que te haga falta en ese momento. Lo agradecerás.

13.Si empiezas a ver a tu marido como “el hombre ése que duerme a mi lado y que no hace nada como a mí me gusta”, no te preocupes, esto también pasará. Pero si estaís discutiendo más de lo usual, habla con él o ella al respecto. Muchas veces el cansancio nos hace estar más irritables, busca estrategias para vuestra comunicación sea más efectiva, planteando directamente lo que se necesita y evitando caer en discusiones estériles.

14.Es probable que después del parto sientas que te ha quedado una barriga de 6 meses de embarazo. No es el momento para preocuparse por el cuerpo, ya habrá tiempo y sin que te des cuenta mucho de lo que ahora “te sobra” se irá por sí solo.

15.Haz oído sordo a todos aquellos comentarios, opiniones, consejos, directrices, etc., que pongan en duda tus decisiones como madre. Confía en que eres y serás una buena madre para tu hij@, y en que nadie conoce a tu bebé más que tú, con lo cual nadie mejor que tú para saber lo que tu bebé necesita. Escucha a tu instinto. Y si estas hasta las narices de ese tipo de comentarios, siempre puedes mandarlos a hacer puñetas y quedarte tan ancha. No tienes porque escuchar cosas que te irriten o te hagan sentir cuestionada o insegura.

16.Busca apoyo. La maternidad es un momento muy intenso, en el que solemos estar muy vulnerables. Es vital que busquemos apoyos efectivos, personas que puedan acompañarnos, escucharnos, ayudarnos sin juzgarnos, dejándonos tomar nuestras propias decisiones. Para esto están las doulas.

17.Si sientes que el parto ha sido duro o traumático, busca alguien con quien hablar de eso. Puedes acudir a una doula o a algún grupo de posparto o de crianza. 

18.Hazte con una tribu. Es muy importante que durante los primeros meses de la crianza te rodees de otras madres que están viviendo lo mismo.Busca grupos de crianza, grupos de apoyo a la crianza, grupos de lactancia, lo que sea que te permita sentirte acompañada y apoyada por otras madres. En Barcelona hay lugares a los que las madres pueden ir con sus bebés a hacer actividades de lo más variopintas pero recuerda, mucho más importante que la actividad en sí es el encuentro y el compartir con otras madres, esto te brindará apoyo y seguridad. También hay muchas tribus 2.0 que son excelentes donde las madres se apoyan, se dan información y se miman entre ellas y aunque no es igual que tenerlas en carne y hueso, al ser una tribu virtual siempre habrá alguien disponible en el momento en el que tu lo necesites.

19.Déjate sorprender. Por mucho que te prepares, el posparto es, sobretodo, una sorpresa.No sabemos cómo seremos como mamá hasta que tenemos a nuestro bebé entre los brazos. Dale cabida a lo inesperado y deja que tu bebé te enseñe el camino. Los bebés son grandes maestros, sólo necesitan que se les escuche, respete y confíe en ellos! 
20.Finalmente solo me queda decirte ¡enhorabuena! Estas comenzando un camino lleno de emociones y plenitudes. Fluye con él y disfrútalo al máximo que aunque hoy las tomas se te hagan eternas, el tiempo se pasa volando y dentro de poco todo esto serán recuerdos que no dejarás de mirar con un suspiro entre los labios.
¿Se te ocurre alguna otra recomendación para añadir a la lista? ¡

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[1] Si transcurren algunos meses y sigues sintiendo tristeza, melancolía o ganas de llorar, consúltalo con algún psicólog@ que tenga conocimientos sobre temas de maternidad.

Llega el momento tan esperado de nuestro parto y el nacimiento de nuestro bebé… Lo celebramos con la alegría de tener a nuestra criatura en brazos. Pasan los primeros días que muchas veces se viven en una nube de confusión, maravilla y asombro procesando un montón de información y de aprendizaje a la velocidad de la luz, conociendo a ese ser tan pequeñ@ que depende enteramente de nosotras, y con  un saco de dudas sobre lo que estamos haciendo. Y, como si fuera poco, se nos instala una montaña rusa en el medio del cuerpo: las emociones del postparto.

