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Aspectos emocionales del posparto.

publicado por Iliana Paris septiembre 8, 2014 0 comentarios

Llega el momento tan esperado de nuestro parto y el nacimiento de nuestro bebé… Lo celebramos con la alegría de tener a nuestra criatura en brazos. Pasan los primeros días que muchas veces se viven en una nube de confusión, maravilla y asombro procesando un montón de información y de aprendizaje a la velocidad de la luz, conociendo a ese ser tan pequeñ@ que depende enteramente de nosotras, y con  un saco de dudas sobre lo que estamos haciendo. Y, como si fuera poco, se nos instala una montaña rusa en el medio del cuerpo: las emociones del postparto.

Hablar de las emociones en el posparto no es partir de un punto cero. El posparto es la continuidad de cómo hemos vivido nuestro embarazo y, sobre todo, como fue la experiencia del parto. Si este último fue difícil, doloroso, no ha salido como esperábamos, o nos ha dejado alguna secuela física y/o psicológica, el esfuerzo a nivel emocional durante el postparto se multiplica en comparación a si el parto fue fácil y sin complicaciones y pudimos sentirnos respetadas, cuidadas y escuchadas. La razón es evidente: además de lidiar con  aprender a conocer las señales y necesidades del bebé y acostumbrarnos a una nueva dinámica, y con la instauración de la lactancia, si se ha escogido la lactancia materna, también tendremos que hacer algo al respecto de las heridas emocionales o los traumas que el parto haya podido dejar a su paso.
Muchas mujeres optan por poner a un lado todas estas vivencias, guardarlas en un cajón para hacerse cargo de ellas más adelante, otras están en tal estado de shock que se les dificulta mucho conectar con su bebé durante los primeros días y entre medio, hay toda una gama de posibilidades. Una cosa si es segura: el postparto es un profundo período de descubrimiento de nosotras mismas. La presencia del bebé y las dinámicas que se establecen en este período (que no son cuarenta días sino más bien 2 años, aproximadamente) nos muestran facetas de nosotras que ni siquiera sabíamos que existían.
El caos llega con el bebé
De forma más o menos general (porque cada díada madre-bebé vivirá un postparto único y diferente), las primeras semanas después del nacimiento del bebé son un caos, y no lo digo de forma peyorativa sino más bien literal: el orden anterior que llevábamos en nuestras vidas desaparece por completo y pasan unos cuantos días de reajuste antes de que aparezca un nuevo orden.
A menudo las mujeres tienen la sensación de que el puerperio las vuelve “un poco tontas”, “despistadas”, “distraídas”, etc. Esta sensación tiene su origen en algunos cambios que se dan a nivel cerebral: como lo que está en juego es la supervivencia de la criatura, nuestro organismo le da más relevancia a las funciones hormonales (oxitocina y prolactina) y del cerebelo (lo emocional), así todo lo que es del orden de lo racional queda disminuido, la actividad cerebral se orienta a crear vínculo afectivo, cuidado y protección. Es posible que durante los primeros días nos invadan sentimientos de tristeza o sensación de vacío, de que “esto” no era como nos lo imaginamos. Si quieres saber más sobre este aspecto del postparto, el babyblues, te recomiendo que leas este artículo.
Otro aspecto a tener en cuenta es que la llegada de un bebé provoca muchos sentimientos encontrados en la mujer: alegría, felicidad, miedo, tristeza, cansancio, necesidad de tener tiempo para cosas vitales como comer o ir al baño, sorpresa, dudas y un largo etcétera. Esto no se va con el postparto, siempre tendremos sentimientos ambivalentes para con nuestr@s hij@s, estos sentimientos forman parte de la intimidad de la relación. Nada es tan próximo como un hij@, por lo tanto, nada hay tan controvertido. Lo que ocurre es que cuando recién nos hacemos madres, no tenemos ni idea de que vamos a vivir tantas emociones intensas y encontradas a la vez, y esto nos toma por sorpresa, pero además, el bebé no suele dar tregua. Nuestro hij@ necesita atención y cuidado continuo y es lógico que nos preguntemos, ¡y más de una vez!, si siempre va a ser así y si seremos capaces de poder con esa responsabilidad.
Y es que el bebé impone a la madre la necesidad de saciar tres tipos de hambre: hambre de alimento, hambre de estímulos y hambre de afecto, con lo cual las madres nos encontramos ante la tarea de reducir las tensiones instrapsíquicas propias y de mantener cierta armonía sobre nosotras mismas, para poder mantener la armonía de la criatura. Esta es una tarea difícil y agotadora que requiere anteponer constantemente los deseos amorosos por encima de las necesidades propias.
La llegada del orden
Un nuevo orden llega más o menos alrededor de la cuarentena (ojo, éste tampoco será definitivo). Nos han dado el alta ginecológica, el bebé engorda con normalidad, le hemos pillado el tranquillo a la lactancia, a las noches, a los cambios de pañal, también hemos establecido una nueva dinámica con nuestra pareja y, algunas veces, con los demás familiares y ¿entonces qué? Es el momento de estar atentas porque podemos vivir una de las experiencias más comunes y difíciles de las madres actuales: la soledad. Muchas veces las madres tienen la sensación de encontrarse prisioneras en casa con el bebé. Salir es caótico, hay ruido, hace frío, hace calor, el humo, la ciudad en obras, las tomas prolongadas, las visitas que ayudan poco (y las que no ayudan nada), las amistades que están ocupadas en su vida (parecida a nuestra vida anterior que recordamos vagamente).  