Hablar de las emociones en el posparto no es partir de un punto cero. El posparto es la continuidad de cómo hemos vivido nuestro embarazo y, sobre todo, como fue la experiencia del parto. Si este último fue difícil, doloroso, no ha salido como esperábamos, o nos ha dejado alguna secuela física y/o psicológica, el esfuerzo a nivel emocional durante el postparto se multiplica en comparación a si el parto fue fácil y sin complicaciones y pudimos sentirnos respetadas, cuidadas y escuchadas. La razón es evidente: además de lidiar con  aprender a conocer las señales y necesidades del bebé y acostumbrarnos a una nueva dinámica, y con la instauración de la lactancia, si se ha escogido la lactancia materna, también tendremos que hacer algo al respecto de las heridas emocionales o los traumas que el parto haya podido dejar a su paso.
Muchas mujeres optan por poner a un lado todas estas vivencias, guardarlas en un cajón para hacerse cargo de ellas más adelante, otras están en tal estado de shock que se les dificulta mucho conectar con su bebé durante los primeros días y entre medio, hay toda una gama de posibilidades. Una cosa si es segura: el postparto es un profundo período de descubrimiento de nosotras mismas. La presencia del bebé y las dinámicas que se establecen en este período (que no son cuarenta días sino más bien 2 años, aproximadamente) nos muestran facetas de nosotras que ni siquiera sabíamos que existían.
El caos llega con el bebé
De forma más o menos general (porque cada díada madre-bebé vivirá un postparto único y diferente), las primeras semanas después del nacimiento del bebé son un caos, y no lo digo de forma peyorativa sino más bien literal: el orden anterior que llevábamos en nuestras vidas desaparece por completo y pasan unos cuantos días de reajuste antes de que aparezca un nuevo orden.
A menudo las mujeres tienen la sensación de que el puerperio las vuelve “un poco tontas”, “despistadas”, “distraídas”, etc. Esta sensación tiene su origen en algunos cambios que se dan a nivel cerebral: como lo que está en juego es la supervivencia de la criatura, nuestro organismo le da más relevancia a las funciones hormonales (oxitocina y prolactina) y del cerebelo (lo emocional), así todo lo que es del orden de lo racional queda disminuido, la actividad cerebral se orienta a crear vínculo afectivo, cuidado y protección. Es posible que durante los primeros días nos invadan sentimientos de tristeza o sensación de vacío, de que “esto” no era como nos lo imaginamos. Si quieres saber más sobre este aspecto del postparto, el babyblues, te recomiendo que leas este artículo.
Otro aspecto a tener en cuenta es que la llegada de un bebé provoca muchos sentimientos encontrados en la mujer: alegría, felicidad, miedo, tristeza, cansancio, necesidad de tener tiempo para cosas vitales como comer o ir al baño, sorpresa, dudas y un largo etcétera. Esto no se va con el postparto, siempre tendremos sentimientos ambivalentes para con nuestr@s hij@s, estos sentimientos forman parte de la intimidad de la relación. Nada es tan próximo como un hij@, por lo tanto, nada hay tan controvertido. Lo que ocurre es que cuando recién nos hacemos madres, no tenemos ni idea de que vamos a vivir tantas emociones intensas y encontradas a la vez, y esto nos toma por sorpresa, pero además, el bebé no suele dar tregua. Nuestro hij@ necesita atención y cuidado continuo y es lógico que nos preguntemos, ¡y más de una vez!, si siempre va a ser así y si seremos capaces de poder con esa responsabilidad.
Y es que el bebé impone a la madre la necesidad de saciar tres tipos de hambre: hambre de alimento, hambre de estímulos y hambre de afecto, con lo cual las madres nos encontramos ante la tarea de reducir las tensiones instrapsíquicas propias y de mantener cierta armonía sobre nosotras mismas, para poder mantener la armonía de la criatura. Esta es una tarea difícil y agotadora que requiere anteponer constantemente los deseos amorosos por encima de las necesidades propias.
La llegada del orden
Un nuevo orden llega más o menos alrededor de la cuarentena (ojo, éste tampoco será definitivo). Nos han dado el alta ginecológica, el bebé engorda con normalidad, le hemos pillado el tranquillo a la lactancia, a las noches, a los cambios de pañal, también hemos establecido una nueva dinámica con nuestra pareja y, algunas veces, con los demás familiares y ¿entonces qué? Es el momento de estar atentas porque podemos vivir una de las experiencias más comunes y difíciles de las madres actuales: la soledad. Muchas veces las madres tienen la sensación de encontrarse prisioneras en casa con el bebé. Salir es caótico, hay ruido, hace frío, hace calor, el humo, la ciudad en obras, las tomas prolongadas, las visitas que ayudan poco (y las que no ayudan nada), las amistades que están ocupadas en su vida (parecida a nuestra vida anterior que recordamos vagamente).  
Las mujeres puérperas no deben estar solas, preferiblemente han de estar con otras mujeres madres. Es mucho más duro asumir la crianza sin referentes que cuando se está en tribu. Afortunadamente cada vez más hay grupos de crianza a donde las madres pueden acudir con sus bebés y encontrarse con otras madres. Si estás viviendo esta situación, te recomiendo que busques un grupo cerca de casa. También hay muchísimos grupos virtuales, que aunque son de una gran utilidad por la inmediatez del mismo, tienen como negativo lo diluido e impersonal, casi anónimo, de las relaciones virtuales. Sin embargo, he visto con asombro espacios virtuales en los que las mujeres comparten preocupaciones tan íntimas, dignas de un confesionario y, al mismo tiempo he podido observar con alegría la solidaridad, apoyo y confesión a coro de las otras madres.
Sin duda, la falta de palabras que describan la labor de maternar, la poca valoración social que tiene la crianza, la rutina con el bebé, la sensación de que el tiempo se nos va y no hemos hecho “nada” en todo el día, sentir que la responsabilidad recae principalmente sobre ti (por mucho apoyo que tengas de tu pareja), el darte cuenta de que nada nos prepara para “esto”, el poco apoyo que a veces tenemos en nuestro entorno más próximo, o la presión o críticas por parte de algunos familiares por nuestro estilo de crianza, son elementos del postparto difíciles de manejar, mucha más si no tenemos alrededor otras mujeres que estén pasando por la misma situación vital que nos hagan de referente y nos den apoyo.
Lo psicológico en el postparto
Tal y como lo expresa Laura Gutman[1], el puerperio es un encuentro brutal e inevitable con las partes desconocidas de una misma. Cada una decide si asume ese encuentro o le da la espalda, ambas tienen sus consecuencias. Hay tres aspectos básicos en los que este encuentro se puedo entrever:
  • La fusión emocional madre-bebé: tras el nacimiento la madre y el bebé sufren una separación física, más no emocional. La madre se completa a sí misma en la medida en que permanece unida y fusionada a su hijo recién nacido, y el bebé necesita de esta unión llamada exterogestación, para seguir desarrollándose. En esta fusión emocional madre e hijo comparten el mismo campo emocional. Con lo cual todo lo que acontece en una, repercute en el otro. Toda vivencia vivida por la madre, feliz o traumática, el niño la vive como propia. Toda experiencia concreta, sutil, armónica o atemorizante del bebé, la madre la vive como propia, sin tener la capacidad de discernir quien es el causante original de dicha vivencia. Para que esta fusión se de necesitamos contacto: bebé en brazos, teta. Bebé en contacto corporal y emocional permanente con la madre. El principal enemigo de esta fusión es la creencia de que una debe volver a ser la antes cuanto antes!
  • La madre interior que nos habita: en la maternidad se actualiza la vivencia del momento pasado en el que vivimos la fusión del otro lado: nos fusionamos con la vivencia del bebé que hemos sido. Esta vivencia absolutamente sorprendente y desconcertante genera muchas movidas que requieren de todo un proceso de reflexión y elaboración y que pasa por reconocer nuestras heridas y carencias infantiles, proceso que muchas veces puede ser difícil.
  • La depresión postparto: aquí hay que hacer distinciones. Hay muchas mujeres a las que se les diagnostica depresión postparto, se las medica, se corta la lactancia y en realidad se ha hecho un diagnóstico erróneo. Tener un bajón emocional, sentirse triste o incluso desesperada, tener algún pensamiento de que no se está haciendo la cosa bien o algún sentimiento ambivalente hacia el bebé, sentirse desconcertada y un poco “estafada”, querer llorar o estar de mal humor no es una depresión postparto. Es parte del transito de los primeros días. Tampoco quiere decir que sea normal, quizás es un indicador de que contamos con pocos apoyos y requiere replantearse algunas cosas y buscar las ayudas necesarias antes de que el asunto vaya a más.
  • Para que se de una depresión postparto real se necesita una fragilidad emocional durante el embarazo, la vivencia de un parto maltratado y desprotección emocional después del parto. Pero sobretodo, necesita que sea bien diagnosticada (por un psiquiatra o psicólogo clínico competente) y tratada. Sus síntomas son: llanto, irritabilidad, sentimientos excesivos de culpa, trastornos de sueño y apetito, problemas de concentración y aislamiento social. Conlleva una pérdida de interés o indiferencia hacia el bebé, o actitudes intrusivas u hostiles hacia éste. También puede ir acompañada de síntomas hipocondríacos, somatizaciones, temores y fantasías de dañarse a sí misma o al bebé. Estos síntomas han de estar presentes durante un mínimo de 3 meses para hacer un diagnóstico seguro. Por otro lado, si es necesario medicación para aliviar los síntomas, es importante tener en cuenta que LOS ANTIDEPRESIVOS SON COMPATIBLES CON LA LACTANCIA. La depresión postparto es una oportunidad que nos da nuestra psique cuando necesita sanar experiencias y vivencias anteriores al nacimiento de nuestro bebé y que no necesariamente están ligadas a la maternidad, requiere de psicoterapia y un trabajo de indagación interior.