Las mujeres puérperas no deben estar solas, preferiblemente han de estar con otras mujeres madres. Es mucho más duro asumir la crianza sin referentes que cuando se está en tribu. Afortunadamente cada vez más hay grupos de crianza a donde las madres pueden acudir con sus bebés y encontrarse con otras madres. Si estás viviendo esta situación, te recomiendo que busques un grupo cerca de casa. También hay muchísimos grupos virtuales, que aunque son de una gran utilidad por la inmediatez del mismo, tienen como negativo lo diluido e impersonal, casi anónimo, de las relaciones virtuales. Sin embargo, he visto con asombro espacios virtuales en los que las mujeres comparten preocupaciones tan íntimas, dignas de un confesionario y, al mismo tiempo he podido observar con alegría la solidaridad, apoyo y confesión a coro de las otras madres.
Sin duda, la falta de palabras que describan la labor de maternar, la poca valoración social que tiene la crianza, la rutina con el bebé, la sensación de que el tiempo se nos va y no hemos hecho “nada” en todo el día, sentir que la responsabilidad recae principalmente sobre ti (por mucho apoyo que tengas de tu pareja), el darte cuenta de que nada nos prepara para “esto”, el poco apoyo que a veces tenemos en nuestro entorno más próximo, o la presión o críticas por parte de algunos familiares por nuestro estilo de crianza, son elementos del postparto difíciles de manejar, mucha más si no tenemos alrededor otras mujeres que estén pasando por la misma situación vital que nos hagan de referente y nos den apoyo.
Lo psicológico en el postparto
Tal y como lo expresa Laura Gutman[1], el puerperio es un encuentro brutal e inevitable con las partes desconocidas de una misma. Cada una decide si asume ese encuentro o le da la espalda, ambas tienen sus consecuencias. Hay tres aspectos básicos en los que este encuentro se puedo entrever:
  • La fusión emocional madre-bebé: tras el nacimiento la madre y el bebé sufren una separación física, más no emocional. La madre se completa a sí misma en la medida en que permanece unida y fusionada a su hijo recién nacido, y el bebé necesita de esta unión llamada exterogestación, para seguir desarrollándose. En esta fusión emocional madre e hijo comparten el mismo campo emocional. Con lo cual todo lo que acontece en una, repercute en el otro. Toda vivencia vivida por la madre, feliz o traumática, el niño la vive como propia. Toda experiencia concreta, sutil, armónica o atemorizante del bebé, la madre la vive como propia, sin tener la capacidad de discernir quien es el causante original de dicha vivencia. Para que esta fusión se de necesitamos contacto: bebé en brazos, teta. Bebé en contacto corporal y emocional permanente con la madre. El principal enemigo de esta fusión es la creencia de que una debe volver a ser la antes cuanto antes!
  • La madre interior que nos habita: en la maternidad se actualiza la vivencia del momento pasado en el que vivimos la fusión del otro lado: nos fusionamos con la vivencia del bebé que hemos sido. Esta vivencia absolutamente sorprendente y desconcertante genera muchas movidas que requieren de todo un proceso de reflexión y elaboración y que pasa por reconocer nuestras heridas y carencias infantiles, proceso que muchas veces puede ser difícil.
  • La depresión postparto: aquí hay que hacer distinciones. Hay muchas mujeres a las que se les diagnostica depresión postparto, se las medica, se corta la lactancia y en realidad se ha hecho un diagnóstico erróneo. Tener un bajón emocional, sentirse triste o incluso desesperada, tener algún pensamiento de que no se está haciendo la cosa bien o algún sentimiento ambivalente hacia el bebé, sentirse desconcertada y un poco “estafada”, querer llorar o estar de mal humor no es una depresión postparto. Es parte del transito de los primeros días. Tampoco quiere decir que sea normal, quizás es un indicador de que contamos con pocos apoyos y requiere replantearse algunas cosas y buscar las ayudas necesarias antes de que el asunto vaya a más.
  • Para que se de una depresión postparto real se necesita una fragilidad emocional durante el embarazo, la vivencia de un parto maltratado y desprotección emocional después del parto. Pero sobretodo, necesita que sea bien diagnosticada (por un psiquiatra o psicólogo clínico competente) y tratada. Sus síntomas son: llanto, irritabilidad, sentimientos excesivos de culpa, trastornos de sueño y apetito, problemas de concentración y aislamiento social. Conlleva una pérdida de interés o indiferencia hacia el bebé, o actitudes intrusivas u hostiles hacia éste. También puede ir acompañada de síntomas hipocondríacos, somatizaciones, temores y fantasías de dañarse a sí misma o al bebé. Estos síntomas han de estar presentes durante un mínimo de 3 meses para hacer un diagnóstico seguro. Por otro lado, si es necesario medicación para aliviar los síntomas, es importante tener en cuenta que LOS ANTIDEPRESIVOS SON COMPATIBLES CON LA LACTANCIA. La depresión postparto es una oportunidad que nos da nuestra psique cuando necesita sanar experiencias y vivencias anteriores al nacimiento de nuestro bebé y que no necesariamente están ligadas a la maternidad, requiere de psicoterapia y un trabajo de indagación interior.

 


[1] La Maternidad y el encuentro con la propia sombra.

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