 


[1] La Maternidad y el encuentro con la propia sombra.

No con poca frecuencia me encuentro con madres que dicen haber pasado por una depresión posparto pero, al indagar un poco más allá pareciera que se trataba de una “tristeza momentánea”, que puede durar algunos días y que además la padecen la mayoría de las mujeres primerizas. Se trata de lo que los norteamericanos llaman el babyblues.

Sin embargo, en muchos blogs sobre maternidad traducen esta “tristeza del bebé” como una “leve depresión posparto” y esto, a mi entender, es un error que puede llevar a confusiones y a que algunas madres no soliciten la ayuda adecuada de manera temprana. Además, desde el punto de vista del lenguaje no es lo mismo decir que una “está triste” a que “está deprimida”, lo segundo lleva una connotación patológica o de enfermedad y, desde el punto de vista cultural y social, es otra forma más de encasillar el período del embarazo/parto/posparto dentro del rótulo de “enfermedad a ser tratada” que sigue colocando a la mujer en una posición pasiva y sumisa frente al Otro que sabe. Si tomamos en cuenta que cerca de un 80% de las mujeres puérperas han padecido en algún grado está “tristeza del bebé” o babyblues, estamos hablando de muchas mujeres “enfermas” o, siendo fieles a la traducción, “levemente enfermas”. No debemos olvidar que el campo de la salud mental, como el obstétrico, también ha sido, a lo largo de la historia, uno de los que más se ha prestado como lugar privilegiado donde ejercer control social sobre los miembros de cada cultural, con lo cual todo matiz es importante y necesario.
Ahora bien, ¿qué es un babyblues?
Muchas lo sabréis por experiencia propia. La descripción hace referencia a cambios súbitos en el estado de ánimo de la recién madre, que aparecen más o menos a partir del tercer día de haber tenido al bebé, y que incluyen episodios como sentirse muy feliz y de repente sentirse muy triste, llanto sin razón aparente,  sentimientos de impaciencia, fatiga, irritabilidad, inquietud, ansiedad y/o soledad, pérdida del apetito o del sueño. Los babyblues pueden durar sólo unas horas o de hasta a 1 a 2 semanas después del parto, y no suelen requerir ningún tipo de tratamiento por parte de un agente de salud. En realidad el babyblues a veces también puede ser un síntoma de que la madre no está recibiendo el suficiente apoyo efectivo y el acompañamiento cálido necesario en este período de la vida. Otra razón de la aparición de los babyblues son los grandes cambios hormonales que, en las primeras de cambio, pueden generar desorden en el organismo.
Si en algún momento identificas que te estás sintiendo así es vital no estar sola, compartir estos sentimientos con la comadrona, con una doula o con cualquier persona que pueda ofrecer una escucha cálida y sensible y que tenga cierta experiencia en la vivencia de los cambios que conlleva la maternidad. Los grupos de apoyo a la lactancia o los grupos de crianza son un espacio perfecto para rodearnos de madres que están viviendo situaciones similares y buscar así el apoyo de los pares. No hace falta consultar a un psiquiatra, ni a un psicólogo por un babyblues, y sobretodo hay que tomar en cuenta que se trata de algo transitorio.
Otro elemento importante es hablar con nuestra pareja (si es posible antes de que se dé el nacimiento del bebé) sobre la posibilidad de que algo como esto suceda. Tod@s se asustan de las sensaciones extremas que tenemos las madres cuando recién hemos dado a luz y en lugar de acompañarla y protegerla, muchos se angustian y corren a buscar “soluciones” rápidas. Repito (esta vez para los familiares) tener un bajón emocional, sentirse triste o incluso desesperada, tener algún pensamiento de que no lo estamos haciendo bien o algún sentimiento ambivalente hacia el bebé, sentirse desconcertada y un poco “estafada”, querer llorar o estar de mal humor no es una depresión posparto. Para que se de una depresión posparto real se necesita una fragilidad emocional durante el embarazo a antes del mismo, la vivencia de un parto maltratado y/o violentado, y la sensación de estar sufriendo una desprotección emocional después del parto. Aún así, si la  vivencia del babyblues se prolonga o si resulta muy desconcertante o desolador para la mujer se ha de buscar apoyo, pero un apoyo que de compañía, calidez, ayuda, fortaleza emocional, alguien que haya transitado un camino similar y pueda acompañar, preferiblemente una psicóloga perinatal o con formación en el tema.
Sin embargo, la depresión posparto también existe. Sus síntomas son parecidos a los antes mencionados pero mucho más intensos: llanto, irritabilidad, falta de energía, sentimientos excesivos de culpa, trastornos de sueño y apetito, problemas de concentración, aislamiento social y dificultad para funcionar mínimamente en el día a día, lo cual conllevaría una pérdida de interés o indiferencia hacia el bebé, o se expresaría a través de actitudes intrusivas u hostiles hacia éste. También puede ir acompañada de síntomas hipocondríacos, somatizaciones, temores y fantasías de dañarse a sí misma o a su bebé. Estos síntomas suelen aparecer en algún momento entre las primeras 2 semanas y el primer año, y han de estar presentes durante un mínimo de 2 meses para hacer un diagnóstico seguro.
La recomendación es solicitar ayuda de un psicólog@ o psicoterapeuta, -preferiblemente formado en temas de maternidad-, cuando los síntomas descritos anteriormente sean muy intensos o se prolonguen más allá de las 3-4 semanas tras el parto.

Otra cosa a tener en cuenta para quien se lo plantee es que, de ser necesaria alguna medicación para aliviar los síntomas, los antidepresivos son compatibles con la lactancia materna.

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Este artículo contiene algunas recomendaciones básicas para sobrevivir al caos de los primeros días o semanas del posparto. Ha sido publicado por las Mammaproof. Para leerlo, pincha aquí

Espero que os sea de utilidad!

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Las mamás que nos quedamos en casa

posted by Iliana Paris noviembre 11, 2013 2 comentarios

Nace nuestr@ hij@ y, por la razón que sea hemos decidido quedarnos una buena temporada con nuestro bebé en casa, felices de poderlo hacer y convencidas además de que es la mejor opción para él o ella.

En un principio pensamos que el costo sólo será el económico o laboral, pero a medida que pasan los meses y nuestro bebé va creciendo empezamos a notar la verdadera renuncia de las mamás que nos quedamos en casa: la pérdida de nuestra identidad personal. Pasan los meses y nos rodeamos del mundo infantil y sus maravillas, entrando al mismo tiempo en una suerte de invisibilidad, de anonimato.

Para comenzar ya no tenemos nombre; dejamos de ser María, Montse, Judith, Ana, y pasamos a ser la mamá de Andrés, la mamá de Mireia, la mamá de Nico. Es nuestra existencia en función de otro; y nosotras mismas, quizás sin darnos cuenta, asumimos ese título sin pena ni gloria y no nos molestamos en preguntarles a las otras “mamás de” por sus nombres, sino que nos relacionamos desde ese mismo anonimato.

Nos quedamos en casa y nos damos cuenta de que nunca, literalmente, nunca volvemos a estar solas, a menos que se haga una planificación especial para que la mamá pueda ir a la pelu o a hacerse un masaje. Siempre estamos con el niñ@, y cuando ést@ duerme y tenemos la última hora del día para cenar y alguna cosita más -porque en el fondo estamos deseosas de ir a la cama-, estamos con nuestra pareja que puede que nos cuente algo que nos suena súper lejano y ajeno: como ha sido su día laboral, mientras nosotras estábamos en casa haciendo comida, lavadoras, recogiendo por octava vez los juguetes del medio del salón para evitar el típico “resbalón y caída”, cambiando pañales, yendo al parque, en fin… No nos confundamos, ésta no es una especie de reivindicación feminista de la inequidad entre hombres y mujeres, no. Felizmente elegimos la situación en la que estamos, sólo que nos habría gustado que alguien nos contara de qué iba un poco la cosa, muy probablemente habríamos tomado la misma decisión, pero bien que nos habría gustado ahorrarnos la sorpresa y el desencanto.

Y es que hay días en que nos pasamos la vida con choques emocionales constantes: entre la maravilla de lo infantil y el fastidio de la rutina, entre la complicidad mutua y el agotamiento por los despertares nocturnos, entre el indescriptible placer de los mimos y caricias y el deseo de poder, al menos, ir al baño sola, con la puerta cerrada y sin tener que estar sosteniendo un juguetito y cantando canciones.

Estamos felices de poder criar a nuestras criaturas pero no podemos evitar fantasear con aquellos momentos en que el tiempo era ilimitado y éramos dueñas y señoras de él. Vemos desde el parque a las mujeres que pasan arregladas por la calle y nos damos cuenta de que nuestra indumentaria últimamente consiste en dos o tres tejanos, cinco camisetas y los zapatos más cómodos (de esos fáciles de quitar y poner para poder ir a las actividades infantiles en las que te hacen descalzar), y es que ¿para qué voy a ponerme otra cosa si estoy casi todo el tiempo en el parque o tirada en el suelo jugando con mi hij@? Hay que ser prácticos, ¿no?

Sabemos que en el fondo, si elevamos la mirada más allá, éste es un período de tiempo muy corto, cortísimo; que de aquí a tres días mi criatura habrá crecido y estará haciendo otras cosas y entonces, ¡uy, cuanto echaré de menos todos estos momentos! Sin embargo hay días en que, ganadas por el cansancio y el tedio, por la añoranza de una vida en la que teníamos un nombre propio y vestíamos como nos daba la gana, no podemos evitar desear que todo esto pase ya. Yo, debo confesar, odio cuando me invaden esos deseos que siento me alejan del maravilloso momento en el que se encuentra mi hijo hoy, pero procuro no culparme por ello, porque, de vez en cuando, la exigencia emocional me desborda y debo permitirme sentirme desbordada.

Evidentemente, si la crianza tuviera un lugar, si su importancia fuera visible a nivel social, cultural, e incluso político, si contáramos con redes de apoyo y no nos perdiéramos en la soledad de las ciudades individualistas, si al menos tuviéramos a mano a alguien que nos cogiera al nene 10 minutitos para tener un respiro, la cosa, seguramente, sería más llevadera.

Lo que más me sorprende de nuestro “invisible anonimato” es que no hablamos de esto. Es un anonimato invisible y mudo. Creo que nunca le he contado a ninguna otra “mamá de” todo lo que he escrito hoy, o sí pero en un código encriptadísimo cuando alguna otra mamá me ha preguntado cómo estaba y yo le respondía que llevamos unas semanas durmiendo fatal porque “es que le están saliendo las muelas”. Probablemente la otra madre sabe lo que es ese padecer, y puede entenderlo, pero creo que es vital que nos vayamos sincerando con nosotras mismas, que asumamos que como madres tenemos muchos sentimientos encontrados que son normales y que mientras más nos permitamos hablar de ellos, compartirlos con otras madres, más liberadas estaremos. A fin de cuentas, el apoyo ha de comenzar entre nosotras; ganaremos nombre, visibilidad y voz. Será una ganancia para nosotras y para nuestros hijos, de eso estoy segura. Es vital hacer tribu, la tribu nos da compañía, risas, tranquilidad, ayuda, pero sobretodo, nos da salud mental, de eso no hay duda.

Si te han gustado estas reflexiones también puedes leer Las mamás que trabajan fuera de casa

Posparto

Algunas recomendaciones para visitar a un recién nacido en el hospital

posted by Iliana Paris noviembre 10, 2013 0 comentarios

Este artículo publicado en el ABC está super acertado en cuanto a lo que debería ser una visita para conocer a un recién nacido en un hospital. No debemos olvidar de que se trata de un período muy sensible, de muchas emociones para los padres, agotamiento y quizas dolor para la madre, además de nerviosismo por la instauración de la lactancia.
Si alguna vez una pareja decide que no desea recibir visitas en el hospital cuando ha nacido su bebé, sobre todo es muy importante no sentirse ofendido ni aireado por eso, ya habrá tiempo para conocer a la criatura y en ese momento lo más importante es que madre y bebé (y papá también, pero quizás en menor medida) se conozcan y se acoplen!

Aquí el artículo: http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20130522/abci-primera-visita-bebe-201305201242.html